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La nación oficial colombiana en el Centenario de la Independencia

2. El Centenario: nacionalismo y hegemonía

2.2. La nación oficial colombiana en el Centenario de la Independencia

Luego de ver los pormenores de la organización, queda ahora por abordar el concepto de nación que se presentó en los festejos del 20 de julio de 1910. Como ya se dijo al inicio, los actos conmemorativos que se van a tener en cuenta son únicamente los de Bogotá. No se pretende desconocer las reivindicaciones regionales, los conflictos que causó el centralismo, e incluso algunas de las contradicciones del discurso oficial. Sin embargo, acá lo importante es abarcar las características del nacionalismo oficial, que se materializó en el programa del Centenario, el cual se desarrolló en su totalidad en la capital del país.

En ese orden de ideas, se han tenido en cuenta los más relevantes eventos del Centenario y se han investigado en su conjunto, sin hacer hincapié en alguno en específico. El programa se desenvolvió en torno a cinco ejes temáticos: el reconocimiento del legado hispánico, la conmemoración de una historia nacional centralista y de héroes, la pertenencia de la nación a la fe católica, la reconciliación política y la apertura de un nuevo porvenir marcado por el progreso. Estos temas nos revelaran cuáles fueron los elementos que definieron la idea de nación colombiana.

Si bien cada uno de esos ejes constituyeron el discurso del Centenario, podemos decir que tres de ellos fueron centrales en la definición de la nación colombiana: la historia centralista, el pasado hispánico y la religión. Estos se convirtieron en pilares del nacionalismo oficial colombiano de principios del siglo XX. Así pues, para hacernos a la idea del nacionalismo exaltado durante el Centenario, primero hay que abordar esos tres temas.

2.2.1 Dios y patria: la nación del Centenario.

Decía un periodista, sobre el concepto de patria, que “todos los pueblos comprenden la necesidad y la importancia de una gloriosa tradición nacional [...] La adoración colectiva […] erige así en el vértice de las tradiciones de cada pueblo el superhombre representativo en quien se encarnan las emociones superiores de la raza; la surgente milagrosa y única de donde las naciones […] hacen brotar su origen, su carácter, su historia y su gloria”.174

Así pues, la tradición nacional de la que habla nuestro articulista, y de la que brota el carácter de la nación, tiene su origen en dos momentos precisos, la llegada de los españoles y el grito de independencia. Los españoles trajeron la “civilización” a América. Los colombianos heredaron de los conquistadores la lengua y la religión Católica. En las universidades que se fundaron durante el periodo colonial se formaron los padres de la patria. Además, esos prohombres de la independencia descendían de peninsulares. La independencia, en la concepción centenaria de la historia, fundó la nación al establecer las instituciones republicanas y conseguir la autonomía frente a España, sin que esto significase la total ruptura con la herencia colonial.

El texto de historia producido durante el Centenario, Compendio de la historia de Colombia, por Jesús María Henao y Gerardo Arrubla, se convirtió en una suerte de historia oficial del país. El texto refuerza la idea de que los orígenes de la nación se encuentran en la llegada de los españoles. El libro abarca la historia del país desde el poblamiento indígena hasta su historia republicana más reciente. Pero los autores hacen énfasis en el periodo de dominación española, y la posterior vida independiente de la nación.

      

Por tanto, en el libro, los hitos que marcaron la historia nacional fueron el proceso de conquista, que fundó el periodo de la colonia, y la guerra de independencia, que le dio la forma final a la nación. Los indígenas apenas si ocupan un 7% del texto.175 Los aborígenes son reducidos a meros antecedentes de la llegada de los españoles. Dicen, en su versión del texto para secundaria, que:

“Si es verdad que antes del descubrimiento la América no presentaba un cuadro de civilización semejante a la de los griegos o romanos, también lo es que la que poseía no era rudimentaria […] Destruida en su mayor parte por el poder de la conquista la población de América, las costumbres y usos perecieron en aquella hecatombe.”176

Además, al iniciar el texto, hay un aparte que propone nociones preliminares. Los autores aclaran al lector que su obra está compuesta de cuatro épocas a saber: la Conquista española, la Colonia, la Independencia y la República. En otras palabras, no se incluyen a los indígenas en la cronología de la historia nacional.

