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En 1794 en la ciudad de Antioquia, el esclavizado Joaquín Zapata fue juzgado por ―beneficiar‖ y vender reses en el mercado sin la autorización de sus amos. Durante el proceso penal que se le siguió durante varios meses, dilatado por su fuga de la cárcel y recaptura, varios vecinos presentaron indicios de que Joaquín era el responsable de diversos hurtos de ganado confesados en su declaración.67 Las afirmaciones de los testigos acerca de que, desde años atrás, Joaquín ―trata[ba] y contrata[ba] por sí solo‖68 comprando reses, llevándolas a la ciudad, dándoles muerte y en ocasiones pagándolas a sus dueños sin que ellos tuvieran intervención alguna, parecen resumir la situación de otros esclavizados quienes, mediante conductas ilegales como el hurto, lograron granjearse cierto grado independencia de sus amos. La historia del mulato Joaquín Zapata sugiere una imagen de la esclavitud la cual, más que de cadenas y de castigos, estuvo hecha de intentos de autonomía por parte de los esclavizados. No pretendo insistir en una discusión en torno a la dureza del sistema esclavista neogranadino ni mucho menos negarla; mi intención es presentar una mirada de la esclavitud a partir de los indicios proveídos por los documentos judiciales, en este caso, los relacionados con el hurto. Por ello, el objetivo de este capítulo es establecer de qué manera operó este delito entre los esclavizados y cómo tal conducta retó o amenazó el balance de poder entre los sujetos coloniales, convirtiéndose en una estrategia de resistencia a la esclavitud y permitiendo la formación de espacios de autonomía económica.

En este capítulo, propondré la hipótesis de que el hurto es evidencia del funcionamiento de lo que Díaz69 ha llamado una ―economía propia‖ de los esclavizados, la cual funcionaba de manera independiente de sus amos y otros sectores de la sociedad colonial. Para Díaz, la existencia de esta economía propia se deduce de la capacidad que tuvieron muchos hombres y mujeres esclavizados en la Santa Fe colonial para automanumitirse comprando sus propias cartas de libertad. Según el autor, la

67 El hurto de ganado es conocido como abigeato. En esta investigación utilizaré las dos denominaciones

para hacer referencia al mismo delito.

68

AHA, Medellín, Fondo Negros y Esclavos, Índice 1841, f.4v.

69 Rafael Díaz Díaz, ―La manumisión de los esclavos o la parodia de la libertad en el área urbano-regional

de Santa Fe de Bogotá. 1700-1750‖, Afrodescendientes en las Américas. Trayectorias sociales e identitarias, Mosquera, C., Pardo, M. y Hoffman, O, Editores (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, ICANH, IRD, ILSA, 2002).

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manumisión se relacionaba de manera directa con el hecho de que los esclavizados tuvieran ingresos independientes; aún en el caso de las manumisiones voluntarias, el papel de la economía propia habría sido fundamental gracias al beneficio obtenido por los amos con base en los ingresos adicionales de los esclavizados; los primeros habrían, en ocasiones, llegado a depender de los segundos, lo cual pudo interferir en la consecución de la libertad.70 Valencia ha propuesto responder a la pregunta de si esta economía propia se extendía a las zonas no urbanas; su respuesta, con base en la comparación entre tres regiones neogranadinas durante la primera mitad del siglo XVII (Santa Fe, Mariquita y Mompox) es que fuera de las ciudades los esclavizados no tuvieron un margen autónomo de ingresos ni tampoco participaron en circuitos comerciales, excepto por algunos casos en Mompox.71

Los documentos judiciales sobre el hurto les dan la razón a los autores en torno a la existencia de una economía propia y a la participación de los esclavizados como agentes activos en la economía colonial. Sin embargo, contrario a los hallazgos de Valencia para el siglo XVII, el hurto parece sugerir que tanto en zonas urbanas como rurales los esclavizados participaron de manera activa y frecuente —es decir, en su carácter de sujetos y no de bienes muebles— en intercambios comerciales. La venta del botín del hurto ocurría tanto en ámbitos rurales como urbanos e incluso, los productos de los hurtos ocurridos fuera de las ciudades podían ser vendidos en sus mercados, como ocurrió en el caso de Joaquín Zapata. Sin embargo, el hurto entre los esclavizados respondía a la necesidad de la supervivencia y, en esta medida, sus botines eran vendidos o destinados al autoconsumo. En todo caso, pretendo argumentar, a partir de los expedientes judiciales, que la economía propia a la cual aludía Díaz en el caso de los esclavizados de Santa Fe existió de manera mucho más extendida y en ocasiones se relacionó con el hurto aunque no siempre implicara la participación en el mercado, es decir, la venta o intercambio de los productos hurtados.

