Jeremy Waldron no está tan seguro como Pettit de que la teoría de la no dominación se distinga con claridad del concepto positivo ni del concepto negativo de la libertad. En su texto “Pettit’s Molecule” Waldron ha sostenido que, si es observada desde el punto de vista de la arbitrariedad, la teoría de Pettit muestra una importante semejanza con las teorías de la vertiente positiva, y si es observada desde el punto de vista de la capacidad, se muestra como una variante complicada de la vertiente negativa.
Remitiéndose a Berlin, Waldron suscribe la caracterización de la libertad negativa como la ausencia de interferencia externa con la acción de una persona; concretamente, la ausencia de interferencia humana (2007, 143). Sin embargo, enseguida introduce una aclaración: si hemos de ser estrictos, la expresión libertad negativa designa una familia de posturas o teorías que tienen en común el entender la libertad como la ausencia de algo, y que no están comprometidas con respecto a lo que, en el espacio libre de interferencia, debe existir para que una decisión sea considerada libre. Dentro de esta familia diversas posturas o teorías se diferencian entre sí, entre otras cosas, por lo que cada una reconoce como interferencia: unas entienden que sólo la restricción u obstaculización física es interferencia, mientras otras admiten también la amenaza y conductas similares; unas admiten sólo la obstaculización deliberada, otras la derivada de negligencia o de otros actos intencionados. En cuanto a la libertad positiva, Waldron explica que aún con mayor claridad constituye una familia de posturas, comoquiera que hay numerosas explicaciones diferentes de lo que hace que una decisión sea libre. No hay una, pues, que sea la concepción positiva de la libertad (144).
A pesar de que Waldron sostendrá más adelante que la teoría de Pettit es susceptible de ser considerada, en uno de sus aspectos, como una teoría positiva, cuando comienza su
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exposición prefiere enfatizar que es una teoría muy cercana a la vertiente negativa, “porque está interesada por lo que sucede fuera del agente, en su relación con otros, no con lo que sucede adentro, cuando se dice que el agente es libre o ilibre [unfree]” (2007, 144-145). En la teoría de Pettit, según la lectura de Waldron, la libertad es un asunto de “dependencia e independencia en tanto relaciones entre personas” (145).
Más concretamente, y entrando en materia, Waldron explica que en la teoría de la libertad como no dominación “que yo sea o no independiente de otro es una cuestión relativa al poder que tiene ese otro, que le da una capacidad de interferir conmigo, ejerza o no dicha capacidad. Porque muy bien puedo ceder ante los que tomo por deseos o intereses de otro sencillamente porque me percato de que puede coaccionarme; no necesito esperar hasta que en efecto lo haga” (2007, 145). En virtud de esta consideración Waldron encuentra un primer aspecto distintivo de la teoría de Pettit en su énfasis en la capacidad; se refiere a esto como “the capacity point”. Y dado que a Pettit no le preocupa toda capacidad de interferencia, sino sólo la capacidad de interferir arbitrariamente, Waldron destaca la arbitrariedad como un segundo aspecto distintivo de dicha teoría; este es “the arbitrariness
point” (145).
Como se habrá advertido, bajo el subtítulo anterior de este trabajo he anotado que son precisamente estos aspectos, la capacidad y la arbitrariedad, ambos referidos a la interferencia, los que le dan su significado específico al concepto de dominación tal como lo entiende Pettit, y en los que en última instancia descansa la distinción entre el ideal de libertad como no interferencia y el de libertad como no dominación. La distinción entre un ideal y otro depende de la distinción entre interferencia y dominación, y, puesto que dominación es capacidad para la interferencia arbitraria, se comprende que el edificio de Pettit se apoya en esos dos puntales que son la capacidad y la arbitrariedad.
Sin embargo, no debemos olvidar que sobre la teoría de Pettit también recae la exigencia de explicar por qué no es una teoría positiva,7 y que, en lo fundamental, la respuesta de Pettit a
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Pettit ha explicado que “Berlin perfiló las fidelidades de los teóricos contemporáneos, haciendo de la libertad negativa un ideal sensible y levantando serias dudas sobre las credenciales de la libertad positiva”
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esta cuestión consiste en que su propuesta “es negativa, en la medida en que requiere la ausencia de dominación ajena, no necesariamente la presencia de autocontrol, sea lo que fuere que este último entrañe” (1999, 77); y es que, puntualiza el autor, “la ausencia de dominación por otros no garantiza el logro del autocontrol” (41). Recordemos por otro lado que, según el planteamiento de Berlin, el “deseo de autogobierno” y la correlativa distinción entre un yo autónomo, verdadero y superior y un yo heterónomo, espurio e inferior (cf. 2008, 64-65) fácilmente derivan en lo que él considera el error típico de la concepción positiva, a saber, confundir la libertad con otra cosa (cf. 52). De la exposición de Berlin se sigue que, puesto que el principio o ideal que se identifica con el yo autónomo es juzgado como deseable y como bueno, la libertad termina por equivaler a, o depender de, determinada concepción del bien.8 Por eso, desde la perspectiva negativa, se habla de concepciones de la libertad “moralizadas”, como veremos en seguida.
