Frente a quienes sostienen la despolitización de la ciencia, la investigación militante afirma que la investigación social implica un compromiso político en el que se destacan los conflictos de valores, intereses, ideologías, entre otros, que deben dejar de ser “mal vistos” y de hecho se promueven. En tal sentido, somos conscientes de que la política en la investigación, pero más la militancia, se encuentran cuestionadas por diferentes actores y producciones teóricas.
En la investigación intervienen dimensiones afectivas, pasiones que se construyen siempre en torno a un “nosotros” en oposición a un “ellos”. Sin un “ellos”, sin adversarios, no hay posibilidades de delimitar “un nosotros/as”, distinción necesaria para tener claridad sobre a quién y cómo estamos beneficiando con nuestras investigaciones. El aspecto político de la producción de conocimiento hace alusión a la dimensión “amigo-enemigo” u adversario. En términos de Mouffe (2007), cualquier tipo de relación social de enfrentamiento que se enmarque en las lógicas democráticas, nos permite hablar de agonismo de la política. Este no busca eliminar al enemigo, sino reconocer el conflicto de ideas y legitimar al adversario como tal (cf. Mouffe, 1999).
Como los fenómenos sociales que estudiamos van a ser interpretados de manera distinta según quien los analice, es una necesidad para la investigación militante que la producción de conocimiento se oriente explícitamente por los intereses de las poblaciones socialmente vulneradas. De esta manera es posible mejorar sus condiciones de vida o, en su defecto, actuar con una clara intencionalidad de denuncia cuando se estudia a los sectores poderosos:
Los/as científicos sociales no pueden dejar de tomar parte en los asuntos políticos y sociales de su grupo y de su época, ni pueden evitar que estos les afecten. Además, su participación personal, su compromiso, constituyen una de las condiciones para comprender el problema que han de resolver como científicos. (Elias, 1990:28). Además, este tipo de propuesta asume que no se puede llegar a una sola interpretación sobre la realidad social, sino que debemos permitir la emergencia de las diferentes visiones colectivas acerca del orden social. Esto cuestiona la pretendida objetividad de la ciencia y legitima la búsqueda de un orden social justo. En consecuencia, investigar militando refiere a un colectivo, a ideas o visiones de mundo que son asumidas por quienes investigan como un compromiso insoslayable. Para el Colectivo Situaciones (2003), la investigación militante se nutre del compromiso con causas sociales de los subalternos y se liga a ciertas condiciones: debe pensar la motivación emancipadora que la sostiene y los supuestos deben ser elaborados desde experiencias y prácticas situadas, pensando en el valor social y la contribución social que realiza.
En suma, para el/la investigador/a militante, investigar y militar es un proceso indisoluble que se refleja en su praxis y en lo que hace políticamente, ahora fundado en un estudio minucioso de la realidad y de los intereses de los/as sujetos involucrados/as. El/la investigador/a militante pretende desarrollar una teoría que dialoga de manera permanente con la práctica, que se orienta a transformar a través de la producción de saberes y de nuevos modos de relacionarse entre sujetos. Lo que guía la investigación es comprender sin olvidar el para qué, a quién sirve, a qué intereses y con qué resultados sociales. Se conoce para transformar, para modificar o introducir cambios en la realidad. De lo contrario, el conocimiento será letra muerta que descansa en las
bibliotecas de las universidades, de nuestras casas, que no se implementa y muere.
Al igual que el pensamiento decolonial y como en su práctica, la investigación militante se pregunta por los modos de construcción del saber y la validación de ciertas matrices de pensamiento e ideas que se tornan “universalizables” en detrimento de otras, subordinándolas. A diferencia de estos últimos, en el modo de producir conocimiento de la investigación militante, como sostienen Alegre, Cornavaca, Figueira, Neme, Pageau y Palermo (2010), no se reniega de la subjetividad de quien investiga y se dirige a que las maneras de conocer sean productivas antes que opresivas, ya que producen sus fundamentos desde y para los/as sujetos involucrados y sin negar la propia experiencia. Proponer una posición objetiva para investigar es una acción heredera de una posición positivista y “occidentalista”.
El positivismo, que endiosa la objetividad, ha trasladado el modo de funcionamiento de la ciencia física a las humanas y ha llevado a una hipergeneralización de lo que es y no es científico a través del procedimiento científico. Este método, disfrazado de cientificismo, no estaría contaminado por ideales y valoraciones dogmáticas, cuando, en realidad, en lugar de un grado alto de distanciamiento, se encuentra comprometido radicalmente con sus intereses. De este modo, los científicos son inducidos a seguir un rígido método que delimita los problemas que se pueden estudiar para que encajen, en lugar de buscar métodos que respondan a los problemas que se plantean. Ante dicha situación, la investigación decolonial se pregunta: ¿cuánto de colonial hay en negarnos la oportunidad de asumir nuestra experiencia y lo subjetivo de las investigaciones en nombre de un conocimiento más neutral u objetivo? Negar la subjetividad, los intereses personales y de clase se constituye en la negación de la propia persona. En ese sentido, Elias (1990) sostiene que:
Los científicos siguen atrapados en el eterno dilema. Trabajan y viven en un mundo en el que casi todos los grupos humanos, grandes y pequeños, incluso el de mismos científicos, luchan arduamente por alcanzar una posición y bastante a menudo por sobrevivir. (33).
Grupos que se encuentran enfrentados, “que bajan y suben” de la escala social, por lo que:
Es casi inevitable que la manera en que los miembros de estos grupos perciben los fenómenos sociales, las maneras en que piensan sobre estos se vea profundamente afectada por la continua amenaza a su modo de vida, a su estándar de vida y quizás a su vida misma. (Elias, 1990:25-26).
La investigación militante confronta la existencia de paradigmas científicos que sirven a los intereses de los grupos social y económicamente dominantes. Además, señala la importancia de contraponer paradigmas alternativos construidos sobre un acercamiento a los sectores populares y sus organizaciones de base, a fin de comprender por dentro la versión sobre sus propias prácticas. Opera como mecanismo de conocimiento de la oculta cultura de las poblaciones subalternas y como una búsqueda de modos de incorporar sus necesidades grupales a proyectos colectivos más generales, sin que por ello pierdan su identidad y sabor específico (Fals Borda, 1988).
En síntesis, la investigación militante no pretende finalizar en un aporte meramente teórico y que se quiere neutral, sino en estrategias y perspectivas de acción que contribuyan a un cambio social en favor de los sectores subalternos de nuestra sociedad. Esas fueron las premisas que guiaron la investigación de tesis.
1.6. En primera persona: la experiencia de investigar militando…Dos