3. Símbolo de una lucha: Movimientos de Liberación Sexual
3.6. Impacto e irrupción del sida en los movimientos de los ochenta
ochenta
A principios de la década de los ochenta, en el entorno médico de Estados Unidos, son localizados pacientes con síntomas en común pero inusuales… El colectivo LGTB vuelve a estar en el punto de mira; el estigma se origina porque inicialmente fue entre las personas homosexuales de Nueva York y California donde se detectan enfermedades como el sarcoma de Kaposi (tumor canceroso del tejido conectivo), un tipo raro de cáncer de piel e infecciones pulmonares transmitidas por pájaros33. En poco tiempo descubrieron que también por vía intravenosa se podía transmitir la enfermedad, que desde el año 1982 se denominó: Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida. Son los primeros casos de SIDA.
La realidad gay cambió con el sida. Por un lado, se pone al descubierto en qué circunstancias se desenvuelven algunas prácticas sexuales, generalmente asociadas a la homosexualidad masculina, por otro y muy vinculado, se crea alarma social por su conexión con la transmisión del SIDA.
32 Muere en 1983, con 37 años de edad, al complicársele la recuperación de unas heridas por
quemadura con una hepatitis. Publicado: Diario 16. 20 de septiembre de 1983, página 26. Ver: http://hemerotecadigital.bne.es/results.vm?o=&w=muerte+de+Jos%C3%A9+P%C3%A9rez+Oc a%C3%B1a+pintor&f=text&t=%2Bcreation&l=600&l=700&s=0&y=1983&lang=es (03.02.2015).
En el caso de la realidad lésbica, “La inexistencia de estudios serios sobre las prácticas sexuales de las lesbianas traduce una falta de inquietud sobre las posibilidades de transmisión de VIH en relaciones lésbicas, al tiempo que confirma el estereotipo según el cual entre mujeres no hay sexo posible” (Llamas, 1998, p. 265).
Conocido como el cáncer gay, en los ochenta el sida sacudió firmemente al colectivo homosexual y transexual. La asociación semántica: sida- homosexualidad-transexualidad-muerte, se extiende y mezcla generando la idea de que la homosexualidad y la transexualidad, al igual que el sida, se podía transmitir como si fuese una enfermedad. “En la cadena de fatalidades, la inadecuación a la norma socio-sexual lleva invariablemente al sida y éste conduce siempre a la muerte” (Llamas, 1998, p. 147). La estigmatización que provocó el síndrome generó la inquietud, incluso en buena parte condena, por parte de la sociedad. El sida hizo que se pusiera nuevamente en cuestión las identidades transexual y homosexual. Con la emergente necesidad de detectar quien era homosexual y quien no, y con la justificación de poder dirigir la prevención hacia las personas que lo necesitaran, se crea entonces un movimiento conocido como outing, con el eslogan Out of the closets, Into the
streets34; el forzamiento -aun cuando de forma ‘sutil- a la visibilidad dejó al
descubierto también a personas que no querían ser identificadas públicamente como homosexuales.
Ricardo Llamas, en Teoría torcida. Prejuicios y discursos en torno a la
“homosexualidad”, afirma que la situación de exclusión de las realidades gay y
lésbica crean condiciones que animan la resistencia; como ejemplo paradigmático de organización en lucha contra la exclusión, el grupo de acción directa creado en Nueva York en 1987, Act Up35, conformado por personas
transexuales, travestis, homosexuales, lesbianas, negros, chicanos,
drogodependientes, mujeres trabajadoras del sexo, colectivos excluidos que se unieron para manifestar el abandono que sufrían por parte del estado. Se convirtieron en activistas radicales que luchan contra el sida y a favor de promover las investigaciones y la asistencia sanitaria para los pacientes hasta
34 Fuera del armario, a la calle (Traducción propia).
erradicar del todo el virus. Otro grupo de acción directa es Lesbian Avengers36,
creado en 1992 en Nueva York, movimiento revolucionario de lesbianas, que denunciaba su invisibilidad, su apartamiento dentro del colectivo homosexual, incluso en ocasiones la misoginia con que eran tratadas.
Durante la presidencia del republicano Ronald Reagan (su mandato se extendió durante 8 años), las políticas sanitarias en Estados Unidos quedaron en evidencia. En 1987 menciona por primera vez al SIDA en un discurso público y crea una Comisión Presidencial sobre VIH, obligando con ello a la realización de exámenes, dado que se agrega el VIH a la lista de “enfermedad contagiosa peligrosa”, a todos los grupos de riesgo, entre los que se encontraban las minorías sexuales y las/os inmigrantes.
Los años ochenta también serán recordados en los movimientos LGTB, por la aplicación de una política económica neoliberal que apuesta por la expansión de un capitalismo sin barreras y una progresiva mercantilización de cada vez más amplios espacios de la vida cotidiana, incluso en sus ámbitos ‘privados’. Con la expansión de la tolerancia y el reconocimiento social de la diferencia, surge en los ochenta la mercantilización de la cultura gay: bares gay, ropa gay, estatus gay… la identidad del gay, o, más bien, sus elementos
de identificación, se van dirigiendo hacia lo que Javier Sáez llama
“respetabilidad gay”, que exige un determinado consumo de bienes y servicios… aminorando imágenes vinculadas a manifestaciones de pluma pero también amortiguando tradicionales reivindicaciones colectivas (Sáez, 2005). Los discursos y las prácticas tienden a homogeneizarse por esta vía, con la promesa de conseguir la tan anhelada integración en la sociedad heterosexual. En ese afán por conseguirlo en Madrid, “chueca” se convierte en el barrio por excelencia con denominación “Gay”.
Queremos subrayar la vinculación en las referencias de estos dos últimos párrafos, que parecen apuntar, en una primera lectura, asuntos distintos. Interpretamos, tras un inquietante alarmado primer momento de temor a la ‘epidemia’ y la necesidad de atender e intervenir en un colectivo hasta entonces ‘maldito’, una sutil y eficaz vía de ‘inclusión’, en un segundo momento, superadas las primeras alarmas, consistente en transformar voces y
actitudes más o menos radicalizadas o críticas en “estilos de vida” no sólo asumibles en términos de ‘comportamiento social’, sino incluso como ‘modelos’ integrados y eficaces en el mercado.
En el caso de las mujeres transexuales esta década de los ochenta no fue especialmente buena; como apuntamos, sufrieron rechazo por parte de las asociaciones de lesbianas, llegando a no permitirles la entrada por tener genitales masculinos… vistas por algunas feministas como un intrusismo patriarcal (Raymond, 1979). El Movimiento de Personas Transexuales en Estados Unidos da un paso adelante, y se independiza de la concepción de “Verdadero Transexual”, que se fundamentaba en el discurso médico dando un carácter de obligatoriedad a la cirugía de reasignación genital. Pronto ese discurso tuvo que tener en cuenta a las personas que no querían hacerlo y que con ello reivindicaban su sexo psicosocial sobre el sexo genital; así pues, este discurso creo una separación entre las personas que se reasignaban y las que no. Esta posición, de trascendental importancia, en Estados Unidos, sirvió para que emergiera la existencia de dicha concepción, entre las asociaciones y colectivos, no sometida a ‘coherencia orgánica’ convocando a todas las formas de transexualidad en un movimiento llamado “transgenerismo”, donde la cirugía no era paso obligatorio para ser una persona transexual (Nieto José Antonio, 1998).