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2. RECONSTRUCCIÓN DE MUNDOS VITALES DESDE LA INIQUIDAD

2.3. CONFRONTACIÓN MUNDOS VITALES DE AYER Y DE HOY.

2.3.2. COMPRENSIÓN – COMPARACIÓN DESDE LA INIQUIDAD

2.3.2.1. MACROPLANO O NIVEL DE LA SOCIEDAD

La reconstrucción desde el macroplano o nivel de la sociedad, se realizó en el marco general y contextual de fundación de la ciudad de corte grecorromano, como la ciudad de ayer; y la ciudad colonial, como la ciudad de hoy.

Partiendo de los procesos y mitos fundacionales de las ciudades de ayer y de hoy, puede evidenciarse que desde las mismas leyendas de fundación, los elementos motivacionales fueron la codicia, la avaricia, el ansia de poder y luego en los procesos de fundación, lo que primo fueron los intereses particulares de tipo económico y político.

Así, en el mito fundacional de Roma aparece la rivalidad de dos hermanos por el trono de la ciudad de Alba Longa, la expulsión del legítimo rey Amulio y la muerte de sus herederos varones, a manos de su hermano. Los mató, excepto a la única hija, la cual el dios Marte embarazó. Sus hijos gemelos: Rómulo y Remo fueron los fundadores de Roma, según los ritos del momento. Pero desde el principio, Rómulo quiso imponerse sobre Remo, al creerse elegido por los dioses para usar el arado para trazar la cerca de la ciudad. Remo saltó sobre el surco, violando la muralla, lo cual era una especie de sacrilegio, pues la muralla se trazaba desde el primer momento para ser inviolable. Y según la leyenda,

Rómulo, se sintió con el derecho de matar a espada a su hermano y proclamarse rey de Roma, hasta que él mismo desapareció durante una tormenta, llevado por su padre Marte.

Históricamente, en el proceso de fundación de la ciudad de ayer, la conformación anterior de las tribus que constituirían la ciudad, obedeció a la necesidad de asociación para aprovechar mejor los recursos naturales, pero bajo la figura de la confederación de tribus. Es decir, cada tribu, constituida a su vez, por familias, se asociaba, conservando sus propios dioses, cultos, códigos y gobierno, lo cual con el tiempo, sería inmanejable. Esto llevo a que necesariamente algunos (ritos, dioses, códigos, costumbres) empezaran a imponerse sobre otros, de manera planificada, para poder convivir. Este fue el germen de las acciones planeadas concretamente para lograr dominación y poder.

En la fundación histórica de Roma, la motivación fue de tipo comercial y político, debido a que la ciudad, fue producto del asentamiento de tribus latinas, sabinas y etruscas, en el lugar donde el río Tíber tiene una isla que le permite ser atravesado. De ahí que el interés comercial, motivó la fundación de la ciudad, debido a que la confluencia del río y la vía Salaria182 a 28 kilómetros del mar Tirreno, convertía el asentamiento en ruta privilegiada para el transporte y el comercio, especialmente de sal.

Como se evidencia, desde el principio, tanto en las leyendas como en el hito histórico, ha primado, junto con la posibilidad o la fachada de un bienestar común, los intereses particulares de sobresalir, imponerse, ser seguido y respetado, con el consecuente resultado de la configuración de un esquema de organización social, en el que era inherente y aceptado como normal, la convivencia entre algunos pocos con unos privilegios, con otros muchos que carecían de los mismos.

Pareciera que la necesidad de convivir, de compartir hábitos, costumbres, tradiciones, lenguajes, además de configurar a los seres humanos como tales propiamente, como seres sociales en relación con otros, ofrece espacios de educación y de proyección humana, pero a la vez, es la causa de que se manifieste la ambivalencia en la que se mueve la condición humana, la que lleva a transformaciones para el bien o para el mal y entonces, empiezan a gestarse en unos más que en otros, intereses mezquinos, egoístas, codiciosos, junto con los de bien común y bienestar general.

De este esquema de iniquidad no escapa la leyenda de la fundación de Santa Fe, como ciudad de hoy. Aquí se cuenta que la expedición principal hacia el interior del país, la emprendió desde Santa Marta, en el mes de agosto de 1.536, Gonzalo Jiménez de Quesada, con 820 hombres de a pie y 85 caballos, en tanto que sus oficiales, con 5 naves y 200 hombres, debían seguir aguas arriba, el río Magdalena.

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La Vía Salaria debe su nombre a la palabra latina que designa a la "sal", ya que era la ruta utilizada por los sabinos para transportar sal hacia el río Tíber. Algunos historiadores consideran que este camino y el comercio de sal estuvieron ligados a la fundación de Roma.