Waldron comienza su examen de los dos conceptos distintivos de la teoría de Pettit por el de la arbitrariedad (arbitrariness point), y lo hace en un apartado titulado “Moralized Conceptions of Liberty”, en el que trae a cuento la cuestión de si la teoría de Pettit se distingue de las teorías de la familia positiva o bien coincide con ellas. Waldron explica que la formulación típica de las teorías de la libertad moralizadas (positivas) puede resumirse en la fórmula “la libertad consiste en el poder de hacer cualquier cosa que no dañe a otro”, o bien “carecer de restricciones para hacer el mal no es libertad” (2007, 151). Estas definiciones tienen la consecuencia de que “la interferencia con P no está excluida cuando impide que P atente contra los intereses de Q, o cuando impide que P obre incorrectamente” (151-152). La definición de libertad de Pettit, por su parte, “tiene la consecuencia de que la
(1999, 35). El mismo Pettit asume, como se vio en el apartado anterior, la exigencia de distinguir su teoría de las de la vertiente positiva.
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Escribe Waldron: “Fue precisamente la identificación de la libertad con la virtud (y la inferencia de que la restricción del vicio no era restricción en absoluto) lo que más preocupó a los liberales acerca de las teorías de la libertad positiva” (1993, 321), y en nota anexa cita “Dos conceptos de libertad”: “Una vez adopto este punto de vista, estoy en situación de ignorar los deseos expresos de hombres y sociedades, de intimidarles, de oprimirlos y torturarlos en nombre de sus «verdaderos» yoes y por su bien, en la seguridad de que sea cual sea el verdadero fin del hombre (la felicidad, el deber cumplido, la sabiduría, la sociedad justa, la autorrealización) ha de ser idéntico a su libertad” (cf. Waldron 1993, 458, n. 20; Berlin 2008, 63).
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interferencia con P no es arbitraria cuando está en sintonía afirmativamente [attuned
affirmatively] con los intereses y opiniones de P”, y de esta manera, atendiendo a los
intereses de P, la definición de Pettit pretende distinguirse de las teorías moralizadas. Pero ¿qué sucede en la teoría de Pettit cuando P quiere obrar incorrectamente o cuando quiere hacerle daño a Q?, ¿cómo puede la interferencia ser no arbitraria si no está en sintonía con el interés de P en dañar a Q? Pettit —explica Waldron— “dice que la interferencia no arbitraria con P sigue algunos de los intereses de P (sus intereses ‘relevantes’) y no otros” (152).
Waldron cita el caso, que propone Pettit y que expuse más arriba, del individuo que, aunque reconoce tener un interés en que el Estado cobre determinados impuestos y está conforme con que lo haga por medio de ciertos procedimientos, quiere que se lo exceptúe a él de ese pago. En tal caso, dice Pettit, los intereses relevantes serían los que este individuo comparte con otros, no los que lo hacen una excepción, “pues el Estado está concebido para servir a otros a la par que a mí”. La interferencia del Estado, entonces, a la hora de exigirle a este individuo el pago de sus impuestos no será arbitraria y, en consecuencia, no constituirá dominación (cf. Pettit 1999, 82; Waldron 2007, 152).
Esta definición de la no-arbitrariedad basada en el interés, afirma Waldron, no necesariamente equivale a una definición de la no-arbitrariedad moralizada —es decir, a una definición esencialmente cargada de un contenido axiológico, y en concreto dependiente de juicios éticos—, pero sí se le aproxima, “pues puede haber casos de índole moral [moral cases] en los que exista un conflicto de intereses o en los que los intereses relevantes no sean compartidos”. Así, en palabras de Waldron, hay en la concepción de Pettit “una definición parcialmente moralizada de la no-arbitrariedad” (2007, 152). Que haya un caso de índole moral en el que exista un conflicto de intereses significa que en la decisión de cuál es el interés relevante, y por consiguiente en el juicio o los juicios acerca de si hay o no arbitrariedad, dominación y pérdida de libertad, intervienen necesariamente —puesto que el caso es de índole moral— juicios de valor éticos (Putnam 2004b, 46 y ss.). Más concretamente, en un caso como este la decisión de si hay o no hay pérdida de libertad dependerá de algún juicio ético.
