CAPÍTULO 5. INTERESES FRANCESES EN LA ESPAÑA DE LA PLANIFICACIÓN, 1959 1975.
5.2. La búsqueda de oportunidades y la creación de nuevas ventajas competitivas.
5.2.2. L AS EMPRESAS FRANCESAS DE CONSULTORÍA TÉCNICA
En los años sesenta, España hubo de recurrir a la importación masiva de tecnología extranjera. Esto permitió ahorrar tiempo y dinero a las empresas españolas pero también ahondó la dependencia de la economía nacional respecto del exterior. La puesta en marcha de los planes de desarrollo facilitó tanto la importación de esta tecnología como la transmisión de conocimiento. Además, insertó a España en el mercado mundial de la ingeniería o consultoría técnica, muy competitivo y en plena transformación tras la Segunda Guerra Mundial805. Los estudios disponibles no con consideraron a Francia como un gran actor en este mercado. Nuestra investigación pretende demostrar que sí lo fue, al menos en España. Este epígrafe tiene como objetivos reconstruir la presencia francesa en este sector para comprobar cómo se adaptó a un nuevo mercado extremadamente competitivo. Para ello, nuestra investigación ha identificado a los principales actores, tanto franceses como españoles, y ha analizado las estrategias, pautas y sectores en los que se especializó la consultoría técnica gala en nuestro país. Esta investigación revela que las empresas de consultoría técnica francesas se especializaron, a través de los contratos de asistencia técnica, en la provisión de servicios a sectores clásicos en la inversión francesa, a medio camino entre la primera y la segunda revolución industrial, como la minería, la siderurgia, la química o la electricidad. La presencia francesa en esta actividad se basó en la experiencia y en el conocimiento del mercado y en una mejor adaptación de sus servicios a la empresa española. Por último, nuestro análisis llena un vacío historiográfico sobre un sector estratégico y ayuda a aclarar conceptos en una actividad que no cuenta aún con una definición clara806.
Conceptos básicos, orígenes y evolución del sector.
A pesar de la trascendencia del sector y del interés académico creciente, no existe una definición estándar de empresa de ingeniería o consultora técnica. En España, a mediados
805 Van Rooij (2004), p. 20.
806 Los trabajos de Adoración Álvaro son una excepción que completa algunas investigaciones provenientes
de los setenta, Pedro Egubirde y José Molero definieron el consulting como la prestación de servicios especializados desde una posición no ligada directamente con la producción de bienes807. Estas empresas operarían en el ámbito económico (estudios de organización, asesoramiento económico y planificación) y en el técnico (estudios, proyectos parciales, proyectos “llave en mano”). Más recientemente, la OCDE afirma que la consultoría técnica tiene como principal función trasladar a un cliente dado el conocimiento técnico existente aplicándolo a nuevos procesos y productos808. La empresa consultora adaptaría
sus conocimientos a cada caso concreto, pero no estaría encargada de la investigación básica809. Esta aplicación de conocimientos puede ir desde la mejora de una determinada tarea del proceso de producción hasta el diseño completo de una planta industrial, lo cual da una idea de lo heterogéneo del sector. Esta última característica afectaría las definiciones propuestas por los historiadores de la tecnología entre los que destaca Arjan Van Rooij por sus trabajos sobre la ingeniería en el sector químico810. Para él, la ingeniería forma parte del proceso para construir una planta junto con la investigación previa y la construcción posterior811. Por lo tanto, la ingeniería es, básicamente, cuestión de diseñar una planta
industrial. Sin embargo, distingue entre ingeniería básica, resumida en el diseño de la planta, y la ingeniería detallada que se ocuparía de pulir, dentro de la futura planta, aspectos como la implementación de las tareas en el proceso de producción o la gestión del propio proyecto hasta su finalización. Con estas premisas, Van Rooij define tres tipos de ingeniería que son los que utilizaremos para nuestra en investigación812. Estos tres tipos de ingeniería son:
- Ingeniería de proceso, mediante la cual una consultora técnica vende procesos de producción, generalmente desarrollados dentro de la propia empresa, y que viene acompañado de una ingeniería básica de implementación del mismo.
- Ingeniería de proyecto, mediante la cual una consultora vende el proyecto completo desde su concepción hasta su construcción y puesta en marcha. Es lo que se suele llamar un proyecto “turnkey” o “llave en mano”.