LOS PROTAGONISTAS

En la revisión documental adelantada en el Fondo Negros y Esclavos que contiene documentos de los archivos General de la Nación, Histórico de Antioquia y

70 Díaz Díaz 83-84

71 Carlos Valencia, Alma en boca y huesos en costal. Una aproximación a los contrastes socioeconómicos

Central del Cauca, hallé 26 expedientes relacionados con hurto y abigeato. No obstante, los individuos implicados en estos delitos superan el número de casos encontrados, dado que algunos juicios criminales fueron interpuestos contra varios esclavizados e incluso, contra cuadrillas enteras, de las cuales no es posible conocer particularidades como número de miembros, género, edades u oficios. En esta medida, la cuantificación de los esclavizados implicados en hurtos durante el periodo estudiado es compleja, debido a que no es posible conocer con exactitud cuántos de ellos llegaron a ser denunciados ante la justicia.

En una sociedad minera y agrícola como la neogranadina, es de esperar que el hurto de ganado y animales de trabajo fuera frecuente y generara efectos desestabilizadores a las comunidades que lo padecieron; en este sentido, es significativo que casi la mitad (12) de los casos estudiados hagan referencia a este delito y que de estos juicios, 8 hayan sido iniciados de manera específica por el hurto reiterado de múltiples cabezas de ganado. También resulta interesante el hecho de que apenas 7 de los juicios estudiados tuvieran que ver con robos a los amos de los acusados, mientras que el resto afectaran principalmente a vecinos de sus localidades o ciudades. En una sociedad en la cual los esclavizados no engrosaban grandes y prósperas plantaciones y tenían amos que subsistían por medio de sus jornales, es comprensible que una buena parte de los hurtos que llegaron a instancias judiciales afectaran a terceros. De igual manera, el carácter privado de la justicia ejercida por los amos pudo evitar que este tipo de hurto fuera objeto de querellas y así, dificultar la cuantificación de los reos y de sus delitos.

Contrario a los casos por homicidio, los cuales motivaron investigaciones más amplias sobre los hechos y las historias de los acusados, en buena parte de los juicios por hurto (12 casos) no constan las edades de los reos. El rango de edades que es posible conocer va de los 14 a los 50 años, con una mayoría de acusados (7) entre 20 y 29 años. La más joven de las sindicadas por hurto tenía 14 años y apareció vinculada en un proceso penal contra un adulto de 35 años. Figuran además un hombre de 30, dos de 40 y uno de 50 años, quienes fueron juzgados por abigeato. Es necesario tener en cuenta que la información sobre las edades es aproximada, debido a que la mayor parte de los acusados no sabían con exactitud su fecha de nacimiento y en otros casos, no aparecen sus declaraciones o no se les interrogó sobre el tema. Aunque es presumible que entre

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las cuadrillas acusadas de este delito hubiera mujeres, ellas no fueron juzgadas de manera directa en los procesos penales estudiados; lo mismo ocurre con los niños que, aunque estaban presentes en estas cuadrillas, no aparecen relacionados en los documentos. Aunque las mujeres participaron en labores relacionadas con los hurtos, como lo mostraré con respecto al abigeato, los datos señalados sugieren que este delito pudo ser una conducta predominantemente masculina; no obstante, al no contar con otras fuentes distintas a las judiciales, es difícil conocer el papel de las mujeres en el fortalecimiento de una economía propia por medio del robo.

Pese a los vacíos de las fuentes históricas en torno a las vidas de los acusados, un hecho es claro en el caso de la gran mayoría de los procesados por hurto: en tanto existe evidencia de que sus acciones delictivas no siempre llegaban al escenario de la justicia penal, es posible afirmar que por lo general los esclavizados juzgados eran reincidentes y que sus delitos podían entenderse como parte de un patrón cíclico, en el cual el hurto y la venta o consumo del botín se reiteraban una y otra vez hasta que el esclavizado era capturado y juzgado. En casos como el de Juan José, alias Cuchillito, esclavizado de la ciudad de Antioquia, ni siquiera la captura y el proceso penal podían detener el ciclo. En 1768 Juan José fue capturado y juzgado por hurtar unas telas y su amo lo vendió fuera de la jurisdicción; dos años después, fue capturado de nuevo por andar huido, escondido en una cueva, merodeando la ciudad y hurtando objetos diversos. Algunos de los esclavizados juzgados tenían un largo historial delictivo asociado con otras conductas ilegales además del hurto, parecían estar habituados a robar con insistencia y tenían una larga trayectoria como ladrones; tal fue el caso de Manuel Mathias de Azevedo, salteador de caminos en Panamá, quien al momento de su captura en 1763 ya completaba cinco años de actividades delictivas, las cuales incluían robo, injurias de hecho y homicidio. De esta manera, los procesos penales por hurto pueden ser leídos como una especie de cadena, en la cual cada delito que llegaba a la justicia penal remitía a diversas conductas ilícitas precedentes o a otros sujetos que actuaban como cómplices. Este hecho sugiere que el hurto esclavo ocurría con demasiada frecuencia en la sociedad colonial. Algo similar planteó Genovese en relación con los Estados Unidos; según el autor, el hábito de hurtar entre esclavizados era tan usual que casi se había convertido en un estilo de vida para algunos de ellos y fue una costumbre difícil de erradicar aún

después de obtenida la libertad.72 ¿Qué entrañaba la continuidad del hurto y qué puede decirnos acerca de la vida esclava a finales de la colonia?