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2. El Centenario: nacionalismo y hegemonía

2.1 La organización del Primer Centenario de la Independencia Nacional

2.1.4 La organización del programa de festejos

Para finalizar con lo concerniente a la organización, abordaremos la programación de los eventos. La organización del programa estuvo a cargo de la Comisión Nacional, aunque esa tarea se hizo en conjunto con la prensa, el ejército, las academias, los ministerios de Relaciones Exteriores y de Instrucción Pública, la Iglesia, las empresas, los clubes sociales y destacados personajes de la alta sociedad capitalina. Por eso, el programa es una huella de los puntos de encuentro entre el Estado y la sociedad civil sobre el concepto de nación colombiano.

Los eventos que concentraron los esfuerzos de la Comisión Nacional fueron la adecuación del Parque de la Independencia, las exposiciones y la inauguración de los monumentos a los próceres. También se concibieron conmemoraciones históricas, eventos religiosos, revistas militares, encuentros multinacionales, el Congreso de Estudiantes, sesiones extraordinarias de las Academias de Jurisprudencia, Historia, Lengua y Medicina, eventos de caridad y desfiles alegóricos. La organización del programa del Centenario nos muestra una celebración centralista, obsesionada con el progreso, guiada por la religión, el pasado hispánico y la gesta heroica de los próceres. Por eso, la capital fue, ciertamente, la sede oficial del Centenario de la Independencia de Colombia. La fecha misma de la celebración demuestra el centralismo. Sin importar los alegatos de otras ciudades como Cartagena y Mompós, el Centenario de la       

155 Gaceta Republicana, Números 172, 200, 201 y 288, correspondientes a los días febrero 16,  marzo 21‐22 y mayo 5 de 1910.  

Independencia se celebró el 20 de julio, día en que Santafé creó su Junta de Gobierno.156 La Comisión Nacional trabajó siempre en y para Bogotá. Aunque ésta exigió que en los departamentos se crearan juntas centenarias, la labor de éstas juntas se limitaría, en palabras de la Comisión, a “secundar los trabajos de la Comisión de la capital”.157 La asignación de fondos es también un síntoma de centralismo. Del dinero que el Estado nacional dedicó al Centenario, nada más se entregaron $11.000 para financiar las celebraciones departamentales.158 En la Revista del Centenario, podemos encontrar una gran cantidad de peticiones municipales a la Comisión, para que apoyaran con algún dinero los actos conmemorativos, pero esas peticiones siempre encontraron una respuesta negativa.159

La Exposición de Bogotá no fue la única que se organizó en el país, aun así, la Comisión le pidió a los gobernadores departamentales que excitaran a sus ciudadanos a asistir, y enviar sus productos, a las exposiciones industrial y artística de Bogotá.160 La Exposición Industrial fue muy importante porque debía mostrar el progreso material y moral de toda la nación, en cien años de vida. Rafael Reyes ya había visto en las exposiciones una buena vitrina para incentivar el crecimiento industrial colombiano. Por eso, el 20 de julio de 1907 se celebró con una exposición industrial. Ésta fue una muestra de los productos de las fábricas de cigarrillos, cerveza, chocolates, jabones, velas y harinas más representativas del momento. Para albergar la exposición, se construyeron unos modestos, y temporales, pabellones en el sector de San Diego. Estos corrieron por cuenta de los expositores (Chocolates Chaves y Equitativa, Bavaria, Germania, entre otros).161

Esa exposición había sentado un precedente, pero para el Centenario debía ser diferente. La Exposición Industrial debía ser una obra que honrara las fuerzas productivas del país, para cerrar un siglo de vida difícil y abrir un segundo ciclo encaminado al progreso. Es por ello que los edificios que albergarían la Exposición, debían ser una        156 Román Romero, Raúl. “Memorias enfrentadas: Centenario Nación y Estado 1910‐1921”, en  Memorias. Barranquilla, año 2, núm. 2, I semestre de 2001. Disponible en:   www.rcientificas.uninorte.edu.co/index.php/memorias/article/.../232/90   157 Comisión Nacional. Revista del Centenario. Bogotá, febrero 14 de 1910, Núm. 1, p. 2.  158 Comisión Nacional. Revista del Centenario. Bogotá, septiembre 30 de 1910, Núm. 24, p. 189.   159 Comisión Nacional. Revista del Centenario. Bogotá, febrero 28 de 1910, Núm. 4, p. 27.  160 Comisión Nacional. Revista del Centenario. Bogotá, marzo 18 de 1910, Núm. 7, p. 56.  161 Colón, Luis Carlos. “La ciudad de la luz: Bogotá y la Exposición Agrícola e Industrial de 1910” en  Instituto Distrital de Cultura y Turismo. La ciudad de la luz: Bogotá y la Exposición Agrícola e  Industrial de 1910. Bogotá: Alcaldía Mayor de Bogotá, 2005. (s.p.)  

