LA CORRESPONDENCIA DURANTE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA Y EL OCASO DEL CAUDILLO, 1861 – 1878.
6.2. La reciprocidad entre los remitentes y el caudillo.
benignidad, teniendo en cuenta lo que podría sufrir el Sr. Chiari por la larga marcha y los padecimientos que experimentaría su “desolada familia” 488
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En algunos casos, los lazos de amistad con personas del bando contrario eran tan fuertes que Ancízar decidió tomar decisiones a nombre del general, sin su previo consentimiento, para ayudar a un amigo en desgracia. Esto sucedió en el caso de la señora Ana Rebolledo de Pombo, que iba a ser expulsada de Bogotá hacia Honda. Ancízar, en carta del 28 de agosto de 1862, le informaba al general, que él había detenido la orden de expulsión en su calidad de Secretario de Estado, porque el Sr. Pombo se encontraba muy grave de salud y su esposa era la encargada de asistirlo, así que si ella salía de Bogotá posiblemente el Sr. Pombo viviría muy poco. Ancízar argumentaba que él tenía con el señor Pombo, “deberes de amistad, y hasta de gratitud, tales y tan continuados”, que si él no hubiera de servir su valer “para librarle de un doloroso vejamen que le costaría la vida, para nada en este mundo serviría”. Por tales motivos, le indicó al Sr. Rivas, gobernador del Distrito, que él se haría responsable de esa medida ante el Presidente, esperando que Mosquera la aprobara; pero como no fue así, se generó un choque de poderes entre el Secretario de Estado y el general Mosquera, que culminó con la destitución de Rivas, para darle un escarmiento indirecto a Ancízar, y éste le presentó su carta de renuncia489.
6.2. La reciprocidad entre los remitentes y el caudillo.
Para muchas personas que aspiraban a que sus demandas fueran atendidas con celeridad, debió ser de gran utilidad contar con mediadores como Ancízar; sin embargo, muchas otras debían acudir directamente ante el caudillo para solicitar su auxilio y hacer valer sus derechos, amparados en el compromiso moral que su líder tenía con ellos por haber participado directa o indirectamente a su favor en la contienda. Este era el caso de muchos soldados, quienes personalmente o a través de sus esposas, acudieron al general para solicitar su ayuda como lo evidencia la petición realizada por Juan A. Acebedo, al general Tomás Cipriano de Mosquera, en 1863, cuando le pedía el ascenso que él le había prometido a sus soldados después de la batalla de Manizales, desarrollada en 1860. Acebedo le argumentaba al General que:
Dicha orden no ha sido cumplida con todos i como voz ciudadano jeneral siempre has sido justo i tenéis el poder suficiente para hacerlo, me atrevo a pediros, que si me juzgáis acreedor al ascenso, deis la orden correspondiente para que se me expida el despacho, pues vos C. Jeneral bien sabéis el tiempo de mis servicios, de mi lealtad, de mi patriotismo, intrepidez i constancia i que en tantas luchas que he tenido la gloria de acompañaros hasta la presente que parece ya terminada, no he merecido sino una sola reliquia firmada por vuestra mano; reliquia que en 23 años de servicio he deseado i que me fue concedida últimamente en Silvia. Con sentimientos de
488 Al respecto puede consultarse las cartas de M. Ancízar a Tomás Cipriano de Mosquera, Bogotá, agosto 22 de 1862, en Archivo Mosquera, transcrita del original por T. C. de Mosquera Wallis. 489
Al respecto puede consultarse las cartas de M. Ancízar a Tomás Cipriano de Mosquera, Bogotá, agosto 28 de 1862, en Archivo Mosquera, transcrita del original por T. C. de Mosquera Wallis.
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aprecio i alta consideración me suscribo de voz Ciudadano Jeneral vuestro adicto servidor. La Ceja, febrero 19 de 1863490.
Ese documento es interesante, porque muestra la voz de una persona que participó como soldado en las contiendas, que pertenecía a distintos sectores sociales, utilizando un discurso en el que aprovecha la diferenciación de poderes a su favor, para exigirle al caudillo el cumplimiento de los compromisos adquiridos con sus tropas, apelando a la justicia, la lealtad, el patriotismo, e indirectamente la palabra empeñada y la honorabilidad para hacer cumplir sus reivindicaciones; es decir, había una cuestión moral que obligaba al líder a cumplir su palabra para poder apoyarse en su amplia red de colaboradores que se extendían por toda la nación, e incluso en el exterior.
