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2. RECONSTRUCCIÓN DE MUNDOS VITALES DESDE LA INIQUIDAD

2.1. RECONSTRUCCIÓN DEL MUNDO VITAL DE AYER: CIUDAD GRECORROMANA 1 MACROPLANO O NIVEL DE LA SOCIEDAD

2.1.3. MICROPLANO O NIVEL DE FUNCIÓN.

2.1.3.1. LA INIQUIDAD CONFIGURADORA DE LA CIUDAD DE AYER: LOS ROMANOS ACTUANDO.

Esta reconstrucción desde el microplano, busca identificar comportamientos típicos de las relaciones interhumanas y las funciones de los sujetos dentro de la sociedad grecorromana de la antigüedad, que reflejen realidades iniquitativas, de injusticia, discriminación, división social, juego político de poder, abuso, entre otros.

En esa dirección, es importante resaltar antes, que la historia de Roma es tan extensa (desde el siglo VIII a. C. hasta el siglo V d.C), que los historiadores han optado por dividirla en tres grandes períodos: Monarquía, República e Imperio, cada uno con sus propias

88 Ibid, 12.

89

Ibid, 13 90 Ibid, 26

características, pero para efecto de esta reconstrucción, tomaré aspectos generales y comunes de los tres períodos que resulten relevantes para el objetivo que se busca. Así, para empezar hemos de considerar que Roma era una ciudad-estado91, como también lo eran Atenas o Esparta, en Grecia, lo que las convertía en los referentes de crecimiento, organización y progreso. Sin embargo, sus procesos de configuración como ciudades, no escaparon a los picos de rápido crecimiento, que dieron al traste con la idea original de asociación de familias en gens o fatrías, que compartirían códigos de comportamiento, cultos, dioses, origen y bienestar.

Este sistema que descansaba sobre la propiedad común de la tierra, pronto entró en decadencia bajo la presión del comercio y la expansión de la riqueza que al final socavaron todas las viejas relaciones sociales tribales. El aumento de la desigualdad dentro de la gens

dio lugar a la dominación de la clase privilegiada de los patricios. La propiedad privada se estableció tan firmemente que las esposas y los niños eran considerados como propiedad privada, sobre la que los paterfamilias (padres de familia) mandaban con mano de hierro.92

Además, las campañas de conquista expansiva del territorio y la rápida introducción de nuevos pobladores venidos de diferentes lugares, empezaron a gestar escases, divisiones, diferencias, juegos políticos, nuevas necesidades.

Así por ejemplo, encontramos en la Roma del Imperio una división territorial venida desde los ritos de fundación, que delineaba una frontera elíptica de aproximadamente 25.000 hectáreas93 dentro de las cuales: esidía los dioses e sus sa tua ios, el e , ás ta de

los magistrados herederos de su desmembrado poder y el Senado y los Comicios que, primero con él y después con aquellos, gobernaron el Estado que representaba la ciudad 94

y fuera de esa línea fronteriza, que delimitaba el emplazamiento oficial de la ciudad propiamente dicha, se encontraba la aglomeración de la plebe urbana, junto con los pobladores de las zonas rurales adscritas. Esto dio lugar más tarde a la muralla que se atribuye a Servius Tullius95, construida por orden del Senado republicano entre el año 378

91 Se denomina ciudad estado a aquella ciudad que es políticamente independiente, y domina al menos el espacio circundante suficiente para cubrir sus necesidades, sin someter en forma directa a ninguna otra población, aunque pudiera ejercer su influencia sobre un área más amplia. Este es el modelo típico de las polis, las ciudades antigua griegas y Roma, así como de otras civilizaciones de la Antigüedad, como la maya. 92http://www.marxist.com/lucha-clases-republica-romana-primera-parte.htm. (Revisado Febrero de 2014) 93

