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Imagen e identidad

In document Las mujeres jóvenes en España (página 41-44)

La relevancia que dan las mujeres españolas a su imagen se puede relacionar con el desarrollo económico tan fuerte y tan reciente que se ha producido en toda la sociedad. De alguna forma somos, colectivamente, una sociedad de nuevos ricos y una de las características más acusadas de estos es la de su afán y gusto por el consumo. La proximidad del ascenso socio- económico, en pocas décadas, nos coloca como conjunto entre una de las sociedades en las que se han producido unas cifras más exorbitantes de aumento de los consumos relacionados con la imagen y la moda. Según un estudio reciente, en 1999 aumentó el consumo del sector textil hasta alcanzar 2,7 billones de pesetas.

La concepción dominante en las mujeres acerca de su propia identi- dad es dual. Por una parte sienten que hay un fuero interno de autenticidad que les permite ser «ellas mismas» en la intimidad. Frente al núcleo interno de la identidad está la representación de la persona, la manera en la que se presentan ante el mundo como lo podría hacer un actor. En palabras de Goff- man, «mientras el actuante está ostensiblemente inmerso en sus actos en for- ma espontánea y no calculada, no obstante debe disociarse desde el punto de vista afectivo de su representación» (Goffman, 1971, pág. 230). La imagen presentada hacia fuera mantiene su carácter de artificio e instrumento mien- tras que la persona sigue reconociendo su «yo interior». Proceso éste del que las mujeres tienen una conciencia profunda, ya que consideran esa dualidad como la forma única posible de preservar en cierta medida su personalidad íntima que sólo desvelarán ante su círculo más inmediato.

«Admiras lo que los demás te dejan ver.» «En el trabajo tienes que dar una imagen.»

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«Te manifiestas según la situación, pero en el fondo sigues siendo tú misma.»

Hay distintas maneras de manejar esta doble identidad, «hacia den- tro» y «hacia fuera». Las mujeres más seguras de sí mismas y mejor adapta- das a su medio lo aceptan como algo natural y conveniente, mientras que otras se obsesionan por la mirada ajena y con la imagen que ofrecen como el único rasero sobre el cual se asienta su identidad. Así se trasluce constante- mente en los comentarios de muchas mujeres que afirman la impronta de la sociedad sobre ellas:

«Yo nunca lo digo, pero me importa muchísimo la opinión, entonces estoy continuamente...»

Muchas mujeres viven esta doble imagen como algo impuesto y nega- tivo ante lo que se rebelan. Entre los grupos de mujeres jóvenes con estilos de vida más arriesgados y vanguardistas se menciona la hipocresía de la represen- tación y el temor de perder su autenticidad al adecuarse externamente a expec- tativas convencionales. Hay un doble mecanismo de rechazo, en parte por no aceptar imposiciones de la sociedad considerada atrasada, y en parte por el miedo a que estas presiones no dejen aparecer su yo auténtico.

«Es la sociedad que te condiciona, es el entorno que te rodea.» «Nunca sabes si te muestras como eres.»

«Es como si te lo exigieran.» «Es todo una máscara.»

Las distintas posturas ante la representación conllevan distintos hábi- tos estéticos. Las mujeres que atribuyen gran importancia a la representación y no la ven como amenaza a su yo sino como una parte del mismo, cuidarán con gran esmero todos los detalles de su apariencia física y su cuidado per- sonal, la ropa, los cosméticos, el peinado, la buena forma física, etc. Las jóvenes que mantienen una posición de «autenticidad» crítica vivirán la exi- gencia de dar una imagen como algo más problemático y probablemente intenten liberarse de esa carga tan pesada del arreglo personal perfeccionista, aunque corren el peligro en este caso de ser clasificadas con el peyorativo adjetivo de descuidadas y por ello ser discriminadas.

Como dice Gil Calvo, todo se hace para ofrecer la mejor imagen, capaz de recabar una buena reputación. La clave reside en luchar por adqui- rir prestigio corporal ante una opinión pública despiadada e inflexible que exige sujeción a las reglas estéticas de control social, pero que tampoco duda en descalificar las imágenes que se desacreditan condenándoles al ostracis- mo y la exclusión social (Gil Calvo, 2000).

Las mujeres que buscan la seguridad intentarán adaptar su estilo a las demandas de su entorno, proteger su imagen mediante la adecuación a las normas estéticas. El riesgo será una actitud que se traduzca en vestimenta no esperada, que puede «salirse de tono» en un ambiente dado. Las mujeres que ponen su valor en el tener tenderán a acentuar sus pertenencias y su posición estructural mediante una indumentaria cuidadosamente elegida, ya que «lo que aparentan» las define. Su objetivo será agradar al otro, amoldarse a las expectativas sociales. Esta postura se puede rastrear en la frase de una bur- guesa moderna, casada, con hijos, que no trabaja fuera del hogar:

«Me importa mucho más la opinión que tengan los demás de mí.»

Las mujeres del ser pueden utilizar su apariencia con fines instru- mentales pero no será vivido como algo importante para ellas, ya que prefie- ren identificarse con lo que hacen. Para ellas el reconocimiento más valora- do no es su apariencia, sino su rendimiento. Varias mujeres progresistas o posmodernas enfatizan que lo que quieren es que se las valore por lo que hacen, no por la apariencia que ofrecen.

«Que reconozcan mi trabajo.»

Afortunadamente, siempre hay un margen de libertad personal en cuanto a la elección de la imagen así como del estilo de vida, del trabajo, etc., y existe un pluralismo estético notable. La imagen varía mucho según el

milieu o identidad social que hayan asumido, y dentro de un estilo general se

pueden dar numerosos matices personales a la imagen. Sin embargo, hay ciertas características estéticas que son generales a todos los medios y que se imponen inexorablemente a las mujeres en cuanto a tales. Estos imperativos tienen un grado de coerción mayor cuanto más insegura e inmadura se sienta una mujer, pero su impacto psicológico es universal, ya que definen el «deber ser» de la feminidad y configuran la imagen de la mujer ideal.

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