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EL INSTITUTO LABORAL DE BETANZOS

La planta libre en el edifi cio escolar

EL INSTITUTO LABORAL DE BETANZOS

Proyectado por el arquitecto Antonio Tenreiro Brochón, el edifi cio se diseñó inicialmente en el año 1952 con un programa reducido, el cual hubo de ampliarse en el transcurso de la obra en dos unidades de talleres, almacén, una clase, un laboratorio y una emisora, para adaptarse al progra- ma ofi cial de los Institutos Laborales. Situado en la Magdalena, junto a la carretera de A Coruña a Madrid, su construcción comenzó en el año 1954 y se inauguró en septiembre de 1957, ya con la denominación de Instituto Laboral «Francisco Aguiar» autorizada en 195518.

Tenreiro Brochón es hijo del arquitecto Antonio Tenreiro Rodríguez, uno de los referentes en la primera modernidad gallega. Formado en un ambiente familiar muy vinculado al arte, se dedica- rá desde muy joven a la pintura. Durante su formación como arquitecto en Madrid asiste a clases en la Academia de San Fernando y participa de la Joven Escuela de Madrid vinculado, con sus amigos coruñeses Antonio Lago y José María de Labra, al foco vanguardista de la galería-librería Buchholz19. Una inquietud que traslada, ya instalado en su ciudad natal, a la revista Atlántida

entre 1954 y 1956.

A fi nales de los cincuenta y principios de los sesenta viaja por el norte de Europa, especialmente Escandinavia, Suecia y Finlandia, llegando a residir largas temporadas en sus destinos atraído por la arquitectura contemporánea de aquellos países. Toda su vida mantendrá el equilibrio entre su dedicación a la pintura y a la arquitectura, intentando —siempre que las circunstancias lo per- mitan— integrar ambas en su obra, como en los murales diseñados para el Instituto Laboral de Betanzos o para la central hidroeléctrica de Os Peares.

Tenreiro se documenta con los artículos sobre Institutos Laborales publicados en el diario Arriba

y atiende de un modo especial a la normativa para construcción de edifi cios docentes vigente tanto en España como en los países centroeuropeos, de los que hacía un seguimiento constante a través de las revistas de arquitectura, especialmente la alemana Baumeister, de la que se conservan varios ejemplares de los años cincuenta con anotaciones suyas.

El arquitecto describe tres aspectos importantes que caracterizan el Instituto Laboral de Betan- zos: la distribución-orientación, el terreno y la composición estética. Para la distribución se opta por seguir una solución muy similar al Instituto Laboral de Daimiel, percibida desde el esquema organizativo de la planta: «Talleres y dibujo al norte, aulas-laboratorios-gimnasio al sur, de una manera muy elástica y de fácil ampliación, circulaciones claras y no excesivamente largas y acceso

18. MONTERO GÓMEZ, Xosé Manuel y RODRÍGUEZ PORCA, Pedro. «Cincuentenario do Instituto Francisco Aguiar de Betanzos (1952-2002): Historia e conmemoración». En: Anuario Brigantino 25 (2002), p. 493

3.07 Fernando Moreno Barberá. Escuela de Maestría Industrial en Santiago de Compostela, 1959

rápido por un gran vestíbulo-salón de actos estratégicamente situado, y contiguo a la parte admi- nistrativa del centro»20.

La referencia a Daimiel nos hace recordar las palabras de Fisac, cuando explicaba su proyecto como la intención personal de crear, desde dentro, una unidad arquitectónica formada por la concatenación de los espacios exigidos por el programa: «Años después –poco erudito que soy– me enteré que a eso se le llama Arquitectura Orgánica»21. Aunque la distribución en planta es muy similar, las condiciones geográfi cas y climáticas de Betanzos llevan a una construcción muy diferente, otorgando un protagonismo a la piedra y al vidrio inexistente en el proyecto de Fisac. El terreno de soporte se trata de una marisma de fango con agua a fl or de tierra, todo ello agrava- do con una vía de agua que desaguaba en el solar; ello obligó a proyectar en dos plantas para ale- jar del suelo, al menos, una parte del edifi cio. Con esa solución, el Instituto ofrece una presencia urbana directamente relacionada con los principios de la arquitectura moderna defendidos por Le Corbusier, dónde el terreno se extiende por debajo del edifi cio y éste se eleva con elegancia y ligereza por encima.

Es en la composición estética dónde reside uno de los aspecto más singulares del edifi cio, puesto que se sitúa la intervención moderna en relación directa con la ciudad histórica: «Betanzos es un pueblo de una gran calidad monumental y plástica en el paisaje y había que tenerlo muy en cuenta en el proyecto; así, de componer todos los volúmenes de la manera más horizontal posi- ble, acentuando en la zona basamental su adaptación al terreno con unos muros de mampostería local de gran calidad plástica y además muy económicos, tratándose así de conseguir un con- junto adecuado a su fi nalidad y algo totalmente distinto del pueblo, como puede ser un árbol, y evitar así toda posible competencia de valores, que, dados los pocos recursos con que se contaba siempre, llevaría las de perder»22.

La construcción expresa asimismo la idea de combinar la arquitectura vernácula con los principios y técnicas modernas. Todos materiales y los sistemas constructivos empleados se muestran sin en- mascarar hacia el exterior. El instituto se organiza en dos áreas principales independientes: el núcleo de talleres con muros de carga de mampostería vista y cubierta de bóvedas de membrana apoyadas en una estructura central, y el núcleo de clases y laboratorios. En este último se optó por una solu- ción aérea de pórticos de hormigón armado y una cubierta muy ligera de uralita a un agua apoyada sobre correas de madera, permitiendo en todas las aulas una ventilación cruzada. Entre estos dos elementos se sitúa el ingreso-administración, fl otando sobre los anteriores a modo de junta. Tenreiro incorpora en una de las paredes interiores del edifi cio un gran mural con una abstrac- ción geométrica del paisaje brigantino. No es un simple añadido pictórico puesto que integra los elementos estructurales y algunos de instalaciones —los radiadores— como parte de la compo- sición, manifestando el interés del autor por la integración de las artes en una obra total.

El edifi cio principal es demolido en la década de los ochenta, quedando hoy en pie solamente algu- na de las construcciones auxiliares del conjunto de las que se empleaban para las prácticas agrícolas.

20. TENREIRO BROCHÓN, Antonio. «Instituto Laboral de Betanzos». En: Revista Nacional de Arquitectura 203 (1958), p. 27

21. FISAC SERNA. Op. Cit., p. 2