II 4. El uso psicológico y simbólico
II. 5. El uso político
Hemos indicado que en el uso sociológico común, meritocracia ha venido a significar que la educación es el principal criterio de estratificación social y que hay igualdad de oportunidades ante ella, sin necesidad de abolir la herencia de riqueza. En el uso político no existe esta coincidencia, sino que se le ha asignado una función diferente en función del marco ideológico donde quepa insertarlo.
El uso político del mérito aparece íntimamente relacionado con la meritocracia – recordemos la connotación política del sufijo kratos tan caro a la tipología de las formas de gobierno o al ejercicio del poder tanto griegas como ilustradas56- donde es posible vislumbrar, como telón de fondo, el problema histórico de aquella propuesta de raigambre aristotélica según la cual los iguales deben ser tratados de manera igual y los desiguales de manera desigual. En la antigüedad era un lugar común de las fuentes filosóficas que hemos heredado considerar la democracia como aquel sistema que significa “el predominio del número sobre el mérito”57.
Pero desde una posición diferente también se llegó a considerar la democracia –al menos la ateniense- como el mejor lugar para el desarrollo del mérito, de la manera que enorgullecía a Pericles, quien como recoge Tucídides, dijo que en Atenas: “según el crédito que cada cual consiga en una actividad, no se le prefiere por la riqueza más que por sus méritos”58.
En el discurso de Pericles a la vez que se proclama el principio de igualdad ante la ley, o de una ley igual para todos afirmaba que en Atenas: “Según la valoración (axíosis), según
56 Es conocida la intensidad en la que las formas clásicas de gobierno son estudiadas en esta época. Aunque ya
Hobbes denunciaba cómo a veces con los nombres de las distintas formas de gobierno no se hacía sino opinar acerca de sus titulares. HOBBES, T., Tratado sobre el ciudadano, Madrid, Trotta, 1999, trad. Joaquín Rodríguez, p. 69. Rousseau, al distinguir entre tres tipos de aristocracia: (“natural, electiva, hereditaria dirá que la primera no conviene más que a pueblos sencillos; la tercera es la peor de todos los gobiernos. La segunda es la mejor: es la aristocracia propiamente dicha”), como se verá aún se halla presente el eco platónico de aquel “gobierno de los sabios” como “gobierno de los mejores”, o en palabras de Rousseau, del “orden mejor y más natural que los más sabios gobiernen a la multitud”, al que dedicaremos el epígrafe “Meritocracia en Platón”. ROUSSEAU, J., Del Contrato social – Discursos, Madrid, Alianza, 1994, trad. Mauro Armiño, pp. 75 y ss.
57 Como se insistirá es cierto que Aristóteles no defendía la democracia (la democracia de su época) y la
definió como el sistema en el que el número predominaba sobre el mérito pero se ocupó de ella e hizo una taxonomía de los regímenes políticos (monarquía, aristocracia, república y sus correspondientes formas degeneradas: tiranía, oligarquía y democracia), relativizando el valor de cada uno. Por otra parte, esta afirmación fue ampliamente compartida, por aquellos con “posibilidades” de escribir su propia historia. Los historiadores aristocráticos de las diferentes “constituciones griegas”, y en particular la politeía más partidista, reflejarían perfectamente la oposición superiores/ inferiores, calificando el régimen ateniense como aquel donde el número gobierna sobre el mérito, donde el texto sigue ejemplificando la posición oligárquica o aristocrática, que apoyándose en el mérito eugenésico o de la posesión de riqueza, subraya la mejor aptitud de un grupo frente al pueblo, e insiste que todo lo contrario es una democracia: el predominio del número sobre la virtud. “Yo afirmo, en efecto, que el pueblo de los Atenienses conoce que ciudadanos son superiores y quiénes inferiores; y, al conocerlo, aprecian a los que son propiamente partidarios y seguidores suyos, aunque sean inferiores, y odien especialmente a los superiores pues, no creen que la virtud de éstos contribuya a su propio bien, sino a su mal. Y contrario a esto es, el que algunos, que son verdaderamente del pueblo, no lo son por naturaleza.” PSEUDO- JENOFONTE, La República de los Atenienses, 2, 9-11.
58 Como veremos en la primera parte de este trabajo, D. Musti en su estudio sobre los orígenes de la idea de
democracia muestra cómo Pericles, habría defendido un concepto dinámico de la valoración social, refiriéndose explícitamente a la “meritocracia de Pericles”. Pericles a la vez que habría exaltado el ejercicio del derecho a la participación política activa de todo aquel que tenga capacidad para ello, habría garantizado también un estatus sólido a la persecución legítima de los fines privados, “incluso en términos de bienes, ventajas y formas de descanso y entretenimiento; en definitiva, de felicidad individual”, en relación con las aptitudes y los esfuerzos. Por otra parte recordamos que en el discurso de Pericles también se proclama el principio de igualdad ante la ley, o de una ley igual para todos. MUSTI, D., Demokratía. Orígenes de una
el crédito que consiga en una actividad, no se le prefiere por la riqueza más que por sus méritos (aquí su “excelencia”, “virtud” areté), ni se ve obstaculizado por su estatus social (axioma), si es capaz de prestar un buen servicio a la ciudad.-” 59.
