1. Colombia en 1910: La construcción de un proyecto hegemónico conservador
1.3 El catolicismo y la “hegemonía conservadora”
1.3.2 La Iglesia y el Estado 38
Durante la “hegemonía conservadora” la posición de la Iglesia fue ambivalente. Por un lado aprovechó el espacio que los gobiernos conservadores le abrieron en la escena pública. Por el otro siempre luchó por mantener su autonomía institucional y evitar que su carácter pastoral se fundiera con las vicisitudes del poder mundano. Ello se evidencia en una carta, escrita en abril de 1900, al arzobispo de Bogotá por el cardenal Rampolla, nuncio apostólico en Colombia. Le recordaba que clérigos y fieles católicos debían evitar ligar los asuntos de religión a los partidos políticos. Pero insistía en que los católicos tampoco debían ser apáticos a la política: citando al papa León XIII, el cardenal sentenció que “no querer formar parte en la política es vicio que equivale a no interesarse por el bien común y no trabajar por él”, y que si los católicos permanecen inactivos “tomarán con más facilidad las riendas aquellos cuyas opiniones no dan
72 Los artesanos bogotanos que se sublevaron en enero de 1893 atacaron, entre otros, la escuela de oficios de los salesianos porque creían que éstos estaban robando el trabajo de los jóvenes que estaban educando. Sowell, David. Artesanos y política en Bogotá. Bogotá: Ediciones Pensamiento Crítico/ Editorial Círculo de Lectura Alternativa, 2006, p. 199. 73 Rerum Novarum del sumo pontífice León XIII sobre la situación de los obreros. Disponible en: http://www.vatican.va/holy_father/leo_xiii/encyclicals/documents/hf_l‐ xiii_enc_15051891_rerum‐novarum_sp.html (consultado el 15 de marzo de 2012) 74 Conferencia Episcopal de Colombia. Conferencias Episcopales de Colombia, 1908‐1953, Tomo I. Bogotá: Editorial el Catolicismo, 1956, pp. 5‐6.
grandes esperanzas de salvación [lo que sería] gravísimo a la causa cristiana, puesto que tendrían gran poder los mal intencionados contra la Iglesia”.75
Las palabras del cardenal ilustran la situación de la Iglesia católica en Colombia desde 1886. A pesar de que esta institución no estaba ligada oficialmente al Estado ni a ningún partido, adquirió un papel protagónico en la vida social y política del país. Por ejemplo, desde 1888 el bautizo y el matrimonio adquirieron validez legal. Y, además de la tutela de la educación pública, se entregó la administración de los cementerios a las autoridades católicas.
El concordato de 1887 fue la contraparte clerical a la Constitución de 1886. Ese documento reglamentó las relaciones de la Iglesia católica con el Estado Colombiano. El principal objetivo del Concordato era asegurar la autonomía de la Iglesia, terminando con los rezagos del patronato. El patronato le permitía a las autoridades políticas incidir en el nombramiento de miembros de la jerarquía eclesial, y fue concedido por el papa a la monarquías española y portuguesa en siglo XVI. Ese sistema se mantuvo vigente en las naciones americanas luego de las independencias. Así pues, el Concordato consiguió que el nombramiento de Obispos y Arzobispos fueran de jurisdicción exclusiva de la Iglesia. El Estado también reconoció la independencia de la legislación canónica y le dio personería jurídica a la Iglesia, con lo que la Iglesia logró su objetivo de autonomía e independencia del poder público.76 En muchos otros aspectos el Concordato no hizo más que reiterar lo consignado en la Constitución: se reafirmó lo dicho en cuanto a educación, fuero eclesial y el carácter católico de la nación.