En otros casos, cuando terminó la guerra, algunos soldados le escribieron al general recordando su labor prestada durante la misma, utilizando un lenguaje donde primero halagaban al caudillo resaltando sus cualidades, después destacaban la prestación de sus servicios personales, los sacrificios que tuvieron que hacer al dejar su lugar de origen y su familia para ir a luchar voluntariamente a favor de la causa del caudillo, el estado lamentable de su hogar al retornar, sus padecimientos de salud y las desgracias; además, daban información de sobre la situación política del lugar donde se encontraban, para pasar a solicitar algún tipo de colaboración o ayuda y se despedían como sus leales servidores.
En muchas oportunidades, los escribientes no eran los hombres sino sus esposas quienes acudían al general para solicitar favores de distinto tipo, como ayudas económicas, préstamos de dinero, compasión por sus parientes caídos en desgracia, intervención política y justicia en casos donde sus esposos, o algún miembro de su familia, estaban siendo maltratados o injuriados por las autoridades del lugar, en especial, si habían pertenecido al bando enemigo. En todas esas situaciones utilizaban un lenguaje que pretendía despertar compasión, benevolencia y justicia y esperaban que sus asuntos fueran resueltos con prontitud, aún más, cuando ellas habían participado como colaboradoras, informantes o aliadas anónimas, aportando noticias y avisos de valor político estratégico para la causa federalista. Esta era una de las formas de su participación en la vida pública y política colombiana del siglo XIX491.
Una expresión corriente en las cartas seguía siendo el apelativo de “amistad”, aunque muchas veces los escribientes y sus destinatarios no eran amigos directos y no estaban en el mismo nivel sociocultural. En algunas oportunidades, para ser
490 Carta remitida por Juan A. Acevedo a Tomás Cipriano de Mosquera, La Ceja, febrero 19 de 1863, en: Archivo Central del Cauca, Correspondencia Mosquera, carpeta No. 1, sig. 43286. 491 Sobre la participación política de las mujeres a través de la correspondencia puede consultarse: Murray Pamela, Universidad de Alabama, Birmingham, Estados Unidos, Mujeres, género y política en la joven República colombiana: Una mirada desde la correspondencia personal del general Tomás Cipriano de Mosquera, 1859 – 1862, óp., cit., pp. 54 – 71.
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atendidos por el general referenciaban a un amigo en común, pariente o familiar, como forma de respaldo de su solicitud. También era corriente acudir a la “amistad y el aprecio” para recomendar a algún familiar y solicitar que lo ubicara en algún puesto de trabajo, como lo hacía Ramón Acebedo, en carta remitida a Mosquera:
Mi estimado jeneral i amigo de mis aprecios.
Quiero significarle con este último recuerdo, uno verdadero de amistad, manifestándole el deseo por su buena salud i mis votos de singular estimación por su persona.
A su amistad i conocida bondad, recomiendo a mi hijo Tomás, para uno de los destinos de Hacienda, Correos, Moneda o Secretario de una legación. Mi hijo Tomás es abogado, i usted lo conoce como empleado civil, cuando a su lado ejerció los destinos de Jefe de Sección de la Intendencia, Comisario de Guerra, i adjunto a la Secretaría de Hacienda, siendo entonces como hoi uno de los más entusiastas por su causa bajo la bandera de Colombia, como así usted lo habrá visto en sus artículos de "El Colombiano".
Deseo a mi querido Jeneral su completa salud i que siempre me cuente como su mejor amigo i decidido estimador.
Ramón Acevedo492.
Este “leal soldado y amigo” del general, muestra que a pesar de las evidentes diferenciaciones de poder entre Mosquera y la mayor parte de los miembros de su ejército, era claro el doble juego del dar y recibir, en el cual los ganadores de la contienda esperan de su líder auxilios y futuras recompensas, a cambio de seguir brindando sus servicios incondicionales en nombre de la patria, desde otros escenarios como durante las elecciones y en su paso por la administración pública.