vívida huella para las generaciones venideras de lo que “colombianos de 1910 supieron cerrar cien años de vida tormentosa con un certamen de progreso y paz”.162

El Centenario debía convertirse en un foco de progreso, y la Comisión esperaba que la Exposición Industrial pudiera llevar el progreso material a los colombianos que aún no lo experimentaban. Es por ello que, inicialmente, se pensó en realizar la Exposición en un terreno en el extremo sur de la ciudad, conocido como el Molino de Tresesquinas.163 Para llevar a cabo el evento en aquel lugar, además de convertirlo en un parque, había que conectarlo con la ciudad. El barrio Las Cruces, y algunas casas en el sector de San Cristóbal, eran el punto extremo al sur de la ciudad. El tranvía llegó, en 1900, hasta el sector de Las Cruces. Más allá de éste barrio no habían buenas vías de comunicación con la ciudad, y en la zona del Molino apenas si se iniciaba un proceso de urbanización.164 La Sociedad de Agricultores se opuso al lugar de la Exposición, pues alegaban la “falta de progreso” en el sector.165 Dicha Sociedad intervino en el proceso de selección porque, luego de la Exposición, se esperaba que lugar de ésta se convirtiera en la sede de la Escuela de Agricultura. A pesar de los alegatos la Comisión se mantenía firme, y el 29 de noviembre defendió su decisión ante el Ministerio de Obras Públicas, argumentando que “la parte sur de la ciudad y el sitio proyectado para la Exposición no son ciertamente los más prósperos ni los más adelantados […] Pero los edificios que se levanten, las vías que se mejoren, las atenciones higiénicas que se presten, harán poblado y céntrico lo que es hoy excéntrico y despoblado. Si el Norte tiene elementos de progreso propios, procura la Comisión dar al Sur vida, valor y movimiento […] La celebración del Centenario de nuestra Independencia será la ocasión de darle el impulso que le falta [al sur para progresar], y que cambiará […] su actual sórdida y desapacible fisionomía.”166

Finalmente, las buenas intenciones de la Comisión de llevar el progreso a un sector atrasado de la ciudad, no se pudieron concretar por la falta de fondos. Al finalizar diciembre de 1909, la Comisión decidió emplazar la Exposición al norte de la ciudad.        162 Comisión Nacional. Revista del Centenario. Bogotá, mayo 11 de 1910, Número 16, p.134.    163 El Molino de Tresesquinas, conocido antes como el de La Hortúa, se encontraba emplazado en lo  que hoy día es el sector del Hospital San Juan de Dios y el barrio Policarpa Salavarrieta, entre las  calles 1º y 11 sur, entre carreras 10º y 14 (Caracas), muy cerca al Río Fucha.   164 Mejía, Germán.  Los años del Cambio. Historia urbana de Bogotá 1820‐1910. Bogotá: Centro  Editorial Javeriano, 2000, pp. 330‐333   165 Comisión Nacional. Revista del Centenario. Bogotá, abril 27 de 1910, Número 14, p. 110.   166 Ibídem, pp. 110‐111.  

En el bosque colindante al Parque del Centenario, Antonio Izquierdo cedió gratuitamente los terrenos. En el sector de San Diego la Comisión no debía preocuparse ni por adecuar vías de comunicación ni por el ornato de la zona.

Es cierto que la Comisión no invirtió una cantidad ingente de recursos en algún evento religioso para el Centenario, pero esto no le restó importancia al papel que cumplió el catolicismo en los festejos. En el programa se incluyeron varias misas en acción de gracias por la Independencia, y algunos actos en honor de importantes clérigos del periodo independentista, como el canónigo Rosillo. La Comisión recibió total apoyo del arzobispo de Bogotá para la organización de éstos actos, además, la Iglesia ofreció gratuitamente todos los actos religiosos que se realizaran en Bogotá con motivo del Centenario.167 Y de todas formas, la Comisión sí pensó en algún momento en inaugurar una obra majestuosa, en el marco del Centenario, en honor de la fe católica. Se planteó apoyar la construcción del templo del Voto Nacional, monumento que se había iniciado en 1902 en agradecimiento al Sagrado Corazón de Jesús, por ponerle fin a la Guerra de los Mil Días. La Comisión esperaba poder inaugurarlo en las fechas patrias de 1910. El problema es que dicha obra hubiera implicado la inversión de una buena cantidad de recursos, y cuando quedó claro que la escasez de dinero para la celebración sería un obstáculo a superar, la Comisión desistió de la idea.168

