El acto de leer como lo dice Pérez (1997) se desglosa del estudio del psicoanálisis con relación a la lógica y a la ética, buscando así, hacer preeminencia en la importancia que tiene ésta con la investigación y el proceso individual de aprendizaje, por ende, el proceso de lectura es considerado el acto de interpretar un texto que maneja tres tiempos: lectura intratextual, donde solamente se interpreta un único texto sin contar con alguna ayuda externa, lectura intertextual, se realiza un análisis del texto ya leído, mediante la comparación con otros textos y por último la
33 lectura extratextual, en donde se obtienen los conceptos enunciados más elementales del texto inicial y de los textos secundarios, para concluir con una progresiva interpretación.
Cada tiempo tiene su nivel de importancia, pero para generar un buen proceso lector es conveniente darle mayor importancia a la lectura intratextual, ya que si no se desarrolla ésta no se podrían evidenciar las demás. Esta lectura consigue ser fundamental a la hora de manejar una condición ética de la discusión obteniéndose a través de la investigación y la relación entre texto y lector.
Leer y escribir dos conceptos y habilidades imposibles de separar en el proceso de aprendizaje de cada individuo, dos acciones que logran desarrollarse inicialmente en la escuela, enfocadas a que el alumno adquiera habilidades o competencias lectoescriturales y a su vez un buen manejo del discurso, posteriormente a que esa relación lectura- escritura consiga ser un objeto útil en la experiencia social de cada ser humano, es decir que el leer y el escribir sean un camino esencial e importante en el diario vivir de cada persona con la finalidad de generar aportes positivos a la sociedad.
Dentro de este marco, el de la lectura Solé (1992) concibe la comprensión de la lectura como una determinación de sentido que se le atribuya a la misma actividad, aquí se refiere al sentido en dos aspectos, inicialmente al ser consciente de lo que se está haciendo, es decir entender por qué se genera esa acción, y en un último
34 aspecto encontrar interesante ejecutar estos procesos para poder involucrarse y producir más sentido a esta acción de lectura.
Al leer se es consciente que enfrentarse a un texto es acceder a las ideas que un autor sustenta, pero igualmente se genera una interacción con la larga lista de experiencias y conocimientos que maneja el lector, aquí es donde entra a jugar el papel de los tres momentos que existen a la hora de interactuar con un texto ya sea académico, literario, cultural, etc. El primer momento reside en instaurar una intención de lectura, en donde se obtenga lo que se espera encontrar, en un segundo se inicia la activación de aspectos que se involucran en la lectura como los conocimientos del lector, la discusión del texto y el lector o el aporte social, y el último momento se encamina a concluir la lectura con la depuración conceptual y las necesarias relecturas que se le debe hacer al texto.
Los procesos lectores se dividen en dos, por un lado se encuentran los procesos básicos y mecánicos (reconocimiento de las grafías y fonemas para la decodificación de los mismos) y por el otro los procesos mentales superiores que incluyen categorías mucho más amplias para el desarrollo de la lectura, paralelo a esto, la escritura también tiene sus dos procesos en los cuales Cassany (1987) los define como:
Por un lado, tenemos operaciones simples y mecánicas, que afectan a la producción física del texto: hacer la caligrafía clara, dejar los espacios necesarios entre palabra y palabra, aplicar correctamente las reglas gramaticales, etc. Por otro lado, en el acto de la expresión escrita intervienen,
35 además, procesos más complejos que requieren reflexión, memoria y creatividad: seleccionar la información para el texto, planificar su estructura, crear y desarrollar ideas, buscar un lenguaje compartido con el lector, etc. (p. 9)
Es decir que para Cassany estas dos macroestructuras deben funcionar a la par, el autor de un texto debe tener en cuenta que por un lado debe poseer conocimientos básicos del código escrito conocido como el uso de la gramática de una lengua y por otro lado la composición de un texto a lo que se refiere con las estrategias comunicativas que emplean para que un lector comprenda su texto. Estas dos estructuras se complementan desde múltiples microestructuras la primera (el código escrito) se fundamenta en lo conocedor que debe ser un escritor en cuanto al uso de la gramática, morfosintaxis, los mecanismos de cohesión en un texto, las diferencias de coherencia según el tipo de texto y la diversidad sociolingüística de la lengua (Cassany, 1987), entre otras categorías.
