transformaciones a lo largo de la historia. La gente ha trabajado creativamente para responder de algún modo a las nuevas necesidades y circunstancias que imperan en cada momento histórico de la vida. En este pequeño apartado trataremos de describir el aprovechamiento familiar del sistema de iluminación natural (astros) y artificial (candil y energía eléctrica). Además, enlazaremos nuestras miradas etnográficas acerca de las maravillas que aportaron distintos aparatos electrónicos que comenzaron a funcionar a partir de la introducción de electricidad.
La primera iluminación tenía el carácter natural. El hombre aprovechaba adecuadamente la iluminación natural proyectada por el rayo del sol y de la luna alumbrando el interior de las viviendas durante el día y parte de la noche. La luminiscencia de los astros penetraba por las pequeñas rendijas de las ventanas de las casas, las aberturas de los portales de las puertas y la parte superior del orificio de la campana de chimenea. El rayo de los astros
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Actualmente viven en el pueblo Casas de Monleón las siguientes familias: 17 Sánchez., 10 Díaz , 7 Hernández, 6 Velásquez, 6 García , 2 Pérez, 2 Melchor, 1 Navarro, 1 Orduga, 1 Vaquero, 1 Rodríguez. Últimamente se incorporaron nuevas familias: los Vargas (4) y Thierry (2)
lograba alumbrar un poco el espacio interno de la cocina y de las habitaciones. Afirman los propios habitantes que “era algo la luz de la luna y de las estrellas, nos permitía ver las cosas en la noche”. En caso contrario, cuando la luna no se asomaba en el cielo, se mantenía oscuro el espacio durante la noche. Por eso, la gente del pueblo rural se marchaba a la cama a descansar desde la temprana hora de la noche, a saber a las 6:30 o las 7:00; no podían pues, seguir desarrollando actividades domésticas en la oscuridad.
La segunda iluminación era artificial y se relacionaba con el uso de candil o farol alimentados de aceite de olivo y de petróleo. Cuando entraba la noche, cada familia cogía el pequeño candil o el farol que tenía en el hogar. Con la pequeña llama encendían el mechero de algodón y conseguían alumbrar el interior de las viviendas y los caminos. David afirma al respecto: “el candil de aceite de oliva alumbraba poco y era algo para ver las cosas dentro de la casa”. Pues, el uso de candil era común en los pueblos rurales de la Provincia de Salamanca. Pudimos encontrar algunos vestigios de estos candiles arrinconados en el almacén de las viviendas; ahora, forman parte de un recuerdo. Eran los artefactos que utilizaban sus padres y abuelos para alumbrar las viviendas. Además, nos dimos cuenta que el uso de candil o el farol era común en los pequeños pueblos rurales, por ejemplo encontramos evidencia que en las calles del pueblo de Mieza que se localiza al lado sur de Salamanca, el alumbrado se hacía en cada esquina con farol de aceite de oliva; de la misma forma se alumbraban las “naves” o casas de los ganados. Nemesio Holgado afirma lo siguiente: “Era algo siempre, que estar en la plena oscuridad de la noche” (ED con Nemesio Holgado: 05/03/ 2003).
