5.-ROBIN ERIC VALDIVIESO RUIZ 42
D.- INTERVENCION DE RAMOS DIEGO Y LICETTI MEGO
El siete de Mayo cuando se produjo la intervención de Ramos Diego y Licetti Mego, desconocía que el Comandante Rojas García se había ausentado, se enteró de ello cuando fue a pedir autorización para salir a verificar el Puente Córpac
En la mañana de ese día el Comandante le dijo que verifique el puente, como a las trece horas mando llamar al carro de servicio y a los diez minutos apareció el carro, era una camioneta blanca manejada por “Chino”.
La camioneta era de doble cabina, color blanco o crema, con lunas polarizadas la de los costados; era un vehículo para la zona. La manejaba el chofer, el oficial nunca maneja el vehículo de la Unidad.
Fue sólo con el chofer y nadie mas, antes fue a la oficina del Comandante a darle cuenta y no lo encontró, el “plantón” (soldado) le dijo que no estaba el comandante, que había salido, fue entonces al Oficial de Guardia a quien comunicó que saldría. Ambos estaban uniformados con pantalón verde, polo, borceguíes y solo él llevaba pistola.
Juan Peña Guerrero era el Jefe de Servicio Interno y tenía bajo su mando al Oficial de Día, al Operador de Servicio y todos se tenían que reportar a él.
Su intención era supervisar que la tropa haga bien el servicio, ya que desde antes de 1990 el Puente Córpac era objetivo de sabotaje de la subversión, por lo que la función del Batallón 313 era dar seguridad.
La supervisión se hacía indistintamente de dos a tres veces por semana.
Refiere que el personal de tropa que daba seguridad al puente era de doce a catorce personas que estaban apostados en ambos extremos del puente, había casamatas para que los soldados se protejan y estaban dispuestos en parejas, se verificaba el control del personal, de los vehículos indistintamente, se revisaban las maleteras, y se controlaba a las motos
Llegó al puente a la una y treinta de la tarde, se estacionó con la camioneta y cuando estaba bajando vio de soslayo que una moto que iba con destino de Tingo María a Castillo Grande zigzagueaba y un soldado le dio la orden de “alto” y luego se arrojó al piso porque la moto continuo sin detenerse, el soldado que estaba en la parte de atrás, intentó cargar el arma ante dicha maniobra, no cumplió con el control militar, dándose a la fuga por lo cual su reacción fue seguirlo, regresó a la camioneta y ordeno a tres soldados que suban a la parte posterior del vehículo para iniciar la persecución cerca de un kilómetro y medio. En la moto iban dos personas, el que manejaba y el que se ubicaba en la parte de atrás que volteaba en varias oportunidades para verlos, demorándose cerca a seis u ocho minutos en alcanzarla, la carretera estaba en malas condiciones y no se realizo el disparo preventivo porque estaba en posibilidad de darles alcance.
En circunstancias de la persecución la moto ingresó como para esconderse por el costado de unas casas y cuando pensaba que la había perdido y regresaban a la carretera, vio a la moto entre dos construcciones, a dos personas y un niño, los soldados bajaron inmediatamente corriendo hacia donde estaban las dos personas mayores, luego él bajo y tomo el control de la situación, se acerco y les pidió sus documentos a los adultos, los llevo hacia el lado izquierdo poniéndoles las manos contra la pared para revisarlos y ver si portaban armas, solo portaban su libreta Electoral, no tenían armas.
El niño era hijo de uno de ellos (de Ramos Diego) le dijo que vivía cerca por lo que le preguntó si sabía como llegar a su casa y al indicarle que sí le indicó que se retire.
No es cierto que hubo violencia en la intervención y tampoco había gente, no había nadie.
Respecto a la zona de la intervención no la conocía y por su abogado supo que por ese lugar quedaba una ladrillera pero él no vio nada, no ha ido a la ladrillera, desconoce que se llamara “Ladrillera Torres” y que el propietario se llame William Tello. Cuando se fue el niño les pregunto quien manejaba y Ramos le dijo “yo”; preguntó quien es el dueño de la moto y Ramos le dijo “yo”, le increpó “casi atropellas a un soldado, por qué no te has detenido”, respondiendo Ramos que sabía que lo estaban siguiendo pero que no había podido controlar la moto y que estaba con su hijo, le dio cierta credibilidad a su respuesta porque la zona era en bajada; y le repregunto que si se dio cuenta que lo seguían porque no se había detenido, porque había esperado que lo siga tanta distancia, que casi le han disparado, pero no le respondió y miraba al costado de la pista y luego lo miraba y no respondía; le llamo la atención su nerviosismo, mientras que Licetti Mego estaba tranquilo, se sonreía, observo algo fuera de lo normal, entro en sospechas, no le preocupaba si era un delincuente común o que incumplía una orden de tránsito, pensó que ocultaba algo, que era subversivo y le dijo para que lo acompañe a la Base, para determinar si tenía alguna vinculación. Los subió en el asiento posterior del vehículo y dos soldados subieron en la tolva y el tercero conducía la moto.
