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II LA MERITOCRACIA NO ES UN CONCEPTO LIBERAL

AXÍA, AXÍASIS Y ARETÉ

II LA MERITOCRACIA NO ES UN CONCEPTO LIBERAL

Exceptuando los trabajos de Allison, Adkins, las apelaciones puntuales a tal concepto en la historiografía contemporánea, los trabajos ya citados de Havelock o Strauss o las recientes observaciones de Domenico Musti a la meritocracia al hilo de la teoría de la

demokratía, no existe, hasta donde hemos alcanzado, bibliografía que aborde directa y

principalmente la forma que la idea de mérito o el ideal meritocrático tomó en la antigüedad. Las referencias al concepto de meritocracia, o al de mérito a éste vinculado, aparecen muy rara vez de forma explícita en los estudios clásicos sobre la antigüedad política griega. A su vez, en la época en la que la idea de mérito cobró una importancia capital, esto es, en la génesis del liberalismo económico, los ensayos ilustrados sobre la historia antigua miran más a Roma que a Grecia5, a pesar de que tienen ante sí de nuevo las condiciones auto constitutivas que permiten consolidar la idea de un sistema de igualdad cuyo antecedente se remonta, como es bien sabido, a la antigüedad griega.

La recepción ilustrada del precedente democrático griego, a menudo tras este “filtro” latino, sirve a Montesquieu, o Rousseau6 para retomar las distinciones clásicas entre

4 En realidad, el concepto de meritocracia, como gobierno de los mejores, es lo suficientemente ambiguo como

para afirmar que se trate de un concepto liberal. La tradición liberal sí se destaca por la afirmación de que el talento, el esfuerzo, el riesgo, la iniciativa y la competencia son los fundamentos legítimos de la desigualdad social. Para Jean - Pierre Dupuy, “todas las concepciones de la justicia son por regla general suavemente meritocráticas”.La subordinación de la eficacia económica a la justicia social en la teoría de Rawls, la relación de la idea de mérito con la de expectativas legítimas y en general el tratamiento del talento en diversos autores liberales, desde Smith a Nozick, sirve a este autor para matizar esta afirmación, que aquí también se irá desarrollando. En DUPUY, J. P. , El sacrificio y la envidia. El liberalismo frente a la justicia social, Barcelona Gedisa, 1998, trad Juan Gutiérrez y Carlos Alberto Martins, p. 195

5 Sobre el predominio de citas procedentes del mundo latino en las obras de los revolucionarios franceses, vid.,

PARKER, H. T., The Cult of Antiquity and the French Revolution, op. cit. La mirada retrospectiva hacia Roma, fue observada y criticada por MARX, en El 18 de Brumario, e incluyó tanto una tergiversación, o “falsificación de la historia”, como un enfoque subjetivo de ciertas situaciones sociales presentes en el antecedente griego, por ejemplo, en relación con la esclavitud, que como pone de relieve FINLEY, tampoco contó con una hostilidad incondicional. FINLEY, M. I., Esclavitud antigua e ideología moderna, Barcelona, Crítica, 1982, pp. 22-23.

6 En lo aquí interesa, sí durante la Ilustración, el pensamiento filosófico jurídico atendió a la forma en que el

antecedente griego articuló en democracia, el libre desarrollo de la capacidad, la aptitud, o el talento, la desigualdad de talentos, con las medidas igualitarias que satisfacían necesidades públicas con fondos públicos procedentes de bienes privados, Rousseau, sin aludir, explícitamente a la cuestión, sí desarrolla en numerosos pasajes de su Discurso sobre el origen de la desigualdad, abandonando el tono de conjetura antropológica, la forma en que la desigualdad de talentos, surge, en un estado natural, y el modo en que es considerada en el nacimiento de las principales formas políticas: monarquía, aristocracia, democracia, lo cual remite a este precedente. En síntesis, para Rousseau, el mérito como desarrollo de las aptitudes, los talentos y las capacidades se da en el hombre en su estado natural, y aunque es en sí mismo un primer paso hacia la desigualdad, el problema sólo existe en tanto éste sirve al hombre en sociedad para poner el “primer mojón” al establecimiento de la ley y del derecho de propiedad. La opinión de Starobinski es que se deduce que “la desigualdad civil sea proporcional a la desigualdad natural de los talentos”. Para Rousseau, el mérito, entendido en un sentido amplio, como acción que conduce a la recompensa social, se halla en el hombre en estado natural, en aquel estado de vecindad permanente donde “jóvenes de diferentes sexos habitan cabañas vecinas, el pasajero trato que exige la naturaleza les lleva a otro no menos dulce y más permanente por la frecuentación mutua. Se acostumbran a considerar diferentes objetos y a hacer comparaciones; adquieren insensiblemente ideas de mérito y de belleza que producen sentimientos de preferencia”. ROUSSEAU, J.J.,

