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2. Representaciones de diversidad en la mitología, historia y otras culturas

2.1. En la Mitología

Los mitos, en su acepción más generalizada, son relatos enclavados en un tiempo lejano e impreciso, con una gran carga simbólica que les otorga reconocimiento y prestigio, que se transmite de generación en generación y que permanece en la memoria colectiva, por lo que son aceptados, aunque rara vez se cuestiona su origen y sentido. Los personajes principales son seres y fuerzas que intervienen en el origen de la humanidad mediante sus actos y hazañas; diosas y dioses que crean o coadyuvan de forma poderosa en el ordenamiento del mundo y heroínas y héroes que abren caminos nuevos. Ferrater Mora nos recuerda que los mitos pueden ser creídos, incluso literalmente, pero también ser tomados como relatos alegóricos; “cuando el mito es tomado alegóricamente, se convierte en un relato que tiene dos aspectos, ambos igualmente necesarios: lo ficticio y lo real… El mito es como un relato de lo que podría haber ocurrido si la realidad coincidiera con el paradigma de la realidad” (Ferrater, 1979).

Aunque no es éste el lugar de extendernos en la amplia literatura en torno a mitos y mitología, dada la importancia de referencias míticas en el proceso de construcción de imágenes y representaciones sociales apuntamos alguna reflexión al respecto, por su fuerte vinculación a los intereses de nuestro trabajo

(imágenes y construcciones sociales, conformación de ‘identidad’, tratamiento de lo diferente y/o transgresor).

José Echevarría (citado por Ferrater Mora) afirma que “el mito ha de expresar en forma sucesiva y anecdótica lo que es supratemporal y permanente, lo que jamás deja de ocurrir y que, como paradigma, vale para todos los tiempos”; el mito fija, pues, una estructura de lo real, aunque la forma de fijarla sea mediante un relato. Recordamos aquí el antecedente de Platón, para quien el mito permite manifestar ciertas verdades que escapan al razonamiento, por lo que tiende a ser algo más que una opinión con alguna posibilidad referencial; pero más allá -más acá- de esta reflexión, Platón nos muestra cierta complicidad en su acepción de mito como forma de expresión del reino del devenir.

Si no apuntaran algo más que un relato (una fantasía, una quimera), no podría explicarse el debate todavía vivo en torno a los mitos/lo mítico. ¿Debemos adscribirnos, con los ilustrados, a la tarea de ‘depurar’ la historia de

mitos y leyendas, para hacerla real o creíble? “Sin embargo -de nuevo

acompañados por Ferrater Mora-, a medida que se intentó estudiar la historia empíricamente, se advirtió que los mitos pueden no ser ‘verdaderos’ en lo que cuentan, pero que son ‘verdaderos’ en otro sentido: en que cuentan algo realmente acontecido en la historia, es decir, la creencia en mitos. En otras palabras, los mitos fueron considerados como ‘hechos históricos’: su ‘verdad’ es una ‘verdad histórica’…”.

“… a fin de cuentas los mitos son escenografías de la infamia: son violentos engendradores de las formas de vida, naturalizan lo que es historia, nos obligan a perder la memoria de los comienzos para sustituirla es un origen que se convierte en ley. Los mitos no solo dan razones para el reparto social: son el teatro de nuestra íntima tragedia” (Maninas, J. M., 2004, p. 21).

Giambattista Vico, profesor de Retórica y de Derecho y nombrado ‘historiador real’ en Nápoles (1734), fundamenta dicho tratamiento del mito (pensar mítico, pensar poético) como “verdad histórica” frente al cartesianismo y la limitada “razón física”; más recientemente Ernst Cassirer trata el mito como un “supuesto cultural” cuyo contenido no importa que sea ‘falso’ en el sentido de correspondiente a algo efectivamente sucedido, dado que debe considerarse ‘real’ también todo lo que contribuye a entender las estructuras

sociales y culturales de una comunidad humana; los mitos son reales, ‘históricamente reales’.

