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John Maynard Keynes

UNIDAD VI. EDAD CONTEMPORANEA.

CARL MENGER (1840-1921) E VON WEISER (1851-1926)

9.1 John Maynard Keynes

9.2 Esquema de las teorías de Keynes 9.3 El New Deal en los E.U.A

9.4 Resultados del New Deal

ASTUDILLO URSÚA Pedro, Lecciones de Historia del Pensamiento Económico, Sexta Ed. Editorial Porrúa, México D.F. 1988.

HERRERIAS Armando, Fundamentos para la Historia del Pensamiento Económico., Cuarta edición, Editorial Limusa, México D.F.

ZALDUENDO Eduardo A., Breve Historia del Pensamiento Económico tercera edición, Editorial Macchi, México D.F.13.1 Marginalismo (Neoclásicos)

John Maynard Keynes, economista inglés de gran renombre en nuestro siglo, nació en Cambridge, estudió en Cambridge —en donde fue uno de los discípulos más brillantes de Alfred Marshall— y ejerció la docencia en la Universidad de Cambridge. Sus obras más famosas, cuyo contenido influyó en la política económica de Inglaterra, fueron, en orden cronológico de aparición, las siguientes:

1. Consecuencias económicas de la paz (1919). 2. Tratado sobre la probabilidad (1921).

3. Reforma monetaria <1923).

4. Consecuencias económicas de W. Churchill (1925). 5. Tratado sobre el dinero (1930).

6. Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (1936). 7. ¿Cómo pagar la guerra? (1940).

Como es fácil observar, por el titulo de las obras, Keynes se interesó fundamentalmente, por los problemas monetarios, lo cual le valió, seguramente, ocupar el importante puesto de Director del Banco de Inglaterra (además de otros relacionados con su especialidad). Fue tanta su fama, que el gobierno inglés le otorgó el titulo nobiliario de lord.

Para los fines de este capítulo, la obra que más nos interesa analizar, por su contenido económico y social, es Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero. Unos renglones previos servirán para entenderla mejor.

Hasta antes de la Guerra Mundial 1, la desocupación, en realidad, a pesar de existir, no revestía la importancia que adquirió después. Tan es así, que durante el siglo XIX casi no se habló de ella. Los clásicos, por ejemplo, la consideraban como un fenómeno transitorio, voluntario, puesto que, decían, los trabajadores que han perdido su empleo se niegan a trabajar en otros jugares con un salario más bajo. Marx también opinó: estimaba que la desocupación tenía como causa el exceso de población trabaja- dora y, corno consecuencia, había más trabajadores de los que se necesitaban.

Keynes, sustenta un punto de vista diferente. El cree, y trata de demostrarlo, que hay un permanente desempleo’ que no es voluntario; es el llamado paro forzoso o involuntario.

En efecto, la desocupación principió a preocupar a los interesados en el problema, a raíz de hacerse más ostensible la especialización del trabajo, lo cual tuvo lugar después de la Guerra Mundial I. Pero el fenómeno tuvo caracteres catastróficos en los años posteriores a 1929, año en que se inicia la Gran Crisis, la mayor que ha padecido

países (a nivel mundial, como dicen algunos escritores), en unos más que en otros, ya se trate de países viejos o de países nuevos, de países ricos o de países pobres.

Ante este panorama, la doctrina no tuvo otra alternativa que ocuparse del problema y, por tanto, de investigar sus causas y proponer remedios, sobre todo después de la Guerra Mundial II. Ahora, las causas de la desocupación se buscan:

1. En los cambios estructurales de la economía.

2. En las relaciones existentes entre los factores productivos. 3. En la falta de equilibrio de las economías de mercado.

4. En las dificultades inherentes al paso de una economía de guerra a una economia de paz, tales como:

a. Fricciones entre industriales y obreros.

b. Distribución no equitativa del ingreso nacional.

c. Disminución del ahorro, consecuencia de las devaluaciones.

d. Limitaciones en el movimiento de bienes y servicios, así como el ocupacional.

Todos estos elementos se han confabulado, aunque, claro, en forma desigual, según el país de que se trate, para hacer inoperante el equilibrio económico preconizado por los clásicos.

De aquí que el Estado se vuelva más intervencionista, a medida en que son más agudos los problemas que plantea el desequilibrio económico que caracteriza a nuestra época, si es que puede llamarse desequilibrada a la economía que vivimos.

En el caso de la desocupación, el Estado no puede ser, ahora, un simple espectador de la miseria en que se debaten los parados. El laissez.faire, aunque, no haya sido absoluto nunca, está pasando a la historia, aunque en algunos países más lentamente que en otros.

Se observa que a los gobiernos actuales si les preocupa el problema. Pero ¿cómo lo vienen atacando? En general, con una intervención económica más vigorosa, más efectiva, más clara y más firme. Debe ser así. Lo contrario sería abandonar a los grandes grupos de población a su propia suerte, porque, desafortunadamente, todavía hay muchos países en donde el movimiento obrero es tan poco fuerte, que no puede por si solo obtener los niveles de vida a que el trabajador tiene derecho. Concretamente, los gobiernos de hoy tratan de acabar con la desocupación, cuando menos en forma parcial, mediante la ejecución de obras públicas, a efecto de dar trabajo a quienes no lo tienen, fortaleciendo así al consumo de bienes y ser vicios, mediante el salario que devengan.

a la construcción de carreteras, puentes, FF. CC., obras de irrigación y de electricidad, etc., deben representar un aumento real de la riqueza nacional, o sea, que mejoren las condiciones económicas generales de la nación, provocando con ello nuevos empleos de la mano de obra.

Y esto es en realidad lo que debe hacerse, porque en la doctrina inicial se admitía, inclusive, la realización de proyectos de obras improductivas, nada más con el único objeto de dar ocupación a quienes no la tenían. No sólo Keynes tuvo una actitud favorable a esta idea, sino que también otros pensadores. Lo importante era dar trabajo para generar ingresos y así nuevos consumos; es decir, era menester alentar al “multiplicador”: nuevos ingresos crean nuevos consumos: nuevos consumos generan nuevas inversiones; nuevas inversiones crean nuevos ingresos; y así sucesivamente.