Sobre el origen de la desigualdad, Madrid, Alianza, 1994, trad, Mauro Armiño, pp. 255-256. El desarrollo del

hombre conduce a la extensión de esas relaciones y vínculos, pero también a que dichos méritos se constituyan en un primer paso hacia la desigualdad. “Aquel que cantaba o danzaba el mejor; el más bello, el más fuerte, el más diestro, el más elocuente se convirtió en el más considerado, y éste fue el primer paso hacia la desigualdad, y hacia el vicio al mismo tiempo: de estas primeras preferencias nacieron, por un lado, la vanidad y el desprecio, por otro la vergüenza y la envidia”, “las cualidades naturales (...) el mérito y los talentos, (...)

diferentes sistemas de gobierno y arremeter, siguiendo la tradición democrática antigua, contra el despotismo y los privilegios de tipo aristocrático y los argumentos de una desigualdad natural que los legitima.

Siguiendo los primeros escritos de Nietzsche, la interpretación romántica tardía alemana de la Antigüedad griega subrayó el reconocimiento del elemento “burgués ilustrado”7 en Homero, que luego Adorno y Horkheimer desarrollarían en relación con el mito en la

Dialéctica de la Ilustración.

En el análisis que los autores de la Escuela de Frankfurt hicieron del origen y naturaleza de la razón instrumental, defendían que “las líneas de la razón, la liberalidad y el espíritu burgués” se extendían más allá de la concepción histórica que data el origen del concepto burgués sólo a partir del feudalismo medieval”.8

La referencia a una “Atenas burguesa” está presente y ocupa un lugar central en los estudios clásicos de P. Vidal-Naquet, o M. I. Finley y es en el seno de lo que llaman “burguesía” ateniense, donde cabe encontrar referencias, siempre indirectas a la idea de mérito en sentido moderno.

Otra forma próxima a ésta, de abordar el antecedente del ideal meritocrático, que habría de erigirse como piedra angular del liberalismo decimonónico, se puede plantear sobre las perspectivas de comparación con la democracia moderna, en las que el célebre texto de Benjamín Constant, De la liberté des anciens comparée à celle des modernes es referencia obligada.

A pesar de los esfuerzos de autores como Havelock o Strauss ya reseñados, la búsqueda de una presencia liberal en la antigüedad griega, resulta únicamente comprensible, y en nuestra opinión muy forzadamente, atendiendo a una visión extensa y flexible del término “liberalismo” como aquella teoría que da mayor importancia a la libertad que a la

cualidades únicas que podían conseguir la consideración, pronto hubo que tenerlas o afectarlas en provecho propio...” Ibid. 262. Recuerda que en un principio las magistraturas fueron electivas, “y cuando la riqueza no prevalecía, daban preferencia al mérito que confiere un ascendiente natural (...) los hebreos, los gerontes de Esparta, el Senado de Roma...”. Así también, “aquellos cuya fortuna y talento eran menos desproporcionados (que en monarquía o aristocracia) y que se habían alejado menos del estado de naturaleza, conservaron la administración suprema y formaron una democracia”. Ibid., p. 277.Atrás ya considera que la invención sucesiva de las artes, las lenguas, conduce a la prueba y el empleo de los talentos y estos a la desigualdad de fortunas. Rousseau entendió que incluso las aptitudes naturales y en general, la desigualdad natural aumentan en la especie humana por la desigualdad de institución, “así, un temperamento robusto o delicado, la fuerza o la debilidad que de él dependen, proceden a menudo más de la manera dura o afeminada en que ha sido educado que de la constitución primitiva de los cuerpos”. Ibid., p. 245.