Dicen que esta expedición por el río resultó casi completamente aniquilada. Quesada, en tanto, avanzó, en medio de continuas luchas con los indios, a través de la impenetrable selva tropical, llena de plantas espinosas y apretados troncos, de arañas venenosas, gusanos, escorpiones y serpientes, murciélagos y mosquitos.

Relatan que los soldados estaban con los cuerpos heridos y los vestidos desgarrados, que se alimentaban de frutos y raíces. Parece que en la expedición tuvieron que comer hasta el cuero de sus equipos. Unos se habían quedado ciegos, otros caminaban cojos, otros eran arrebatados, hasta de las hamacas donde dormían, por los tigres, que frecuentaban cada vez más en su ataque a los expedicionarios.

Con frecuencia amenazaban las tropas con rebelarse. Pero la fuerza y persistencia inconmovible del jefe empujaba sin descanso el avance por las altas cumbres que hoy día se tienen por inaccesibles para personas a pie.

Dicen que un día los expedicionarios divisaron desde una alta montaña campos extensos, grandes sembrados de maíz y papa, árboles frutales y huertos de flores. Y en aquella grata región, fresca y abundante en agua, se veían también alegres pueblos. Los indios, aterrorizados por el estampido de las armas y fuera de sí ante la vista de los caballos, que creían formar un solo ser con el jinete, teniéndolos por criaturas superiores, se sometieron casi sin ofrecer resistencia y se humillaron como ante dioses al poder de los conquistadores. Extendían paños a su paso, quemaban incienso y derramaban por el suelo a manos llenas oro y esmeraldas183.

Si bien es leyenda, en la realidad, sí fue la aguerrida codicia de los conquistadores, la que motivó llevar adelante la expedición de conquista y posterior fundación de la ciudad, pero en búsqueda de El Dorado184, la mítica ciudad de oro, que ellos creían, especialmente Gonzalo Jiménez de Quesada, se encontraba en algún lugar del centro de la Nueva Granada. De ahí el interés particular del conquistador y sus soldados en llegar a toda costa a una tierra donde esperaban encontrar la fuente de riqueza que los haría cambiar completamente su situación y su estatus social en su país de origen. Una vez que en España se supo de la cantidad de oro y metales preciosos que podían encontrarse en

183http://www.culturarecreacionydeporte.gov.co/bogotanitos/cuenta-la-leyenda/leyenda-de-la-fundacion- de-santafe. (Revisado en Marzo de 2014)

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El Dorado es un lugar mítico que se suponía que tenía grandes reservas de oro y que fue buscado por los exploradores españoles con gran empeño, atraídos por la idea de un lugar con calles pavimentadas de oro, en donde el preciado metal era algo tan común que se despreciaba. Muchos de ellos murieron en el intento por descubrir la ciudad, ya que las largas expediciones transcurrían por la selva y a la dureza del terreno había que unir la falta de provisiones. Se suponía que estaba ubicado en alguna parte del centro de Colombia y también en las zonas de la amazonia, como Brasil, Bolivia, Ecuador, Perú, Venezuela, etc., pero en especial en zonas de la Nueva Granada.

El mito empezó en el año 1530 en los Andes de lo que hoy es Colombia, donde el conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada encontró por primera vez a los Muiscas. La historia de los rituales muiscas fue llevada a Quito por los hombres de Sebastián de Belalcázar; mezclada con otros rumores, se formó allí la leyenda de El Dorado, «El Hombre Dorado», «El Indio Dorado», «El Rey Dorado». Imaginado como un lugar, El Dorado llegó a ser un reino, un imperio, la ciudad de este lugar legendario.

América, el interés por descubrir y conquistar estas tierras, ya no fue de tipo comercial, sino básicamente económico y político.

En esa vía, el motivo particular de la conquista fue beneficiar a un estado monárquico que se atribuyó la propiedad de una tierra y unas riquezas que ya tenían dueño. Claramente el acto mismo de la conquista fue motivado por la codicia respecto a la cantidad de metales preciosos hallados en estas tierras, que representaban para los invasores un valor que en nada se equiparaba con el que le atribuían los nativos al oro y la plata.

En el siglo XV, España vivía crisis recurrentes de tipo económico, político y hasta demográfico: malas cosechas sucesivas, técnicas agrícolas estancadas, escasez de alimentos, hambrunas y disminución de la población activa a causa de las epidemias. Además se iniciaba la unificación de los reinos de Castilla y Aragón, después de años de luchas internas y el auge del comercio con oriente, precisamente a raíz de que en 1453, Constantinopla cayó en manos de los turcos, cuya intolerancia religiosa habría de crear nuevas dificultades a las comunicaciones, lo cual dejaba a España y Portugal como las naciones más indicadas para encontrar nuevas rutas comerciales.