Así pues, el texto afirma, refiriéndose a la llega de los españoles, que “no debemos maldecir esta conquista, porque gracias a ella vino a nuestra tierra la civilización europea, y le debemos el tesoro inestimable de la verdadera religión y el hermoso idioma que hablamos”.177 La “civilización” traída por España, fundó las bases de la nacionalidad colombiana.

Luego viene una descripción de las instituciones españolas que se instauraron durante la colonia, y en general son presentadas como benévolas. Ello porque las instituciones como el Cabildo y el Ayuntamiento, que fueron las “primeras formas de gobierno civil” en el continente, limitaron el poder “despótico” de los conquistadores.178

Tras recorrer el periodo colonial, los autores concluyen que el proceso de independencia era inevitable. El movimiento emancipador se debía, en buena parte, a que la semilla de la “civilización”, plantada por los españoles en América, ya había madurado lo suficiente para que las colonias se separan de su Madre. Al referirse a los criollos, los        175 Melo, Jorge Orlando. “La historia de Henao y Arrubla…” p.225   176 Henao, Jesús María y Arrubla, Gerardo. Compendio de Historia de Colombia para la enseñanza  secundaria. Bogotá: Librería Camacho Roldán & Tamayo, 1920, p. 25   177 Henao, Jesús María y Arrubla, Gerardo. Compendio de Historia de Colombia para la enseñanza en  las escuelas primarias de la República. Bogotá: Escuela Tipográfica Salesiana, 1911, p. 19.   178 Ibídem, pp. 440‐450.  

autores nos muestran que la independencia se dio porque el momento era el indicado: “Llegó el turno a los descendientes de los desheredados por la fuerza del sistema, y ellos, inteligentes, más ilustrados y enérgicos, con anhelos y propósitos patrióticos, debían amar la tierra con pasión y sentir los deseos de ser libres”.179 Los criollos ilustres, con justa razón, se separaron de la Madre Patria, pues en su ser ya se había desarrollado lo suficiente la semilla de la libertad.

El discurso pro hispánico de Henao y Arrubla, que educó a varias generaciones de colombianos, era compartido por intelectuales y políticos durante el Centenario. La herencia hispánica era reconocida como parte constitutiva del ser colombiano. En la misa que se llevó a cabo el 20 de julio de 1910, el rector del Colegio Mayor del Rosario, el canónigo Rafael M. Carrasquilla, pronunció una oración gratulatoria. En ella le recordó a los feligreses que “Deudores somos de nuestra civilización á la madre España”, y aunque la conquista fue un proceso dramático, la “civilización” se impuso a la “barbarie”: “De todo hubo entre los pobladores de América […] Pero todo lo dominó el espíritu cristiano: el misionero se sobrepuso al conquistador; al militar, el letrado; el sabio jurisconsulto, al encomendero vulgar”.180

En este sentido, el miembro de la Academia de Historia, Guillermo Camacho, concluía su introducción al informe oficial del Centenario, diciendo que “Tenemos que conciliar las tradiciones coloniales –que son el fundamento indestructible de nuestra existencia colectiva- con las fuerzas de la revolución política y social- que son la promesa del porvenir”.181 La petición del señor Camacho muestra esos dos hitos constitutivos de la nacionalidad, la herencia española y la vida republicana fundada con la independencia. Durante la celebración, España tuvo su espacio. Se realizaron un homenaje de España a Colombia y uno colombiano a España. A modo de reconstrucción cronológica, la Comisión Nacional dispuso que el homenaje español inaugurara los festejos centenarios. Justificó la Comisión el homenaje a España porque quería “celebrar al par que la Independencia, la nacionalidad colombiana con sus antecedentes y orígenes”.182       

179 Henao, Jesús María y Arrubla, Gerardo. “Compendio de Historia de Colombia para la enseñanza  en las escuelas primarias…” Tomo II, p. 106.  

