5.4. Posición de las mujeres en la comunidad
5.4.1. Las referentes
Las mujeres que se llaman a sí mismas referentes son aquellas que cuentan con una posición de poder relevante en la comunidad y concentran prestigio en base a la gestión de recursos y propiedades acumulados a lo largo de sus trayectorias de participación. Se las conoce en el lenguaje común como
punteras. Este es un modo coloquial (y también académico) de denominar despectivamente a líderes barriales que gestionan recursos a través del apoyo a un funcionario público gubernamental de algún partido político o para un candidato político, y que requieren a cambio recursos de diversa índole para sostener el trabajo territorial.
Durante la década del noventa, la figura del o la puntera apareció fuertemente en la escena social a partir de referentes barriales que asumían tareas de gerencia de planes sociales en los que se instrumentaban las políticas focalizadas del gobierno (cf. Peralta, 2006). En teoría, la función del o la puntera
era generar procesos de selección de beneficiarios de recursos por conveniencia, de modo de obtener la dependencia de quienes necesitan determinados recursos, planes, etc.
El uso académico de esta denominación responde, para nosotras, a lo que Quirós y Vommaro (2011) caracterizan como el modo habitual en que los estudios sociales abordan las prácticas políticas de los sectores populares: produciendo falsas dicotomías que no contribuyen a comprender el fenómeno en cuestión. En particular, la figura del o de la puntera responde a las “dos visiones
morales” con que se ha explicado desde la academia “la política popular”: “el clientelismo y la resistencia”, “el puntero o el militante comprometido”. Estos enfoques dicotómicos presentan visiones negativas o románticas de la política que se denominan “prácticas clientelares” o “prácticas de resistencia” (Quirós y Vommaro, 2011: sd).
Las prácticas políticas clientelares serían aquellas que se movilizarían únicamente por el cálculo económico y la búsqueda de acumulación de poder, para el “uso” o manipulación de los/as otros/as. Mientras que las prácticas de resistencia se interesarían por la transformación, el compromiso y la lucha. Como sostiene Quirós (2011):
La idea de la resistencia involucra una razón legítima: esa gente va [o participa] por adhesión a un conjunto de ideas, por convicción o compromiso hacia alguna causa; mientras el clientelismo convoca razones ilegítimas: esa gente va por interés, a la espera de algún beneficio o va por necesidad, una necesidad que otros, los poderosos, aprovechan y manipulan (17).
Estas visiones morales y economicistas de la política nos desafían a encontrar nuevas explicaciones para responder por qué los/as sujetos participan, sin caer en afirmar que “son las dos cosas” como terminan haciendo muchos estudios sociales que, con buenas intenciones, pretenden superar la anterior dicotomía (cf. Quirós, 2011:275). El desafío es problematizar estos enfoques reproducidos no solo por la academia, sino también por otras instituciones sociales y por los/as propios/as sujetos con los/as que trabajamos. El discurso sobre lo voluntario, lo que se hace de corazón o por convicción, se opone a lo interesado, lo clientelar y lo meramente económico. Nos concentramos en desandar esa dicotomía para poder ver, como dice Quirós (2011), “qué otras cosas hay además de esas dos” (276) como, por ejemplo, la política como producción o como gusto y placer69.
Desde esta perspectiva, para tomar distancia de esa caracterización negativa que censura el accionar político de los sectores populares, optamos por llamar referentes a estas mujeres, tal como ellas mismas se denominan. No obstante, no pretendemos adoptar así un lenguaje neutral, obviando los conflictos que dicha posición supone, sino poner de relieve otras dimensiones de sus prácticas y de su lugar social.
Las referentes comparten los problemas estructurales de tipo económico, social y de acceso a derechos que aquejan a las familias de toda la comunidad. No obstante, al mismo tiempo, garantizan diferentes recursos con que los que
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familias no cuentan, como la organización de festejos y actividades comunitarias, ya que concentran recursos materiales y relaciones sociales estratégicas. Esto es lo que diferencia sus competencias -en calidad de capacidad diferenciada de relación y poder relativo (Costa y Mozejko, 2002)- de las del resto de las mujeres. Ser referente de una comunidad supone concentrar reconocimiento de parte de personas u organizaciones externas, grupos, familias y vecinos/as en base a la capacidad de gestión de recursos, planes y programas estatales para la comunidad. Es una posición para la que se trabaja durante años y que debe ser permanentemente reafirmada a través de las acciones que mencionamos y de su reconocimiento público. Además, para sostener su capital simbólico y social, las referentes deben presentar sus tareas e intervenciones comunitarias como ajenas a la política partidaria, e inspiradas por un interés de tipo social.
