• No se han encontrado resultados

Los testigos que supieron del filicidio cometido por Phelipa en el Rio del Prado, aseguraron que la homicida no tenía antecedentes de rebeldía hasta el día en que decidió

149 Anthony MacFarlane, ―Cimarrones y palenques en Colombia, siglo XVIII‖, Revista Historia y

herir a sus dos hijos. Por su parte, los compañeros de trabajo de Francisco, bozal que le quitó la vida a su amo don Pedro Josef de la Granda en la mina de Riogrande, Antioquia, no dieron cuenta de que el agresor y la víctima hubieran tenido choques que justificaran la muerte, aunque algunos de ellos dijeron saber que Francisco ya había intentado agredir a su amo. Como un acto impulsivo y colérico definió el promotor fiscal eclesiástico el delito cometido por Bartolomé, quien dio muerte a su amo luego de que éste lo mandara a trabajar encontrándose enfermo. Aunque en varios casos los esclavizados se aliaron para fraguar y ejecutar la muerte de su amo —acto que requirió planeación y complicidad—, en muchas ocasiones los testimonios narran actos impulsivos producto de riñas, amenazas o confrontaciones, los cuales llevaron a que el homicida acabara con la vida de su víctima. ¿Cuáles fueron los motivos para que una situación de tensión en el día a día llevara a los agresores más allá de su límite?

Para responder este interrogante es necesario examinar las declaraciones de los reos por homicidio y agresión que actuaron de manera individual, sin planear su ataque con otros esclavizados ni hacer explícitos sus propósitos. Es difícil conocer el nivel de premeditación de estos delitos pues, aunque algunos de los agresores fueron interrogados al respecto, sus testimonios son limitados y no conocemos el origen de sus intenciones. Además, es necesario subrayar que, si bien las relaciones entre figuras de autoridad y esclavizados se basaron en la violencia, esta debía tener un límite que permitiera preservar la propiedad económica. En este sentido, García comenta para el caso de Cuba que ―la rutina cotidiana de la plantación no podía descansar exclusivamente en el uso indiscriminado de la violencia, por una parte, y por otra, sólo era alcanzable en la medida que se producía un acomodo entre los intereses opuestos enfrentados‖150

, lo cual no significa que los esclavizados fueran pasivos sino que toleraron la violencia y la coerción hasta ciertos niveles que, al ser superados, abrieron paso al ejercicio de la resistencia abierta.

Los homicidios y agresiones individuales fueron delitos repentinos, cometidos por esclavizados que no necesariamente habían tenido antecedentes de rebeldía y violencia en la interacción con amos, mayordomos o compañeros, lo cual no implicaba

150 Gloria García, ―Vertebrando la resistencia: la lucha de los negros contra el sistema esclavista (1790-

1845)‖, El rumor de Haití en Cuba. Temor, raza y rebeldía, 1789-1844, Gonzalez-Ripoll Maria Dolores, Naranjo Consuelo, Ferrer Ada, García Gloria y Opatrny Josef, Editores (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2004) 238.

93

que no tuvieran su origen en situaciones relacionadas con la esclavitud y las relaciones de poder. Así, aún en estos ―actos impulsivos y coléricos‖ es posible encontrar antecedentes relacionados con el exceso de trabajo, los castigos crueles al agresor o a su familia, la carencia de recursos básicos para las duras jornadas laborales, el desconocimiento de espacios propios de trabajo y esparcimiento, el hurto al agresor o la negligencia en dar la adecuada contraprestación al trabajo. Mientras las dos últimas razones influyeron en las muertes contra compañeros, las demás tuvieron que ver con homicidios y heridas infligidas tanto a figuras de autoridad como a otros esclavizados. En varios de los casos los agresores provocaron la ira de sus víctimas —amos en especial— al manifestar sus deseos de ser vendidos o de no seguir sus mandatos. Después de una riña con su amo, Diego Suarez le dijo que no quería trabajar más en su mina; el amo intentó golpear a Diego por su atrevimiento y así se desató la riña en la cual murió. Gabriel también fue provocado por una compañera suya porque, aunque no era su subordinado, las acciones de la víctima le ocasionaban perjuicios reflejados en las relaciones de poder con su mayordomo.

Pese a su carácter impulsivo, estos homicidios eran producto de tensiones acumuladas entre agresor y víctima, las cuales se desencadenaban en actos repentinos que resultaban en la muerte y que eran tratados por los defensores como arrebatos, momentos de carencia de conciencia, impulsos, debilidades o tentaciones. Muchos de estos delitos parecen responder a situaciones de desesperación, deseos de venganza, inconformidades y conflictos previos al momento de cometer el ataque.

Los delitos individuales no pretendían desencadenar una insubordinación a nivel grupal o colectivo, lo cual no implica que deban ser entendidas como formas de resistencia menos activas que las revueltas. Aún siendo delitos individuales y no coordinados con otros esclavizados, estos hechos representan un mecanismo de resistencia en la medida en que desafiaron la esperada obediencia de las ―mercancías humanas‖151

que, al atreverse a retar de manera abierta a las figuras de autoridad, contradijeron el orden social colonial; de esta manera, los esclavizados reafirmaron su carácter de sujetos y trastocaron el funcionamiento de la economía esclavista.