[1798]
0RÆLOGO
[...] Una ciencia del conocimiento del hombre sistemáticamente
desarrollada (Antropología), puede hacerse en sentido FISIOLÆGICO o en sentido PRAGM·TICO. — El conocimiento fisiológico del hombre trata de investigar lo que LANATURALEZA hace del hombre; el pragmático, lo que ½L MISMO, como ser que obra libremente, hace, o puede y debe hacer, de sí mismo. — Quien cavile sobre las causas naturales en que pueda des- cansar, por ejemplo, la facultad de recordar, discurrirá acaso (al modo de Cartesio [Descartes]) sobre las huellas dejadas en el cerebro por las impresiones que producen las sensaciones experimentadas, pero tendrá que confesar que en este juego de sus representaciones es un mero espectador y que tiene de dejar hacer a la naturaleza, puesto que no conoce las fibras ni los nervios encefálicos, ni sabe manejarlos para su propósito, o sea, que todo discurrir teórico sobre este asunto es pura pérdida. — Pero si utiliza las observaciones hechas sobre lo que resulta perjudicial o favorable a la memoria, para ensancharla o hacerla más flexible, y a este fin se sirve del conocimiento del hombre, esto consti- tuirá una parte de la Antropología en sentido PRAGM·TICO, y ésta es pre- cisamente aquella con que aquí nos ocupamos.
$ELOBSERVARSEASÁMISMO
El DARSECUENTA de sí mismo no es todavía un OBSERVARSE a sí mis- mo. Esto último es una síntesis metódica de las percepciones adquiri- das de nosotros mismos, que suministra la materia para el DIARIODEUN OBSERVADORDESÁMISMO y conduce fácilmente a la exaltación y la ilu- sión.
[...]
[...] (P)or lo que concierne al verdadero propósito de este parágrafo, a saber, la ADVERTENCIA anterior de no ocuparse en espiar y como en com- poner una estudiada historia interna del curso INVOLUNTARIO de los pro- pios pensamientos y sentimientos, se la hace porque éste es justamente el camino derecho para incurrir en la quimera de supuestas inspiracio- nes de lo alto y de fuerzas que influirían sobre nosotros sin nuestra coo- peración y quién sabe de dónde procedentes [...]. Pues, sin notarlo, hacemos supuestos descubrimientos de lo que nosotros mismos hemos introducido en nosotros [...].
El observar en sí propio los distintos actos de la facultad de la repre- sentación, CUANDOUNOMISMOLOSPROVOCA , es cosa muy digna de medi- tación, y para la Lógica y la Metafísica, necesaria y provechosa. —Pero el querer sorprenderse a sí propio cuando vienen al espíritu por sí mis- mos y SINLLAMARLOS (lo que sucede por obra del juego de la imaginación,
que crea sin proponérselo), es —porque entonces los principios del pen- sar no van delante (como deben ir), sino que siguen detrás— una inver- sión del orden natural en la facultad de conocer, y o es ya una enferme- dad del espíritu (visionarismo) o conduce a ella y al manicomio. El que gusta de contar muchas cosas sobre EXPERIENCIAS INTERIORES [...] está expuesto en su viaje de exploración y busca de sí mismo a no arribar más que a las costas de Anticyra. Pues no pasa con estas experiencias interiores como con las EXTERIORES sobre los objetos del espacio, en que los objetos suministran experiencias coincidentes y DURADERAS. El senti- do interno ve las relaciones entre sus determinaciones sólo en el tiem- po; por tanto, en un fluir en que no cabe prolongar la observación, como, sin embargo, es necesario para la experiencia (*).
Si nos representamos la íntima acción, la espontaneidad, por medio de la cual se hace posible un CONCEPTO (un pensamiento), la REFLEXIÆN, y la receptividad, por medio de la cual se hace posible una PERCEPCIÆN, esto es, una INTUICIÆN empírica, la APREHENSIÆN, ambos actos con conciencia, puede dividirse la conciencia de sí mismo (APERCEPCIÆN) en la de la refle- xión y la de la aprehensión. La primera es una conciencia del entendi- miento; la segunda, del sentido interno; aquélla es la apercepción PURA; ésta, la empírica; por lo cual se llama erróneamente a aquélla el SENTIDO interior. En la Psicología nos estudiamos a nosotros mismos en nuestras representaciones del sentido interno; en la Lógica, en lo que pone en nuestra mano la conciencia intelectual. Ahora bien, aquí nos parece el yo ser doble (lo que sería contradictorio): 1) el yo en cuanto SUJETO del pen- sar (en la ,ÆGICA), que significa la pura apercepción (el mero yo que refle- xiona) y del cual no hay absolutamente nada más que decir, sino que es una representación perfectamente simple; 2) el yo en cuanto OBJETO de la percepción, o sea, del sentido interno, el cual encierra una multiplicidad de determinaciones que hacen posible una EXPERIENCIA interna.
La cuestión de si en los variados cambios internos del alma (de su memoria o de los principios admitidos por ella), el hombre, cuando es consciente de esos cambios, puede decir aún que es EXACTAMENTEELMIS MO (en cuanto al alma), es una cuestión absurda; pues el hombre sólo puede ser consciente de estos cambios representándose a sí propio en los varios estados como uno y el mismo SUJETO, y el yo del hombre es sin duda doble por su forma (por la manera de representárselo), pero no por su materia (por el contenido representado).
132 LECTURAS DE HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA
(*) Los dos siguientes párrafos pertenecen a una nota a pie de página insertada por el propio autor en este lugar del texto.
$ELASREPRESENTACIONESQUETENEMOSSINSERCONSCIENTESDEELLAS
4ENERREPRESENTACIONESy, sin embargo, NOSERCONSCIENTESDEELLAS , es algo en que parece haber una contradicción; pues, ¿cómo podemos saber que las tenemos si no somos conscientes de ellas? [...] Pero lo cier- to es que podemos ser mediatamente conscientes de tener una repre- sentación, aun cuando no seamos inmediatamente conscientes de ella. — Este género de representaciones se llaman, consecuentemente, OSCU RAS; las restantes son CLARAS, y si su claridad se extiende a las represen- taciones parciales de un todo de ellas y a su vínculo, REPRESENTACIONES DISTINTAS, sean del pensamiento o de la intuición.
[...]
El hecho de que el campo de aquellas nuestras intuiciones sensibles y sensaciones de que no somos conscientes —si bien podemos concluir indubitablemente que las tenemos—, esto es, las representaciones OSCU RAS en el hombre (y también en los animales), sea inmenso; y las claras, por el contrario, encierren sólo unos —infinitamente pocos— puntos de aquellas que están abiertos a la conciencia, de suerte que, por decirlo así, en el gran MAPA de nuestro espíritu sólo unos pocos lugares estén ILUMINADOS; este hecho puede infundirnos admiración por nuestra pro- pia naturaleza [...].
El campo de las representaciones OSCURAS es, pues, el mayor de todos en el hombre. — Pero como es un campo que sólo deja percibir a éste en su parte pasiva, como juego de las sensaciones, su teoría pertenece exclusivamente a la Antropología fisiológica, no a la pragmática, que es la que propiamente interesa aquí.
[KANT, I., !NTROPOLOGÁAENSENTIDOPRAGM·TICO.
Madrid: Alianza, 1991 (pp. 7-8 y 22-28). Trad., J. Gaos.]