VIDA, OBRA Y PENSAMIENTO DE RAIMON PANIKKAR Raimon Panikkar es consciente que es un autor poco conocido en América Latina 1 y,
2.3. El pensamiento de Raimon Panikkar.
2.3.3. Interdependencia, pluralismo e interculturalidad: ejes del pensamiento de Panikkar.
2.3.3.1. Interdependencia: la trinidad radical.
R. Panikkar insiste a tiempo y a destiempo que “la realidad es pura relación”71, esto es la “relatividad radical”. Para explicarla, a él le gusta traer a colación la metáfora de la red72 en donde los nudos sólo subsisten porque están en relación unos con otros. Por consiguiente, no existen substancias, sino relaciones73.
violencias del lenguaje no son en este campo de investigación una arbitrariedad, sino una necesidad fundamentada en la cosa” (Heidegger, Was ist metaphysik? (1949) citado por Panikkar, El Silencio del Buddha, 335).
69 Ver la obra de Pigem titulada El pensament de Raimon Panikkar cuyo subtítulo es “Interdependència, pluralisme, interculturalitat”.
70 Boada, La filosofía intercultural de Raimon Panikkar, 47-67 y 99-117.
71 Para Panikkar la realidad es relatividad radical y la verdad es relación: “[…] las cosas son en cuanto están en relación unas con otras […] La verdad no es una cualidad inmutable o absoluta, totalmente objetivable en conceptos o proposiciones independientes del tiempo, el espacio, la cultura, las personas” (Panikkar, “Religious Pluralism: The Metaphysical Challenge”, 113).
72 Esta metáfora está tomada del sutra buddhista Avataṃsakaconocido como “La red de Indra” (Ver Cook, Hua-yen Buddhism: The Jewel Net of Indra, 2).
73 Esto merece una mayor explicación por parte de nuestro autor: “La dificultad de nuestra razón raciocinante estriba en su pensar substantivamente. Cuando se piensan relaciones, se piensa por lo general substantivamente, esto es, se piensan en cosas que se relacionan entre sí. Nuestra atención se ve atraída por la substancialidad de las cosas que entran en relación. Pero esto no significa pensar la relacionalidad. Si por una acrobacia del pensamiento se eliminan las substancias relacionadas, queda la pura relación, que equivale a una simple referencia constitutiva entre dos cosas. Sin embargo, las cosas siguen todavía considerándose no ellas mismas como relación, sino como el fundamento de la relación. Ahora bien, pensemos en lo que le ocurriría a la relación si sus dos términos no solamente se ponen entre paréntesis, sino que realmente no existieran fuera de la determinada relación, esto es, si no se diesen como entidades independientes. Entonces, las llamadas “cosas” se convierten en un mero concepto formal sin consistencia de ninguna clase, puesto que se han invertido los términos y no se hace depender la relación de las “cosas” sino las “cosas” de la relación.
Pero demos un paso más todavía: no pensemos la relación como una cosa (abierta por los dos lados, por así decir). No la pensemos ni como una (cosa) ni como dos (sus términos), sino seamos conscientes de su no-dualidad primigenia […] La relación no es una “cosa” que dependa de “otras” cosas previamente dadas o existentes, sino que es lo que constituye las cosas en cuanto tales [Panikkar trae como ejemplo la relación madre-hijo] […] Hasta ahora la substancia se consideraba el fundamento de la relación, de tal manera que la relación era considerada como dependiente de las cosas. En este caso la perspectiva se invierte. No hay cosas fundamento de la relación, sino que las cosas mismas no son
La realidad es la red, la realidad es relación […] En todo ser están, de alguna manera, reflejados, incluidos y representados, los demás seres. Todo nudo, dado que a través de los hilos está en conexión con toda la red, refleja en cierta manera los demás nudos. El ἐνπαντὶπαντα (“todo en todo” o “todos en todos”) de Anaxágoras, el sarvam-sarvātmakan del sivaísmo, la correlación microcosmos/macrocosmos de Aristóteles y de la Upaniṣad, el pratītyasamutpāda del buddhismo […], la perichōrēsis del cristianismo […], las teorías del cuerpo místico de tantas religiones […], la hipótesis “Gaia”, y demás, parecen sugerir una visión del mundo menos individualista.74
La relatividad radical nos dice que las cosas sólo pueden ser constitutivamente relaciones mutuas si existe una relación siempre más profunda que permita transcender la dualidad. La relatividad es radical y ninguna relación biunívoca basta para agotarla, esto es, para explicar ningún ser. “Una simple mirada al mundo nos hace descubrir que la relación entre los seres no sólo es poliédrica, sino radical, de tal manera que ningún ‘ser’ es totalmente explicado por un número limitado de relaciones. Siempre queda un ‘espacio abierto’ por encima de cualquier dualidad. La relatividad radical es la apertura constitutiva de todo el universo en todas sus relaciones”75.
