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Interpretación de la desnudez en esta obra

CAPÍTULO II. PRECEDENTES: LA EXHIBICIÓN DEL CUERPO

II.1. C EREMONIA POR UN NEGRO ASESINADO (1966)

II.1.1. Aspectos generales

II.3.2.2. Interpretación de la desnudez en esta obra

La configuración escénica de esta pieza titulada Strip-tease rompe, obviamente, con las convenciones formales de este género a través del empleo de la elipsis como figura retórica; la supresión de un elemento protagonista del strip-tease: el cuerpo de la mujer. La presencia del cuerpo femenino es sustituida por los objetos, accesorios y materiales que cubren el mismo y que, en su caída encima del escenario, connotan el proceso gradual de desnudarse. En este sentido, la introducción suscesiva de cada prenda femenina constituye una mitonimia visual que revela los rastros, efectos y restos de una acción oculta. Otra transgresión formal reside en la ruptura con la continuación lógica de la acción que se concreta en la introducción de un zapato sin su pareja. Estas transgresiones formales, aparentemente sencillas, inciden directamente en el plano del contenido, en la transformación de la concepción del género de strip-tease a través de la negación del

cuerpo de la mujer se niegue a satisfacer el deseo del perceptor. La stripteasista rehúsa su función de objeto de placer y, en vez de regalar su desnudez, ofrece las pertenencias de este cuerpo como objetos eróticos. No obstante, incluso estos objetos inertes niegan a someterse por completo a la lógica del hombre.

En este sentido, Strip-tease refleja dos preocupaciones que, según X. Fàbregas (1980: 10-11), constituyen dos constantes de la poesía escénica de Joan Brossa: una es el cuestionamiento de la identidad real; la stripteasista en la presente pieza es anónima, es un fantasma; la otra es la desconfianza ante la apariencia del cuerpo humano; en Strip-tease,

éste se expresa mediante la ausencia y el rechazo de la lógica9.

Centrándonos en la concepción general del desnudo, en la “poesía escénica” de Joan Brossa y de acuerdo con las perspectivas estéticas estudiadas en los dos anterioeres puestas en escena, se notaría que estas piezas autónomas de strip-tease están dotadas de una dimensión poética y crítica. Además se emplean en servicio de otros elementos teatralizados o puramente teatrales de la acción brossiana. El juego de vestirse y desvestirse corresponde a una retórica teatral crítica e irónica. De esta manera de manera, palabra, pintura y géneros teatrales populares y marginales, confluyen en la acción, configurando un lenguaje teatral poético y plástico.

La negación de encarnar un personaje y crear un mundo de ficción hace que la producción y el estilo brossiano se incorporen en la manifestación más temprana del arte performativo y del happening. Sin embargo, el cuerpo desnudo, el de la stripteasista, exhibido desde el escenario a la italiana, mantiene la cuarta pared que le separa del espectador, afirmando un deseo de ser visto y contemplado sin romper con la distanciación asegurada por los demás recursos citados arriba. Tal vez esta intención de separar espacio escénico y sala, proporcionaría al espectador una margen de reflexión crítica y, por tanto, cambiaría su mirada, condicionada por las convenciones morales y sociales, hacia el cuerpo desnudo y particularmente al de la mujer.

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La interrogación sobre la identidad real e integridad del individuo, se da también en las últimas secuencias de Ocho números de strip-tease, en las cuales se exhiben, en clave de oposición, dos stripteasistas, una aparece recubierta con armadura medieval y la otra se quita el vestido de noche mientras se proyecta encima de su cuerpo la imagen de un esqueleto. La pieza alude a las monjas que anteriormente tenían el hábito de ducharse con camisa de dormir, por temor a que el Señor las viera desnudas. Así, la escena manifestaría una fragilidad del vestido y la potencia de la mirada, capaz de atravesar el tejido y aún más la piel, para acceder a las entrañas. Otros números reflejarían también el cuestionamiento de la apariencia material del cuerpo, empleando recursos que previenen al espectador en cada momento, para que no se deje llevar por la rutina de lo aprendido e incluso de lo lógico. En estas piezas, un personaje puede ser mitad carne y hueso, mitad pintado sobre una cortina. Asimismo, se representa a seis figuras femeninas, en las que se descomponen los seis estados de la acción, siendo una de ellas una maniquí. El factor espacio introduce una imagen que no es factible dentro del strip-tease, una acciónque se desarrolla dentro de las coordenadas del factor tiempo (Fàbregas, 1980: 10-11).

El uso del strip-tease por Joan Brossa está lejos de las habituales intenciones mercantiles y consumistas que deforman los aspectos esencialmente perversos y catárticos del género, cuando confirman una relación sadomasoquista entre intérprete y espectador, causando una intensa alienación. Según Eduard Planas (2002: 212-216), el motivo de Brossa es precisamente combatir esta deshumanización de la exhibición del cuerpo desnudo o del espectáculo de strip-tease; Brossa sólo explora el medio, poniendo en juego los conceptos y las formas de relación constituidas socialmente, para cuestionarlas o invalidarlas como vía de apropiamiento sastisfactoria. El valor del strip-tease como forma reside en la realización de dos efectos contrapuestos: el primero es liberador con relación a la sociedad y a la cultura; el segundo hace desvanecer el “supererotismo”, que emana de la acción y del cuerpo desnudo, cuando la stripteasista acaba mostrándonos lo que se ocultaba detrás de ello: la materialidad de una carne sacrificial igual que la nuestra, la continuidad de su ser detrás de la sexualidad y del erotismo convenido.

Aunque se trata aquí del strip-tease femenino, Planas subraya que la figura de la mujer en la obra de Brossa se niega a someterse a la autoridad de un mundo poderoso dominado por el género masculino. El elemento femenino en el strip-tease brossiano es elevado como forma superior en tanto desestabiliza la racionalidad del poder solamente por medio de la apariencia. En cuanto a los roles sexuales preestablecidos e impuestos a los hombres y a las mujeres, Brossa rompe con ellos a través del transformismo. Esto hace que los personajes implicados se multipliquen en numerosas formas y conductas subvertiendo continuamente todos los esquemas preestablecidos.

A partir de las propuestas estudiadas, los elementos diferenciadores del desnudo o del verdadero strip-tease, dramáticamente empleado por Brossa, se resumen en la siguiente cita de Planas:

[...] la profunda ironia, la dessexualització i el trencament amb el món, la independència respecte al consumisme del desig, el distanciament de la perversió, la renúncia a la voluptuositat anònima, a la satisfacció de la passió fatal i a la intoxicació erótica, a la mercantilització dels cossos i del sexe [...] (Planas, 2002: 215)10.

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«[...] la profunda ironía, la desexualización y la ruptura con el mundo, la independencia respecto al consumismo del deseo, el distanciamiento de la perversión, la renuncia a la voluptuosidad anónima, a la satisfacción de la pasión fatal y a la intoxicación erótica, a la mercantilización de los cuerpos y del sexo [...]» (La traducción es nuestra).