Pese a que no estaban armadas, que portaban sus documentos, e iban con un niño, le inspiraron sospecha porque temblaban, los subversivo no usan uniforme, no llevan armas, son hombres y mujeres y no tienen rostro; no necesitaba ver a una persona armada para saber si era un subversivo que podría estar buscando información, que podría estar encubierto, por esas razones las llevó al cuartel para investigar una posible vinculación con la subversión Iniciándose el retorno. A los soldados los dejó en su puesto y a los intervenidos les dijo que no hagan problemas y cierren los ojos, nunca viajaron en la tova, eso es mentira, ni estaban tirados boca abajo y sentados sobre sus espaldas los soldados, ni los han metido en un saco.
La intervención de esas personas no respondió a un plan de operaciones dispuesto por su Comando, fue un hecho fortuito, un hecho casual en circunstancias que hacía una verificación de rutina en el puente; refiere que si la intervención hubiera sido producto de un plan previamente estructurado se hubiera requerido de un planeamiento, el cual no hubo, y tampoco hubiera ido solo, sino con patrullas con personal armado.
Llegaron al Cuartel entre las dos y veinticinco a dos y treinta de la tarde y le dio cuenta del ingreso de los detenidos al Oficial de Guardia, Julio López Cortez a quien le decían “Chispa o Rayo”, a quien le preguntó por el Comandante, respondiéndole que aun no llegaba, se dirigió a su oficina de S- DOS e hizo ingresar a los detenidos, pidiéndole al Oficial de Guardia que le envié dos soldados de seguridad armados; ya dentro de la oficina los colocó mirando a la pared ordenándoles no hablar y que continúen con los ojos cerrados, luego los dejo en custodia de los dos soldados en previsión de que pretendan escapar; salió a buscar al Oficial de Día, el Teniente Juan Peña Guerrero, encontrándolo en el comedor de Oficiales y le informó que había llevado a dos intervenidos y que estaban en su oficina.
Debió dar cuenta de la intervención al Mayor “Gato” quien era el Ejecutivo y seguía en antigüedad pero no estaba (había ido a una base); el otro Mayor que seguía en antigüedad estaba de “bienestar”. Por consiguiente quien continuaba en antigüedad aparentemente era él.
Antes de iniciar el interrogatorio a los intervenidos, envió a llamar al Suboficial “Negro” que es especialista en inteligencia y en interrogatorios para que lo ayude, no llamó al otro suboficial de inteligencia “Chino” porque no estaba para esa fecha, le parece que estaba de bienestar.
Al no llegar “Negro” le preguntó a Ramos Diego sobre sus generales de ley, tomando nota a mano de su respuesta, le pregunta donde vivía , a que se dedicaba, donde tenia su local, quien era la persona que lo acompañaba; le respondió que vivía en Castillo Grande”, que era comerciante, de objetos, ropa y artefactos, que no tenía local, y que la ropa la llevaba al interior de Uchiza y Tocache, que la persona que lo acompañaba era un muchacho que trabajaba con él; cuando le preguntó si había asistido a asambleas populares en Castillo Grande respondió que no y que desconocía si en Uchiza y en Tocache se reunían, le preguntó también si conocía a “Lenin” y “Stalin” que eran personas que estaban registradas como subversivos, respondiendo que no; seguidamente procedió a hacer las mismas preguntas a Licetti Mego, al concluir el interrogatorio ordenó al soldado que saque la lista de sospechosos mientras el redactaba un radiograma “para apurar las cosas” dirigido a las cinco bases del batallón, solicitando se verifique si en el registro de sospechosos tenían a los señores Ramos Diego y Licetti Mego.
Como el Centro de Comunicaciones quedaba en la parte posterior a su oficina se dirigió allá para que llamen o envíen el radiograma a las bases con el pedido que la respuesta sea urgente.
Cuando eran las tres de la tarde y ya estaba de retorno en su oficina lo hicieron llamar a la Guardia porque una señora estaba buscando al Comandante, y decía ser la esposa de uno de los intervenidos.
Se identifico ante ella como el Oficial “Ruco”, y converso cerca de diez a quince minutos en la puerta del cuartel, estaba acompañada de otra señora de mas edad, diciéndole que a su esposo lo había intervenido, no diciéndole el motivo de la intervención, pero sí que tenían que esperar que regrese el Comandante porque era el único que podía determinar si los intervenidos iban a la policía o los dejaba en libertad, exaltándose la señora.
Al término de tres horas, a las seis de la tarde, recibió las respuestas de las bases con el resultado negativo para antecedentes de estas personas.