El uso político de la noción de mérito, entendido a partir de la decisión de establecer una relación entre el poder y las características o aptitudes del sujeto gobernante, no se ha dado siempre explícitamente, y en nuestra cultura política actual no es, como se puede comprobar fácilmente, una cuestión de primer orden. No obstante, existieron en nuestro contexto cultural formulaciones explícitas de la necesidad de esa relación –el conocido gobierno de los sabios en Platón o la interesante revisión del filósofo cordobés Averroes que al hilo de la Exposición de la República razonó que “sólo un gobierno de los sabios consagrados al ejercicio en acto de las cualidades más excelsas de la potencia intelectual estaban capacitados para guiar a los demás hombres”.60- También existieron y en la actualidad existen formulaciones donde se defiende de forma implícita y en uso político una
meritocracia.
Por último encontramos de nuevo la presencia del mérito y de la doctrina de las virtudes en las ideologías políticas conservadoras que han defendido, o defienden la superioridad natural y la mejor aptitud de un sujeto, o normalmente de un grupo de sujetos, -de un pueblo (Volk) de una raza (la blanca) - para justificar y legitimar el dominio.
Estas últimas serán objeto de un mayor análisis en el capítulo correspondiente. Cabe ahora únicamente seguir enumerando el juego de este uso.61
a) Liberales y socialistas / Izquierda y derecha
Si fuera posible esquematizar las cosas hasta ese punto, podría decirse, haciéndonos eco de la communis opinio, que el mérito conforma el principio de distribución liberal mientras que la necesidad conforma el principio de distribución socialista. Así, por ejemplo lo resume Barbara Goodwin en El uso de las ideas políticas: “Muchos conservadores considerarían que la distribución jerárquica de bienes y privilegios es justa, o que incluso ha sido dispuesta por Dios. Para los liberales, la distribución según los méritos, basada en la igualdad de oportunidades, es el ideal, mientras que los socialistas bregan por la justicia basada en la necesidad y en la igualdad fundamental”.62 Menos esquemático es el análisis que del papel del mérito hace Michael Walzer en su estudio Las esferas de la justicia, donde podemos encontrar una interesante respuesta a la complejidad que plantea la relación entre igualdad y mérito.63
59 El significado de mérito es próximo al de valoración. La diferencia entre axíosis y axioma estriba en que el
primer término indica un proceso en acto (la valoración), mientras que el segundo indica un estado (la dignidad, como rol o estatus social que cada cual se construye; “axioma” tiene una acepción de un postulado de derecho, o de gobierno en sentido jurídico, y así la conciben la mayoría de los intérpretes. Por otra parte Platón sienta en Las Leyes siete “axiomas” de gobierno para la crítica de la realidad histórica y la estructura del Estado, junto al análisis de las causas de la decadencia del Estado que encontrará en la incultura y la idea de que lo “mejor” debe gobernar sobre lo “peor”, sobre la que habrá que volver más adelante. PLATÓN, Leyes, 690 A.
60 AVERROES, Exposición de la “República” de Platón, Madrid, Tecnos, 2001, trad. Cruz Hernández, p. 71 y
ss.
61 Aunque caben más variantes En primer lugar en la elucidación del reconocimiento de iguales, y en el trato
debido a los desiguales. En segundo lugar en la forma solapada de la gradación, o jerarquización de las valías, de los requisitos o de las aptitudes necesarias para alcanzar el kratos y no sólo en su vertiente política, sino en la socioeconómica, cultural, religiosa, etc. Por lo demás el uso político debe referirse a los criterios de justicia en la medida en que definen posiciones sobre o desde el mérito.
62 GOODWIN, B., EL uso de las ideas políticas, op. cit., p. 362.
Es conocida la conclusión del controvertido –aunque creemos que realista - análisis que de la díada izquierda / derecha hiciera Norberto Bobbio: la esencia de la distinción entre la derecha y la izquierda radicaría en la diferente actitud que muestran sistemáticamente frente a la idea de igualdad. Aquellos que se declaran de izquierdas dan mayor importancia en su conducta moral y en su iniciativa política a lo que convierte a los hombres en iguales, o a las formas de atenuar y reducir los factores de desigualdad; los que se declaran de derechas están convencidos de que las desigualdades son un dato ineliminable, y que al fin y al cabo ni siquiera desean su eliminación64.