En base a estas competencias discursivas y prácticas, a sus trayectorias, a la acumulación de recursos y gestión de relaciones sociales -sobre todo con funcionarios del Estado y partidos políticos gobernantes que concentran recursos estratégicos-, algunas mujeres son reconocidas como necesarias para su comunidad. Legitimadas para cumplir funciones de gestión, representación y mediación con el afuera comunitario, “son la cara visible” de la comunidad frente a los agentes externos para reclamos ante el Estado, gestión de servicios, obtención de recursos de diverso tipo e, incluso, atención de emergencias familiares: “es un respeto que me tienen y no soy más que ellos, un ser humano sin arma. Solo quiero sacar adelante mi barrio y no solo este. ¡Me he metido en todos lados! Porque soy ideal para eso” (Ana, Entrevista, 2013)
Las referentes son personajes conocidos y claves para sus comunidades. Nadie en su barrio desconoce quiénes son, cuáles son sus prácticas políticas y con quiénes se relacionan dentro del sistema político. Ocupan una posición de representación de sus comunidades para los agentes externos, lideran o dicen liderar organizaciones formales e informales como centros vecinales, fundaciones, cooperativas y organizaciones de base. Presentan múltiples afiliaciones políticas y se asocian a diferentes partidos, funcionarios públicos, organizaciones políticas y sociales. Lejos de identificarse con un único espacio político, sus estrategias políticas consisten en no “pertenecer” a ninguna organización en particular y estar en condiciones de solicitar, reclamar y demandar recursos y ayuda a todos:
Hoy en día soy referente del movimiento barrial peronista y hago de secretaria de Lucas Bosio, que es el secretario general del Movimiento, es funcionario del CDR y de Nación. Él es K y trabaja para los K (…) Y en la elecciones trabajo para la Olga (…) Por ser referente de las Tablitas y de Primeros Años, por CECOPAL con los trámites de migrante, me llaman por teléfono de la radio para que sea corresponsal popular. (Miriam, Entrevista, 2013).
A las mujeres referentes, acuden los/as vecinos/as en busca de ayuda, por la gestión de algún servicio, recurso o asesoramiento y también se dirigen las críticas, denuncias y sospechas de corrupción que habitualmente expresan los/as vecinos/as en charlas informales y en entrevistas. Por eso, al igual que las figuras políticas públicas, deben cuidar su imagen pública tanto ante los vecinos como ante los agentes externos, lo cual implica mostrarse como “honestas”, “desinteresadas” y “eficientes”: “me dice: ‘vos en Villa Libertador pisás fuerte, sos la única referente que trabaja desinteresadamente, ¡que haga el laburo que vos haces!’” (Rosita, Entrevista, 2013).
Para ocupar los cargos que detentan, algunas han sido votadas por los miembros de sus comunidades o lo obtuvieron por delegación de algún/a vecino/a debido a una cualidad que públicamente su comunidad les reconocía, como saber hablar, conocer gente de fuera, entre otras. Inclusive, muchas crearon las propias organizaciones que dirigen (por ejemplo, fundaciones y cooperativas) o gestionaron su propia posición en un camino de acumulación de relaciones políticas para la distribución de recursos en las familias de la comunidad. Así, demostraron capacidad de acción política, encontraron oportunidades para vincularse con funcionarios públicos, políticos de partidos de gobierno y obtuvieron diferentes recursos de esa relación que distribuyeron entre sus vecinos/as: “y se fue corriendo la bola de que Doña Rosa va a hacer tal cosa. Llegaron 70 chicos…y así me fui haciendo conocer” (Rosita, Entrevista, 2013).El testimonio de Ana también ilustra esta situación:
Cuando ya era gobernador De La Sota, yo le serví la mesa, no era nada, compartí la mesa y él era un pescadito que no lo conocía nadie. Si venía Mestre nos juntábamos y hacía venir gente, y trabajaba para él. Para Ilia, para Chii, para Schiaretti, para todos
que den beneficio a la gente. Y así ellos preguntaban por una referente que lleve gente y todos apuntaban para acá. Y como yo siempre cuando tenía algo, yo les daba. Y si venía alguien y pedía comida, yo le daba un plato. Venían a dormir acá y yo dormía en el suelo. (Ana, Entrevista, 2013, sic).
Entre las acciones que realizan, encontramos tareas de gestión para el acceso a los servicios públicos, reuniones con funcionarios políticos de los distintos niveles del Estado, organización de reuniones y/o asambleas vecinales y actividades propias de la dinámica/vida de sus organizaciones:
Y dentro de la zona trabajo hasta la actualidad, en este momento con cosas que afectan a la comunidad, no a las personas, al sector. Pero he estado trabajando con problemas que afectaban a la comunidad, la falta de comunidad, la luz, no teníamos luz normal sino gancho. O no teníamos asfalto, pusieron asfalto por cosas que yo hice (Mary, Entrevista, 2012).
Dicen hacer lo que hacen porque quieren colaborar con las problemáticas de “su barrio, de su zona y de su gente”, en relación a lo cual relatan experiencias de liderazgo y de competencias para la organización:
Y bueno, después, este, empecé a hinchar por la obra del agua que estábamos enganchados clandestinos de la red de Villa Libertador. Entonces yo hablé con la gente, vamos a poner la mitad nosotros y la mitad ellos (…) Después cada uno hace lo que quiere dentro de la casa. (Mary, Entrevista, 2012)