El filósofo y analista de los mitos clásicos Carlos García Gual apunta también el señalamiento hacia la realidad a que apunta la mitología: “El mito es un relato, una narración, que puede contener elementos simbólicos, pero que, frente a los símbolos o a las imágenes de carácter puntual, se caracteriza por presentar una “historia”. Este relato viene de tiempos atrás y es conocido de muchos, y aceptado y transmitido de generación en generación. Es lo contrario de los relatos inventados o de las ficciones momentáneas. Los mitos son “historias de la tribu” y viven en el país de la memoria comunitaria” (García Carlos, 1999).

“Las diferencias no codificadas, hídricas como la esfinge, tratan de ser nombradas, acotadas y suscitan la tremenda pregunta que se dirige no sólo a la identidad, sino al origen. A la invención del origen” (Marinas, J. M., 2004, p. 44).

Por su parte, desde la Antropología, nos apunta B. Malinowski que “El mito, tal y como existe en una comunidad salvaje, o sea, en su vívida forma primitiva, no es únicamente una narración que se cuente sino una realidad que se vive. No es de la naturaleza de la ficción… sino que es una realidad viva que se cree aconteció una vez… Estudiado en vida, el mito no es simbólico, sino que es expresión directa de lo que constituye su asunto… El mito cumple, en la cultura primitiva, una indispensable función: expresa, da bríos y codifica el credo, salvaguarda y refuerza la moralidad, responde de la eficacia del ritual y contiene reglas prácticas para la guía del hombre” (Malinowski Bronislaw, 1993).

Anclando en el concreto motivo de nuestra Tesis, el catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona, Cristóbal Gastó Ferrer indaga en algunas referencias míticas e históricas en torno a la “transexualidad”. Gastó Ferrer parte del reconocimiento de la complejidad del asunto tratado: “Los orígenes de las diferencias entre hombres y mujeres han sido motivo de fascinación y de fuertes polémicas desde tiempos remotos y aún siguen siéndolo. La literatura sobre este tema es abundante y como cabe esperar contradictoria” (Gasto, 2006, p. 13). Disciplinas como la Medicina o la Sexología han considerado las tendencias sexuales de hombres y mujeres

relacionadas sólo con el sexo anatómico, y cualquier desviación de esta rígida vinculación es tratada como ‘patológica’. Sin embargo, ya primeros estudios antropológicos y sociológicos ponían en cuestión esta rígida asociación sexo anatómico-conducta sexual exclusiva/excluyente. Actualmente se viene matizando a partir de equívocos iniciales que confundían, por ejemplo travestismo, transexualidad u homosexualidad; sin embargo, la ‘identidad de género’ se muestra asunto complejo y cambiante, como ejemplifica la imprecisión terminológica propuesta: “transexualismo”, “transgenerismo”, “trastorno de identidad de género”, “disforia de género”.

Aunque nos extenderemos más adelante en las más recientes aportaciones, anticipamos que desde los últimos años se viene cuestionado la dualidad sexo-género, que a su vez es una aportación bastante próxima en el tiempo. El dual ‘sexo’-‘género’ se fundamenta en la doble distinción anatómico- fisiológica y social-representativa (roles sociales, funciones, modelos). Algunas/os analistas e investigadoras/es plantean que ambos, sexo y género, han de ser considerados como productos que se configuran en contextos sociales e interactivos complejos; la propia conformación corporal humana está en parte configurada por fuerzas sociales que cuestionan su condición de (sólo) ‘naturaleza’. “De hecho -plantea Gastó Ferrer- los seres humanos han dado siempre significados al cuerpo que cuestionan lo que generalmente se considera natural. Desde el inicio de las culturas… las personas han optado por construir y reconstruir sus cuerpos como han querido o se han visto obligados” (Gasto, 2006, p. 14).

A partir de estas constataciones, podemos afirmar que el fenómeno de la transexualidad constituye hoy en sí motivo inspirador en el universo del conocimiento: atañe a la historia y a la biología, a la medicina y la filosofía, a la antropología y la genética, a la semiótica y la psicología, a la comunicación y a la sociología… por supuesto considerando no sólo el debate sino también la controversia que a priori puede esperarse en torno a este asunto, desde argumentaciones y posiciones discordantes (cuando no belicosas). Esto es, “La concepción de las relaciones existentes, por una parte entre acontecer y comunicación y, por otra, entre comunicación y conocimiento también está determinada por el criterio que defiende cada teórico” (Martín Serrano, 1986, p. 105).

