5.5. Posición de género
5.5.1. Ser mujer es ser heterosexual y femenina e interesarse por “cuestiones de
Como sostiene Fernández (2014), la mujer es una imagen social, una ilusión, una invención que se comparte socialmente, que se recrea diariamente desde diversos mitos con los cuales se produce realidad. “La mujer” construida a través del mito adquiere tanta fuerza de verdad que a veces opaca las verdaderas maneras de ser mujeres: “es una chica suavecita, muy femenina, es tonta, de todo tiene, la amo, te juro, mi preferida Valeria, es divina, nunca va andar en cuento y es bien mujercita” (Teresa, Entrevista, 2013).
Sin embargo, hay marcadas diferencias entre lo que se debe ser, que impone el mito, y lo que se es en las prácticas. Esa negociación entre discurso y práctica se evidencia en el relato de las mujeres de las diferentes comunidades que, preocupadas por acercarse al mito de ser mujer, al estereotipo de “lo femenino”, parecen no cumplir con la mujer de “la ilusión” (Fernández: 2014: 61). Según Fernández (2014), esta mujer sería “sexualmente pasiva, frágil, emotiva, dependiente y predestinada a la maternidad.” (61).
Consideras “mujeres que parecen varones” (en el lenguaje coloquial “marimachos”) por no ser delicadas, por interesarse no solo por los problemas hogareños y domésticos, sino ocupadas también en el espacio público y en tareas consideradas de varones, varias de las mujeres entrevistadas se sienten sancionadas socialmente. Así como también, expresan su malestar con la crianza familiar donde se les imponía un modo de ser niñas, jóvenes y mujeres que no respondía a los propios intereses y necesidades: “mi mamá no quería saber nada de que hiciera fútbol, cosas de hombres. Nada, ella quería que fuera una señorita, más que una cenicienta de ella. Pero a mí me gustaba lo otro.” (Miriam, Entrevista, 2013).
En la práctica, estas mujeres desmienten varios de los aspectos que sustentan los estereotipos de género, como los temas que les interesan y desean, lo que valoran, generalmente asociado a los varones:
Y ahora estoy sola, mantengo los chicos, hago el trabajo que podían hacer ellos los hombres, puedo soldar, pintar, aprendo, cavo, hago, qué más puedo pedir. ¿Para qué quiero un hombre?
Para besos sí, mimos, pero no me hace falta (Lidia, Entrevista, 2014)
El testimonio de Gise también ejemplifica esta cuestión: “como ella tenía a todas tan sometidas, no sé qué se pensó, porque era como yo la chica y nunca se pensó que yo le iba pelear con trompadas, no con rascuñazos.” (Gise, Entrevista, 2013, sic).Así, valores, comportamientos y gustos asociados con la masculinidad dominante son expresados por estas mujeres como propios y vividos con contradicciones que a veces las lleva a ocultarlos y otras a enfrentarlos públicamente:
Yo creo que una es libre de gustar a las mujeres o no, no es que el cuerpo te va a cambiar por dentro. Seré muy fuerte, leal, trabajadora, pero no marimacho (…) De chica me gustaba el arma, el fútbol, todos me decían: ‘sos muchachona, machona, que sos media para el otro lado…machorra’. Las que me dicen por jugar al fútbol, andar con armas, me pusieron ‘pepita la pistolera’. (Lidia, Entrevista, 2014, sic).
A su vez, muchos de esos gustos colocan en duda la heterosexualidad obligatoria y asumida como lo natural, como lo que debe ser. Ser acusadas de “machonas”, de “que te gustan las mujeres”, es considerado un insulto y un estigma social difícil de sobrellevar. Sanciones públicas que producen discriminaciones al momento de entablar vínculos con otras mujeres, de relacionarse con los varones sexualmente, así como conflictos familiares por las decisiones y modos de vida que llevan adelante estas mujeres: “mi mamá no me entiende, me dice: ‘qué haces hablando de esas cosas con tu papá, ¡que son cosas de hombres, chica!’” (Vero, Entrevista, 2013). Además, hay temas que no son de mujeres ni de varones, que “son de ellos, los gays”, los travestis que se plantean como ajenos, como sujetos “otros”, a quienes no se piensa como pares o cuyas vidas no tienen el mismo valor (cf. Butler 2010).
5.5.2. Ser mujer es estar organizada, ser más sensible hacia los problemas de la familia y de la comunidad
Entre las características que se asocian con las mujeres, encontramos las siguientes: estar siempre organizadas, sacar la familia adelante, ocuparse del bienestar familiar y comunitario. Tendrían una sensibilidad especial por los problemas de los demás y propenderían a la solidaridad debido a su rol de madres. Estas creencias se materializan en muchas de sus prácticas cotidianas, en los modos en que organizan su participación:
Porque son las mujeres las que siempre están organizadas, las que llevan la copa de leche, los apoyos escolares, es la mujer, la mujer está en la casa. Es como que la mujer es la que siempre está organizada, porque se separa y quien queda con los chicos es la mujer, con los chicos, la casa y toda la mar en coche, entonces es estudio grande que se hace ¡y siempre fue así! (Mica, Entrevista, 2014)
Yo pienso que las mujeres sentimos más las necesidades del barrio también que el hombre, porque si bien el hombre vive en el barrio y está afectado, pero no es como la mujer que está todo el día metida, que sabe bien la problemática del barrio, de un vecino, del otro. En cambio el hombre al trabajar no tiene horas para saber qué pasa. Mi marido si un vecino necesita va, pero enfocarse así no. (Niria, Entrevista, 2014).
Otras características que mencionan es ser “más responsables” y tener más “empuje” que los varones. Las mujeres, aunque no lo parezca según ellas, “llevan las rienda, más ¡la batuta!” de la familia (Lorena, Entrevista, 2012). Ese empuje puede observarse no solo en la posición que ocupan en la familia sino en la política. Según estas mujeres, los varones son escépticos respecto a las posibilidades de transformar la realidad, parecen haberse dado por vencidos y considerar que la salida “de la miseria” es a través del esfuerzo individual y no del colectivo organizado. Para las mujeres, la decepción que experimentarían los varones respecto a la participación política se explica en la pérdida del rol de
proveedores cuando se trata de resolver las necesidades básicas de la familia, o por la sobrecarga de trabajo que no permite tiempo libre para organizarse, así como a las sucesivas defraudaciones que han experimentado en la política partidaria. Mientras que ellas creen y experimentan que es a través de la participación en grupos que organizan las agrupaciones externas al barrio, a través de las gestiones o de la movilización en la calle, donde se encuentran muchas de las soluciones a las privaciones cotidianas, desde recursos materiales y básicos como el alimento, a espacios de recreación y culturales.
También, señalan actividades, modos de asumir la política que son experimentados con contradicciones porque ponen en jaque ciertos mandatos de género, roles, tiempos que deberían ser destinados a la familia y lo doméstico, que -en cambio- se destinan a “hacer política”. Estos son constitutivos del hacer de las mujeres militantes sobre todo:
Yo milito 24horas para el movimiento y es literal. Yo tengo que dejar a mis hijos y, bueno, algún vecino lo cuida o se lo encajo al padre, o alguien lo cuida. De algún lado saco la plata, o sea, yo dejo todo, mis hijos, mi casa, porque esto progrese, por hacer que los demás progresen. (Miriam Libertador, Entrevista, 2014).
5.5.3. Las mujeres serían naturalmente histéricas, celosas y más