180 Carrasquilla, Rafael M. “Oración gratulatoria en celebración del Centenario de la Independencia  Nacional”, en  Revista del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Bogotá, vol. 1, Núm. 57, 20 de  julio de 1910, pp. 402‐402.    

181 Comisión Nacional del Centenario. Centenario de la Independencia 1810‐1910. Bogotá: Escuela  Tipográfica Salesiana, 1911, p. VIII.   

El homenaje español se llevó a cabo en la tumba del fundador de Bogotá y estuvo a cargo de un diplomático, el señor Justo Garrido, y de un clérigo, el padre agustino Mateo Colón. El Concejo Municipal de la capital encargó a Inocencio Madero, concejal, de las palabras de agradecimiento a la legación española. Madero agradeció a España por su legado, pues los próceres, al llegar la independencia “encontraron fundada la sociedad civil sobre bases de verdadero progreso”, y celebró a los colombianos que “han conservado las creencias religiosas y han sabido disfrutar de lo que podemos llamar herencia legítima”.183

España, que como “amorosa madre” había dado un “abrazo” a su hija en su “día de júbilo”,184 fue homenajeada por Colombia en un acto solemne en el Capitolio. El 17 de julio se descubrieron dos placas colocadas en la entrada del edificio, que tenían grabados los nombres de algunos conquistadores, y de los más importantes gobernantes españoles del Nuevo Reino de Granada. El ministerio de Relaciones Exteriores, a través de su secretario, el señor Antonio Gómez, declaró: “No podemos ser ingratos con gentes que habitaron nuestro suelo, iniciaron en él una civilización y nos trasmitieron algunas de sus condiciones étnicas y más de una gota de sangre”.185

El otro gran evento que celebró el pasado hispánico fue la reanudación de labores de la Academia Colombiana de la Lengua. En éste evento, en el que intervinieron un buen número de académicos, las constantes referencias a la Madre Patria, en son de agradecimiento, fueron constantes. Las palabras del futuro presidente Marco Fidel Suárez resumen mejor el espíritu del acto:

“Envío hoy, al cumplir cien años de vida independiente, saludo de gratitud y respeto y filial cariño á la Madre España, acreedora nuestra nunca suficientemente pagada, porque le debemos raza, religión, cultura y lengua. Si nos emancipamos un día de sus leyes, no rechazamos por eso ni su fe, ni su idioma. Dejamos de ser súbditos de Felipes y de Fernandos, pero no hemos renunciado, ni á ser discípulos del Evangelio, ni á ser vasallos de Cervantes y Jovellanos, de Riojas y Quintanas.”186

       183 Comisión Nacional del Centenario. “Centenario de la Independencia…”, p. 32.   184 El padre Colón concibió el homenaje a Colombia como un saludo maternal a una hija madura.  Ibídem, p. 31  185 Ibídem, p. 70.  186 Comisión Nacional del Centenario. “Centenario de…”, p. 85.  

Los homenajes y conmemoraciones al pasado hispánico de la república no eran nuevos en 1910. Muchos intelectuales del siglo XIX eran orgullosos herederos del legado hispánico, y a finales de esa centuria, eminentes políticos recurrieron al hispanismo en busca de una identidad nacional. Miguel Antonio Caro era un digno exponente de una corriente de pensamiento que interpretaba el proceso de independencia como resultado de la madurez de las colonias.187 Además, como lo muestra Malcolm Deas, el estudio del castellano fue usado por los políticos e intelectuales conservadores como símbolo de distinción, pues al hacer un buen uso del lenguaje la élite se alejaba de la “guacherna”.188