807 Nótese que utilizamos aquí el término consulting tal como aparece en los números de Información Comercial
Española consultados. Egubirde (1976), p. 134 y Molero (1979), p. 61.
808 OCDE (1990). 809 Álvaro (2008), p.3 810 Van Rooij (2004). 811 Ibíd., p. 21.
812 Definiciones que el propio autor refina de los seminales trabajos de Landau y Rosemberg (1992). Van
- Ingeniería de planta que es aquella que está a medio camino entre la de proceso y la de proyecto que ofrece algo más que procesos a implementar pero no cubre todos los aspectos de un proyecto “llave en mano”.
La literatura consultada incide en lo atomizado y heterogéneo del sector pero coincide en que los activos de la consultoría técnica son el capital intelectual – que incluye el capital humano de la empresa además de su capital estructural (socios, proveedores y patentes)- , y la reputación y los contactos de la empresa813. Por ello, contratar a una empresa con
prestigio otorga legitimidad y certidumbre a la empresa contratante814. Nuestra reconstrucción de la presencia francesa en el sector añadirá experiencia y conocimiento del mercado como activos necesarios para formar ventajas competitivas siguiendo la referencia teórica del enfoque de recursos y capacidades de la empresa (resource-based view of the firm)815.
Los orígenes de las empresas de consultoría técnica se remontan a principios del siglo XIX. En esos momentos no se podía hablar de empresas, sino de ingenieros formados de las primeras escuelas técnicas de buena parte de los países europeos. Recordemos que el modelo de inversión francés al cual se le sigue la pista en esta investigación es tributario del trabajo de un grupo de ingenieros816. La construcción del ferrocarril, bajo la tutela de grandes empresas bancarias, sirvió de catalizador. En España, la construcción del ferrocarril o la prospección y explotación de minas fue llevada a cabo por ingenieros franceses en misión personal u oficial por España817. No sólo eso. Estos mismos ingenieros organizaron internamente gran parte de las empresas españolas del siglo XIX, característica ésta que entró en el acervo empresarial español y que se mantuvo vigente hasta bien entrados los años sesenta del siglo anterior818.
El desarrollo de la industria química y petroquímica sentó las bases para la gran expansión del sector desde comienzos del siglo XX, en Estados Unidos primero, extendiéndose a Europa tras la Segunda Guerra Mundial. La preponderancia americana desde entonces fue incontestable, sobre todo en el campo petroquímico - con empresas como Foster Wheeler,
Procon o Lummus-, a pesar de algunas excepciones alemanas – Linde-, francesas - Société de la Grande Paroisse- o italianas –Montecatini- 819. En España, esta competencia se dio en el periodo de entreguerras y, sobre todo, se hizo patente en la década de los sesenta. Debido
813 Entre otros, Álvaro (2008) y Hartley (2000).
814 Teece, (2000) y, para consultoras de empresa, Kipping y Puig (2003). 815 Cf. capítulo 1.
816 Cf. capítulo 2.
817 Véanse los trabajos de Fréderic Le Play ya citados en este trabajo. Sierra Álvarez (Ed.) (1990). 818 Castro (2007), p. 132.
al desfase tecnológico del país, la fórmula más rápida para ganar competitividad y acelerar el desarrollo económico fue la importación de tecnología. Se acortaban los plazos y se abarataban los costes puesto que se prescindía, en la mayoría de los casos, de la investigación básica para pasar directamente a la investigación aplicada. La regulación sobre la transferencia de tecnología, explicada en los trabajos de Mar Cebrián, también fomentó esta importación820. Sin embargo, la imprecisión de los textos de esta regulación permitió que se confundieran, en muchos casos, transferencia de tecnología con inversión extranjera encubierta puesto que la normativa se limitaba a establecer que serían admitidas todas aquellas operaciones que implicaran “una periodicidad razonable, garantías técnicas aceptables y mercados de capacidad suficientes” además de presentar “condiciones positivas para la economía nacional”821.