Para comenzar con un relato conocido, revisemos el origen de los ‘primeros padres’ en el Génesis: Eva nace del cuerpo de Adán… ¿Adán andrógino?, ¿capaz de autofecundarse? En el Kabbalah se encuentran referencias a la androginia, a la idea de una escisión primordial: Adán creado como hombre y mujer, con órganos sexuales masculinos y femeninos; Eva nacida de/en Adán, engendrada por él (-ella) mismo.

También resulta confusa la figura de José de Nazaret, padre putativo de Jesús. Algunos textos apócrifos apuntan su ambigüedad sexual y lo caracterizan como vanidoso y afeminado, alguien que gusta peinarse como mujer, caminar con afectación, vestir con atuendo femenino, que rechaza los favores de mujer hermosa… ¿Nos encontramos, pues, ante el primer caso de travestismo o de transexualidad de la cultura judeocristiana? Sin embargo, José se casó con Asenat con quien tendría a Manasés y Efraín, con treinta años de edad… Tenemos que recordar que en el Antiguo Egipto entre los miembros de la corte eran frecuentes los matrimonios de eunucos y de personas homosexuales con mujeres.

En el Egipto antiguo encontramos el binomio divino Isis-Osiris, donde germina la esencia de la religión y de la espiritualidad de los antiguos egipcios, oculto en textos cristianos primitivos pero recuperado en la Europa -movimiento hermético- renacentista (humanistas como Ficinio, Agrippa, Bruno). Isis y Osiris representan la oposición, pero igual naturaleza de deidades femenina y masculina que, en ocasiones, se den en una sola persona/cuerpo. Alguna representación de Isis la muestran con barba, que era un elemento utilizado para otorgar a la mujer más poder o como demostración de su masculinidad, (aunque realizando un vertiginoso ‘salto’ en el tiempo, y como guiño cómplice al análisis de representaciones en capítulo posterior, podemos recordar el impacto reciente en la opinión pública de la “mujer barbuda” ganadora del festival Eurovisión 2014; Conchita Wurst es un hombre de apariencia femenina: supuestamente ‘mujer’ en vestido y estética, produce gran confusión al mantener la barba).

Recordemos, antes de realizar nuestro necesariamente rápido e incompleto recorrido, que no es objetivo de esta tesis hacer una relación pormenorizada de todos los mitos existentes, sino más bien ubicar al lector en una serie de relatos que han ido construyendo “imágenes” y “representaciones”

de lo que hoy con mayor facilidad podemos describir y catalogar, para confirmar que desde tiempos remotos, en el campo de la sexualidad, tanto las orientaciones como las identidades son cambiantes y crean un continuum.

2.2.

En Grecia Clásica

Respecto a la mitología griega varios fueron los poetas que transmitieron el saber a través de sus obras. Apuntemos como primera referencia el mito de Hermafrodito, hijo de Afrodita (Venus) y Hermes (Mercurio), de quienes deriva su propio nombre. Dotado de una gran belleza, su madre lo deja al cuidado de las ninfas del bosque. Una vez crece y a la edad de 15 años recorriendo el mundo se encuentra con un lago de fantástico esplendor, y en un afán por refrescarse se lanza desnudo al lago. La ninfa Salmácide, observa tan bello cuerpo y se enamora de Hermafrodito, pero el joven la rechaza. Salmácide abraza con tal fuerza a Hermafrodito que juntos caen al lago donde ella suplica a los dioses que sus cuerpos no se separaran jamás. El deseo fue otorgado y los dos cuerpos se fundieron en un solo ser, con doble sexo, con doble naturaleza. Hermafrodito pidió a sus progenitores que corriera con misma fortuna cualquier joven que se bañara en el lago, de manera que el fantástico lago arrebataría la virilidad; deseo que sería concedido.