Sin embargo, la constante referencia al pasado hispánico durante el Centenario puede responder a otros objetivos. Según Benedict Anderson, la nación es una “comunidad imaginada”, pues Difícilmente la totalidad de los miembros de una comunidad nacional, en algún momento, se podrán conocer. A pesar de ello, millones de personas se consideran pertenecientes a una misma comunidad, la nación. Para crear lazos que unan esa comunidad, se hacen necesarios elementos afines a esa gran cantidad de personas.189 Siguiendo esta idea, es posible pensar que el legado español, que es común para buena parte de los colombianos, fuera utilizado por los organizadores del centenario para congregar a la ciudadanía, dándoles una herencia común. En el país había muchas huellas reconocibles de la dominación española. Por ejemplo, las ciudades más importantes del país habían sido fundadas por españoles, al igual que muchos de los municipios regados por todo el territorio. Aún más importante era la lengua. El castellano, con sus variaciones regionales o étnicas, estaba ampliamente difundido entre los ciudadanos, además que se usaba de una manera relativamente uniforme (obviamente excluyendo el uso de lenguajes indígenas y afrocolombianos).

Más que ser una herramienta de distinción, el lenguaje, como herencia común, se presentó como un aglutinante nacional durante el Centenario. En el evento de la Academia de la Lengua ya nombrado, el señor Antonio Gómez, en calidad de miembro de ésta organización, argumentó que “El cultivo cuidadoso y filial de la lengua es un

       187 Melo, Jorge Orlando. “La historia de Henao y Arrubla…” p. 227.   188 Deas, Malcolm. Del poder y la gramática, y otros ensayos sobre historia, política y literatura  colombianas. Bogotá: Taurus, 1993, pp. 31‐48.  189 Anderson, Benedict. Comunidades imaginadas, reflexiones sobre el origen y la difusión del  nacionalismo. México: Fondo de Cultura Económica, 2007, pp. 23‐25. 

medio poderoso de arraigar en las almas el amor a la patria”.190 El también académico, Diego Rafael de Guzmán, en su discurso para el mismo evento, celebraba la uniformidad del lenguaje en Colombia: “Por fortuna el conjunto de términos regionales no alcanzaba a formar en Colombia dialecto de ninguna especie, y apenas constituye divergencias parciales que no afectan á la masa general del idioma, ventaja de mucha entidad [que no tiene] aún ni la misma España […]”.191

Por todo lo anterior, el pasado hispánico, herencia común de los colombianos, no podía ser presentado como antítesis del proceso de independencia, el hecho histórico que marcó definitivamente la formación de la nación. Entonces, los organizadores del Centenario, e intelectuales, políticos y clérigos que intervinieron en las conmemoraciones, se esforzaron en minimizar cualquier posible contradicción entre los próceres, fundadores de la nación, y su herencia española.

De esta manera, la gesta de la independencia se mostró como resultado inevitable de la cultura cultivada durante el periodo colonial. Gracias a las semillas de “civilización” que plantaron los españoles en sus colonias del Nuevo Mundo, la idea de libertad creció en el corazón y la mente de los americanos. Por eso el canónigo Carrasquilla, en un texto en que el que reflexionaba sobre la independencia, decía que “cuando el hijo llega á la mayor edad , se emancipa, maneja libremente sus caudales, se casa y forma un nuevo hogar, sin perder por ello el respeto, el amor, la gratitud hacia sus padres. […] las colonias americanas llegaron á la mayor edad entre el fin del siglo XVIII y el principio del XIX”.192

Igualmente, los hombres que hicieron posible la independencia, heredaron el carácter perseverante de los españoles, y fueron educados por la cultura ibérica. El Concejo de Bogotá realizó una sesión solemne, en cabildo abierto en la Plaza de Bolívar, el día 20 de julio de 1910 para conmemorar los hechos de 1810. Aquel día, el personero municipal, Francisco Giraldo, le hizo notar a los asistentes que los bogotanos que alcanzaron la independencia lo lograron gracias a las enseñanzas de España:

       190 Comisión Nacional del Centenario. “Centenario de…”, p. 96.  191 Ibídem, p. 95.   192 Carrasquilla, Rafael M. “La emancipación de América”, en El Hogar Católico, periódico religioso (publicado bajo la protección del Arzobispo de Bogotá por el presbítero Celso Forero Nieto).   Bogotá, Núm. 2, extraordinario, 20 de julio de 1910, p. 21.  