Carcopino. La vida cotidiana en Roma en el apogeo del imperio. 31 94 Ibid. 32

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Servius Tullius (578aC - 534aC), sexto rey de Roma. Sucesor de Tarquinio Prisco se le atribuyen 44 años de reinado hasta que fue asesinado por su propia hija Tulia, en complicidad con su yerno Tarquinio el Soberbio, que ocupó el trono en su lugar. A Servio Tulio se le atribuía tradicionalmente la construcción de las así llamadas murallas servianas, las antiguas fortificaciones de la ciudad del periodo de la República que, con una longitud de unos 11 kilómetros, abarcaban 427 hectáreas e incluían las siete colinas tradicionales. Sin embargo, los estudios arqueológicos indican que estas murallas corresponden al siglo IV a. C. y fueron construidas con piedra procedente de las canteras de Grotta Oscura situadas en territorio de Veyes, ciudad que fue conquistada por los romanos en el año 396 a. C. Tito Livio comenta las cargas que ocasionó al pueblo su construcción y la sitúa en el año 378 a. C., después del saqueo de Roma por los galos.

y el 352 a.C. en bloques de toba tan sólidamente unidos, que aún hoy en día, pueden encontrarse paneles enteros en algunas plazas de la actual Roma.

Independientemente de que el objetivo primero de las murallas en cualquier época, hubiera sido la protección de la ciudad de las invasiones externas, fueron un instrumento de división que excluía a aquellos pobladores indignos de pertenecer. Aunque después el crecimiento de la población haya presionado el desborde de las murallas, los emperadores posteriores procuraron siempre mantener las divisiones territoriales, según ellos, para mantener la unidad, pero en realidad fueron gestores de un imaginario de pertenencia a la ciudad según las condiciones de cada persona. Fue así como Augusto96, hacia el año 8 a.C., dividió la ciudad en catorce regiones que contaban con puertas de entrada, que se mantuvieron durante todo el Imperio, aunque no siempre de la misma manera. Más tarde, este mismo emperador permitió que la ciudad creciera hacia todas partes, cuando la preocupación por la seguridad cedió y la división inicial dio lugar a que: i o de las

catorce regiones de Augusto quedaron en el interior de la ciudad, otras cinco superaron en parte el límite de la muralla y cuatro quedaron completamente fuera de su trazado 97, con todo y sus habitantes.

La división territorial de la antigua Roma se veía reflejada también en las construcciones que albergaban a la población. Considerando que no todo el terreno era apto para construir, por la cantidad de espacio destinado a edificios públicos, santuarios, basílicas, almacenes, termas, circos, teatros, parques y jardines y la precariedad de los medios de transporte con que contaban los romanos, es de suponer que la mayoría de los

iudada os esta a : condenados por la pobreza de sus medios a no pasar jamás de ciertos límites territoriales, sin duda aquellos marcados por Augusto y sus sucesores y más

allá de los uales su vida ueda a f ag e tada su u idad ota. 98.

Esto propició las diferentes clases de casas de habitación que podían encontrarse en Roma, desde las insulae, hasta las domus. Las primeras, eran las casas de los pobres, originadas en el siglo IV tras las murallas Servianas99, para alojar a una población pobre creciente. Estaban construidas de forma vertical (18 o 20 metros), sobre una superficie que podía ser de 300 o 400 m2, alcanzaban hasta 6 pisos, pero sin los debidos cimientos o vigas necesarias para soportarlos, por lo que los derrumbamientos eran frecuentes en la

Es posible que la confusión de las fuentes se deba a que esas murallas se construyeran siguiendo el trazado de otras anteriores.

96 Caius Iulius Caesar Augustus, en español Cayo Julio César Augusto, conocido como César Augusto y más habitualmente como sólo Augusto, fue el primer emperador del Imperio romano. Gobernó entre 27 a. C. y 14 dC.