Pero el concordato también contemplaba la posibilidad de que el Estado interviniera, sin restarle autonomía al proceso, en el nombramiento de Obispos y Arzobispos. El artículo 15, con el fin de “conservar la armonía entre la Iglesia y el Estado”, permitió que el presidente recomendara nombres para los cargos eclesiales y que éste se manifestara a favor o en contra de los candidatos designados por la Santa Sede.77 Ello es muestra de que si bien el Concordato delimitó bien el papel de la Iglesia, estrechó a la vez la relación Iglesia-Estado. Los asuntos de la Iglesia incumbían al Estado y Viceversa. Por
75 Carta del Emmo. Cardenal Rampolla al Ilmo. Y Rvmo. Señor Arzobispo de Bogotá. Roma, 3 de abril de 1900. En Conferencia Episcopal de Colombia. Conferencias Episcopales de Colombia, desde 1908 hasta 1930. Bogotá: Imprenta del C. De Jesús, 1931, pp. 197‐198.
76 Véase los artículos del 2 al 8 y el 15 y 16 del concordato. “Apéndice: Concordato entre la Santa Sede y la República de Colombia” en Conferencia Episcopal de Colombia. Conferencias Episcopales de Colombia, desde 1908‐1930. Bogotá: Imprenta del C. de Jesús, 1931.
ejemplo, el Arzobispo de Bogotá tenía la autoridad de permitir o vetar los libros que se usaran en universidades y colegios públicos,78 decisión que obviamente importaba al Estado. La Iglesia fue un importante baluarte del régimen conservador desde la llegada de Núñez al poder, y a lo largo del siglo XX demostraría ser un actor central en la vida política del país. La Iglesia tuvo un importante rol político durante la “hegemonía conservadora”, acentuado por el hecho de controlar los contenidos de la enseñanza, el poder de vetar publicaciones y prensa, y del potencial de movilización que tuvo la predicación en el púlpito.
En el Syllabus, una larga lista que enunciaba los errores de la modernidad, el papa Pío IX declaró al liberalismo como pecado, por sus políticas laicas y su pretensión de separar a la Iglesia del Estado. En Colombia quedaba claro el carácter pecaminoso del liberalismo: desde 1850 los gobiernos liberales iniciaron una campaña para reducir la influencia de la Iglesia en busca de una sociedad más laica. Durante la regeneración las condenas del clero a la masonería, el liberalismo y la prensa disidente, fueron en aumento. A pesar de ello algunos autores79 sostienen que la Iglesia, desde inicios del siglo XX, moderó su discurso y se presentó conciliadora ante el liberalismo. Sin embargo, al iniciar aquel siglo, la Iglesia seguía firme ante los enemigos de la fe y del Estado. Más que un tono conciliador hacia el liberalismo, lo que la Iglesia buscó hacer fue presentarse como neutral en la lucha partidista, y presentarse como una institución nacional. Con ello buscaban convertir a la religión en un símbolo cívico, con el que todos los colombianos, independiente del partido al que pertenecieran, se pudieran identificar. El nacionalismo católico y la Conferencia Episcopal fueron dos herramientas usadas por la Iglesia para ese fin.
Presidida por Bernardo Herrera Restrepo, la Conferencia Episcopal de Colombia se formó, en 1908, con el fin de coordinar mejor la actividad pastoral de la Iglesia en el país. Desde entonces la Conferencia, que adquirió el carácter de nacional en 1913, se reunió para buscar “soluciones y directivas nacionales” a los problemas que aquejaban a
78 Conferencia Episcopal de Colombia. “Conferencias Episcopales de Colombia, desde 1908‐1930…”, p. 148.
79 Abel, Christopher. Política, Iglesia y Partidos en Colombia. Bogotá: FAES‐Universidad Nacional de Colombia, 1987. Saldarriaga Vélez, Oscar. “Una maquinaria dogmática de negociación: catolicismo y Regeneración en Colombia 1886‐1930”, en Ciencia Política. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, No 11, enero‐junio 2011, pp. 7‐38.
los católicos colombianos, con el “fin de promover el bien de la religión en su diócesis”.80
En los últimos 15 años del siglo XIX, el nacionalismo colombiano se había ido identificando con la fe católica, y al iniciar el siglo XX la Iglesia quiso convertir la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, en un símbolo nacional.