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Una buena parte de los expedientes judiciales por los delitos de homicidio e injurias de hecho relatan las historias de esclavizados juzgados por dar muerte o herir a sus amos. Tal fue el caso de Joaquin, juzgado y condenado a la pena de muerte en Quibdó en el año de 1788 por el asesinato de su ama, quien le propinaba tratos muy crueles. En 1764, el alcalde ordinario de Pamplona enviaba a la Real Audiencia de Santa Fe una relación de las muertes ocasionadas por esclavizados en su jurisdicción, varias de las cuales incluían homicidios y heridas causadas a los amos:

Un [esclavo], de don Geronimo Ramon de tiempo que estaba avecindado a esta parroquia, le asalto en el campo, caminando para su Hazienda, a darle muerte, de que le libro la providencia divina, quedando solamente lezo(¿) de una mano, de que padezio bastante […] En la jurisdicción de Salazar, que confina con esta, otro esclavo dio muerte violenta a su propio amo [el ya nominado don Manuel de Ostos], que dexó bastante caudal […] En aquella propia jurisdicción otro esclavo se le atrevio a su mismo amo Don Francisco Libre, con un arma en mano; de suerte que a no haver otras personas prezentes que con viveza estorvaron el daño, le habría causado gravissimo […] Uno de don Juan Estevan de Ostos en la dicha jurisdicción de Salazar dio iniqua muerte a una mujer; y otro del mismo dio una cuchillada a otro de sus compañeros. Despues en otro tiempo acometió a su amo con un sable, a quien derribo en tierra, y dexo bastantemente herido y casi manco. Prezo, y huido como frequentemente sucede, se abrigo a los montes, juntándose con otro esclavo del dicho Ostos, que andava fugitivo en aquella misma jurisdicion, y después juntos asaltaron alevosamente a su referido amo a la entrada o transito para su Hazienda, y cada qual de ellos con una lanza, le hizieron diez y seiz formidables heridas, y lo embiaron a la eternidad.153

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El fiscal de la causa contra Julian, Matias, Patricio y Francisco, quienes dieron una paliza a su amo en Girón en 1767, afirmaba que el castigo de los agresores debía ser severo, debido a que cometieron el delito de parricidio. Don Juan Antonio de Toro y Cataño defendía a Bartolomé Ruiz, quien dio puñaladas a su amo después de una riña, diciendo que ―pudo haber susedido la muerte, llebado dho negro de algún repentino furor, y sin aquella deliberazion q.e pide la qualidad, de la alebosia y traysion contra su amo‖ (AHA, Medellín, Fondo Negros y Esclavos, Índice 442, f. 10r, las cursivas son mías).

153 AGN, Bogotá, Sección Colonia, Fondo Negros y Esclavos, Sección Cundinamarca, Índice 720, ff.

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En sus declaraciones, varios de los homicidas argumentaron que les quitaron la vida a sus amos por el maltrato que les daban, por no proporcionarles alimentación y vestido suficientes, por hacerlos trabajar de más y por no reconocer los días de fiesta. Bartolomé, perteneciente a Balentin de Ruiz, dijo que apuñaló a su amo porque lo llamó y lo mandó a sembrar y el agresor respondió que no podía por hallarse enfermo; ante la negativa, el amo replicó que Bartolomé no estaba enfermo para realizar sus negocios, pero sí para servirle a él, a lo que le respondió a su amo que no quería servirle y que se lo había dicho muchas veces; don Balentin le dijo que si no le quería servir le pagara el valor por el cual había sido avaluado, que a Bartolomé le parecía muy alto como se lo manifestó a su amo, quien intentó golpearlo con un garrote. La respuesta de Bartolomé fue apuñalarlo y refugiarse en una iglesia de la ciudad de Antioquia.

Tanto los homicidas que actuaron de manera individual como quienes se aliaron con sus compañeros expresaron motivos similares en sus declaraciones ante la justicia. En 1754, en San Gerónimo de los Cerros, jurisdicción de Antioquia, cuatro esclavizados fueron detenidos por fraguar la muerte de su amo, don Juan de Areiza. Según los juzgados y los testigos, el amo los mandó a llamar para rezar y ellos no acudieron por miedo a que los castigara. El amo insistió y ante su ausencia, pasó a sus ranchos y les puso candados. La escena fue reconstruida así por uno de los acusados:

Francisco: (mientras el amo pone candado a su rancho) si me ha llevado alguna cosa de mi cuarto lo he de matar.

Joseph Miguel: la lástima es que no tengo armas. Toribio: ¿Quiere mi machete?