“Porque es lo cierto, señores, que á España debemos lo que fuimos, lo que somos, y aún más, lo que seremos. Sí! Independientes fuimos porque somos descendientes de la patria de D. Ramiro; gozamos hoy de libertad porque somos españoles […] Ah! si en la entraña misma de los viejos colonizadores no hubiera venido el germen [de la libertad] […] quizás en vez de celebrar la fiesta del árbol santo […] estuviéramos revolcándonos en la sentina de los parias […]”.193 Las universidades son un buen ejemplo de ese germen al que se refiere el personero. Los claustros que España, por medio de las ordenes religiosas, fundó en el Nuevo Reino de Granada fueron de vital importancia para la Independencia. Varios de los criollos que lideraron el proceso de emancipación se formaron en las universidades santafereñas. El señor Escipión Jaramillo, orador durante un homenaje a los próceres de la independencia, organizado por la Sociedad Jurídica de la Universidad Nacional, le explicó a la audiencia que la semilla de la libertad fue plantada y cuidada por los hombres de leyes. Durante los siglos XVII y XVIII, los intelectuales venidos de la Península se encargaron de implantar la “civilización”. En los claustros coloniales se formaron, las mentes del “grupo escogido” de hombres que trajo la libertad a la nación.194

Varios investigadores que se han interesado por la historia de Henao y Arrubla, han ido mostrando que en la narración de estos autores el prócer heroico, que encarna los valores por los que todo ciudadano se debe regir, es el principal protagonista del proceso de independencia. Por prohombres como Nariño, Bolívar, Torres, entre otros, fue que Colombia logró su independencia.195 Estos grandes hombres no hubieran conseguido el éxito en la empresa independentista de haber sido por la tenacidad que heredaron de los españoles: “Puede decirse que la constancia de los españoles para descubrir, conquistar y dominar la América, se estrelló contra sí misma, porque si ellos

       193 Concejo Municipal Bogotá. Registro Municipal, Número extraordinario. Homenaje del Cabildo de  1910 al Honorable Cabildo de 1810. Bogotá, año XXXII, número 1011 , 20 de julio de 1910, pp. 301‐ 302.   194 Revista Jurídica. Bogotá, Núm. 20, Año II, 20 de julio de 1910, imprenta de La Luz, pp. 230‐233.   195 Melo, Jorge Orlando. “La historia de Henao y Arrubla…”. Pinilla Díaz, Alexis. “El compendio de  historia de Colombia de Henao y Arrubla…”. Rodríguez Ávila, Sandra. “Construcción de la memoria  oficial en el Centenario de la independencia: el Compendio de Historia de Colombia de Henao y  Arrubla”, en Folios. Bogotá, Universidad Pedagógica Nacional, segunda época, No 32, segundo  semestre de 2010, pp. 23‐42.    

combatieron tantos siglos a los árabes, para defender su nacionalidad, nuestros padres tenían también su sangre […]”196

Las cualidades de la inteligencia española, traspasada a los próceres, no explican por sí mismas las motivaciones de los neogranadinos para separarse de la Madre Patria. La élite organizadora del Centenario se esforzó en justificar los motivos de la revolución de 1810, sin que ello colocará a España en el papel de nación despótica. La agresión bonapartista, la ausencia del monarca español y la consecuente formación de las Juntas de Gobierno peninsulares, le daban razón a lo ocurrido en Santafé el 20 de julio de 1810.

Los criollos, siendo descendientes de peninsulares, tenían toda la razón de protestar por sus derechos políticos. La exclusión de las instituciones de gobierno que los españoles impusieron a los americanos, hacían legítimas las peticiones que llevarían a la revolución. Un folleto que explicaba el significado del himno nacional, pensado para niños y un público poco docto en historia, argumentaba que el pasaje “cesó la horrible noche”, hacía referencia al levamiento de los americanos para reclamar por sus derechos. Esto es porque los gobernante españoles “establecieron […] la odiosa distinción de criollos y peninsulares. Los criollos […] no tenían representación en el