El hijo de Santiago en Casas de Monleón nos relató lo siguiente acerca del uso del candil:
Yo me acuerdo... cuando tuve que estudiar en la noche con un candil de petróleo encendido, causaba cierta molestia porque se cansaba la vista. Estos candiles se llenaban de petróleo con un cachito de mecha, se torcía y se prendía con la cerilla, también había otros faroles que funcionaba con aceite buena de oliva y tiene la forma cuadradita en donde se echaba el aceite. Con una mecha de algodón iba chupando el aceite de oliva y había que estar
echando otro. Estos faroles llevamos en los corrales para ver las vacas en las noches y mirar el camino por las noches; es la vida que hemos pasado. (ED, con el hijo de Santiago Sánchez Muñoz: 23/05/ 2005)
La tercera iluminación también era artificial. En 1965 se introdujo la energía eléctrica al pueblo en Casas de Monleón. En relación a este acontecimiento, la gente recuerda que tenía que desarrollar trabajos arduos para abrir los agujeros en los suelos para, posteriormente, colocar los postes de madera que sostendrían los cables eléctricos. La siembra de postes y tendidas del cableo se inicio desde el pueblo de Endrinal hasta en Casas de Monleón cubriendo una distancia aproximada de tres kilómetros y medio. Santiago Sánchez Muñoz de 93 años de edad, en un documento titulado Memoria del pueblo, Casas de Monleón describe lo siguiente: “A los primeros de los sesenta se consigue el alumbramiento eléctrico para el público. Esto es un éxito” (Sánchez Muñoz, 1998:24). Y David, nativo de Casas de Monleón, sostiene que:
la luz eléctrica vino aquí en este pueblo hace como 50 años; pues la luz es una maravilla, ya podemos ver y oír la televisión, y escuchar las noticias de lo que suceden en el mundo (ED con David González: 27/04/2005).
La “maravilla” referida era la energía eléctrica otorgada al pueblo rural; era la iluminación de los espacios del hogar y de las calles del pueblo, porque se instalaron lámparas eléctricas en el interior de las habitaciones y se colocaron lámparas en los postes para alumbrar las calles y el área pública. Los habitantes del lugar, comenzaron a mirar con claridad por las noches los espacios de sus habitaciones y caminar con mayor certeza en las calles sin temor de tropezarse con las piedras y otros objetos. Por ejemplo: al levantar la mirada hacia el cielo, lo inmediato que miramos son las lámparas encendidas en lo alto de los postes y en los corredores de las casas. Las estrellas quedan ligeramente invisibles en nuestra vista porque la radiación de las lámparas atrae la visibilidad inmediata. Esta luminiscencia ambiental producida por la electricidad, es aprovechada por la gente del pueblo; alcanzamos
ver algunas personas que disfrutan la serenidad de la noche caminando por las calles en las altas horas de la noche, porque el alumbramiento público es esplendoroso. Pues el ayuntamiento de Endrinal siempre está pendiente de los focos y cada 15 días pasa una persona para revisar y cambiar las lámparas fundidas.
Imagen 9. Electricista. En esta foto, podemos apreciar al técnico electricista trepado en una escalera de
aluminio. Al apoyarse con una mano, sostiene la lámpara con la otra;observa con atención el estado del foco. Si nota que está fundido, lo cambiará con un nuevo foco.
La instalación de la luz introdujo cambios sutiles y pequeños en el paisaje y actividades de la gente, que desde entonces, pasaban por algo “natural”. La iluminación que proviene de la luz eléctrica en el pueblo atrae a las mariposas nocturnas que giran alrededor de las lámparas encendidas. Las calles se vistieron de cables tendidas en los postes que conducen la energía eléctrica hacia los hogares y antenas de televisores. Con la llegada de la
energía eléctrica en las casas, se intensificaron las actividades de las mujeres, se prolongó el horario de la preparación de las cenas y lavada de los trastes. Se comenzó a ejercer los oficios de bordados y tejidos fuera del horario habitual de seis a siete de la noche siendo el nuevo horario de ocho a nueve de la noche. Además, se facilitó a los escolares la realización de lecturas y tareas escolares. Este tema lo abordaremos en el capítulo sobre educación.