En otras palabras, R. Panikkar propone el concepto de relatividad radical (a la que
también llama reciprocidad total en otras ocasiones) como una alternativa a la
concepción substantivista aristotélica. Esta relatividad radical significa que se concibe el ser como una relación pura. Esto exige dejar de lado el pensamiento lógico, en la medida en que éste piensa de forma substantiva. Se trata de comprender, no que las cosas (substantivadas) están en relación, sino que son relación; es decir, “se trata de superar la categoría del en-sí como un núcleo de la representación ontológica. El en- sí de las cosas es una ficción ontológica que ha dado poco a la noción de absoluto con una autosuficiencia. No son las cosas las que se relacionan, sino las relaciones son las que constituyen las cosas. La relatividad es completamente constitutiva”76.
Lo anterior nos lleva a comprender la razón por la cual Panikkar acuñó el neologismo
intuición cosmoteándrica77 que expresa aquella “visión de la realidad que comprende nada más que en virtud de su relación […] En una palabra, no hay “substancias”, que luego entran en relación con otras, sino que lo que llamamos “cosas” no son más que simples relaciones […].
En rigor, no hay que decir que la relación sea el fundamento de las cosas, porque ello significaría que estamos aún dentro del esquema substancialista, ya que, desde este punto de vista, no hay cosas que “se apoyen” en la relación para subsistir; esto representaría convertir la relación en substancia, o sea, equivaldría a un simple cambio de términos. Las cosas no son sino relaciones […] Ninguna relación biunívoca agota ningún ente [Por ejemplo, la madre es amiga, esposa, colega, ciudadana]. La relación es siempre polivalente y poliédrica” (Panikkar, El silencio del Buddha, 237).
74 Panikkar, La plenitud del hombre, 89-90. 75 Panikkar, El silencio del Buddha, 238.
76 Boada, “La alternativa al teisme y a l’ateisme...”, 433.
77 Panikkar utiliza el adjetivo “cosmoteándrico” y el sustantivo “cosmoteandrismo” para referirse a tal intuición o visión por razones cacofónicas. Sin embargo, por su sensibilidad al significado de las palabras, en otras ocasiones también utiliza “teantropocósmico” o “teantropocosmismo” para salvar lo que denota el término άνθρωπος en contraposición con άνδρoς. En referencia a esto : « Le terme que
lo divino, lo humano y lo cósmico, como los tres elementos constitutivos de la realidad sin subordinación alguna entre ellos”78. Así las cosas, para Panikkar la Realidad es trinitaria y, por tanto, tiene una dimensión divina, una dimensión humana y una dimensión material. Si las subjetivamos, nos resulta la tríada Dios-Hombre-
Mundo, formando una relación interdependiente. Panikkar ilustra su visión
cosmotéandrica79 con el mandala del círculo:
Quizá una mandala –el círculo– ayudaría a simbolizar esta intuición. No hay círculo sin un centro y sin una circunferencia. Estas tres cosas no son lo mismo y, no obstante, no son en modo alguno separables. La circunferencia no es el centro, pero sin centro no habría circunferencia. El círculo, invisible en sí, no es ni la circunferencia ni el punto central, y sin embargo es circunscrito por una e implica al otro. El centro no depende ni del círculo ni de la circunferencia, ya que es un punto sin dimensiones, y no obstante no sería el centro –no sería absolutamente nada en este contexto– sin los otros. El círculo, visible sólo desde la circunferencia, es materia, energía, es el mundo. Y ello es así porque la circunferencia, el hombre, la conciencia, lo envuelven. Y estas dos son lo que son porque hay un Dios, es, como les gustaba decir a los antiguos, una esfera, cuyo centro está en cualquier parte y cuya circunferencia no está en sitio alguno.
