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E JERCICIOS DE MANIPULACIÓN

In document MIMO (página 135-138)

E l mimo y el mundo exterior

7.2. L A CREACIÓN DE OBJETOS

7.2.2. C REACIÓN DEL VOLUMEN

7.2.3.2. E JERCICIOS DE MANIPULACIÓN

Proponemos a continuación una serie de ejercicios de manipulación. El número puede ser ilimitado, pues cada objeto requiere un tratamiento especial, así como cualquier modificación por parte del sujeto.

1. Manipulación de materias diversas: pasta, arena, goma, chicle.

Tener en cuenta el tipo de material: (consistencia, dureza, flexibilidad, peso...) 2. Manipulación a través de la construcción de breves secuencias de acciones coti-

dianas:

- Tomar la chaqueta del armario, vestirla, abotonarla. - Quitarse la chaqueta, volver a colocarla en el armario. - Ponerse los calcetines.

- Ponerse los zapatos, atarse los cordones.

- Lavarse las manos, el rostro, peinarse, ponerse corbata, lazo. - Lavarse los dientes, cepillarse, limpiar los zapatos.

- Enhebrar una aguja, coser un botón. - Abrir una puerta, salir, cerrarla. - Abrir un paraguas, cerrarlo.

- Escribir una carta... - Etc.

Estos ejercicios comienzan por ser gestos simples, bastante exteriores, neutra- les, para ir complicándose poco a poco, hasta expresar sentimientos, estados de ánimo (satisfacción, alegría, pena), haciendo intervenir a todo el cuerpo en la expresividad. Por ejemplo: escribir, pero ¿cómo escribir? ¿quién escribe? No es lo mismo un poeta que escribe algo bello, romántico, etc., que escribir sobre otro tema u otro personaje. Leer el periódico, pero ¿quién soy, qué leo, qué impresión me da la lectura, qué me interesa...?

3. Manipulación de objetos en el juego de los oficios. Este tema, aunque es clásico, puede ser útil como entrenamiento para habituarse a imaginar, para comenzar unos pequeños encadenamientos, ordenados paso a paso. Habrá que hacer los gestos más característicos, esenciales, resumir limpiamente sus acciones, y todo ello en unos segundos.

Pongamos un ejemplo: “el pianista”.

1. El pianista entra en escena con las partituras en la mano. 2. Saluda al público a derecha, a izquierda, al centro. 3. Agradece los aplausos.

4. Se dirige al piano. 5. Coloca sus partituras.

6. Se sienta. Abre la tapa del piano. 7. Se concentra. Comienza a tocar.

En la pequeña historia pueden hacerse cambios que prolonguen o cambien la historia. Por ejemplo, las partituras se le caen al suelo, se busca la comicidad o una idea concreta: es un pianista despistado, nervioso, muy lento, muy rápido, con un tic...

Tener en cuenta que lo cómico es más rápido en movimientos, más cortado, a golpes.

Lo trágico es más lento, como suspendido, más ligado, más serio. Y siempre (esto sirve para todos):

a) Condensación. b) Claridad significante. c) Seguridad y precisión.

7.2.4. EL CONTACTO

El mimo tiene la facultad de ponerse en contacto con su entorno, un mundo invisi- ble aparentemente. Debe estar abierto a la realidad, mantener los sentidos despier- tos para recibir las impresiones, sentirlas y hacerlas visibles al público por medio de su actividad corporal. Su mano entra en contacto con una mesa y lo muestra con el movimiento de la mano, su oído entra en contacto con un sonido y lo muestra con el movimiento de la cabeza, sus ojos localizan a alguien y lo muestra con el movimiento de su cabeza o con el gesto de su brazo llamándole...

Las impresiones de las cosas provocan una reacción verdadera en el cuerpo del mimo que, a su vez, traslada al público, haciendo que éste redescubra el mundo y se conmueva ante su contemplación.

En este caso el fin justifica los medios empleados, los trucos para burlar las leyes de la naturaleza, de la materia. Según esto, el mimo es un mago que con un pequeño juego corporal puede recrear una ilusión que todos pueden comprender fácilmente.

Veamos, seguidamente, el orden en la acción del contacto.

El cuerpo comienza un movimiento en dirección a donde se supone que está el objeto. Cuando ha llegado a alcanzarlo, se detiene, puesto que su superficie, la delimitación de su volumen le impide continuar el movimiento. En ese preciso instante, con esa pequeña pausa de choque, el mimo hace ver el punto donde comienza su relación táctil con el objeto. Lo destaca con un acento, con un brusco golpe de energía, con una breve pausa. Está claro que el contacto con la superfi- cie del objeto puede establecerse con una o varias partes del cuerpo del mimo. Sólo esas zonas que tocan se pondrán rígidas, el resto permanecerán relajadas, inalteradas, como indiferentes ante la presencia del objeto.

Ese golpe en la detención del cuerpo al entrar en contacto con el objeto se deno- mina comunmente “toc”. El “toc” es un pequeño acento que puede ser hecho con cualquier parte del cuerpo -más comunmente con las manos- y que sirve para destacar en un instante una acción, mediante una descarga, más o menos intensa, de energía. Como ya sabemos, según sea la forma externa del objeto, así se apro- ximarán las manos a él (rectas o curvas).

Mantener este orden de cosas exige atención y control corporal en el mimo.

7.2.5. LOS PUNTOS FIJOS

Es una de las técnicas empleadas para crear la ilusión de los objetos.

En este momento ponemos nuestra atención en objetos, cosas que ocupan un espacio fuera de nosotros y permanecen fijos, inmóviles en un espacio dado. Nuestro cuerpo (generalmente las manos) crea, diseña un objeto inmóvil y mantiene un contacto con él.

Para dar la impresión de esa realidad objetual fija, la parte del cuerpo que está en contacto con ella también debe permanecer inmóvil, aunque el resto pueda moverse.

Podemos concluir que en cada caso existen dos puntos fijos:

a) El objeto que ocupa un espacio fijo.

b) La zona corporal que está en contacto con dicho objeto.

Para comenzar el entrenamiento pondremos nuestro cuerpo en contacto con estructuras o cosas reales para experimentar cómo funciona la disociación de zonas.

Consideramos, en primer lugar, el suelo como punto fijo de referencia. Tenemos un pie pegado al suelo (imaginamos que ha caído en una trampa).

Todo nuestro cuerpo se mueve, el otro pie cambia de lugar, intentamos avanzar, pero el pie no se despega del mismo sitio.

Pasamos a tomar como punto de referencia una columna, una pared, una puerta... Una mano está unida, pegada a ese punto, mientras el resto del cuerpo, sobre todo los pies, se desplazan, se trasladan por el entorno, se acercan, se separan hasta el límite máximo que podamos sin llegar a separar nuestra mano del punto real de referencia o punto fijo.

Lo hacemos también pegando las dos manos.

Hemos analizado el comportamiento de nuestro cuerpo en unas situaciones imagi- narias, y comprobamos que no hay dificultad en conseguir el objetivo.

Normalmente los objetos están en un plano vertical u horizontal y son de superficie plana o curva. A estas características tiene que adaptarse la zona de nuestro cuerpo que contacte con ellos.

Por regla general, el contacto se realiza con una o las dos manos, por lo tanto, ellas serán ahora las responsables, el foco de atención en nuestro trabajo.

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