La historia patria constituyó otro de los ejes del programa organizado por la Comisión. Durante el Centenario se recordó a los héroes y grandes hombres que contribuyeron a la independencia. Por eso, la erección de las estatuas de Caldas, Nariño y Bolívar169 preocupó mucho a la Comisión. Las estatuas de Caldas y Bolívar, ordenadas en 1907, ocuparon a la Comisión Nacional desde su primera sesión, en agosto de 1909. También se inauguraron por parte de los clubes sociales, bustos de Camilo Torres, José Acevedo y Gómez, Antonio Ricaurte y una Estatua de Caldas (la estatua de Caldas ordenada por la Comisión era para Popayán).170 Se programó también un homenaje a Bolívar el día de su natalicio, el 24 de julio. Para ese evento se usó la estatua de la Plaza de Bolívar. En la        167 En palabras del arzobispo Bernardo Herrera, la gratuidad de los actos religiosos era también la  manera de rendir “un homenaje a la fiesta de la Patria”. Comisión Nacional. Revista del Centenario.  Bogotá, junio 30 de 1910, Número 19, p 147.   168 Comisión Nacional. Revista del Centenario. Bogotá, febrero 14 de 1910, Número 1, p.2.   169 La Comisión organizó la erección de dos estatuas más, la del Mariscal Sucre y la de José María  Córdoba, la construcción de ésta última fue decretada por la Asamblea Nacional  el 10 de julio.  Ambas estatuas se inauguraron en agosto con modelos en cemento temporales.    170 También se inauguró, gracias a una iniciativa popular, una estatua de Policarpa Salavarrieta.  Pero este caso será tratado de manera especial.   

Estatua de Nariño, inaugurada el 20 de julio, se realizó un homenaje encargado a las damas ilustres de la sociedad capitalina, que fueron dirigidas por la señora Soledad Acosta de Samper.

Incluso el tema de las estatuas fue motivo de discusión. El lugar donde debía ubicarse la nueva estatua de Bolívar, despertó malestar entre algunos ciudadanos de la capital. Se temía que la nueva estatua del Libertador reemplazara a la estatua esculpida por Tenerari, que señoreaba la plaza mayor de la ciudad desde 1846. El sitio de la nueva estatua se decidió en una reunión con la prensa capitalina, el día 6 de marzo de 1910 en sesión extraordinaria. La Comisión actuó en éste caso con el beneplácito de la alta sociedad capitalina.171

En los eventos que conmemoraban la historia patria, la Comisión Nacional se asesoró constantemente con la Academia de Historia. Por ejemplo, la Comisión planteó un homenaje a la legión británica, los gobernantes de la colonia y a los héroes venezolanos. Para saber qué nombres incluir en el homenaje, la Comisión acudió a la Academia como órgano consultor.172

La Comisión igualmente consideró que era pertinente rendir homenaje, y expresar gratitud, a la Madre España. Lorenzo Marroquín propuso que el programa contemplara un evento dedicado a la península y el legado del periodo colonial. El resultado final del programa incluyó dos puntos en los que se celebraba explícitamente a España.173 De igual forma, una institución muy cercana a las reivindicaciones del pasado hispánico, la Academia de la Lengua, se reactivó con motivo del Centenario. Esta Academia fue la primera de toda América Latina, y fue la primera reconocida por la Real Academia de España. De ella había sido parte un famoso hispanista, el expresidente Miguel Antonio Caro.

El Centenario fue un motivo para convocar a la unidad de la sociedad colombiana, aglutinándola por medio del nacionalismo. Por ello, fue que la celebración se convirtió en un asunto público de suma importancia. El dinero y el esfuerzo invertidos en los festejos patrios, ejemplifican bien el empeño que sectores de clase alta colombiana pusieron en el Centenario. Podemos decir la inversión total pudo haber rondado los       

171 Comisión Nacional. Revista del Centenario. Bogotá, marzo 18 de 1910, Número 7, p. 54.   172 Comisión Nacional. Revista del Centenario. Bogotá, agosto 6 de 1910, Número 21, p. 162‐163.    173 Comisión Nacional. Revista del Centenario. Bogotá, julio 8 de 1910, Número 20, p. 153. 

$300.000 (pues al dinero que gastó la Comisión Nacional, hay que sumarle los costos de las donaciones de dinero, estatuas, bustos, edificios y otros objetos). Las actividades de organización implicaron un arduo trabajo de instituciones estatales y organizaciones de la sociedad civil. Semejante empeño por celebrar la primera centuria de la independencia, no fue motivado simplemente porque el espíritu del patriotismo hinchaba el pecho de los colombianos, había un interés que movía esos esfuerzos. El país estaba atravesando un momento crucial en su historia. Se necesitaba de un ambiente propicio para que el naciente capitalismo iniciara su crecimiento. La élite había logrado un periodo importante de paz, incluso, superaron la crisis política de 1909 sin ninguna guerra. Los políticos habían comprendido, a fuerza de golpes, la necesidad de la estabilidad del orden público. La coerción no era garante de ese equilibrio, había que convencer a toda la sociedad de respetar el orden establecido. Por eso, el nacionalismo se presenta como uno de los más útiles instrumentos de cohesión. Por tanto, el Centenario se utilizó para unificar a la nación en torno al proyecto político de la clase dominante.