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Después de exponer su posición acerca del aspecto de la arbitrariedad en la teoría de Pettit, Waldron recuerda que el segundo aspecto distintivo de esta teoría es el de la capacidad (capacity point): “la afirmación de que la libertad como no dominación no está preocupada por las interferencias efectivas sino por el potencial para interferir, puesto que la gente puede responder (o ser conducida a responder) al potencial incluso si nunca es puesto en ejercicio”, y se pregunta esta vez si este aspecto es suficiente para distinguir completamente a la teoría de Pettit de las teorías de la familia negativa (2007, 154). Waldron responde que no, por dos razones.
La primera consiste en que Pettit exagera la importancia del mero potencial de interferencia si se lo considera aparte de la perspectiva de que se haga efectivo. Según Waldron, si P sabe que Q puede interferir, por medio de la fuerza o de amenazas, en sus decisiones, pero sabe con certeza que nunca interferirá, es improbable que la capacidad de Q sea un motivo de preocupación para P; “y si a nosotros nos preocupa en nombre de P, es sólo en la medida en que pensamos que P puede estar equivocado en su evaluación” (2007, 154-155). En consecuencia, sigue Waldron, “es la expectativa [the prospect] de la interferencia, no el mero potencial, lo importante, y es importante precisamente en términos de la magnitud de la expectativa. La interferencia en sí misma […] está en el frente y en el centro del escenario en este cálculo. Todo lo que hacemos, con la idea de la capacidad, es averiguar [figuring out] la probabilidad [probability] de su realización”. Así pues, si lo relevante es la magnitud de la expectativa de interferencia y no el potencial, es la interferencia misma la que está en el centro de la evaluación, tal como en la idea negativa (154-155).
La segunda razón por la que el aspecto de la capacidad no basta para distinguir completamente a la teoría de Pettit de las teorías de la familia negativa consiste en que “es equivocado suponer que la tradición negativa carece de interés por cualquier probabilidad [probability] de interferencia, aparte de su efectuación”. Ha sido característico de esta tradición, por el contrario, el preocuparse por las concentraciones de poder y asuntos similares en la sociedad, incluso anticipándose a su ejercicio. “Podemos estar alarmados
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por la probabilidad de la ilibertad [unfreedom], sin decir que la probabilidad sea ilibertad” (Waldron 2007, 155).
Los dos aspectos distintivos de la teoría de Pettit son los que Waldron ha llamado capacity
point y arbitrariness point. En lo que concierne a la capacidad, sostiene Waldron, si la
libertad negativa es ausencia de interferencia, y la libertad como no-dominación es
ausencia de capacidad para la interferencia arbitraria, aunque son concepciones diferentes,
la segunda es sólo una versión complicada de la primera (2007, 154), pues en última instancia es la interferencia en sí misma lo relevante para ambas (155). Por esta razón, la verdadera diferencia entre la concepción de la libertad como no dominación y la concepción de la libertad como no interferencia parece ser el punto de la arbitrariedad. Ahora bien, si la diferencia entre ambas radica en la arbitrariedad, dice Waldron, la teoría de la no dominación “se muestra como una genuina competidora de la tradición liberal de la libertad negativa”, pero se asemeja mucho a una concepción positiva de la libertad (154).
Pero a sus consideraciones relativas al asunto de la capacidad Waldron suma una nueva observación concerniente al pretendido contraste entre una concepción de la libertad que pone el énfasis en la interferencia y una que lo pone en el potencial para la interferencia. Se trata de una observación acerca de “la forma en que construimos nuestras teorías acerca de la libertad”. Es claro, dice el autor, que cualquiera sea la concepción de la libertad que se adopte, puede afirmarse que “determinada persona puede ser libre con respecto a algunas de sus decisiones y no a otras, o en algunas ocasiones y no en otras, y con respecto a algunas áreas de su vida y no a otras”. Así, los miembros de una sociedad dada pueden no estar de acuerdo en lo relativo a las áreas de elección en las que son libres, o en lo relativo a la extensión de la libertad de que disfrutan en estas áreas. De acuerdo con esto, “puede haber una diferencia entre lo que decimos que es la libertad, lo que decimos que significa ser una persona libre y lo que una sociedad tiene que ser antes de que estemos dispuestos a considerarla una sociedad libre”. Lo cierto, piensa Waldron, es que no hay nada automático en el paso desde una teoría sobre lo que es la libertad a una teoría normativa que nos dice cómo disponer las libertades e ilibertades en el ámbito individual y en el social (2007, 155).