7 Dentro de las concepciones postrevolucionarias, el libro canónico de la historiografía liberal sobre la Atenas

clásica sería la visión de la historia griega de George GROTTE, que celebra la democracia clásica como ejemplo de democracia liberal. La búsqueda de expresiones liberales en el modelo democrático de la época clásica llega hasta nuestros días, en este sentido, vid. , HAVELOCK, E. A., The Liberal Temper in Greek

Politics, New Haven, 1957.

8 Este es el punto de partida del Excursus I “Odiseo, o Mito e Ilustración, “de su Dialektik der Aufklärung,

“Como la historia de las sirenas encierra en sí el nexo inextricable entre mito y trabajo racional, la Odisea en su conjunto da testimonio de la dialéctica de la Ilustración. (...) El poema homérico (...) disuelve el orden jerárquico de la sociedad mediante la forma exotérica de su representación incluso allí, y justamente allí, donde se exalta (...) el héroe de aventuras se revela como prototipo del individuo burgués, cuyo concepto se origina en aquella autoafirmación unitaria de la cual el héroe peregrino proporciona el modelo prehistórico”. Es la ambivalente relación de la Ilustración con el dominio uno de los puntos que separan las diferentes formas de acceso a la epopeya, como los propios Adorno y Horkheimer se ocuparon de señalar, “al parecer este carácter dual de la Ilustración como motivo histórico fundamental, su concepto, es ampliado hasta el comienzo de la historia narrada. Pero mientras que la relación de Nietzsche con la Ilustración, y por tanto con Homero, permaneció ambivalente, mientras que él vio en ella tanto el movimiento universal del espíritu soberano del que él mismo se sentía realizador consumado, como el poder nihilista, hostil a la vida, en sus descendientes prefascistas ha quedado sólo este segundo momento, pervertido en ideología”. HORKHEIMER, M., ADORNO, T. W., Dialéctica de la Ilustración, Barcelona, Península, trad. Juan José Sánchez, 1998.

autoridad.9 Los autores que han destacado el aspecto “liberal” en determinados momentos históricos de la antigüedad griega o en determinadas ideas expuestas por filósofos antiguos, han partido de esa defensa de la libertad frente a la autoridad, y más concretamente en la teoría democrática en oposición a visiones holistas de la polis y de la sociedad en su conjunto. Interesa ver si ese componente liberal, opuesto a la autoridad, se enfrentó, y cómo, a una visión estática u orgánica del mérito entendido como mejor aptitud, o capacidad natural de un grupo privilegiado para ocupar puestos políticos y jurídicos en detrimento de un concepto dinámico del mérito.

En la bibliografía contemporánea sobre la política y la sociedad en la antigüedad griega las referencias a estos dos términos, “mérito” e “igualdad” sin ser su articulación una idea central en ellas, aparecen en aquellas líneas de investigación o actitudes interpretativas centradas en la historia socio económica o filosófico política 10, de nuevo en la comparación entre la democracia antigua y la moderna11, o la “impronta liberal” de la democracia ateniense. En este último sentido, recientes estudios desde y sobre la Historia griega, frente a la tradicional concepción holista de la antigüedad, resaltan otro rasgo indisolublemente unido al pensamiento liberal: la corriente individualista12 paradigmáticamente expresado en