En relación con la composición de un texto, un escritor debe tomar como punto de referencia esos conocimientos del código y aplicarlos a diferentes realidades y los diferentes tipos de texto. La composición de un texto es la categoría más compleja, ya que aquí se ponen en juego los aspectos antes mencionados, y además aparece el interlocutor conocido como lector quien es la persona a la que va a ser dirigido el texto. En conclusión como menciona Cassany (1987) “el proceso de composición está formado por el conjunto de estrategias que utilizamos para producir un texto escrito. Estas estrategias son la suma de las acciones realizadas desde que
36 decidimos escribir algo hasta que damos el visto bueno a la última versión del texto” (p. 11).
Teniendo en cuenta el planteamiento mencionado y la complejidad que tiene el desarrollo del mismo, se presentan múltiples reflexiones sobre qué es la escritura y por qué es tan difícil su dominio, por qué no es un hábito en nuestro contexto y cuáles son las razones a las que se debe este fenómeno, se podrían citar múltiples estudios e investigaciones que dan muestras cualitativas y cuantitativas de esta problemática, teniendo como centro lo importante que es coordinar los procesos lectoescritores en una sociedad como la colombiana donde no adquiere el valor que debería y como lo menciona Avellaneda (2015) es “una herramienta cultural valiosa a la hora de aprehender y aprender los diversos significados elaborados por la ciencia y la cultura” (p. 177).
Los procesos de la lectura y la escritura son inseparables; de manera paralela los dos cumplen grandes funciones para el desarrollo como seres sociales, porque de esta manera podemos construirnos significativamente ante el mundo que nos rodea, eso es lo que lo convierte en un proceso importante y un arma frente al contexto que se nos presenta, como lo afirma Avellaneda (2015) “Debemos partir de entender que la escritura es la que posibilita niveles mayores de abstracción que son necesarios para una mejor y mayor comprensión del mundo social, cultural y físico” (p. 178). Es decir, la escritura es un instrumento que debe ser usado con sabiduría y a conciencia para que desde ahí se puedan propiciar contextos más críticos, propositivos y analíticos que beneficien el mundo en su totalidad.
37 A partir de reconocer la importancia de la lectura y la escritura desde su particularidad, en todos los aspectos de la vida de los individuos que conforman la sociedad, es preciso establecer la fuerte relación que existe entre estos dos importantes procesos base en la formación como personas, teniendo como presupuesto que la lectura y la escritura son manifestaciones de lo humano, permiten dar a conocer intenciones, propósitos, pensamientos entre otras cosas, por tanto son procesos que reflejan el buen el uso del lenguaje y en ese sentido, “Lo esencial del lenguaje no son absolutamente los sonidos, ni los gestos, ni las imágenes, ni las grafías. Lo esencial del lenguaje es la utilización funcional del signo y esto es lo que corresponde al lenguaje humano” (Martínez, 1999).
Teniendo en cuenta lo anterior, el entorno social contemporáneo, el cual se encuentra en constante transformación y desarrollo, donde surge la interacción entre la información que circula y el entorno, requiere de sujetos independientes en todos los sentidos, que su pensamiento esté dispuesto a contribuir con la mejora de la sociedad y debe responder a las necesidades de la comunidad contemporánea, es por ello que se requiere de no solo un buen uso sino también dominio de las competencias lectoras y escritoras pues son la base fundamental del pensamiento crítico, reflexivo y propositivo que tanto requiere nuestra sociedad - a esto se debe el carácter complejo de la lectoescritura-, lo plantea Parodi (2003):
Como se sabe hoy en día, estos lectura y escritura no son simples procesos que por el momento, puedan describirse como unidades autónomas y muy
38 bien delimitadas estructuralmente; por el contrario, los lectores/escritores ejecutan una multiplicidad de operaciones, muchas de ellas casi simultáneamente. Por tanto, el estudio de estas dos habilidades discursivas desde una misma perspectiva teórica y con el objetivo de arrojar luz sobre sus conexiones constituye un área relativamente nueva y de particular interés. (p .20)
A partir de los antecedentes que plantea Parodi (2003), que tienen que ver con la relación entre lectura y escritura, se rescata que ésta relación no es reciente. Se han presentado varios estudios al respecto, pero no se les ha dado la importancia que requieren; pero debido a los avances que ha traído consigo el mundo contemporáneo, se hace necesario tomar en consideración la importancia de las competencias lectoescritoras, no como aspectos independientes como anteriormente eran vistas y enseñadas en la escuela desde una perspectiva tradicional, es decir, no existía la relación entre los dos procesos. La escritura era no más, que la ejecución de la acción, que requería conocer acerca de las estructuras y reglas básicas de la lengua. La lectura por su parte, constaba de un sujeto lector pasivo que llevaba a cabo un proceso mecánico (decodificar, traducir y memorizar contenido) en ese sentido, el lector no era parte activa del proceso sino que por el contrario se ubicaba fuera del texto como simple observador y posterior reproductor de las ideas textuales.
