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La correspondencia durante la administración pública.

LA CORRESPONDENCIA DURANTE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA Y EL OCASO DEL CAUDILLO, 1861 – 1878.

6.1. La correspondencia durante la administración pública.

En esta nueva etapa que inició en el año de 1861, después del triunfo de Mosquera sobre los centralistas de Bogotá, el volumen de correspondencia remitida al general siguió siendo abrumador, y volvió a alcanzar los niveles más altos durante los años de 1863 y 1866, como se mostró en la gráfica No. 5 del segundo capítulo de esta tesis. En la documentación revisada, se puede observar que regresó el ciclo de felicitaciones al caudillo, desde diferentes puntos del país (ver gráfico No. 9), y solicitudes de diversa índole, en virtud de la difícil situación económica y las múltiples desgracias dejadas por la guerra, además de las medidas tomadas por el gobierno provisorio para recaudar fondos destinados a financiar los gastos de la nueva administración y del conflicto, en las zonas que aún seguían insurrectas. Bajo esas circunstancias, muchas personas le escribieron al general para solicitarle su ayuda frente a asuntos económicos, armisticios, recomendaciones para puestos de trabajo, o benevolencia en caso de haber apoyado el bando contrario.

En algunas oportunidades esa ayuda era solicitada directamente por su familia, intercediendo por personas conocidas caídas en desgracia; además, le comunicaban asuntos relacionados con la vida cotidiana, cuestiones económicas como el manejo de sus haciendas, el trabajo en las minas y sobre la situación política en el Sur del país. Si bien, aparentemente el volumen de correspondencia familiar fue relativamente bajo, en relación al volumen total de cartas remitidas por otras personas, es detener en cuenta que durante el periodo de guerra y post guerra, probablemente mucha de la correspondencia familiar, fue interceptada por los enemigos políticos del general, ya que ese era un botín muy preciado por los contrincantes por el papel natural que los familiares y parientes cercanos debieron jugar como informantes, como en el caso de Amalia Mosquera, quien se convirtió en mano derecha de su padre.

Generalmente los remitentes de Mosquera no eran personas conocidas directamente por él, pero utilizaban calificativos como “mi distinguido general”, “mi estimado amigo”, lo enaltecían resaltando sus servicios y sacrificios hechos en nombre de la patria, mostrándolo como el más importante de todos los caudillos del momento; finalmente se despedían ofreciendo fidelidad y lealtad, además le deseaban buena salud y muchos años de vida para él y su familia, para que, según ellos, siguiera favoreciendo al país con sus grandes ideas progresistas. Esa era una forma directa de reconocer el poder de Mosquera, enalteciéndolo y resaltando sus cualidades en espera de que él les ayudara a suplir sus necesidades y, en calidad de víctimas o subalternos, aspiraban a acceder a puestos públicos, obtener una pensión, otro tipo de ayudas económicas, o reivindicaciones. Si bien las demandas y auxilios solicitados al caudillo se hacían en nombre propio, en muchas oportunidades las personas, por ser iletrados, o desconocidos del general y no tener ningún vínculo con él, requerían acudir a otros remitentes ya fueran familiares, parientes, amigos, vecinos, o personas cercanas a Mosquera, que gozaban de reconocimiento social y

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generalmente desempeñaban algún cargo en la administración pública, con el fin de que les ayudaran como mediadores o intermediarios para pronunciar sus voces ante quien estaba al frente del poder.

Gráfico No. 9. Lugares de origen de la correspondencia nacional enviada a Tomas Cipriano de Mosquera, año 1861.

Fuente: Instituto de investigaciones Históricas, José María Arboleda Llorente, Sala Mosquera, año 1861.

Nota: 1. SL: significa “sin lugar de origen”. 2. En la categoría “Otros”, corresponde a cartas enviadas desde diferentes localidades de la nación, una sola vez.

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El papel de intermediario se puede evidenciar en personalidades como Manuel Ancízar, quien desempeñó una labor muy importante como mediador ante el general, a favor de varias personas que acudían a él para solicitar favores, o para apelar frente a decisiones que les eran adversas. Tal era el caso del Sr. Paredes, Administrador de las Salinas de Zipaquirá, quien estaba solicitando una licencia para poder ausentarse e ir a ver a su familia, la cual había sufrido mucho a causa de la guerra. Al parecer Paredes estaba resuelto a “ir a amparar a su familia aunque le costara la vida”; por eso Ancízar solicitaba que se le entregara su licencia lo más pronto posible484. En otros casos, Ancízar debió defender de alguna injusticia a los seguidores de su misma causa, como le sucedió al Coronel Domingo Esguerra, quien había ido a Bogotá con licencia de su inmediato jefe para curarse de una dolencia de salud, y cuando se curó regresó al cuartel, pero contó con tan mala suerte que encontró al general Mosquera indignado con los soldados desertores y creyó que Esguerra era uno de ellos, por lo tanto, lo degradó a soldado raso. Ante esas circunstancias Ancízar intercedió por Esguerra para que el general le quitara la pena impuesta por insubordinación, argumentando que él era un “leal servidor de la causa y hombre de mucha edad”, para que lo restituyera a su antigua posición485

. Ancízar, además, intervino por toda una comunidad sin compromiso aparente, como lo hizo con los habitantes de Cartago, desde donde le solicitaban que le rogara a Mosquera “suspender el artículo 16 de la ordenanza de policía”, expedida por la Cámara del 10 de septiembre, “prohibiendo el juego de toros”, pues con ello se arruinarían “las ferias y mercados por falta de la única fiesta que atrae a la gente” 486