En ese contexto, ¿qué papel desempeñaron en el mercado español las consultoras técnicas francesas como exportadoras de tecnología? De nuevo se dio una paradoja. Mientras vimos que Francia quedaba fuera de los grandes proyectos industriales, sus empresas mantuvieron una posición de privilegio en el mercado de transferencia de tecnología, acaparando más del 25% de los contratos de asistencia técnica firmados entre 1959 y 1979, superando a Estados Unidos (20%), Alemania (19%), Suiza (7,25%) y Gran Bretaña (7,24%)822. Sánchez
avanza que esta superioridad, al menos en los listados oficiales, se debió a la vecindad entre ambos países y al hecho de que las empresas francesas presentaran un número superior de proyectos823. Esta hipótesis nos parece plausible pero insuficiente.
Para comprobarlo, hemos reconstruido los intercambios de tecnología con las muy fragmentadas fuentes disponibles. Para ello, se han recogido todos los contratos de asistencia técnica del Archivo General de la Administración, los presentes en el Archivo Histórico del INI y los que aparecieron recogidos en la revista Economía Industrial desde 1959 hasta 1979. Se han desechado aquellos que hacían referencia a la cesión de patentes, aquellos repetidos y los denominados “inversión extranjera encubierta” en los informes del Ministerio de Industria - lo cual no impidió su aprobación- . En la base de datos que hemos elaborado, se han identificado las empresas española y francesa, el sector de la empresa
820 Véanse los trabajos de Cebrián (2004, 2005 y 2008), Lobo (1979) y O’Brien (1976).
821 Muñoz, Roldán y Serrano (1978), pp. 80- 87, Martín González y Rodríguez Romero (1977) y Braña, Buesa
y Molero (1984).
822 Estos contratos fueron registrados en el Ministerio de Industria que debía dar su conformidad antes de
que entrasen en vigor. O’Brien (1979), p. 39. Este registro también se presta a dificultades, pues no recogía todas las operaciones de transferencia de tecnología. Algunos autores, como Peter O’Brien, estiman que el Ministerio de Industria sólo tuvo acceso a dos terceras partes de los contratos existentes. Los datos sobre los porcentajes son de Cebrián (2004), pp. 180- 181, hasta 1973, y de elaboración propia de 1973 a 1979.
española, el objeto del contrato, su fecha de autorización, y, cuando ha sido posible, su coste y duración. Asimismo, se ha elaborado una primera clasificación siguiendo los criterios de Van Rooij (proceso, proyecto y planta). En total, la base se compone de 238 contratos (gráficos 3, 4 y 5):
Gráfico 3. Contratos de asistencia técnica entre empresas francesas y españolas por años (1961- 1979).
Gráfico 4. Contratos de asistencia técnica entre empresas francesas y españolas por sectores, 1961- 1979.
Gráfico 5. Contratos de asistencia técnica entre empresas francesas y españolas por tipos de ingeniería.
Fuentes para los tres gráficos: elaboración propia a partir de Base de Datos (Apéndice 4).
De la primera explotación de la base de datos cabe extraer tres conclusiones. En primer lugar, y como era de esperar, la promulgación de los sucesivos planes de desarrollo incrementó de forma notable el número de contratos suscritos entre empresas españolas y francesas (gráfico 3), que pasó de dos contratos en el primer quinquenio 94 en el periodo 1970- 1974. El ritmo de crecimiento de los contratos firmados con los distintos países fue similar, conservando Francia su cuota de firmas cercana al 25%824. Desde el punto de vista sectorial, las empresas españolas que más contrataron los servicios de las consultoras técnicas francesas pertenecen a aquellos sectores clásicos de la inversión francesa a medio camino entre la primera y la segunda revolución industrial: minería (15%), siderurgia (13%), química (12%) y electricidad (10%) (gráfico 4). En segundo lugar, dominan claramente los contratos de ingeniería de proceso. Casi las dos terceras partes de los contratos tuvieron que ver con la mejora de procesos productivos u organizativos de las empresas españolas. En tercer lugar, y dentro de esta rama de contratos, observamos que las empresas más activas en el sector estaban en la órbita de grupos bancarios o estatales. Así ocurría con empresas como SOFREMINES, Bureau et Recherche Géologique et Minière, Omnium Téchnique,
Fives- Lilles, Sté. Grenobloise d'Études et d'Applications Hydrauliques (SOGREAH) y Sté. Pour
824 Los datos sobre los porcentajes son de Cebrián (2004), pp. 180- 181, hasta 1973 y de elaboración propia
l'Équipement des Industries Chimiques (SPEICHIM)825. Dentro de este grupo, casi el 10% de los contratos fue firmado por el Grupo SOFRE. Un estudio más pormenorizado de un ejemplo paradigmático, SOFREMINES y su influencia en el sector minero español, nos dará más pistas sobre sus características.