Lo igualitario partiría de la convicción de que la mayor parte de las desigualdades lo indignan, y las querría hacer desaparecer, son en tanto que sociales, eliminables. Lo no igualitario, en cambio parte de considerarla naturales, y por otra parte funcionales al sistema que se tiene como justo65.
b) Política meritocrática
Políticamente se le puede considerar la variante socialdemócrata del ideal de distribución socialista (que aboliría completamente la adscripción y la herencia), y como tal fue objeto de la sátira de M. Young, en la ya citada The rise of meritocracy.
La ideología meritocrática defendida por Bell, está estrechamente ligada al principio de igualdad de oportunidades y mantiene el trasfondo agonal, competitivo o deportivo, tal como se ha venido señalando y mientras que comparte con la concepción del mérito de la sociedad democrática griega el principio de competencia por “ser los mejores” (si bien prácticamente circunscrita en el plano económico66) su articulación, -de nuevo según nuestra hipótesis- se convertirá en tremendamente conflictiva tanto si insiste: a) en la depuración ad
infinitum del principio de igualdad de oportunidades (abolición de la herencia genética, de la
influencia del ambiente, etc) como si b) se articula en contraposición a la ideología igualitaria, algo que se habría tenido como absurdo en el modelo democrático tal como fue defendido originariamente en la demokratía67 -limitada a la ciudadanía- como si, finalmente c) se resuelve en relación con políticas positivas o acción de afirmativa dirigidas a individuos o a grupos.
En la actualidad, el concepto de meritocracia se ha incorporado así a las ideas de la “nueva derecha”, por ejemplo en la teoría del entitlement de Richard Nozick, que la opone a la idea de ingresos mínimos ligados a la condición de ciudadano, al establecimiento de cuotas, sobre todo, por sexo o raza, en escuelas y empresas y en general contra la igualdad de resultados.68 La posición neoliberal respecto a la meritocracia subraya el trasfondo
64 En cualquier caso como señala Bobbio, “las desigualdades sociales que el liberalismo tolera sería
cualitativamente distintas de las desigualdades a las que hace referencia el pensamiento jerárquico. Una sociedad liberal, donde la libertad de mercado genera desigualdades, no es una sociedad rígidamente jerarquizada”. BOBBIO. N., Derecha e Izquierda, op. cit., p.122.
65 Como veremos en el Capítulo VII “El mérito en el pensamiento conservador”, el resultado obtenido sobre la
base del mérito forma parte del conjunto de desigualdades funcionales al sistema que, lo que podríamos considerar “derecha”, se obstina en defender frente a medidas igualitarias, por ejemplo la acción afirmativa, paradigmáticamente defendidas por la “izquierda” en una contraposición explícita mérito versus igualdad.
66 Recientemente y al hilo del éxito del programa televisivo “Operación Triunfo”, el Partido Popular, partido
político en el gobierno, en boca de su presidente afirmaba que tal programa encarnaba los valores de su partido, esto es, la meritocracia.
67 TOULOUMAKOS, J., Die theoretische Begründung der Demokratie in der klassischen Zeit Griechlands.
Die demokratische Argumentation in der Politik des Aristoteles, Ekdoseis Papazisis, Atenas, 1985. MUSTI, D., Pubblico e privato nella democracia periclea, en Quad. Urbin. Di Cult. Class, n.s. 20, 1985, o la ya citada MUSTI, D., Demokratía. Orígenes de una idea.
68 El problema aparece, pues, en relación con la forma de caracterizar el principio de igualdad de
agonal, competitivo o deportivo, donde trata de igualar únicamente las condiciones formales de participación en la carrera del mérito mediante la exclusión de razones irrelevantes (aquellas a lo largo de la historia de este concepto se habían defendido paradójicamente
desde el pensamiento más conservador como relevantes, y hasta como meritorias: la raza, el
sexo, la procedencia geográfica o el nacimiento), a través del principio de igualdad ante la ley. La flexibilidad laboral, la movilidad y el dinamismo, la baja “presión fiscal”, la competitividad, etc, serán todas ellas muestras de la apología de un verdadero estado “agonal”.
Una segunda concepción meritocrática de inspiración liberal parte de la identificación de la igualdad de oportunidades como igualdad en la partida que afecta a las condiciones previas de los participantes compensando a los desaventajados con el fin de que puedan manifestar realmente sus talentos naturales, estando así en condiciones de igualdad, cuyo paradigma es la política de ayudas especiales en el ámbito educativo, etc.
c) El mérito frente a la “mediocridad” en la política. La meritocracia frente a la “mediocracia”: Aristocracia y Fascismo
El uso político de la meritocracia incluye algunos de los episodios más tristes de la historia de las ideas. Se trata de la valoración de la “meritocracia” y su apología argumentativa en la oposición a la democracia en tanto que “mediocracia”. En nuestra opinión hay al menos tres momentos –con importantes diferencias de forma y fondo- en que este uso se hizo flagrante y en los que la apelación al mérito, a la desigual aptitud, a la desigualdad natural y a la “meritocracia” así como las virtudes de los regímenes opuestos a la democracia alcanzó enorme relevancia y trascendencia.