La importancia del comercio con oriente radicaba en la necesidad que tenía Europa de las especias de Asia, las cuales no podía cultivar y eran utilizadas en la industria farmacéutica y para conservar y condimentar alimentos. A cambio de las especias y demás productos, los orientales recibían dinero, metales, tejidos livianos, alfombras y plata. El comercio era valiosísimo y hasta finales del siglo XV, los productos de oriente llegaban en parte por el Mediterráneo y la mayor parte por rutas terrestres, a muy altos precios, después de un prolongado viaje. Por lo tanto, la nación que lograra abrir nuevas rutas comerciales con oriente, tendría la supremacía económica y política en todo el continente.

De ahí que para España, el descubrimiento del nuevo mundo fue la oportunidad de convertirse en una potencia económica, marítima y política, debido a que a través de la Bula Inter caetera185, podía reclamar las tierras descubiertas y todas las riquezas para su dominio y además proponer una nueva ruta a oriente a través de América, como efectivamente ocurrió, en 151 , ua do Vas o Nuñez de Bal oa des u ió el Ma del

“u O éa o Pa ífi o la posi ilidad de llega a Asia, po el o ide te.

En este sentido, la conquista del nuevo mundo fue una tarea privada, conveniente en el momento en que se dio y motivada por intereses eminentemente económicos y políticos particulares de la Corona española, lo cual justificó la empresa conquistadora y luego la Colonia, con todo y lo que implicó, tanto para los nativos, como para los invasores.

Esto aunado al hecho de que muchos de los que decidieron venir, eran quienes se encontraban encarcelados o desprestigiados en la sociedad española y la aventura les

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La bula menor Inter caetera fue otorgada por el papa Alejandro VI en 1493 en favor de Fernando e Isabel, reyes de Castilla y Aragón. La novedad más importante que introdujo esta bula fue la definición de un meridiano al oeste del cual todas las tierras «halladas y por hallar» pertenecerían a los reyes de Castilla y León.

representaba la gran oportunidad, motivó que toda la obra conquistadora fuera impulsada por intereses de codicia y por la posibilidad de enriquecerse rápidamente y escalar peldaños en la sociedad española, que por otra vía, les eran inalcanzables. Todo ello, delineo el proceso sobre los vicios más desdeñables de cualquier sociedad.

En una primera síntesis, desde los mitos fundacionales y los procesos históricos de fundación de las ciudades de ayer y de hoy, se puede evidenciar la presencia clara de la iniquidad, como inclinación natural de las personas hacia el mal. Si se analizan esos procesos con éste lente, puede verse claramente que las intenciones primeras, fueron profundamente iniquitativas. Incluso las mismas leyendas y mitos de fundación llevan esa impronta, al parecer aceptada o manejada desde la mitología romana en las relaciones que establece entre dioses y hombres. Esta similitud entre el ayer y el hoy, permite comprender, cómo el paso del tiempo fue arraigando cada vez más los esquemas de iniquidad en las dinámicas culturales, hasta convertirlas en situaciones consideradas normales, comúnmente aceptadas e incluso necesarias.

De esta manera, a partir de una comparación analógica, entre el proceso fundacional de la ciudad de corte romano, y la ciudad de hoy, representada en Bogotá, puede comprenderse cómo las motivaciones iniquitativas, se mantienen, se repiten, se aceptan, porque no se reconocen en el devenir de la historia, no se consideran pecaminosas, ni siquiera trasgresoras de la ley. La iniquidad en el macroplano o nivel de la sociedad, está impresa en el contexto, en la estructura y en la matriz cultural que dio forma a las ciudades de ayer y de hoy.

Otro aspecto importante a considerar en este ejercicio de comprender y comparar desde el macroplano, es el papel de la religión, leído desde la iniquidad, como instrumento de poder y dominación.

En la reconstrucción desde el nivel de la sociedad se evidencia que la religión jugo un papel fundamental en el proceso histórico de nacimiento de las ciudades de ayer y de hoy. A partir de allí, puede afirmarse que el mundo grecorromano fue configurado desde la religión. Partiendo del mismo lugar físico donde se asentaban las ciudades y los ritos

fu da io ales, todo esta a i p eg ado de u fue te o po e te eligioso: El lugar físico de reunión de las tribus, el domicilio del dios común y del santuario, donde habría de formarse la ciudad, se llamaba la urbe. Este lugar era inspirado por los dioses y estaba asociado al fundador de la ciudad. Esta persona era alguien muy importante debido a que era quien consumaba el acto religioso de constitución de la ciudad186 .

A la vez, la religión en el mundo antiguo definió la idea de familia, de antepasados, de propiedad, de sucesión, de autoridad, de pertenencia y a la postre de ciudad, en la medida en que todo giraba en torno a los dioses domésticos y comunes, a los cultos, a los ritos y a los códigos de comportamiento que imponían, al punto que la familia, por ejemplo, era

una asociación más religiosa que filial y el parentesco no lo determinaba la sangre, sino el culto.