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De conformidad con estos diferentes estratos en que puede considerarse la libertad Waldron reconoce en la formación de las teorías sobre el tema dos niveles, que compara con el atómico y el molecular en el ámbito de la materia. En una teorización plausible de la libertad negativa, explica el autor, el nivel atómico puede corresponder a las acciones individuales:9 “Decimos que una persona, P, es libre para llevar a cabo una acción del tipo A en el tiempo t1 cuando no hay nada en la forma de interferencia humana que detenga, bloquee u obstruya esa acción”10
(2007, 156). Como se ve, en este nivel existe ya una estructura (acción, interferencia, etc.) que admite controversia, y uno de los aspectos de esta controversia puede ser si a la libertad negativa se le atribuye valor en el nivel atómico: ¿debe evitarse la interferencia con una acción? Una decisión como esta depende de muchas consideraciones, y el valor puede postergarse para el nivel molecular, en el que, por ejemplo, podría formarse una molécula con el rótulo de persona libre. Lo importante, para Waldron, es que el interés por la interferencia en sí misma o por cierta forma de ella derivará en asuntos como su diagnóstico, prevención, castigo, etc. Y así, la característica de la capacidad en la teoría de Pettit sólo agrega un nivel, una capa más en la formación molecular de una teoría derivada de los átomos de una preocupación por la interferencia (2007, 156-157).
Waldron advierte que, considerados los diferentes niveles de la teorización sobre la libertad, la cuestión de la libertad que disfruta una persona “es una cuestión de grados”. Empezamos con la libertad de P para realizar cierta acción en un momento concreto. “Por una suerte de agregación, podemos también querer hablar sobre la libertad de P en relación con una gama completa de tipos de acción o con toda una serie de ocasiones”. Luego es posible hacer comparaciones entre personas o entre diferentes momentos de la vida de una persona… De esta manera podemos querer determinar una concepción de lo que es una
persona libre, “con el procedimiento de indicar una especie de umbral de libertad que una
persona necesita o que debería ser acordado” (2007, 157). Isaiah Berlin, recuerda Waldron,
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Waldron escribe: “On one plausible approach to theorizing about negative liberty, one might say that we begin at the atomic level —the level of individual actions” (2007, 156). Se refiere a las acciones individualmente consideradas, no a las acciones de un individuo.
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“We say that a person, P, is free to perform an action of type A at time t1 when there is nothing in the way of external human interference stopping, blocking, or obstructing that performance”.
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“sugiere que pensamos en términos de ‘un cierto mínimo’, tal que si la libertad se reduce más allá de ese mínimo para una persona puede decirse de ella que está efectivamente ‘esclavizada’ ” (158). Pero es respecto de este mínimo, enfatiza Waldron,
[…] que la teoría de la libertad negativa se hace insistentemente normativa. […] la libertad sólo se vuelve una pasión y un principio y cualquier cosa semejante a un absoluto moral en el que he llamado el nivel molecular, donde Berlin intenta precisar cuánta libertad debe ser considerada como un mínimo moral. Nótese también que en orden a explicar este principio de la necesidad moral de asegurar una cierta libertad mínima, Berlin excede con mucho los austeros límites de la libertad negativa como tal y habla acerca de crecimiento propio
[self-development], etc. A medida que la teoría se hace molecular, más que atómica,
comienza a articularse con otros valores, más allá de los involucrados en la simple especificación de la libertad negativa en el nivel atómico [it starts to
engage with other values, beyond those involved in the simple specification of negative liberty at the atomic level]. (2007, 158)
Observemos que, de acuerdo con la postura de Waldron, es en el nivel atómico, esto es, en el de las acciones individualmente consideradas, donde tiene su lugar más propio el concepto de interferencia, pues para juzgar si una acción es o no es libre no disponemos de otro criterio que el de la interferencia. De la exposición de Waldron se sigue que, en cambio, cuando se trata de juzgar si una persona o una sociedad son libres tienen que intervenir consideraciones adicionales a la de si hay interferencia: puesto que una persona puede verse obstruida en unas áreas y en otras no, y en unos momentos sí y en otros no, no bastará decir que “padece interferencia” para que tenga sentido la afirmación de que “no es una persona libre”, y es evidente que una consideración análoga vale para la afirmación “no es una sociedad libre”. La crítica que Waldron dirige contra la teoría de la no dominación consiste en que, en cuanto injiere el criterio del interés relevante en la decisión de si hay o no arbitrariedad, Pettit admite la intervención de juicios de valor éticos en la decisión de si determinada interferencia comporta o no una pérdida de libertad. Dado que en Pettit el concepto de arbitrariedad sólo se entiende por referencia a la interferencia, sea esta