SOFREMINES y la reconversión del sector minero del carbón.
El punto álgido de producción de carbón en España se dio en 1958. A partir de ese año, una intensa crisis se abatió sobre el sector. La liberalización del sector, iniciada en 1950, fue culminada por el Plan de Estabilización de 1959. Lo que hasta entonces había sido una menor intervención en precios por parte del Estado se convirtió en una apertura del mercado a las importaciones de carbón extranjero. Además, en la década de los cincuenta, el carbón había perdido su preponderancia como fuente de energía tanto industrial - a favor del petróleo-, como residencial - a favor de energías más limpias como el gas o la electricidad-826. No se trató sólo de un descenso de la demanda, sino también de un aumento exponencial de los costes de producción. La disminución de los márgenes de producción provocó la pérdida de rentabilidad de la gran mayoría de las empresas, de manera que a partir de 1962 dejaron de repartir dividendos.
Ante esta situación de crisis, el Gobierno actuó mediante una acción concertada centrada en el sector hullero. Las bases de esta nueva política se fijaron en diciembre de 1963, en el Primer Plan de Desarrollo, pero no se aprobaron hasta la publicación de la Orden de 30 de marzo de 1965827. La ayuda estatal se supeditaba a la consecución, en un plazo de cuatro años, de un incremento de la producción en un 20%, del aumento de la productividad hasta alcanzar los 1100 kg/jornal, de la creación de lavaderos de alto rendimiento (superior al 90%) y del fomento de la concentración de explotaciones para conseguir mejoras en la organización del trabajo y en la capacidad financiera de las empresas. Estas acciones conllevarían una mejora de las retribuciones al capital y el trabajo828. Para alcanzar estos
objetivos, las empresas debían presentar proyectos de “mejora y reconversión de las explotaciones”829. En contraprestación, el Estado español mantendría el Régimen de Ayuda a la Minería de 1964, que establecía una subvención decreciente a fondo perdido a la
825 Las relaciones con el promotor vienen de AHP, Dossier sur département industriel y Sagou (1981). 826 Sólo la siderurgia seguía siendo cliente habitual. Coll y Sudrià (1987), p. 593.
827 “Orden de 30 de marzo de 1965 por la que se fijan las bases generales de la Acción Concertada para el
Sector Hullero español previstas en el artículo quinto de la Ley 194/1963, de 28 de diciembre, por la que se aprobó el Plan de Desarrollo Económico y Social”, BOE (1961-1967).
828 Para ver la negociación de la Acción Concertada, véanse Anes (1997) y Areces (1987).
829 “Orden de 30 de marzo de 1965 por la que se fijan las bases generales de la Acción Concertada para el
Sector Hullero español previstas en el artículo quinto de la Ley 194/1963, de 28 de diciembre, por la que se aprobó el Plan de Desarrollo Económico y Social”, BOE (1961-1967).
producción, durante 4 años y las reducciones fiscales a la explotación830. Asimismo, absorbería las ampliaciones de capital de las empresas destinadas a las mejoras productivas y concedería créditos oficiales de hasta el 70% de la inversión al 6,5% de interés y reintegrable en un plazo entre 7 y 16 años. En este contexto, entró en juego SOFREMINES.
SOFREMINES fue creada en 1955 a iniciativas del Estado francés831. El sector del carbón había sido nacionalizado en Francia tras la Segunda Guerra Mundial832. Los accionistas de
SOFREMINES fueron empresas estatales – ATIC services, Bureau de Recherches Géologiques et
Minières y Charbonnages de France- y los principales bancos de inversión franceses- Banque de l’Union Parisienneon Parisienne y Paribas-, aunque era una sociedad anónima y su vocación
claramente internacional. Así lo hacía saber Alexandre Verret, presidente de Charbonnages de France, en una carta dirigida a José Antonio Suanzes en 1960833:
“Notre but a été d’apporter hors de France […] les concours techniques souvent
demandés à notre Service National. […] Consacrée à l’étude de tous les problèmes techniques et économiques que posent le développement et l’exploitation des mines, […]et dotée d’un statut de Société Anonyme, SOFREMINES utilise donc toute l’expérience de ses actionnaires. Elle apporte à l’étranger toute l’aide impartiale dont peuvent avoir besoin pour leurs études techniques et économiques les organismes nationaux ou privés désireux de conserver leur indépendance dans le choix ultérieur de leur organisation productive”834.
