Como se ha apuntado en sucesivas ocasiones, la interiorización puede ser conceptualizada como un proceso por el que el material proporcionado al individuo por los “otros sociales” pasa, por así decirlo, al plano, o al dominio del pensamiento individual o intrapsi- cológico. Como señala Valsiner (1991), en esta consideración, los
“otros sociales” pueden ser individuos, instituciones sociales o, in- cluso, mecanismos mediacionales construidos culturalmente.
No obstante, esta aproximación se revela demasiado vaga y ge- nérica, y no favorece su desarrollo teórico ni permite la elaboración de metodologías de investigación. Por decirlo de alguna manera, se trataría únicamente de una especie de declaración de principios en la que se sientan las bases de dicho proceso. Pero es necesario ir más allá. Según Valsiner (1991), para superar este tipo de generalidades se hace necesario no sólo definir el proceso sino, sobre todo, especifi- car dos aspectos cruciales para su análisis.
Por un lado, se ha de aclarar qué clase de materiales son importa- dos desde lo social al mundo de lo individual. Por otro, de qué mane- ra se produce este proceso. La primera cuestión nos remite a lo se- miótico. Al igual que Vygotski, Valsiner considera que el material importado en el proceso de interiorización es de naturaleza semiótica (signos). La respuesta a la segunda cuestión es más compleja y nos va a llevar a realizar un breve recorrido por dos de los principales modelos explicativos de la interiorización que se han venido desarro- llando y quedan recogidos en un completo y detallado trabajo reali- zado por Valsiner (1991). Detengámonos un instante en esta idea.
El primero, y más tradicional, considera la interiorización como una simple transmisión cultural unidireccional. Esta implicaría una especie de trasvase. El experto (padres, profesores, instructor) pro- vee al todavía no experto (niño, alumno, aprendiz) conocimiento que es aceptado de modo pasivo por éste, o al menos, como señala Valsiner, de un modo no reconstructivo. Este proceso no supone por tanto una reorganización del material transmitido.
El segundo, considera el proceso de interiorización como una transformación del material cultural del que se apropia, de manera activa, el individuo en el proceso de construcción de su propio “self”. Esta aproximación conceptual se basa pues en un modelo bidireccional (Valsiner, 1988, 1989). Desde esta consideración, el de- sarrollo del individuo implica que el material externo que pasa a ser interno es transformado por el sistema conceptual encargado de di- cha transformación. Experiencias externas –sociales– son modifica- das y reestructuradas en un plano intrapsicológico de acuerdo con las estructuras previas. El carácter transformacional del proceso de interiorización garantiza así que el plano externo interiorizado, tal y como apuntaba Vygotski, no es una réplica interna del anterior, sino más bien una transformación de éste en una nueva realidad. Valsiner
(1988) emplea el término culturas personales para enfatizar el hecho de que el individuo es un participante activo en los escenarios cultu- rales. Es a partir de esta participación activa como el individuo llega a dominar las destrezas y habilidades de esos escenarios. Pero este énfasis en el papel activo que juega el individuo en el proceso de interiorización será considerado de nuevo al hablar de los plantea- mientos de Rogoff y Wertsch.
Esta visión transformacional de la interiorización guarda una es- trecha relación con lo que Valsiner llama una perspectiva co- constructivista del desarrollo (Valsiner, 1988). Desde ésta, el niño, o el aprendiz, se convierte en un co-constructor activo en el proceso de interiorización mediante la transformación del material cultural desde una esfera interpersonal a otra intraindividual o psicológica. Creemos que es importante anotar este hecho puesto que algunos investigadores que han analizado el proceso de interiorización han obviado la otra cara del proceso. Se han centrado únicamente en el proceso por el que lo externo se transforma en interno, dejando a un lado el análisis de cómo ese material interno puede, de igual manera, ser exteriorizado en el curso del desarrollo del individuo. Si la interio- rización fuera únicamente el proceso por el que se produce el desa- rrollo cognitivo, sería prácticamente imposible acceder a su estudio. Sobre todo porque éste tiene lugar “dentro” de la mente. Afortunada- mente, en la conceptualización de la interiorización podemos consi- derar otro proceso, opuesto pero complementario, y que implica la transformación de la experiencia interna en externa. Este proceso po- dría ser denominado como exteriorización. Como señala Oerter (1990), dicho proceso nos permitirá acercarnos al estudio del desarrollo cognitivo.
Pero, al igual que ocurría con la interiorización, hemos de tener claro que la exteriorización no es una mera réplica de la experiencia interna que reproduce la experiencia externa inicialmente interiori- zada. Es más bien una construcción. De modo similar al proceso de interiorización, la exteriorización implica una transformación cons- tructiva del material psicológico interiorizado a un plano interper- sonal (Valsiner, 1991). Sería pues un camino de ida y vuelta en el que, progresivamente, se transforma la naturaleza de los materiales sociales y culturales de los que el individuo se apropia en el curso de su desarollo. Todo esto va a tener importantes implicaciones teó- ricas y metodológicas en una concepción sociocultural de la interio- rización.
A mi juicio, estas ideas desarrolladas por Valsiner no hacen sino reabrir y traer a la palestra de nuevo la visión original de Vygotski acerca de la interiorización. Él ya de alguna manera había planteado esta consideración de la interiorización desde un modelo transforma- cional. El problema quizá radica en que Vygotski se quedó en el cam- po de lo teórico y no realizó el suficiente número de investigaciones que pudieran sustentar estas afirmaciones teóricas. Quizá su tempra- na muerte también tenga algo que ver con ello.
Por tanto, y como ya señaló Vygotski, el proceso de interioriza- ción no implica pues una copia exacta y automática, ni siquiera una mera operación de transmisión de lo social a lo individual. Más bien, se trata de un proceso que supone la coordinación de lo “nuevo” con lo “viejo” [en palabras que recuerdan a los conceptos desarrolla- dos por Wertsch (1979) acerca de la información nueva y dada –“given” y “new”–], de lo cultural con lo individual, y, sobre todo, una reestruc- turación de ambos.