97 Carcopino. La vida cotidiana en Roma en el apogeo del imperio. 34 98

Ibid. 44

99 Eran una barrera defensiva construida alrededor de las ciudad de Roma al principio del siglo IV a. C. Las murallas tenía una anchura de 3,6 metros y una longitud de unos 11 kilómetros, con más de una docena de puertas. El nombre hacía honor al Rey de Roma, Servio Tulio. Aunque el trazado parece datar del siglo VI a. C., los restos actuales que se conservan datan del periodo final de la República Romana.

ciudad100. La casa era de adobe, la pieza principal en que estaba prendido el fuego del hogar era el atrio. La pieza recibía luz de una abertura en el techo por la cual salía el humo y, en tiempos de lluvia, caía el agua que se juntaba en una pileta. Con el tiempo se agrandó la abertura y se sujetó el techo con columnas. De esta manera se formó un patio interior, parte importante de estas casas. Y las domus, que eran las casas de los ricos, construidas en sentido horizontal, sobre superficies de 800 o 900 m2, con amplios salones, habitaciones fijas previstas para usos determinados, patios interiores y fastuosas fachadas. Sólo las personas importantes podían vivir en el lujo de las domus, por ejemplo,

en el tiempo de César vivía Caelius, quien pagaba por la suya un alquiler anual de 30.000 sestercios101.

Pero estas casas de Roma, tanto las elegantes, como las sencillas, eran muy vulnerables, tanto al derrumbamiento como al incendio: ardían con mucha facilidad debido a las vigas de madera, a las estufas portátiles que se utilizaban para calentar la casa, las velas, las lámparas de aceite o las antorchas y la escasez del agua en la antigua ciudad. Así: el ciudadano rico temía por su casa y, en su angustia, obligaba a un ejército de esclavos a vigilar su ámbar, su bronce, sus columnas de mármol frigio o sus incrustaciones de carey. Al pobre le despertaba la obsesión de ver arder su buhardilla y asa se vivo 102. La frecuencia de los incendios obligó al emperador Augusto a crear el cuerpo de bomberos y vigilantes, formado por 7.000 hombres, en el año 6 de nuestra era.

Y siempre había quien sacaba provecho propio a estas situaciones como el ciudadano Crassus, un aristócrata del último siglo de la república, que cuando le llegaba la noticia de un incendio, acudía presto a auxiliar al desafortunado para ofrecerle una ínfima cantidad por su casa destruida, para luego reconstruir una insulae a toda prisa y obtener unas rentas, que por mucho superaban el importe pagado al dueño entrado en desgracia103. Esta práctica sobrevivió hasta bien entrado el tiempo del imperio.

Las inundaciones del río Tíber y sus afluentes, fueron también muy frecuentes en la Roma antigua. A pesar de los esfuerzos por canalizarlos y construir muros de contención, las aguas inundaban cada año en primavera y otoño, barrios enteros y al volver las aguas a su

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Los derrumbamientos por terremotos estaban a la orden del día, especialmente para los habitantes de las denominadas casas de vecindad o insulae (inquilinato, casas construidas precariamente, para albergar a varias familias en muy poco espacio). Gran parte de las casas de vecindad se hallaban en estado ruinoso, pues nadie se cuidaba de hacer en ellas las reparaciones indispensables o se hacían sólo superficialmente; el administrador apuntalaba un poco, para salir del paso, los muros vacilantes o cubría con una capa de cal y de pintura las enormes grietas abiertas en las paredes y aseguraba a sus inquilinos que podían dormir tranquilamente, cuando el peligro inminente de un derrumbamiento pendía sobre sus cabezas (cf. Friedlaender. La sociedad romana. Historia de las costumbres en Roma, desde Augusto hasta los Antoninos. 25).

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Antigua moneda romana de plata, cuyo valor equivalía a un cuarto de denario, a la centésima parte de un áureo, y a dos ases y medio. El salario medio de un obrero de la época podía oscilar entre unos 700 y 2.000 sestercios al año. Fue una moneda en circulación hasta finales del siglo III d. C. Sus motivos suelen mostrar la imagen del emperador o algún pariente en el anverso, y en el reverso se suele conmemorar algún acontecimiento militar o político destacado.

102

Carcopino. La vida cotidiana en Roma en el apogeo del imperio. 57 103 Carcopino. La vida cotidiana en Roma en el apogeo del imperio. 56

cauce, venían los derrumbamientos de los edificios socavados, las pérdidas y las hambrunas, causadas también por los fraudes y las especulaciones de los funcionarios públicos104.