Refiere que converso con Ramos Diego en dos oportunidades y ya en la segunda vez cuando le pregunta porque no se detuvo en el puente, mas tranquilo éste le respondió que ya había pasado el control y no le había pasado nada, que luego al darse cuenta que lo estaban siguiendo no se detuvo porque tuvo miedo respondiéndole textualmente “en Tingo María uno no sabe quien es quien”; “la gente es envidiosa, es mala”.
Respecto al registro de los intervenidos Ramos Diego y Licetti Mego en el cuartel refiere que no se registro su ingreso sino cuando salieron.
Como no llegaba el Comandante Rojas no sabía que hacer, el único responsable era el Comandante y él tenía que determinar si se iban a o se quedaban los intervenidos, por lo que esperaron al Comandante priorizando su preocupación en lo que podía decir éste y no en la integridad física de los intervenidos.
Refiere que su falta de experiencia, ya que era la primera intervención que hacia, hizo que esperara tantas horas para darles soltura, sabía que el Comandante era exigente y tenían que esperarlo; al tener las respuestas de las bases redactó dos oficios dirigidos a la policía, uno solicitando los antecedentes de los detenidos y otro poniéndolos a disposición de la policía ante la eventualidad que al llegar el comandante y dispusiera ello, no los firmo porque el único autorizado en estos casos era el Comandante y no estaba, pero como estaba oscureciendo decidió darles libertad procediendo a hacer las constancias de libertad de los intervenidos, en original y en copia, las mismas que ha reconocido a fojas 03 y 04 del expediente N°107-91 (Acompañado), esto fue antes de las siete de la noche, porque era norma que toda persona que ingresaba al cuartel y no pasaba a la policía se le debía hacer su constancia de libertad. Seguidamente se las entregó a los intervenidos para que las firmen y pongan su huella digital, luego de firmadas en su presencia cada uno el original y la copia, salieron de la oficina, les dijo que cogieran la moto, y se dirigieron a la Guardia, le dijo al Oficial de guardia “estos señores van a salir, les voy dar soltura”, luego le entregó las constancias al Sub Oficial quien toma nota para ver de quienes se trataba, le devolvió las constancias, regresó donde estaban los intervenidos los mismos que se encontraban a unos cuatro pasos; subieron a su moto y salieron ya siendo entre las siete y quince a siete y treinta minutos de la noche, antes les entregó a cada uno su libreta electoral mas no la copia de la constancia de libertad ya que el original y copia se quedan en el archivo del cuartel.
No vio la necesidad de confrontar las firmas con sus libretas electorales porque firmaron en su presencia con su puño y letra. No puso en las dos constancias de libertad sello y firma de la autoridad o personal responsable de la expedición, porque no ha tenido instrucción para estos trámites administrativos, policiales, judiciales; lo único que ha hecho es seguir con lo que estaba establecido en la “Guía de Procedimientos”, y también se guió de lo que había visto en otras constancias, él no firmó las constancias de libertad porque conforme a la norma solamente la firmaba el interesado, además porque el Ejército había dispuesto que se usara seudónimos para proteger la integridad de sus miembros.
Como a las nueve de la noche, el Comandante, que ya había llegado, y lo mandó llamar preguntándole por novedades del servicio, informándole de la intervención de Samuel Ramos Diego y Licetti Mego, y de las circunstancias en que había ocurrido ésta, asimismo le dio cuenta que había verificado que no registraban antecedentes por subversión, que lo estuvo esperando y en razón que no llegaba procedió a darles soltura, preguntándole si había verificado sobre sus antecedentes y si les había hecho la constancia de libertad, respondiéndole que sí y que las habían firmado; asimismo le refirió de la llegada de una señora preguntado por los intervenidos y que estaba molesta, luego de ello el Comandante le ordenó retirarse. Desde esa ocasión nunca más le pidió explicación sobre la intervención de estas personas.
Es falso lo expresado por Belinda Ruiz que en la fecha que se intervino a los Ramos Diego y Licetti Mego hubieron otras 16 personas detenidas, ya que las únicas personas intervenidas y llevadas al cuartel fueron ellos dos.
Los testigos presenciales de la salida de los intervenidos fueron el oficial de guardia, Julio López Cortez, a quien le mostró las constancias de libertad y registro la salida, así también el teniente Peña Guerrero, Oficial de Día, si bien directamente no presencio la salida de los intervenidos pero fue a quien el suboficial López Cortez le dio cuenta de la salida; además de ellos los soldados que estuvieron de guardia también vieron. Por otro lado su defensa ha ofrecido como testigos presenciales a la señora Eloida Salazar quien vive frente al Cuartel y vende pollo, Juan Ticerán que es el empleado civil, Jefe de la Oficina de Registro Militar de Tingo María, y la señora Esperanza Leyva que vive a tres o cuatro puertas del Cuartel.
No conoce a las personas de Toribio Melitón Pérez Pérez, Luz María Grados Espíritu, testigos ofrecidos por su coacusado Rojas García como personas que presenciaron la salida de Ramos Diego.