El surgimiento de “paradigmas otros” con respecto al estudio de la relación entre lectura y escritura, son el resultado del desarrollo y transformaciones que la
39 sociedad ha presentado con el paso del tiempo, a su vez ello permite que las prácticas educativas cambien, con el fin hallar no solo la relación sino también sentido a la articulación de las dos competencias y de fortalecer los procesos lectoescritores en todos los niveles de escolaridad como lo manifiesta Parodi (2003) en ese sentido:
Un aspecto que parece de crucial importancia es que el aprendizaje de la lectura y la escritura no debe entenderse como centrado en la educación primaria inicial, es decir, saber leer no es -ni siquiera en esa etapa- un saber decodificar. La planificación de la enseñanza de la lectura y la escritura, con énfasis en los aspectos de la conexión, atañe a todo el sistema escolar, tanto primario como secundario, ya que ellas son habilidades que deben ser desarrolladas durante un largo período de tiempo y cuyos contenidos no se agotan en los primeros años de manejo del código formal, pues -tal y como se ha insistido- ellos implican mucho más que ello. (p.150)
Ahora bien, en el contexto real, para desarrollar las habilidades lectoescritoras se hace necesario en primer lugar aumentar el número de investigaciones al respecto, para determinar las falencias que se presentan comúnmente en el proceso y que afectan todos los entornos que rodean al sujeto, para posteriormente tomar acciones que permitan con el tiempo, un buen uso de la lengua materna, como resultado de adecuadas prácticas lectoras y escritoras, en segundo lugar, en las prácticas educativas, se lleven a cabo propuestas que estén en pro del desarrollo del lenguaje donde se dé pase de lo tradicional, interdisciplinar, pertinente para la
40 sociedad y contexto general. Que además se haga énfasis en la creación de textos que no les sean lejanos, desconocidos o poco interesantes, a los estudiantes sino que por el contrario, estén relacionados con el contexto, con la realidad que viven día a día, así de esta manera, el maestro estimula al estudiante y prestaría atención a los procesos cognitivos que se producen al realizar las dos actividades (lectura- escritura) por tanto se comprenda la complejidad, importancia e influencia que tienen en todos los entornos y labores de las personas. En tercer lugar, es importante en los aspectos nombrados que se reconozca al tipo de lector y creador, como sujeto activo a lo largo de todo el proceso. Entonces todo lo anterior, permite desarrollo de habilidades comunicativas, el deseo por comprender lo complejo del lenguaje y hacer buen uso de él, aprender y aprehender su lengua.
Es importante considerar además, que en la actualidad nuestros niños y jóvenes presentan otro tipo de intereses que han traído sobre todo, los avances tecnológicos, dedican cada vez menos tiempo a la lectura y mucho menos a la producción de textos escritos, no demuestran interés, no les llama la atención… se debe entre otras cosas a como se mencionaba anteriormente, a las prácticas educativas implementadas por los docentes, Peronard (1997) manifiesta que es debido al desánimo que asumen.
