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Los inicios Un enfoque de salud sexual y reproductiva

Capítulo 4: De la ley a la política pública El Programa Provincial de Salud

4.2. Hitos en la historia del Programa Provincial de Salud Reproductiva

4.2.1. Los inicios Un enfoque de salud sexual y reproductiva

A continuación, se hará un repaso por los hitos fundamentales en el desarrollo del Programa Provincial de Salud Reproductiva (en adelante PPSR), a

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fin de mostrar cómo diversos factores pueden obstaculizar el acceso a derechos, aún cuando éstos estén reconocidos formalmente.

El Estado debiera estar continuamente presente y activo en el cumplimiento de las cuatro obligaciones básicas enumeradas por Kohan, a las que se hizo referencia en el capítulo previo, para que las mujeres y varones reales gocen efectivamente de sus derechos. Sin embargo, tal presencia se ve afectada por las relaciones de fuerzas que se juegan en la sociedad y que, sistemáticamente, operan en perjuicio de los y las más débiles.

En el funcionamiento del PPSR se pueden reconocer dos etapas claramente diferenciadas. El Programa Provincial de Salud Reproductiva se crea, por ley, en el año 1996 dentro del Ministerio de Salud y Desarrollo Social y depende orgánicamente de Promoción y Prevención de la Salud.

En 1997 esta ley se reglamenta y el Programa comienza a contar con un presupuesto propio emanado de Lotería y Casinos. A partir de noviembre de ese año asume la Dirección del Programa la Dra. Sara Papa, quien había sido parte de la Comisión de reglamentación de la ley 6.344, que estuvo formada por profesionales de distintas especialidades y miembros de la Universidad. Durante la discusión de la reglamentación se produjo un debate acerca de la inclusión de prestaciones a las/os adolescentes entre aquellas que serían brindadas por el Programa en lo referido a información y provisión de métodos anticonceptivos. Un sector más conservador proponía que los/as adolescentes concurrieran a los servicios de salud sexual y reproductiva acompañados/as por sus padres o madres. Finalmente, esta idea fue descartada y los/as adolescentes pueden, desde entonces, recibir información y métodos anticonceptivos de manera independiente a partir de los catorce años de edad.

En abril de 1998, el Programa comenzó a trabajar de manera acotada, orientándose a prestar servicios a las mujeres consideradas “en riesgo reproductivo”. Señalaba sobre el particular su entonces Jefa, la Dra. Sara Papa:

“De todo el universo tomamos mujeres que van saliendo del hospital. Trabajamos con un grupo de madres para informarlas del programa y tomamos las mamás en riesgo, trabajamos maternidad e infancia para ver madres en riesgo, las que tienen chicos desnutridos, prematuros, chicos

de bajo peso, períodos intergenésicos de menos de dos años; los abortos (todos los egresos de abortos fueron considerados como de muy alto riesgo porque el 40% prácticamente de las muertes maternas siguen siendo por aborto). La mayoría son provocados, se infiere que son provocados porque no te lo dicen las pacientes. Se les entrega una folletería, se la deriva a un centro de salud. Y tenemos una deuda que es la capacitación. En julio empezamos el tema de capacitación de los equipos para dar el tema de sexualidad y salud reproductiva”.137

Papa resaltó la falta de colaboración, en aquel momento, de la Dirección General de Escuelas para ampliar la capacitación en temas ligados a la salud sexual y reproductiva en escuelas y terciarios.

Por entonces, el presupuesto permitía al Programa comprar insumos para cubrir las necesidades del sector de la población al que dirigía sus acciones, principalmente mujeres que estaban hospitalizadas o que eran dadas de alta luego de algún evento relacionado con su salud sexual y reproductiva: embarazos de riesgo, períodos intergenésicos cortos, abortos, mujeres cuyos/as hijos/as tuvieran problemas de desnutrición o hubiesen nacido prematuros/as, etcétera.

Este período, que finaliza en 1999, cuando asume Ana María Andía, puede considerarse un período caracterizado por la relevancia asignada a las políticas de “maternidad e infancia” que parten de la indisolubilidad del vínculo madre-hijo como enfoque de políticas públicas. Papa percibía como un problema de salud los abortos provocados, ya que éstos inciden en las cifras de mortalidad materna, y en la morbilidad de las mujeres que han transitado por estas situaciones.

Papa veía el aborto como un tema de salud, para el cual es necesario proveer respuestas estatales: atención post- aborto, consistente en consejerías y cuidados específicos. En este primer momento, el Programa comenzaba a tener visibilidad pública, contaba con un presupuesto que le permitía adquirir sus propios insumos y trabajaba con un sector de la población cuya atención se consideraba “prioritaria”. Cabe destacar que, en ese entonces, no existía el

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Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, por lo que los pocos programas provinciales que existían debían autoabastecerse.

El Programa, a pesar de sus debilidades, y de su claro enfoque asistencial, constituía una innovación y así fue percibido. El hecho de que se previera la cobertura para adolescentes fue un avance notorio en un momento en el cual se había disuelto el PRIOM (un Programa de Igualdad de Oportunidades con perspectiva de género del Ministerio de Educación de la Nación) y la Argentina había acompañado sin hesitar las posiciones vaticanas en Cairo y Beijing. Es decir, en un clima que no podría llamarse propicio el Programa inauguraba, en el ámbito provincial, un nuevo campo para las políticas públicas: el de la salud sexual y reproductiva.