La representación que el arte ha hecho de Hermafrodito tiene cara y cuerpo bello, con curvas y femenino, con la masculinidad representada en los genitales, como pude apreciar en una de las esculturas que observé -en mi búsqueda de representaciones ambiguas o manifiestamente duales- en el Museo Louvre en París (entre las alas Sulli y Denon, colección ‘Antigüedades Griegas, Etruscas y Romanas’. Escultura en mármol. Copia romana del original griego -época Imperial-, esculpida en 1619 por Gianiorenzo Bernini).

También el Museo Nacional del Prado, cuenta con una escultura con un tamaño más reducido en bronce de Matteo Bonuccelli de 1652. La escultura encargada por Velázquez a Italia, es copia del modelo en mármol que, procedente de la colección Borghese de Roma. Su calidad técnica la convierte en una obra maestra que supera al original y se encuentra ubicada en sala de pintura española 1550-1810, sala 12 frente a las Meninas de Velázquez.

Otro mito Griego es el de las Amazonas, pueblo de mujeres guerreras que según Esquilo, dramaturgo griego, predecesor de Sófocles y Eurípides y considerado como el primer representante de la tragedia griega, habitaban en los lindes del mundo conocido. El mito cuenta que eran mujeres con rol masculino; eran grandes amazonas, que por el uso frecuente del arco y con el fin de adquirir mayor destreza llegaban a quemarse el pecho derecho. Sólo admitían la presencia de hombres con fin único de continuar su linaje. Las Amazonas adoraban a la diosa Artemis, lucharon con Heracles, Teseo o Aquiles. El mito sitúa su origen en un régimen de matriarcado, en un periodo anterior a la civilización griega clásica.

El mito de Tiresias no sólo presenta características de ambos sexos, sino que el protagonista cambia, se transforma en otro sexo para luego regresar a su sexo original. Homero, a quien se atribuye la autoría de las principales poesías épicas griegas La Ilíada y La Odisea, fue el creador de la figura de Tiresias, uno de los adivinos más célebres de la mitología griega, quien con sus revelaciones conducirá a Edipo a descubrir el misterio que rodeaba su nacimiento y sus involuntarios crímenes. El mito relata cómo Tiresias, que paseaba por el monte Cilera, sorprendió a dos serpientes apareándose, las separó y al parecer mató a la hembra y, a raíz de esto, es castigado y convertido en mujer. Después de siete años, Tiresias ve nuevamente a dos serpientes apareándose, de nuevo las separa y al hacerlo, se convierte en varón.

Muy significativa esta figura mítica, reflejo relatado del deseo -a partir de la extrañeza- del conocimiento del otro; un conocimiento en este caso privilegiado: la posibilidad de materializar, encarnar, la vivencia de la otra identidad, la otra sexualidad. Aunque de forma indirecta, encontramos aquí esa proyección (¿castigo?, ¿curiosidad?, ¿deseo?) de la representación, la mostración, del cambio de identidad sexual.

En la versión narrada por Ovidio, poeta romano, que en una de sus obras más celebres Las Metamorfosis, narra en verso como Tiresias hizo de mediador y fue consultado por Zeus (Júpiter) y Hera (Juno), dada su experiencia por haber habitado en ambos sexos, en torno a quién experimentaba más placer sexual, si los hombres o las mujeres. Tiresias afirmó que la mujer experimenta mayor placer sexual que los hombres, por lo que Hera (Juno), indignada por haber revelado su gran secreto, castigó a Tiresias dejándolo ciego. Sin embargo, Zeus (Júpiter), le concede el don de la profecía y una larga vida.

Vemos como en el relato Tiresias es castigado por ver lo que no debe ver, su condición andrógina le permite mediar entre los dioses y los hombres, y al igual entre los hombres y las mujeres, dada su propia vivencia en los dos sexos. La representación que se nos muestra en el mito termina en un Tiresias mediador, que aunque es castigado inicialmente, se torna conciliador y sabedor de la verdad, así pues, Tiresias recibió dones fantásticos (predecir el futuro, conocer lo oculto), con los que obtuvo seguridad, prestigio y certeza.