Joseph Miguel: Dámelo

Toribio: tome este machete y deme ese cuchillito154

Los homicidas se dirigieron hacia donde se hallaba el amo; Joseph Miguel lo derribó de una pedrada y le propinó dos machetazos, mientras Francisco le daba golpes de garrote. Juan Joseph, hermano de Joseph Miguel, también fue implicado en el homicidio porque el mismo día animó a sus compañeros a ejecutarlo diciéndoles que no fueran cobardes. Uno de los testigos afirmó que en días pasados había escuchado a

Joseph Miguel diciendo ―con furibunda rabia el que si su amo proseguía en estarlo sofocando lo había de matar, mas que el diablo se lo llevara‖.155

Este caso muestra que, si bien la muerte fue resultado de una situación puntual —el llamado preciso del amo, la desobediencia atribuida al miedo a un castigo severo y la respuesta del amo—, los acusados realizaron una mínima planeación del hecho e incluso concibieron la posibilidad de la muerte a su amo desde días previos. Joseph Miguel justificó el homicidio por hallarse

obligado del sumo maltrato, que el dicho su amo le daba, tanto al confesante, como a los demás sus compañeros llego el dia de que se aburrió, como los demas estaban aburridos, y cometió el delito, que tiene confesado, porque el dicho su amo era un hombre tan rigoroso, que no solamente no les daba en el tiempo de las cosechas para rosar aun si quiera un guineo para mantenerse en las roserias ni menos una chamarra o calson de lienso…y que también no teniendo sus esclabos mas que tan solo por suyo el dia de fiesta, y en este querer moler algunos su cañita en el trapiche del dicho su amo no lo consentía, y se hallaban obligados a ir a otros trapiches de la vesindad a moler su caña con suplicas y ruegos, que hasian a los dueños de los trapiches, lo cual haviendolo sabido el dicho su amo, dice el confesante, que les dixeron a ellos, que su amo avia estado alla [en tres trapiches cuyos dueños] les dixeron a los esclavos que no querían que fueran allá a moler su caña porque su amo Don Juan les avia hecho saber un auto con pena de no se que tantos pesos, si los consentían que fueran a moler a sus trapiches, y que no querían meterse con su amo, añadiendo este confesante ser immenso el castigo, que les daba con un arreador por nada, pues en una peste que hubo de ganado vacuno, que hubo persona, que se quedo sin una res, al dicho su amo por haversele muerto unas dies o dose el dia que le yban a dar quenta de que se avia muerto una la pagaban todos con el castigo riguroso… y que el dicho su amo Don Juan era tan tremendo en su castigo que a un negro su esclabo llamado Ambrosio lo mato a palos avra el tiempo de ocho años, siendo estos rigores la causa que le insistió al confesante de cometer el exceso que hiso...156

155 AHA, Medellín, Fondo Negros y Esclavos, Índice 443, f. 12r. 156 AHA, Medellín, Fondo Negros y Esclavos, Índice 443, ff. 18r-20r.

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Al incumplir los amos las obligaciones a las cuales se hallaban moralmente comprometidos, los esclavizados llegaron a valerse de la violencia para reclamar derechos a su vestuario, alimentación, días de fiesta y trabajo independiente en sus rozas para conseguir su propio sustento. Pese a que la escasa provisión de alimentos y vestidos por parte del amo era una queja frecuente de los homicidas y agresores, este reclamo se alternó con el de la imposibilidad de ejercer su autonomía alimentaria y productiva. Por ello Joseph Miguel, en un arranque de elocuencia inusual en los esclavizados juzgados por homicidio, al tener una oportunidad para ampliar su confesión, declaró que uno de los motivos para querer matar a su amo era que no les permitía moler su caña en el trapiche de la hacienda y que hizo lo posible para evitar que él y sus compañeros se valieran de los trapiches de los vecinos.

Un caso similar documenta Gaspar en la isla de Antigua en 1701, cuando los esclavizados de origen coromantee de la plantación Greencastle dieron muerte a su amo y también alcalde Samuel Martin. Los registros indican que la víctima les negó a los agresores la celebración de la navidad y los mandó a trabajar durante todo el día recogiendo un cultivo en riesgo de echarse a perder. Dice Gaspar que la revuelta ocurrió sin una preparación sistemática, en un corto periodo de tiempo y por ello no corrió el riesgo de ser descubierta a diferencia de las insurrecciones planeadas con anticipación. Para el autor, el homicidio no fue un acto azaroso de hostilidad sino una acción discriminativa premeditada y dirigida no contra la esclavitud en sí, sino contra un amo en particular que despertó su indignación al romper la acomodación moral que mediaba entre amos y esclavizados.157

Para los reos resultó tan intolerable el hecho de que los amos no proveyeran lo necesario para vivir como su irrespeto a los días de descanso y fiesta, que no sólo hacían posible la permanencia de un espacio social de esparcimiento sino que les permitían mantener cierta independencia económica mediante la producción en sus propias parcelas, la comercialización y el intercambio de productos. En este sentido es posible afirmar que la economía propia, de la cual hacía parte el hurto frecuente, llegó a ser defendida con la vida, en la medida en que su desconocimiento por parte de los amos llevó a que los agresores se atrevieran a ultimarlos y recibieran condenas a muerte.

157 David Barry Gaspar, Bondmen and rebels, a study of master-slave relations in Antigua (Durham and

Aunque las razones para agredir a los amos parecen coincidir, la diferencia entre quienes actuaron solos y quienes, como Joseph Miguel y sus compañeros, se asociaron para cometer el delito, fue el nivel de deliberación de las agresiones en un espacio social compartido con otros esclavizados en el cual, en su discurso oculto, dieron lugar a planes y expectativas que llegaron al terreno del discurso público. Al ser ejecutadas y convertidas en realidad, aquellas venganzas imaginadas en los espacios donde no pudieron penetrar las figuras de autoridad, generaron tensiones, conflictos y temores en la sociedad de finales de la colonia.