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CAPÍTULO II: EL CONVENTO DE SAN JOSÉ EN EL SIGLO XVII

2. Conventos femeninos en la Gobernación del Tucumán

2.3 Erección y patronato del monasterio

2.3.2 La dotación

Sin duda, la dote material fue el elemento básico de la escritura de fundación, ya que las rentas y propiedades inmuebles y muebles que se cediesen a los conventos femeninos iban a constituir, en muchos casos, el grueso fundamental sobre el que se asentaría la supervivencia de una comunidad a lo largo de su historia285. En teoría, los bienes y rentas dotales debían componer el patrimonio más estable de las comunidades religiosas, prolongándose su disfrute durante toda la existencia sin necesidad de acudir a otras fuentes de ingresos. En la práctica, los vaivenes de la economía y otras circunstancias como la mala administración llevaron a la devaluación de las rentas fundacionales y las religiosas tuvieron que buscar alternativas para poder subsistir286. Por otro lado, la dotación debía garantizar el cumplimiento de los elementos constitutivos de estas comunidades: las cargas espirituales y la clausura. Respecto a las primeras, se ha señalado que las rentas dotales se entregaban a cambio de la celebración de la memoria de misas que los patrones habían fundado; en cuanto a la clausura, la dotación económica debía asegurar un nivel de rentas suficiente para evitar que las monjas tuvieran que acudir a recursos extraordinarios para su subsistencia que impidieran el absoluto

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Las clavarias eran las encargadas de pedir mensualmente las cuentas a la portera y de revisar los libros de ingresos y egresos frente a la priora. Custodiaban, además, el arca de tres llaves, guardando dos de éstas. En dicho baúl se conservaban las escrituras y los depósitos económicos del monasterio. 284

AAC, Historia del Monasterio de Santa Teresa, Legajo 59, Tomo1, Copia de la escritura de

fundación del Monasterio de Santa Teresa, 1637.

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SORIANO TRIGUERO, op. cit., p. 47. 286

GUILLERMO NIEVA OCAMPO, ―Paisaje económico de un monasterio en tiempo de los Austrias. Santa Catalina de Córdoba del Tucumán en el siglo XVII‖, ponencia presentada en las II Jornadas de Historia de la Iglesia en el NOA, Tucumán 15-17 de mayo de 2008.

mantenimiento de la clausura, con actividades como las granjerías, la limosna o las devociones de particulares que frecuentaban los conventos.

En el caso del monasterio de San José, la dotación efectuada por don Juan de Tejeda puede dividirse de esta manera: la cesión de los inmuebles urbanos donde iba a instalarse la comunidad, la cesión de estancias, la entrega de esclavos y los objetos destinados a la iglesia.

Las casas que iban a ser convertidas en monasterio pertenecían a la familia Guzmán, es decir, a los suegros de don Juan de Tejeda. Eran las ―casas de su morada, que como le consta a su Señoría, están en el mejor sitio de esta ciudad‖, según se asentó en la escritura dotal287. Se ubicaban en diagonal a la Plaza Mayor y fueron ―donadas y dotadas‖ en obra pía por María de Tejeda para que en ellas se instalasen las monjas288.

Al poco tiempo comenzaron a introducirse modificaciones de importancia en el edificio ya que estaba siendo adaptado para su nuevo propósito. No se conserva descripción original alguna de la casa; solo se sabe que la huerta y el corral se hallaban al Oeste y que una ventana que daba a la calle tenía rejas doradas, las que fueron quitadas posteriormente como ―cosa indecente en semejantes monasterios que ni dentro ni fuera es de servicio ninguno‖289

. Igualmente se reservó un cuarto de solar sobre la calle, destinado a la ranchería de los esclavos del Monasterio.