Por la renuencia de sus alumnos a cumplir con las lecturas obligatorias de los programas; o los padres, buenos lectores en su juventud, que no entienden que sus hijos no se interesen por las obras que tanto deleite les produjeron a ellos en aquella época. (p. 25)
41 La responsabilidad entonces, no recae solamente en los padres o docentes, es un asunto que va más allá, es una responsabilidad de la sociedad en general, que debe asumir y responder de manera pertinente y rápida a la problemática, para lograr un cambio de pensamiento y perspectiva hacia lo que concibe como aprendizaje del proceso lectoescritor, qué importancia tiene y para qué sirve y además la perspectiva hacia el entorno en el que se relacionan las personas en el día a día.
Por lo tanto, se debe ir en concordancia con el ritmo en que se dan las transformaciones que el mundo trae consigo, ya que los hábitos mentales de nuestros niños y jóvenes, como lo afirma Peronard (1997) “se han adaptado al apremio, a la transitoriedad; necesitan el cambio; rehúyen la permanencia. En pocas palabras, el ritmo de vida de jóvenes y adultos en las grandes ciudades resulta incompatible con la quietud mental necesaria para gozar un buen libro” (p. 26). Es en este punto donde es fundamental en la sociedad contemporánea, el papel que las prácticas lectoras, dejando de lado las prácticas tradicionales que Parodi plantea con relación a la lectura y a la escritura, por el contrario, llevar a cabo procesos que permitan la interacción de todos, la relación de los dos procesos con la realidad social, que contribuyan con la formación de personas con pensamiento crítico, reflexivo y propositivo.
La lectura no es simplemente un proceso de decodificación, es decir que, aunque leer sea un acto cognitivo se debe propender la formación de experiencias lectoras más allá de la lectura de grafías y fonemas que se componen en palabras y
42 oraciones. En consecuencia, dar cuenta del rol del docente-investigador que se preocupa por formar ciudadanos lecto-escritores, implica asumir nuevas experiencias de lectura/ escritura y en consecuencia, demuestra que la investigación de estos dos procesos en la escuela es una labor diaria y constante que debe ser adaptada según las necesidades de cada contexto escolar (Chacón, 2016).
Teniendo en cuenta lo anterior, para Monroy (2016) el propósito de la escuela es asumir la lectura y la escritura como “un proceso de construcción de significado y de sentido desde prácticas cognitivas, discursivas y socioculturales” (p.308). De igual manera, la escuela debe contemplar la idea que para alcanzar el éxito y para ser líderes letrados, la lectura y la escritura deben ser procesos fundamentales, que hacen parte de las dinámicas y situaciones sociales diarias y significativas.
Respecto a esto, Lerner (2001) afirma que:
Lo necesario es hacer de la escuela una comunidad de lectores que acuden a los textos buscando respuesta para los problemas que necesitan resolver, tratando de encontrar información para comprender mejor algún aspecto del mundo que es objeto ; de sus preocupaciones, buscando argumentos para defender una posición con la que están comprometidos o para rebatir a otra que consideran peligrosa o injusta (…) Lo necesario es hacer de la escuela un ámbito donde lectura y escritura sean prácticas vivas y vitales, donde leer y escribir sean instrumentos poderosos que permitan repensar el mundo y reorganizar el propio pensamiento, donde interpretar y producir textos sean
43 derechos que es legítimo ejercer y responsabilidades que es necesario asumir. (p.26)
Al hablar del fortalecimiento de las competencias lectoescritoras, en términos de Inestroza (1997) no se pretende generar nuevos procedimientos para enseñar a leer y escribir, se busca transformar e indagar sobre nuevas actitudes frente a los dos procesos (lectura y escritura) pero además considerar al niño como un sujeto activo que lee y escribe con un propósito y en una situación significativa. Es decir que la lectura y la escritura deben estar relacionadas con las experiencias que el contexto le brinda al niño/niña y deben ser funcionales para la resolución de conflictos que le ofrece su realidad; es ahí donde adquieren valor. En síntesis, la autora plantea que se debe “aprender a leer y escribir, leyendo y escribiendo en un ambiente estimulante, integrando la vida cotidiana del niño con sus actividades de lectura y producción de texto” (p. 48).
44 CAPÍTULO III
1. Metodología