[1843]
El tema de la Psicología lo constituyen las uniformidades de la suce- sión, las leyes, últimas o derivadas, según las cuales un estado mental sucede a otro (esto es, es causado por otro o, al menos, se ve obligado a seguirlo). De estas leyes, unas son generales y otras más especiales. Los siguientes son ejemplos de las leyes más generales.
Primero, siempre que un estado de conciencia ha sido excitado en nosotros una vez, independientemente de cuál haya sido la causa, puede volver a producirse en nosotros un grado inferior del mismo estado de conciencia (un estado de conciencia parecido al primero pero de infe- rior intensidad) sin la presencia de ninguna causa como la que lo exci- tó en un principio. De este modo, si hemos visto o tocado un objeto una vez, podemos pensar después en el objeto aunque éste se halle ausente de nuestra vista o de nuestro tacto. Si nos ha alegrado o apenado algún acontecimiento, podemos pensar o recordar nuestra alegría o pena pasadas, aunque no haya tenido lugar ningún nuevo acontecimiento alegre o doloroso. Cuando un poeta ha compuesto una imagen mental de un objeto imaginario (un Castillo de la Indolencia [...] o un Hamlet), puede pensar luego en el objeto ideal que ha creado sin ningún acto nuevo de combinación intelectual. Esta ley se expresa diciendo, en el lenguaje de Hume, que toda impresión mental tiene su idea.
Segundo, estas ideas o estados mentales secundarios son excitados por nuestras impresiones o por otras ideas de acuerdo con ciertas leyes que se llaman Leyes de Asociación. De estas leyes, la primera es que las
ideas semejantes tienden a excitarse unas a otras. La segunda es que, cuando se han experimentado (o incluso pensado) con frecuencia dos impresiones simultáneamente o en inmediata sucesión, siempre que una de estas impresiones o su idea vuelve a aparecer, tiende a excitar la idea de la otra. La tercera ley es que la mayor intensidad de cualquiera de las impresiones o de ambas equivale, en cuanto a su excitabilidad recíproca, a la mayor frecuencia de su unión. Estas son las leyes de las ideas, y sobre ellas no me extenderé más en este lugar, sino que remiti- ré al lector a las obras explícitamente psicológicas, en particular al !N· LISISDELOSFENÆMENOSDELAMENTEHUMANA de Mr. James Mill, donde se ejemplifican abundantemente con mano maestra las leyes principales de la asociación, así como muchas de sus aplicaciones.
Estas sencillas o elementales Leyes de la Mente han sido estableci- das, como no podía ser de otra manera, por medio de los métodos ordi- narios de la investigación experimental. Pero una vez obtenidas de este modo un cierto número de leyes elementales, es científicamente legíti- mo indagar el alcance que tienen estas leyes en la explicación de los fenómenos reales. Es evidente que las leyes complejas del pensamiento y del sentimiento no sólo pueden, sino que tienen que originarse a par- tir de estas leyes simples. Y debe advertirse que no siempre se trata de una Composición de Causas: el efecto de causas concurrentes no es siempre exactamente la suma de los efectos de esas causas por separa- do, ni siquiera es siempre un efecto de la misma clase. Volviendo a la distinción que tan destacado lugar ocupa en la teoría de la inducción, las leyes de los fenómenos de la mente son a veces análogas a las leyes mecánicas, pero a veces lo son también a las leyes químicas. Cuando muchas impresiones o ideas actúan juntas en la mente, a veces tiene lugar un proceso parecido a la combinación química. Cuando las impre- siones se han experimentado juntas tan a menudo que cada una de ellas evoca fácil e instantáneamente las ideas de todo el grupo, esas ideas a veces se funden y mezclan una en otra, y no parecen varias ideas sino una sola, de la misma manera que cuando los siete colores del prisma se presentan al ojo en rápida sucesión la sensación producida es la del blanco. Pero igual que en este caso es correcto decir que, cuando se siguen rápidamente uno a otro, los siete colores GENERAN el blanco, no que SON realmente el blanco; del mismo modo me parece que debería decirse que la Idea Compleja formada por la fusión de varias ideas más simples, aunque en realidad parece simple (esto es, aunque en ella no se distinguen conscientemente los elementos independientes), RESULTADEo ESGENERADAPOR las ideas simples, no que CONSISTE en ellas. Nuestra idea de una naranja realmente CONSISTE en las ideas simples de un cierto
color, una cierta forma, un cierto sabor y olor, etc., porque interrogan- do a nuestra conciencia podemos percibir todos estos elementos en la idea. Pero en una percepción aparentemente tan sencilla como la que obtenemos por los ojos de la forma de un objeto, no podemos percibir toda la multitud de ideas derivadas de los otros sentidos, sin las cuales es bien sabido que esta percepción visual no tendría existencia; ni en nuestra idea de Extensión podemos descubrir las ideas elementales de resistencia derivadas de nuestra estructura muscular, en las cuales se ha demostrado concluyentemente que aquella idea TIENE su origen. Por lo tanto, éstos son casos de química mental, en los que es apropiado decir que las ideas simples generan, mejor que componen, las complejas.
[MILL, J. S., !SYSTEMOFLOGIC.
En W. Dennis (ed.), 2EADINGSINTHEHISTORYOFPSYCHOLOGY . New York: Appleton-Century-Crofts, 1948 (pp. 172-173). Trad., E. Lafuente.]