El capitán don Pablo de Guzmán hizo donación también de doce piezas de esclavos:

negras y negros, nombrados Francisco y Juliana su mujer con tres hijos que entran en el dicho número, llamados Luis que tiene cinco años, Sebastián que será de seis, más otro Juan que será de siete años; Antonio, casado con Lucrecia; otro Francisco, casado con negra de Juan de Tejeda; Pedro,

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―Otorgamos por la presente, que en aquella vía y forma que más haya lugar en derecho, inter vivo y por obra pía a la dicha nuestra nieta doña María de Tejeda, para que lleve y ponga en la dicha fundación como suyos los siguientes: primeramente las casas de nuestra morada, que son en esta ciudad, con todo lo que en ellas habrán plantado y edificado y con todo lo que de hecho y derecho les pertenece; que por una parte lindan con casa de Luis Frason que eran de los herederos de Sotomayor, por otra con el Hospital de Santa Bárbola[sic] de esta ciudad y calle en medio y casas de Melchor Rodríguez con cargo de treinta pesos corrientes que sobre él tengo impuesto a censo cada año‖. AAC, Historia del Monasterio de Santa Teresa, Legajo 59, Tomo1, Copia de la escritura de fundación del

Monasterio de Santa Teresa, 1637.

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En el expediente consultado se incluyó la aceptación por parte de los padres de la ―dotación y donación‖ hecha a María de Tejeda. La misma María ―aceptó esta donación hincada de rodillas, agradeció a sus abuelos esta donación‖. El acto se realizó el 8 de septiembre de 1622. Los testigos fueron el Licenciado Luis de Peso, vecino y alcalde ordinario de la ciudad; Felipe de Sena y Alonso de Salvatierra, ambos vecinos y actuó como escribano Alonso Nieto de Herrera.

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soltero; Lucía, con su hijo llamado Roque, que será de un mes; Francisca, casada con negro del Licenciado Luis del Peso […] todo lo cual ofrecemos al servicio del Señor‖290

.

Por su parte don Juan de Tejeda entregó una estancia que había adquirido al Capitán Pablo Acuña, que se hallaba a cinco leguas de la ciudad, camino a Ascochinga, con el ganado mayor y menor y los ocho esclavos que allí tenía291.

El patrimonio paterno y materno donado al monasterio ascendió a treinta mil pesos. A esta suma deben agregarse los diez mil pesos que el matrimonio Tejeda entregaría al momento en que las dos hijas profesasen. La dotación se completaba con un retablo de madera en el altar, obra de Dionisio Rodríguez292, cuyo costo fue de dos mil pesos; una peana de marfil puesta dentro del sagrario y la imagen de bulto de Santa Teresa.

Para efectuar el culto divino con toda solemnidad eran necesarias las ropas que vestían los oficiantes y las que cubrían el altar o las andas de las imágenes para las procesiones. Don Juan también se mostró generoso en este aspecto ya que donó al monasterio algunos tafetanes, una casulla, un frontal, dalmáticas y una capa. Para ornamentar la iglesia entregó algunas láminas y una cruz de reliquias que había costado cien pesos293.

A fin de promover la devoción por determinadas imágenes y atraer la mirada apacible de las religiosas se donaron pinturas y grabados. El 25 de junio de 1633, Tejeda entregó: ―un lienzo grande del Amor Divino‖; ―seis retablos de la historia de Adán y Eva‖, un ―retablo de la Comunión‖, ―un retablo de San Miguel‖; ―catorce retablos de los santos de Santo Domingo‖; ―un San Jerónimo‖; ―un Niño Dios‖; ―ocho retablos pequeños‖; ―una imagen de Nuestra Señora de la Concepción‖; ―Nuestra Señora del Rosario‖; y ―una Verónica‖. Ana María de Guzmán sumó a estos lienzos y

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AAC, Historia del Monasterio de Santa Teresa, Legajo 59, Tomo1, Copia de la escritura de

fundación del Monasterio de Santa Teresa, 1637.

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AAC, Monjas Teresas, Legajo 8, Tomo 1, Testimonio o copia del Testamento del Capitán don Juan

de Tejeda Miraval. El tema de los bienes entregados al monasterio se completará en el apartado

dedicado a la economía conventual. 292

Estipulaba el contrato que debía ser ―muy pulido‖ y ―de la manera que está fecho el modelo que ambos tenemos firmado‖. Tejeda le pagó mil pesos por la ejecución, además de darle casa y comida durante el año y medio que empleó en la tarea. Consta asimismo que había concertado con Gonzalo Carvallo, carpintero, para enmaderar el coro alto y bajo, poner rejas ―y hacer otras cosas‖; pero antes de terminar la obra este murió. LUQUE COLOMBRES, Orígenes, cit., p. 190.

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AAC, