2.1.La correspondencia delegada a la posteridad.
La correspondencia depositada en los archivos pasa por todo un proceso de recoger, clasificar y coleccionar hojas sueltas, además de otros documentos en orden cronológico y/o alfabético para darle cierta organización o simplemente para agruparlos y guardarlos en un lugar determinado a la espera de que sean descubiertos y leídos por alguien más. En los múltiples papeles depositados en el archivo quedan registrados para la posteridad un sinnúmero de nombres, lugares, fechas y acontecimientos fragmentados que reflejan esbozos de la vida cotidiana, el sentir y actuar de múltiples personas, como lo indica Arlette Farge:
Los personajes abundan en el archivo, más que en cualquier otro texto o en cualquier novela. Esa población inhabitual de hombres y mujeres, cuyo nombre desvelado en absoluto reduce el anonimato, refuerza en el lector la sensación de aislamiento. El archivo pronto impone una sorprendente contradicción; al mismo tiempo que invade y sumerge, remite por su desmesura, a la soledad, una soledad donde bullen tantos seres “vivos” que no parece en absoluto posible dar cuenta de ellos, hacer su historia en suma75.
Esos nombres de hombres y mujeres se registran en largas listas de índices, a la espera de que un investigador escudriñe entre sus entrañas y convierta el material en un objeto históricamente construido. Pero tal vez transcurra mucho tiempo para que ello pase; mientras tanto, los documentos estarán guardados en paquetes, folios, carpetas, dentro de cajas, o sobre anaqueles y no pasarán de ser materiales aislados. Cuando se descubren pueden producir una sensación de realidad efímera, pero emocionante, aunque sólo den cuenta de sí mismos, lo cual puede hacer que se conviertan en objetos materiales banales, o con sentido, dependiendo de quién decida estudiarlos, de sus intereses, cuestionamientos y de las herramientas con que cuente para hacerlo.
Las múltiples huellas que dejan los personajes de los documentos se recogen en masa para analizar los hechos del pasado. Aunque sus protagonistas generalmente se conservan en el anonimato, sus registros pueden dar cuenta de las diferentes facetas de la sociedad en un entorno desaparecido. Un ejemplo de ello, lo brinda la correspondencia de tipo ordinaria - de los grupos populares, las personas anónimas, la familia, los soldados de la guerra, los emigrantes -, que para algunos podría ser repetitiva y sin sentido, pero para los historiadores interesados en el análisis de la cultura u otros tópicos, se convierten en una fuente muy importante para entender asuntos referentes a las formas que gobiernan las relaciones sociales en un contexto
75
Farge, Arlette. La atracción del Archivo, Ediciones Alfons el Magnanim, IVEI, Valencia, España, 1991, p. 16.
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histórico particular. Al respecto, María del Carmen Rubalcaba indica que este tipo de correspondencia:
(…) permite acceder a aspectos de la vida humana que desde el punto de vista histórico han resultado siempre prácticamente inalcanzables – la vida emocional, personal, íntima de las gentes que han construido inconscientemente la historia – y su estado proporciona indicios de las relaciones sociales, del pensamiento, de la ideología del momento en que fueron producidas (...)76.
Muchos de los documentos producidos en el pasado posiblemente desaparecieron con el tiempo, especialmente aquellos que pertenecieron a los sectores populares o que no eran del interés de los archivistas, a menos que hayan sido guardados por azares del destino debido a diversos motivos; pero generalmente, los materiales depositados en los archivos eran de individuos con cierto grado de ilustración, de las élites o sectores medios, que quizá fueron funcionarios públicos o políticos de cierta relevancia, u otro tipo de personas cuyos escritos fueron guardados por sus propios productores, sus descendientes o instituciones públicas para que sirvieran como testimonio de acontecimientos que, según ellos, deberían conservarse para ser rescatados a futuro. Un ejemplo de esto se puede observar con el caso de Tomás Cipriano de Mosquera, de quien se conserva un abundante material archivado que da cuenta de muchos sucesos ocurridos en Colombia durante gran parte del siglo XIX.
2.2.La correspondencia Mosquera.
La correspondencia del General Tomás Cipriano de Mosquera se encuentra depositada en dos sitios particularmente, en la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá y en el Instituto de investigaciones Históricas José María Arboleda Llorente, Sala Mosquera, que pertenece a la Universidad del Cauca, en Popayán, también conocido como Archivo Central del Cauca. En la primera institución mencionada, se encuentra un gran acervo documental clasificado de acuerdo al nombre de alguno de los miembros de la familia Mosquera. En esta biblioteca hay alrededor de 1.367 documentos distribuidos en dos partes, la primera corresponde al archivo familiar del General Mosquera, que asciende a 738 documentos, aproximadamente y la segunda es el archivo comercial del mismo general, que contiene 629 documentos77.
La mayor parte de la documentación depositada en la Biblioteca Luis Ángel Arango, es correspondencia recibida de personajes que le escribían al general Mosquera desde diferentes partes del país y del extranjero, con asuntos de tipo diplomático, comercial o familiar. Además de las cartas, también hay otro tipo de materiales como poderes legales, listas de gastos, asuntos relacionados con el ejército, la guerra y testamentos. Esta información ha sido de valiosa utilidad para muchos historiadores, interesados en investigar sobre asuntos relacionados con el periodo republicano en Colombia, durante el siglo XIX, o sobre los personajes de la
76 Al respecto véase: Rubalcaba, Ibíd., p. 89. 77
Ver la página web de la Biblioteca Luis Ángel Arango, sobre el Archivo Familiar Tomás Cipriano de Mosquera, [en línea]: http://www.lablaa.org/archivos/tomas-cipriano-de-mosquera.htm
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época, la vida del general, algunos de sus familiares y personas que tuvieron vínculos con él.
En el Instituto de investigaciones Históricas José María Arboleda Llorente, de Popayán, se encuentra la mayor parte de documentación del general Mosquera, que contiene alrededor de 57.923 documentos, catalogados desde el año de 1989 en la Sala Mosquera78. Este dato supera el registro indicado por Helguera y Davis, quienes calculaban que allí habían depositados alrededor de unos 30.000 documentos correspondientes, en gran parte, a la correspondencia que le remitieron a Mosquera y su familia desde 1816 hasta 1878 el año de su muerte, y además situaban como el periodo de más abundante documentación los años transcurridos entre 1820 y 1849, cuando termina su primera administración y se va de viaje al extranjero79.
De acuerdo con los datos arrojados por esta investigación, se puede observar que entre 1854 y 1878, había aproximadamente 27.578 documentos, de los cuales la mayor parte son cartas, remitidas no solamente a Mosquera sino a otros destinatarios, lo cual indica que la cifra de materiales realmente es mucho más elevada. Por ejemplo, solo para el año de 1854, el volumen de correspondencia total - enviada y recibida por terceras personas -, se incrementa de forma extraordinaria, en relación a los años anteriores. De acuerdo con el material consignado en las 140 carpetas depositadas en la Sala Mosquera, el número de cartas recibidas, por Mosquera durante ese año, fue en promedio unas 1972, aproximadamente y la correspondencia entre terceras personas, en especial, seguidores de Melo, ascendió también a 1548 cartas, en promedio y esto es nada más una muestra del gran volumen documental allí registrado. (Ver gráfico No. 1 y cuadro No. 1).
Gráfico No. 1. Volumen total de correspondencia. Año 1854.
56% 13%
8%
23%
CORRESPONDENCIA ARCHIVO MOSQUERA -