Estas situaciones dejan ver que tras la grandeza arquitectónica de la antigua Roma, reflejada en la altura de sus edificios, sus calles y su equipamiento urbano, se ocultaba una realidad de corrupción, desorden e improvisación. Por ejemplo, la red vial romana, que podía considerarse por los visitantes como excelente, era en realidad un entramado caótico e inextricable de calles, en las que se destacaban sólo las viae105 que atravesaban y recorrían el foro romano (la via Sacra y la via Nova) y las que comunicaban la ciudad con las regiones de Italia. Las demás calles de la ciudad eran estrechas y zigzagueantes que ascendían y descendían por las colinas, de ahí el nombre de rampas, cubiertas de lodo y desperdicios que se lanzaban desde las insulae, sin pavimento, ni aceras, ni iluminación. Por demás, las vías vivían en medio de un bullicio, que no respetaba el día y la noche: a todas horas fluían por las pequeñas calles mareas crecientes de transeúntes, vendedores, buhoneros, cargadores de literas que gritaban y se empujaban, entre quienes no faltaban los agresores, asesinos y atracadores.

Estos aspectos de la arquitectura romana generaban códigos de costumbres y relaciones entre sus habitantes, que contribuían a la definición de su cultura, sus vicios y sus virtudes.

De ésta manera, la dinámica social y cultural de la sociedad romana, se configuró de forma particular alrededor del patronazgo106, el clientelismo y el favoritismo, donde el tráfico de influencias y de favores, reinaban alrededor de todos, desde los más simples funcionarios hasta el emperador.

En este contexto era importante sobresalir en aquello que permitía escalar posiciones u obtener beneficios, por ejemplo la retórica: po ue e a u e uisito i dispe sa le pa a

postula a se u se vido pú li o; el di e o o asta a, pues la élite se a a te iza a po

tener educación (pepaideumenos), autoridad natural y buen hablar 107. Pero aun así, la educación no era tan importante como tener el apoyo de un patrono poderoso, algún notable de la sociedad o ser cliente108 o liberto109de una persona influyente que pudiera

104

Friedlaender. La Sociedad Romana. Historia de las costumbres en Roma, desde Augusto hasta los Antoninos. 28 105 Eran las calzadas romanas, el modelo de camino usado para la vertebración del Imperio. La red viaria fue pensada primero para uso militar, pero luego fue el medio de expansión económica y territorial del Imperio. 106

Relación patricio-cliente, basada en la búsqueda de favores, influencia o protección. La clientela y el patronazgo no solo se aplicaba a los individuos sino también a las ciudades e incluso a las provincias, diciendo que tal o cual ciudad, tal o cual provincia era cliente o patrona de tal otra.

107 V

eyne. Historie de la vie privée. Le Seuil.Historia de la vida privada: Imperio romano y antigüedad tardía, 20-45 108

Eran plebeyos que no tenían recursos propios y se ponían al servicio de un patricio, a cambio su patrón les daba alimentos y/o dinero.

109 Los libertos eran los esclavos que habían sido liberados por sus dueños. Si bien eran hombres libres seguían en algunos aspectos vinculados a su patrón, debían llevar su apellido, por ejemplo. No eran ciudadanos y por lo tanto, tenían derechos civiles y políticos recortados. Se dedicaban a los oficios que eran

recomendar para un cargo o una función pública, lo cual era pagado con las llamadas propinas. Existían incluso personas dedicadas al comercio de recomendaciones y todas

estas t a sa io es se asa a e el so o o, de tal fo a ue ua do u fu io a io

de menor rango se presentaba ante alguien de categoría superior, debía hacerlo con un regalo en sus ma os o u so o o 110.

Puede afirmarse que en la cotidianidad de la vida, todos los romanos estaban ligados a otro que era superior, lo cual definía los deberes de cada uno. Por ejemplo los aristócratas o amos, debían recibir todas las mañanas a sus clientes, siguiendo un riguroso protocolo, invitarlos a su mesa o ayudarlos con donativos o regalos, debido a que esta

p o esió dia ia defi ía su p estigio so ial: Así que el romano rico tenía que levantarse a la misma hora que los demás para atender sus ruidosas recepciones si no quería ver en entredicho su reputación, ya que el poder de un romano se medía por la magnitud de su clientela 111.