Incluso la institución del matrimonio monogámico como constitutivo de la familia, fue definido desde la influencia de la religión y puede verse que ese primer concepto de asociar el culto a los dioses familiares, con el matrimonio, que desvinculaba a la mujer de la familia de su padre para unirla a la de su esposo, convirtiéndola en casi una hija del esposo, se ha mantenido en el tiempo en la figura de sumisión, de la imposibilidad de heredar, de la costumbre de incluir una dote en el contrato matrimonial, en la sucesión de los apellidos, incluso algunos aspectos, hasta nuestros días.

Así, las sociedades del mundo grecorromano antiguo, eran eminentemente religiosas, cimentadas sobre bases de profundas creencias, elaborados dioses, héroes y cultos, que los iban cohesionando como sociedad, les iban dando identidad y les permitía construir tradición y cultura. Era a la vez una religión muy vinculada a los fenómenos naturales fácilmente observables, pero que les representaban dificultades de comprensión y asimilación. Esto se ve por ejemplo, en toda la construcción mitológica latina y griega basada en complejas interrelaciones entre dioses y hombres, descritas en numerosas leyendas.

Pero este determinante papel de la religión, además de ser configurativo de sociedad y de cultura, se convirtió precisamente por su importancia, en instrumento de poder, de dominación y de discriminación.

Fue la religión la que definió los roles que desempeñaban unos y otros dentro de la sociedad, los ritos que debían seguirse escrupulosamente, los cultos que debían rendirse y a quién debían rendirse, pero sobretodo fue la religión la que definió los códigos de pertenencia a la sociedad, la que valoró a las personas según su procedencia, la que definió posiciones y funciones, y por lo tanto, la que delineo patrones de discriminación, que trascendieron el tiempo hasta hacerse reconocibles aún hoy en día.

No es difícil descubrir en el papel de la religión en la ciudad de hoy, huellas del pasado. En el proceso histórico de nacimiento de la ciudad de hoy, representada en Bogotá, se reconocen aspectos que trascendieron el tiempo desde la antigüedad y pueden rastrearse en la Edad Media, para manifestarse en el tiempo del nacimiento de la ciudad de hoy. El interés religioso que motivó la Conquista y la Colonia fue específico de la Corona española por ampliar no sólo sus dominios, sino la cantidad de sus súbditos cristianos, que la fortalecerían frente a sus enemigos del Islam. En la Edad Media, cuando se dio el descubrimiento del nuevo mundo187, las sociedades estaban organizadas en torno a sus

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Aunque se considera que la Edad Media terminó justamente con el descubrimiento de América o la caída del Imperio Bizantino, otros consideran que durante los siglos XV y XVI, se da una crisis de la Edad Media, antes de iniciar la Edad Moderna. De cualquier manera, las características propias de la Edad Media habrían de sobrevivir un tiempo más durante la Edad Moderna, antes de la consolidación del Renacimiento y el Humanismo.

creencias religiosas y como tal, se vivía en Europa, una permanente tensión entre cristianos, musulmanes y judíos, todos ejerciendo profundas influencias en la manera como se pensaba, como se gobernaba, como se relacionaban unos con otros y hasta cómo dominaban unos sobre los otros, gracias a los beneficios que por cuenta de la religión, percibían algunos más que otros.

Así, la política en Europa giró en torno a la religión como instrumento de poder y dominación. Con la colaboración de los poderes políticos, la Iglesia fue integrando las poblaciones de una Europa cuyo mapa se fue diseñando a la par de las estructuras diocesana y parroquial, se fueron estableciendo reinos cristianos y la vida social se asociaba a los sacramentos, por ejemplo, el bautismo, que se empieza a convertir en una carta de ciudadanía y se van popularizando las vías de piedad. La sociedad medieval se considera una proyección de la voluntad de Dios.

En ese contexto nació la ciudad de hoy, Santa Fe, con la religión como fundamento. A la par que llegaron los conquistadores, lo hicieron también los monjes evangelizadores, con el objeto de convertir a los nativos americanos a la fe cristiana, sin tener en cuenta sus propias creencias y sus cosmovisiones. Así, la evangelización del nuevo mundo fue también una irrupción violenta en la vida y la cultura de los aborígenes, a quienes se veía como sujetos inferiores, equiparables a niños o mujeres, que debían ser convertidos a la fe única, vista desde el pensamiento europeo. Con cierta resistencia se inició la catequesis del pueblo muisca, antiguos habitantes de la sabana de Bogotá, quienes lograron apropiarse del mensaje cristiano, pero entendiéndolo a su manera y desde su propia