9 En relación con el estudio de HAVELOCK “The Liberal Temper in Greek Politics” ya citado, Leo

STRAUSS pone de relieve la importancia en la comparativa de la adopción de este punto de partida:“La visione che ha Havelock del liberalismo difeferesci di poco nella sostanza e nella forma da quella che è ora la visione comunemente difusa. Il liberalismo, como egli (Havelock) lo intende, dà maggior importanza alla libertà che alláutorità; considera l`autoriíta derivata unicamente dalla società, mentre la società sarabbe spontanea ed autigena anziché stabilita dall´uomo (...) La visione che ha Havelock del liberalismo differisce de quella comuni in due punti. In primo luogo, egli considera necesario ricercare le redicistoriche del liberalismo nella antichità greca. (...) Havelock sostiene che un liberalismo puro essieve nel pensamiento pre-platonico e pre-socrático.” STRAUSS, L. Liberalismo antico e Moderno, Milano, Giueffrè editore, 1968

10 También y quizás excesivamente influido por los acontecimientos del siglo XX, el famoso libro de Karl

POPPER, The Open Society and its enemies, que valoraba, en clave antitotalitaria, y según su interpretación, “antiplatónica”, la concepción democrática clásica y su conciliación de individualismo e igualdad.

11 Entre otros, vid. , BOBBIO, N., El futuro de la democracia, México, FCE, 1986, La teoría de las formas de

gobierno en la historia del pensamiento económico, Estado, gobierno y sociedad. Por una teoría general de la política, México FCE, 1994, sobre la relación entre igualdad y democracia, vid. Igualdad y libertad,

Barcelona, Paidós, 1993. Trad. Pedro Aragón Rincón o el ensayo Izquierda y derecha, Madrid, Taurus, 1998, trad. Alessandra Piccone.

12 A pesar de que parece extemporáneo el uso del adjetivo individual, desde diferentes posiciones se defiende

la idea de una continuidad en el individualismo entendido como corriente del pensamiento. Según Salvador GINER, puede entenderse el individualismo como una de las corrientes predominantes dentro de la filosofía occidental. En este sentido, también otros autores desde el punto de vista de la sociología, así, se trata de la corriente que arranca en la antigüedad griega, está presente en la visión política de Pericles, la concepción cristiana del hombre, la actitud renacentista y la teoría maquiaveliana del poder, y se caracteriza por la centralidad, independencia y autonomía del individuo en su manera de concebir la dinámica y la estructura de la sociedad. Desde la perspectiva aquí utilizada tal individualismo habría tenido en la actualidad un carácter excluyente y profundamente unido a la concepción agonal de mérito. La singularidad y la irrepetibilidad personal tuvo una defensa ideológica vinculada a la idea de mérito, era la posibilidad formalmente abierta al grupo de iguales, de destacar por sus habilidades, sus talentos o sus capacidades en una sociedad competitiva que no es individual porque la recompensa a ese mérito es social, y no individual. Para mayor gloria de los hechos que se realizan para todos los hombres, el “individualismo” griego tenía sus propios mártires en la tragedia, es el destino de Prometeo, pero también de aquellos que se revelan contra su destino, o que como Edipo, luchan estérilmente contra él. Como es sabido, la noción de la singularidad de cada individuo y el respeto que su irrepetibilidad merece pese a la oposición del cuerpo social o del poder se fue abriendo camino hasta que a fines del siglo XVIII encuentra una formulación precisa y explícita. Sobre el individualismo como corriente ideológica, vid. GINER, S., Historia del pensamiento social, Barcelona, Ariel, 1994, p. 293. En el estudio comparativo de Luis DUMONT, el individualismo aparece como contraposición al holismo, y como excepción dentro de las grandes civilizaciones que el mundo ha conocido. Si en el plano lógico, el holismo implica la jerarquía, el individualismo implica igualdad, aunque ni todas las sociedades holistas acentúan la jerarquía en idéntico grado, ni todas las sociedades individualistas. En el segundo caso se ha visto la forma en que el individualismo concreta la igualdad bajo el principio de igualdad ante la ley, sobre todo como abolición

la concepción democrática de la época de Pericles13. Todo esto apoya explícita o implícitamente la existencia de un modelo meritocrático en el componte individual, “liberal”, o mejor, simplemente democrático, de la antigüedad griega.