¿Qué podemos decir del mandala completo? Tenemos que distinguir lo divino, lo humano y lo cósmico: el centro no hay que confundirlo con la circunferencia, y ésta no debemos mezclarla con el círculo, pero no podemos permitirnos el separarlos. Al fin y al cabo, la circunferencia es el centro “agrandado”, el círculo es la circunferencia “rellena”, y el centro mismo actúa como verdadera “semilla” de los otros dos. Hay una circuminsessio, una perichôrêsis de los tres.80 Este mandala nos ayuda a entender por qué para Panikkar no hay tres realidades: Dios, el Hombre y el Mundo; pero tampoco hay una, o Dios, u Hombre o Mundo. La realidad es cosmoteándrica. Dependiendo de la perspectiva que asumamos, daremos prelación a un aspecto o a otro, pero una determinada “opción” no significa negación de lo otro, aunque así haya ocurrido a lo largo de la historia: “Dios, Hombre y Mundo están, por así decirlo, en una íntima y constitutiva colaboración para construir la realidad, para hacer avanzar la historia, para continuar la creación […] Dios, Hombre y Mundo están comprometidos en una única aventura y este compromiso constituye la verdadera Realidad”81. Tal compenetración hace que esta relación sea constitutiva y, al mismo tiempo, irreductible. Sus “elementos” se pueden diferenciar pero no separar. No hay ni monismo, ni dualismo, se trata de una relación a-dual (advaita). Esto es lo característico del principio cosmoteándrico:
El principio cosmoteándrico podría formularse diciendo que lo divino, lo humano y lo terreno son las tres dimensiones irreductibles que constituyen lo real, es decir, cualquier realidad en la medida que es real […] Lo que esta intuición subraya es que las tres dimensiones de la realidad nous prenons maintenant peut être compris aisément. Theos (Dieu), anthropos (homme) et kosmos (monde). Le théanthropocosmisme ou le cosmothéandrisme est une conception unitive de la réalité » (Smet, Le problème d’une théologie hindoue-chrétienne selon R. Panikkar, 8).
78 Panikkar, El mundanal silencio, 26.
79 La visión cosmoteándrica apunta a lo mismo que la intuición trinitaria o cosmoteándrica; y al parecer ambas no se alejan de la concepción a-dualista (advaita) que una y otra vez reclama nuestro autor (Merlo, “La dimensión índica del pensamiento de Raimon Panikkar…”, 42).
80 Panikkar, La nueva inocencia, 50-51; también en Panikkar, La intuición cosmoteándrica, 98. 81 Panikkar, La Trinidad, 93.
no son ni tres modos de una realidad monolítica indiferenciada, ni tres elementos de un sistema pluralista. Hay una relación, aunque intrínsecamente triple, que manifiesta la constitución última de la realidad […] La visión cosmoteándrica supera la dialéctica porque descubre la estructura trinitaria de todo, y esa tercera dimensión, lo divino, no es una “tercera” oposición, sino precisamente el mysterium coniunctionis.82
• La Trinidad radical y la ontonomía.
Por lo anterior, la realidad trinitaria “es” ontonómica. La ontonomía es el paso que – según Panikkar– la Conciencia (humana) debe dar dentro de su propia evolución,
después de la heteronomía y la autonomía. Panikkar83 entiende por heteronomía
aquella concepción del mundo y un grado antropológico de conciencia, que se funda en una estructura “monárquica” de la sociedad. Considera que las leyes que regulan cada una de las esferas de la existencia, proceden de una instancia superior y son responsables en cada caso del funcionamiento característico de tal ser particular o de tal esfera de la existencia. Autonomía es aquella visión por la cual el mundo y el ser humano son sui iuris; esto es, autodeterminados y autodeterminables, poseyendo cada
ser la ley para sí mismo. Y Ontonomía es un grado de conciencia que, habiendo
superado tanto la actitud individualista como la visión monolítica de la realidad, considera la realidad como un universo radicalmente interdependiente. Ontonomía significa “la realización del nomos, de la ley del on, ser, a ese nivel profundo en el que la unidad no afecta a la diversidad, pero donde ésta es más bien en cada caso la única y propia manifestación de aquella”84. La ontonomía “busca la posibilidad de una armonía universal que sostenga todas las cosas”85.
La ontonomía es otra forma de decir interdependencia: “Este neologismo no significa el reconocimiento de la heteronomía ni de la autonomía. La ontonomía se propone expresar el reconocimiento de las normas propias de cada ámbito de actividad o esfera de existencia a la luz del conjunto […] La ontonomía se basa en el supuesto de que el universo es un todo, de que hay una relación interna y constitutiva entre todas y cada una de las cosas de la realidad, de que nada está desconectado […]”86.
Si queremos ahondar un poco más sobre la trinidad radical, hemos de decir que la
trinidad es el símbolo más acertado para comprender la realidad porque, según Panikkar, “la trinidad no es un monopolio cristiano: prácticamente todas las
82 Panikkar, La intuición cosmoteándrica, 82. 83 Panikkar, Culto y secularización, 81.
84Smet, Le problème d’une théologie hindoue-chrétienne selon R. Panikkar, 17.
85 “Ontonomia va inteso come il nomos dell’on: onto nomos. È la regolarità interna a ciascun essere, che condiziona e governa léssere particolare nel contesto globale della realtè. L’ontonomia si realizza in una sorta di ottimismo cosmoteandrico circa la possibilità di un’armonia universale che sottende tutte le cose” (Panikkar, “Atene o Gerusalemme? Filosofia o religione II”, 49).
religiones tienen una estructura trinitaria”87 y “la trinidad no es un monopolio de Dios. Es la última estructura de la realidad. La trinidad es esa visión que considera la realidad constitutivamente relacional entre tres polos distintos, pero inseparables”88.