Por otro lado, la energía eléctrica facilitó la vinculación del pueblo rural con el mundo exterior; la gente comenzó a adquirir nuevos aparatos electrónicos como la radio, la televisión y el teléfono para recibir señales de voz e imágenes desde la casa. A través de las señales lograban escuchar las noticias, ver la transmisión de espectáculos, propagandas comerciales. Entre los programas favoritos estaba la corrida que empezó a juntar a la gente delante de la pantalla. Las personas se sentaban en los taburetes o en las sillas para mirar la televisión y a escuchar con atención las propagandas comerciales, mensajes de los políticos, espectáculos y noticias generadas del día. Santiago Sánchez quien como el primero en el pueblo había comprado la tele, detalla lo siguiente: “cuando llegaba el tiempo de que televisaban varias corridas de toros, mi casa se llenaba de público para poder ver la corrida, no solo del pueblo de las casas de Monleón, sino del mismo pueblo de Monleón y a veces venía la gente del pueblo de los Santos”. La corrida daba chance a la gente a tener un aire de solidaridad y expresar los sentimientos en un grupo más amplio que familia. El poder ver en la pantalla la habilidad o la torpeza de un torero les provocaba excitación, alegría o ira y furia.
La introducción de la televisión despertó también el interés por lo que ocurría en otros países. Les otorgaba un cierto tipo de conocimiento, siempre filtrado tanto por la experiencia y prejuicios de los receptores de los mensajes como por la naturaleza misma de estos últimos. Miguel, el nativo de las Casas de Monleón me preguntó sobre la guerrilla zapatista y la matanza de los indígenas. Me quedé sorprendido al atestiguar el amplio conocimiento que tenía la gente acerca de lo que sucedía en México y la importancia de la guerrilla zapatista
para el público en las Casas de Monleón. Miguel me preguntó si conocía personalmente a Marcos; le respondí que no. Miguel se sorprendió y dijo: “¡Cómo qué no lo conoces, está en tu pueblo y cerca de ti!” Entonces, le dije que solo lo veía ocasionalmente de lejos cuando hubo el diálogo de paz con el gobierno Mexicano en la Catedral de San Cristóbal de las Casas. La mayor parte de los episodios de la historia zapatista también los veía en la pantalla de la televisión mexicana.
La presencia de la televisión tenía múltiples e importantes impactos en la vida social de las Casas de Monleón. En primer lugar, contribuía a ampliar los lazos de amistad y confianza con la gente del pueblo y de otros pueblos cercanos. En segundo lugar, cambió el estatus social de la familia que poseía la televisión. La casa de Santiago, un sitio privado de antaño se convirtió en un sitio público por la concurrencia de la gente aficionada a la corrida de toros. Los televisores se adquirían en las tiendas comerciales de la ciudad de Salamanca y Madrid. Aquellos que lograban adquirir un televisor eran personas que frecuentemente iban a las ciudades para realizar las compras. Sus familias eran consideradas de “mucha pasta”, “mucha plata” o “quintilla” lo que quiere decir, que poseía mucho dinero para gastar. En tercer lugar, la nueva costumbre de ver la tele modificó el horario de tomar la cena; ahora las familias toman los alimentos aproximadamente a las nueve y diez de la noche y se acuestan como las diez treinta o a las once de la noche. En cuarto lugar, los nuevos patrones culturales transmitidos por la tele repercutían en la reorganización de la vida cultural del pueblo. La gente del pueblo Casas de Monleón comenzó a organizarse para celebrar la corrida de toros en el pueblo. Lo que se había visto en la televisión sobre la corrida de toros, comenzó a practicarse en la vida real del pueblo.
Después se introdujo la línea telefónica lo que facilitó la comunicación entre las familias; las personas podían comunicarse en viva voz mediante la transmisión de mensajes por cable y bocina eléctrica. El teléfono se convirtió en un instrumento vital para fortalecer
los vínculos directos entre las familias que viven y trabajan en las zonas urbanas. Cabe destacar que la persona que introdujo la línea telefónica por primera vez en el pueblo fue Don Santiago que tenía tanto la capacidad económica como la necesidad de comunicarse con sus hijos que estudiaban en la Universidad de Salamanca. Algunos años después, la gente del pueblo, al percatarse de las ventajas que implicaba una comunicación rápida con sus familiares y amigos que trabajaban fuera del pueblo, poco a poco seguía contratando las líneas telefónicas en sus casas.