Menos complicado resultará indagar sobre la vinculación de la defensa del desarrollo del cuerpo ciudadano con las medidas asistenciales14 que la democracia antigua consideró como función implícita en su ideario, y en la que el principio de igualdad ocupaba, como es sabido, un lugar fundamental15. Pero, el propósito aquí, no es simplemente rastrear las nociones de mérito y las medidas igualitarias separadamente, sino analizar la forma en que la idea original de democracia concilió ambas. Para ello es necesario acudir a la literatura original, ver el mérito en esa literatura, en la filosofía y en general en la historia griega en tanto que fundadora de la idea de democracia y presentar los rasgos que configuran el modelo antiguo de relación entre igualdad y mérito.

III. SOBRE EL MÉRITO EN EL PRIMER HITO IGUALITARIO

El carácter ambiguo de la noción de mérito no es exclusivo de nuestra época, precisamente la propia riqueza del léxico griego aumenta la dificultad de encontrar un equivalente que facilite el tema que ocupa en gran medida esta primera parte: la forma en que el modelo antiguo de democracia concilió, tras cuestionar los valores heterónomamente recibidos, el componente agonal del mérito y la igualdad de la colectividad. Hemos adelantado algunas expresiones: axíasis, axía16, y areté y la impresión de que la dificultad

de hallar un equivalente de la noción meritoria se acentúa merced a la existencia de todo un

de los privilegios basados en el mérito eugenésico. “En un sentido muy amplio, igualdad y jerarquía se hallan necesariamente combinadas en todo sistema social”. Ejemplo de esta combinación entre jerarquía e igualdad, en el sentido de que la segunda viene implicada en toda gradación de estatus, fue la sociedad democrática griega, la cual como se vio en la primera parte, acentúo la igualdad sin implicar individualismo y combinó la defensa del mérito con una política igualitaria. Para Dumont la mayor parte de las sociedades valorizan en primer lugar el orden, “por consiguiente la conformidad de cada elemento a su papel en el conjunto, en una palabra, la sociedad como un todo; a esta orientación general de valores la llamo holismo (...) otras sociedades como la nuestra valoran en primer ligar al ser humano en individual: a nuestros ojos cada hombre es una encarnación de la humanidad entera, y como tal es igual a cualquier otro hombre, y libre. Esto es lo que yo llamo individualismo. En la concepción holista, las necesidades del hombre son ignoradas o subordinadas, mientras que por el contrario la concepción individualista ignora o subordina las necesidades de la sociedad. DUMONT, L., Homo aequalis. Génesis y apogeo de la ideología económica, Madrid, Taurus, 1999, p. 14.

13 Así, Domenico MUSTI, quien entre otras conclusiones acerca de la democracia como ideología, extrae que a

la ciudad (y especialmente a la democracia) antigua “no le faltan ni una cierta dosis de individualismo, distinto en cada época pero siempre presente, al menos en el plano de las formulaciones teóricas, en la democracia períclea, ni el pluralismo. Pero en la democracia de Pericles tienen una menor presencia esos cuerpos intermedios que, en las sociedades modernas, se sitúan entre el individuo y el Estado, incluso a escala nacional: el individuo parece más débil en la sociedad democrática antigua por estar menos estructurado y menos mediatizado por esas realidades”. MUSTI, D., Demokratía, Orígenes de una idea, op. cit., p. 342.

14 Concretamente con la expresión “asistencia social” como título, pueden verse los trabajos de BOLKSTEIN,

H., Wohltätigkeit und Arnenplege im vorchristlichen Altertum,, HANDS, A. F., Charities and Social Aid in

Greece and Rome, otras obras que inciden en la idea de la asistencia social como forma de distinguir entre

diferentes regímenes y sistemas política de la antigüedad griega, son sin ánimo de exhaustividad FINLEY, M. I., Clases y luchas de clases en la Grecia Antigua, Akal, Madrid, 1979, GSCHNITZER, F., Historia Social de

Grecia. Desde el Período Micénico hasta el final de la época clásica, Akal, Madrid, 1987. STRUVE, V., Historia de la antigua Grecia, Akal, Madrid, 1976.