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Los lazos de amistad y los deberes que ella demanda, también eran un motivo muy fuerte para interceder por gente muy cercana, aunque hubiesen participado en la causa contraria, como lo hizo Ancízar con Antonio Mallarino, hijo de un antiguo amigo de él y de Mosquera, que fue puesto preso por celebrar a caballo la entrada de Canal, a la ciudad de Bogotá. Ante este hecho, Ancízar intercedió para que el hijo de su amigo fuera liberado487. En otra oportunidad actuó a favor del Sr. Miguel Chiari, quien había sufrido un ataque de pulmonía e iba a ser expulsado de la ciudad. Ancízar argumentaba que, aunque dicho señor era contrario a las ideas federalistas y quería que el triunfo no los favoreciera a ellos, no había pruebas de “hostilidad activa y efectiva”, contra los seguidores del federalismo; además, “el deseo” no era suficiente para ser enemigo del nuevo orden de cosas, por eso, apelaba a la justicia y generosidad de Mosquera para que lo ayudara, pidiéndole

484 Al respecto puede consultarse la carta de M. Ancízar a Tomás Cipriano de Mosquera, Bogotá, Septiembre 28 de 1861, en Archivo Mosquera, transcrita del original por T. C. de Mosquera Wallis. 485 Al respecto puede consultarse las cartas de M. Ancízar a Tomás Cipriano de Mosquera, Bogotá, marzo 6 y 10 de 1862, en Archivo Mosquera, transcrita del original por T. C. de Mosquera Wallis. 486 Al respecto puede consultarse las cartas de M. Ancízar a Tomás Cipriano de Mosquera, Bogotá, (sin mes) jueves 21 de 1861, en Archivo Mosquera, transcrita del original por T. C. de Mosquera Wallis.

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Al respecto puede consultarse las cartas de M. Ancízar a Tomás Cipriano de Mosquera, Bogotá, abril 18 de 1862, en Archivo Mosquera, transcrita del original por T. C. de Mosquera Wallis.

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benignidad, teniendo en cuenta lo que podría sufrir el Sr. Chiari por la larga marcha y los padecimientos que experimentaría su “desolada familia” 488

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En algunos casos, los lazos de amistad con personas del bando contrario eran tan fuertes que Ancízar decidió tomar decisiones a nombre del general, sin su previo consentimiento, para ayudar a un amigo en desgracia. Esto sucedió en el caso de la señora Ana Rebolledo de Pombo, que iba a ser expulsada de Bogotá hacia Honda. Ancízar, en carta del 28 de agosto de 1862, le informaba al general, que él había detenido la orden de expulsión en su calidad de Secretario de Estado, porque el Sr. Pombo se encontraba muy grave de salud y su esposa era la encargada de asistirlo, así que si ella salía de Bogotá posiblemente el Sr. Pombo viviría muy poco. Ancízar argumentaba que él tenía con el señor Pombo, “deberes de amistad, y hasta de gratitud, tales y tan continuados”, que si él no hubiera de servir su valer “para librarle de un doloroso vejamen que le costaría la vida, para nada en este mundo serviría”. Por tales motivos, le indicó al Sr. Rivas, gobernador del Distrito, que él se haría responsable de esa medida ante el Presidente, esperando que Mosquera la aprobara; pero como no fue así, se generó un choque de poderes entre el Secretario de Estado y el general Mosquera, que culminó con la destitución de Rivas, para darle un escarmiento indirecto a Ancízar, y éste le presentó su carta de renuncia489.

6.2. La reciprocidad entre los remitentes y el caudillo.

Para muchas personas que aspiraban a que sus demandas fueran atendidas con celeridad, debió ser de gran utilidad contar con mediadores como Ancízar; sin embargo, muchas otras debían acudir directamente ante el caudillo para solicitar su auxilio y hacer valer sus derechos, amparados en el compromiso moral que su líder tenía con ellos por haber participado directa o indirectamente a su favor en la contienda. Este era el caso de muchos soldados, quienes personalmente o a través de sus esposas, acudieron al general para solicitar su ayuda como lo evidencia la petición realizada por Juan A. Acebedo, al general Tomás Cipriano de Mosquera, en 1863, cuando le pedía el ascenso que él le había prometido a sus soldados después de la batalla de Manizales, desarrollada en 1860. Acebedo le argumentaba al General que:

Dicha orden no ha sido cumplida con todos i como voz ciudadano jeneral siempre has sido justo i tenéis el poder suficiente para hacerlo, me atrevo a pediros, que si me juzgáis acreedor al ascenso, deis la orden correspondiente para que se me expida el despacho, pues vos C. Jeneral bien sabéis el tiempo de mis servicios, de mi lealtad, de mi patriotismo, intrepidez i constancia i que en tantas luchas que he tenido la gloria de acompañaros hasta la presente que parece ya terminada, no he merecido sino una sola reliquia firmada por vuestra mano; reliquia que en 23 años de servicio he deseado i que me fue concedida últimamente en Silvia. Con sentimientos de

488 Al respecto puede consultarse las cartas de M. Ancízar a Tomás Cipriano de Mosquera, Bogotá, agosto 22 de 1862, en Archivo Mosquera, transcrita del original por T. C. de Mosquera Wallis. 489

Al respecto puede consultarse las cartas de M. Ancízar a Tomás Cipriano de Mosquera, Bogotá, agosto 28 de 1862, en Archivo Mosquera, transcrita del original por T. C. de Mosquera Wallis.