En la mitología los cambios de sexo algunas veces derivan del deseo humano; en otras ocasiones pueden representar un castigo. Son varias las obras clásicas que los narran y muchos los versos que los simbolizan. En la mitología todos los cambios de cuerpo, de sexo, de identidad corporal… incluso la autofecundación, son posibles y encarnados. Estas ideas primitivas sobre la divinidad sirven para conocer que desde siempre la idea de cambio, alteración, modificación, conversión, reajuste, variación y transformación son y han sido un objetivo deseado, aun cuando de forma muy minoritaria.

El poder, la influencia, la capacidad evocadora de esos mitos nos lo muestra el interés que todavía hoy suscitan. Por ejemplo, el cine plasmó en el año 2003 el mito de Tiresias en una película francesa, “Tiresia”, bajo la dirección de Bertrans Bonello. En ella el director cuenta la historia de una mujer transexual brasileña con una incomparable belleza, interpretada por Clara Choveaux, que se prostituye en el Bois de Boulogne parisino, vive irregularmente en los suburbios de París. Terranova, es un pretendiente que se enamora profundamente de Tiresias, comparándola con una rosa perfecta, y decide secuestrarla para poseerla sólo para él. Sin el tratamiento hormonal, su cuerpo empieza a sufrir transformaciones y Terranova enloquecido le arranca

los ojos, la deja tirada en el bosque creyendo que está muerta. Anna, encuentra a Tiresias, la cuida y atiende mientras se recupera, en ese momento Tiresias hace una premonición y acierta, descubre el don, adivinar en futuro, y empieza recibir a personas que acuden en su busca para conocer su porvenir. Sin embargo, sus predicciones molestan al misterioso Padre Francois que termina por confrontar la presencia de Tiresias.

Existen varias similitudes entre la historia mitológica y la historia de película. Se descubre en ambas un personaje complejo como lo es Tiresias, con vivencias excepcionales al haber habitado su condición de mujer y la condición de hombre, que le hacen tener cualidades de mediador entre el mundo de las premoniciones y el mundo de los mortales. Mostramos a continuación el grabado de Johann Ulrich Krauß 1655-1719 (lámina 34), Tiresias golpeando a las serpientes:

Fuente: Yale Beinecke Rare Book and Manuscript Library

Hasta ahora no son numerosos los autores que han tratado y buscado la historia de este fenómeno, y entre ellos nos encontramos con Esther Gómez Gil, Jesús V. Cobo, y el ya mencionado Cristóbal Gastó, quienes en el libro Ser

transexual hacen un recorrido por los principales mitos en el mundo, en su

apartado de “aspectos históricos de la transexualidad”.

Apolonio de Rodas, fue un poeta griego (aprox. 295-230 a.C.) autor del poema épico Argonáuticas o el viaje de los Argonautas. El mito griego narra el viaje de la nave Argos, dirigida por Jasón y tripulada por todo tipo de héroes míticos, hacia Colcos, en busca del vellocino de oro. Atalanta era la única mujer entre los tripulantes. La historia de ésta heroína cobra vital importancia, dado que Esqueneo su padre, deseaba únicamente hijos varones por lo que la

abandonó en el monte Partenio a edad temprana. Atalanta creció bajo el amparo de cazadores, entre quienes adquirió gran destreza en la carrera y la caza. “No quería casarse porque un oráculo divino le había advertido de que corría peligro si se unía a un mortal, y había dado muerte a varios pretendientes. Cazadora y guerrera, aborrecía a los hombres, en cuya compañía, sin embargo vivía” (Gómez, E. Cobo, J y Gastó, C. 2006, p. 77).

En el discurso leído en el acto de su recepción como académico de honor el (día 4 de diciembre de 2008) sobre “Diagnóstico y tratamiento quirúrgico del transexual masculino y femenino”, el médico urólogo español, Aurelio Usón Calvo, hace referencia al mito de “La diosa Castalia, en la mitología griega, era comprensiva y accedía a los deseos de las almas femeninas encerradas en cuerpos masculinos” (Usón, 2009, p. 24).

El médico griego Hipócrates (siglo IV a.C.), nombra entre sus escritos a