De un lado (1) en la reacción antidemocrática durante la Atenas clásica de la
demokratía, de otro (2) en la reacción69 ante la Ilustración, por último en (3) los totalitarismos del siglo XX, sobre todo en los de signo conservador, esto es, en los fascismos (con una presencia sociológica anterior –Mosca, Ortega, etc- en el elitismo político.70
Las diferentes valoraciones de las virtudes, y de los méritos (o mejor de las virtudes como méritos) parecen conducir a la defensa de aquellos regímenes políticos a ellas asociadas. Si los segundos se defienden como sus correlatos bajo el principio de coherencia es algo que habremos de ver más adelante. Interesa ahora únicamente de abrir el abanico de su uso político.
Con respecto a la moral y a la doctrina de la virtud, de nuevo Bobbio señalaba al hilo de la distinción entre la dicotomía de las posturas políticas, -esto es, izquierda / derecha,
recibido cobertura muy diversos contenidos e ideologías, debido a su ambigüedad. Así, y como se verá más adelante, las doctrinas de Nozik, Hayek o Friedman identifican la igualdad de oportunidades con igualdad ante la ley, mientras que en el extremo opuesto del arco ideológico “una igualdad sustantiva mucho más exigente”, la igualdad en el desarrollo de las capacidades individuales, también puede ser vista como igualdad de oportunidades. “Entre ambos extremos, probablemente, la manifestación doctrinal más característica y conocida de la igualdad de oportunidades es la ideología meritocrática, según la cual los puestos y recompensas sociales deben atribuirse conforme a los talentos de cada cual”. El principio de igualdad de oportunidades ligado a la idea de meritocracia se situaría en una posición intermedia entre el modelo de igualdad ante la ley y el de la igualdad de resultados.RUIZ MIGUEL, A., “La justicia como igualdad”, op. cit. , p. 139.
69 Aquí nos será de gran utilidad el análisis de las formas y constantes de la reacción que Albert Hirschman,
hace en HIRSCHMAN, A. O., Las retóricas de la intransigencia, México, F.C.E., 1991.
70 Quizás mejor en los totalitarismos, aunque habremos de distinguir las diferencias en cuanto a lo que se
consideraba meritorio en la medida en que podamos distinguirlos por su signo (izquierda/ derecha), lo cual creemos posible. En el primer sentido, habrá que acudir a la conocida obra de Hannah Arendt, ARENDT, H.,
extremismo / moderación- las virtudes guerreras heroicas, del coraje y de la temeridad como propias de las posturas políticas extremistas, frente a las virtudes moderadas consideradas despectivamente mercantiles por los extremistas de ambos signos, como la prudencia, la tolerancia, la razón “y que son necesarias en las relaciones de mercado, y en al ámbito de las opiniones, de las ideas, de los intereses en conflicto y que constituyen la esencia de la democracia”. Ese enfrentamiento en el terreno de la valoración de las virtudes sirve a Bobbio para señalar las sospechas que sobre la democracia guardan extremistas tanto de izquierdas como de derechas. Según esto, al no valorar las virtudes propias de la democracia, para los extremismos la democracia es sinónimo de mediocracia. En efecto, en el lenguaje de unos y otros extremismos, y sobre todo en su reflejo totalitario, la democracia habría sido sinónimo de mediocracia, que a su vez es antónimo de meritocracia.
Para Bobbio “el tema de la mediocridad democrática es típicamente fascista”. Este punto nos parece que es especialmente interesante y apoya la idea de la posibilidad de este uso político tanto del mérito (en tanto que virtud, o de la virtud en tanto que mérito) como de la meritocracia: La meritocracia en sentido etimológico, o amplio y si se quiere, como el
gobierno del o por el mérito, ha tenido un uso político vinculado a las formas políticas
desde antiguo. Aunque en nuestra opinión, cabe matizar la afirmación del profesor italiano: Efectivamente el tema de la mediocridad democrática ha sido utilizado, con las terribles consecuencias que todos conocemos, por los fascismos, pero hay que reconocer que también existe toda una tradición que nace en nuestro contexto cultural, y hasta donde alcanzamos cabe cifrar en el inicio de la democracia –como demokratía- y en tanto que ruptura otra vez de lo heterónomo- a vincular mediocracia con democracia, asociando en este caso meritocracia con aristocracia, y esa tradición no es totalitaria.
Como habremos de ver en el capítulo correspondiente, según la tipología clásica de las formas de gobierno que retomara Montesquieu o Rousseau, Aristóteles coincide con Platón