Las diferencias sociales se evidenciaban en Roma, hasta en la manera de vestir (hombre y mujer usaban la túnica y una camisa de lana sin mangas, pero en público, el hombre usaba la toga, privilegio del ciudadano que gozaba de todos los derechos cívicos), y de comportarse socialmente, como lo ilustra la imagen siguiente donde puede compararse el estilo y la moda de los diferentes estratos sociales, desde los patricios hasta los plebeyos, pasando por los esclavos y el famoso ejército romano, que les permitía distinguirse dentro de la sociedad.

despreciados por los ricos: artesanía, comercio e industria. Gracias a esto algunos de ellos acumularon importantes fortunas.

110

Veyne. Historie de la vie privée. Le Seuil.Historia de la vida privada: Imperio romano y antigüedad tardía, 20-45 111 Carcopino. La vida cotidiana en Roma en el apogeo del imperio. 222

En el año 300 a. C, se dictó un plebiscito, conocido como ley Ogulnia, que permitió a los plebeyos integrar los Colegios de Pontífices y

Augures, siendo Tiberio Coruncanio el primer plebeyo en ocupar el Pontificado máximo112

La inmensa mayoría de la población de Roma estaba en el nivel social que algunos autores

lla a el te e estado : e a los ple e os los lie tes. Este te e estado veía

engrosar su número con los inmigrantes de las provincias del Imperio y vivían en condiciones muy precarias, sin acceso a muchos elementos de primera necesidad, ni alimento suficiente: los pue tes, los es alo es los u ales de los edifi ios las faldas

de las oli as e a e Ro a…asilo pe a e te de e digos, ue lo is o allí o o en

todos los sitios o u idos de la iudad…p o u a a at ae la o pasió de la ge te o el espe tá ulo des o solado de su ise ia 113.

Sin embargo, este tercer estado fue evolucionando con el tiempo, desde la República hasta el Imperio. Al principio, especialmente los clientes, eran seguidores leales de sus patronos, tenían su confianza, les protegían y representaban, gozando muchas veces, de privilegios y de la posibilidad de amasar pequeñas fortunas. Pero, para la época del Imperio: este i te és personal del patrono por su cliente y viceversa, fue desapareciendo poco a poco a medida que se iban multiplicando los clientes adscritos a cada casa y

pe día i ti idad sus ela io es o el pat o o 114

. Y aunque recibían remuneración en dinero, por su trabajo, ésta era exigua a la par de que eran tratados de manera descortés y mezquina, teniendo que mostrarse siempre sumisos y serviciales. Por lo general estos clientes, eran libertos que servían como tales a sus antiguos señores o personas venidas a menos, obligados a ganarse la vida de éste modo.

112

http://www.laguia2000.com/edad-antigua/patricios-y-plebeyos-conflictos-sociales. Revisado en febrero de 2014. 113

Friedlaender, La Sociedad Romana. Historia de las costumbres en Roma, desde Augusto hasta los Antoninos, 230

114 Ibid, 232

Entre sus principales tareas estaba la de preceder o seguir al señor en su silla de manos o su litera, como se puede ver en la ilustración, acompañarle en todas sus visitas, incluida a las termas al final del día. Tenían que abrir paso en medio de la multitud de la calle y salir de viaje con el señor; alababan cuanto decía y hacía su señor y sufrían toda clase de humillaciones de parte, incluso de los esclavos.

Modelo patrón-cliente en la antigua Roma - Tomado de: http://figurenmuseum.de/figurenkataloge/germania- figuren/rom-stadtleben/

En el tercer estado estaban también los libertos, quienes eran parte de los miles de esclavos que llegaban a Roma año tras año de todas las provincias del imperio y adquirían allí la libertad y los hombres libres de muchas nacionalidades, que inmigraban a la gran