Posteriormente, algunas familias adquirieron calefacciones eléctricas que sustituyeron las estufas que habían funcionado con la combustión de la leña, así como se iba abandonando consecutivamente el uso de la chimenea en la temporada de frío. El uso de las calefacciones eléctricas en los pueblos rurales disminuyó el corte de los árboles y contribuyó a una ligera recuperación de la masa forestal en la zona. Pero en lugar del saqueo del bosque por parte de los campesinos individuales, vino el saqueo moderno a gran escala: la empresa papelera de Madrid ha penetrado en el pueblo de las Casas de Monleón destruyendo y explotando la madera de pino. Además las personas que siguen usando las chimeneas, continúan aprovechando los árboles como parte fundamental de la combustión para calentar el interior de las casas y asar la carne en la parrilla7 al aire libre. Dentro de las casillas de las personas que usan leña, se puede observar trozos de madera cortados y almacenados.
El servicio de aseo e higiene en el pueblo también se ha transformado vertiginosamente en aras de los cambios materiales y de infraestructura: surgieron nuevos juegos de lenguaje relacionados con la esfera de lo privado y lo público. Para comprender la magnitud de esta transformación en el presente, cabe describir la situación del pasado.
Antes de la canalización de servicio de drenaje en el pueblo de las Casas de Monleón, cada familia, satisfacía sus necesidades fisiológicas al aire libre. Como cuenta José Chaparro:
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Cuando sentimos la necesidad de defecar, corríamos al monte para buscar un lugar cómodo y un poco oculto. Nos acurrucamos con las piernas y siempre nos orientamos nuestra frente hacia la dirección de donde viene el viento, para que aleje el mal olor de la defecación. Cuando defecamos disfrutamos la frescura del viento. Si hacemos de lo contrario, es decir, si nuestra frente nos ponemos en la dirección opuesta del corriente del aire, el olor de nuestra defecación nos envuelve, ¡pues, es no sirve! (ED con José Vicente Chaparro: 05/28/2005)
Al introducir el drenaje, las personas satisfacían sus necesidades en sus respectivos baños, en la privacidad.
En los años 60 y hasta mediados de los 70, las mujeres del pueblo acudían al río de Santa María para lavar y fregar la ropa de vestir. El proceso de lavado se comenzaba por tallar con las fuerzas de las manos para sacar la suciedad de la ropa. Luego, para sacar la espuma del jabón de la ropa, se solían sumergir la ropa en la corriente de agua. Para esto, se buscaba donde hay una corriente de agua fuerte y profunda. Luego, se la colgaban encima de las ramas o sobre las piedras planas para que el calor del sol y la frescura del aire la secaran. Pues la gente de antes se duchaba en el río cuando hacía calor o después de la jornada de trabajo. Hombres, mujeres y niños siempre acudían al río de Santa María para ducharse y lavar las ropas. Desde que llegó la toma de aguas en los hogares, estas costumbres se vieron afectadas; la interacción social interfamiliar de las mujeres y niños se redujo a los hogares individuales, pues cada familia efectuaba sus quehaceres en la casa. Lavar las ropas en lavadoras eléctricas, ducharse en las bañeras y coger el agua en la cocina se volvieron actividades privadas, dejaron de tener la estampa pública, se hicieron invisibles.
Capítulo 2
La situación de viviendas en Casas de Monleón.
En este capítulo describiremos la situación de viviendas en Casas Monleón para darnos cuenta de la coexistencia de las características descritas en los modelos rural y urbano. En lo que sigue tocaremos el aspecto social, material y económico de las viviendas en Casas de Monleón. Enfatizaremos cuatro puntos esenciales: a) la situación social de las viviendas en Casas de Monleón y las actividades que contribuyen a su preservación; b) los principales materiales utilizados para la construcción, las estructuras de las casas antiguas y la valoración social en torno a los materiales utilizados; c) las actividades económicas que desarrollaban las mujeres y la convivencia social dentro de la cocina; d) los principales cambios que han experimentado las viviendas.