La interdependencia entre Dios-Hombre-Mundo conlleva en sí misma la aventura
trinitaria que no se trata de tres aventuras individuales, la de Dios, la del Hombre y la del Mundo. “La realidad última es trinitaria: ella es divina, humana y cósmica […] Hay tres dimensiones de lo real: una dimensión de infinito y de libertad que llamamos
divina; una dimensión de consciencia, que llamamos humana; y una dimensión corporal o material que llamamos el cosmos. Todos participamos de esta aventura de la realidad”89.
La Trinidad de la que habla Panikkar no es una verdad absoluta intemporal caída del cielo, ni una interpretación de un hecho que se agota en la historia. Tampoco se trata de “una inmovilización de la vida con absolutismos epistemológicos y axiológicos, ni de reducirlo todo a contingencias históricas, y luego a privilegiar unas por encima de otras. El dilema no es relativismo o absolutismo, sino el reconocimiento de la relatividad radical de toda la Realidad”90. Además, su idea de la trinidad no puede ser reducida al descubrimiento de una triple dimensión del Ser, ni a un descubrimiento racional. “Afirmamos sólo que la Trinidad es la culminación de una verdad que
87 Panikkar afirma que la división de la realidad en tres ámbitos (ya sean espaciales, temporales, metafísicos o cosmológicos) es común a todas las culturas humanas. Se trata de una invariante cultural: “It seems that envisioning reality in terms of three worlds is an invariant of human culture, whether this vision is expressed spatially, temporally, cosmologically or metaphysically” (Panikkar, The Cosmoteandric Experience, 55).
Sin embargo, J. Pigem precisa tal afirmación dejando en claro que la visión trinitaria está presente, sin duda, en el cristianismo, el hinduismo y el buddhismo, religiones en las cuales se mueve Panikkar. Con respecto al hinduismo recuerda las triadas de la trimūrti (Brahmā, Viṣṇu y Śiva), el concepto de saccidānanda (sat: ser, cit: consciencia y ānanda: beatitud), los tres caminos espirituales (trimārga) o los tres mundos (triloka) (Ver Pigem, El pensament de Raimon Panikkar, 126-127).
Lo que sí parece evidente, al menos por los estudios hechos por K. Ahlstrand y S. Eastham, es que el pensamiento de Panikkar es trinitario. A través de toda su obra son recurrentes algunas tríadas inspiradas en el cristianismo, el hinduismo y la filosofía occidental como: Padre-Hijo-Espíritu Santo, Masculino-Hombre-Femenino, Trascendencia-Encarnación-Inmanencia, Objeto-Experiencia-Sujeto, Dios-Hombre-Cosmos, Logos-Pneuma-Mythos, Karma-Bhakti-Jñana, Verdad-Bien-Belleza, Texto- Textura-Contexto, Noumenon-Mysterion-Phainomenon, Humanidad-Religión-Ciencia, Mente-Espíritu -Cuerpo, ta noêta-ta mystika-ta aesthêta (Ver Ahlstrand, Fundamental Openness: An Enquiry into Raimundo Panikkar’s Theological Vision and its Presuppositions, 148-149; Eastham, “Introducció. Una visita guiada pels tres mons de Raimon Panikkar”, 37).
88 Panikkar, Ecosofía, 28.
89 « Toute l’aventure du cosmos et celle de l’humanité constituent une ‘partie’ de l’aventure trinitaire. Il y a le Père, le Christ qui englobe tout ce que nous appelons la création, et l’Esprit. La Trinité radicale, c’est cela. La réalité ultime est trinitaire : elle divine, humaine et cosmique […] Il y a trois dimensions du réel : une dimension d’infini et de liberté que nous appelons divine ; une dimension de conscience, que nous appelons humaine ; et une dimension corporelle ou matérielle que nous appelons le cosmos. Tous, nous participons à cette aventure de la réalité » (Panikkar, Entre Dieu et le Cosmos, 135).
penetra todos los dominios del Ser y la conciencia, y que esta visión nos une a los hombres”91.
Finalmente, la interdependencia del pensamiento de Panikkar y de la realidad misma, es una voz profética ante la fragmentación en la cual vivimos. En nuestro afán de fijar límites y definir las especializaciones, legado propio de la modernidad de Occidente, hemos cometido escisiones “mortales” para los sujetos (las partes) que forman parte de una misma realidad. De esto no se ha librado el ser humano, como ya lo dijimos en el capítulo anterior e insistiremos en la segunda parte.