SOFREMINES se encontró pues un sector en plena transformación y que necesitaba de una empresa solvente con reputación internacional y un amplio conocimiento del mercado español. El mercado parecía pues permeable a la oferta de servicios francesa835. Así lo manifestaba el Cónsul de Francia en Sevilla durante Congreso anual de la asociación española de ingenieros de minas en 1964: “Les ingénieurs […] espagnols semblent regarder
830 La subvención se estableció en 50, 37, 35 y 15 pesetas por tonelada producida. Díaz Faes (1979), pp. 142-
143.
831www.sofremines.com (acceso en marzo 2010). 832 Saint Marc (1961).
833 Alexandre Verret fue presidente de Charbonnages de France de 1957 a 1963,
http://webcdf.brgm.fr/article.php?id_article=821 (acceso en marzo de 2010)
834 “Nuestro objetivo ha sido el aportar fuera de Francia […] el concurso técnico a menudo demandado a
nuestro Servicio Nacional […]. Dedicada al estudio de todos los problemas técnicos y económicos que se desprenden del desarrollo y la explotación de minas, […] y dotada de un estatuto de Sociedad Anónima, SOFREMINES utiliza pues toda la experiencia de sus accionistas. Aporta en el extranjero toda la ayuda imparcial que soliciten, para sus estudios técnicos y económicos, los organismos nacionales o privados que deseen conservar su independencia en la elección ulterior de su organización productiva”. AHINI, Fondo Suanzes. Carta de Alexandre Verret a José Antonio Suanzes, con contestación del 1 de enero de 1960.
835 AMAE-F, Volumen 316: Relations économiques hispano-françaises 1961-1967. Nota del Embajador de
Francia en España, Robert de Boissesson, sobre la reconversión del sector de la minería del carbón en España, el 25 de marzo de 1966. Francia estaba muy bien posicionada con SOFREMINES.
à l’heure française avec ferveur836”. SOFREMINES no dudó en aprovechar las oportunidades que brindaba el mercado español837. El intermediario fue Antoine Pinay, encargado de las relaciones internacionales del Groupe SOFRE838. Entre 1959 y 1979, SOFREMINES firmó 29 contratos de ingeniería de proceso con 14 empresas españolas. El contrato- tipo que ofreció SOFREMINES era un contrato global de reestructuración integral de las distintas empresas. En los expedientes vistos en el Fondo del Ministerio de Industria del AGA y del Archivo del INI, se denominaba “asistencia técnica, reestructuración y modernización de instalaciones mineras”839. La duración del contrato oscilaba entre 6 y 18 meses, aunque hubo excepciones como en el caso del contrato de SOFREMINES con Antracitas de Fabero, S.A., que se alargó por siete años840. En primer lugar, se acordaba el envío de un equipo de ingenieros que colaborarían con el personal autóctono que recogía toda la información necesaria in situ y elaboraba los informes en Francia. Estos informes identificaban los principales problemas de las minas españolas y proponían una serie de soluciones. En la mayoría de los casos, se abordó la reorganización interna de las empresas apostando por la mecanización de los tajos y, sobre todo, por la formación del personal en las nuevas actividades. SOFREMINES se encargaba de planificar la explotación a largo plazo, estableciendo no sólo la estructura de la empresa, sino también la comercialización del producto. Esta reestructuración del sector llevada a cabo por SOFREMINES determinó un buen número de despidos y aumentos considerables de la productividad global de las minas, aunque no impidió un descenso acusado de la producción. Los distintos especialistas en el sector del carbón coinciden en el hecho de que la Acción Concertada resultó un completo fracaso (cuadro 7)841.
Cuadro 7. Comparación entre la producción nacional de hulla prevista real entre 1964 y 1967.
Años 1964 1965 1966 1967
Producción prevista en el Primer Plan de Desarrollo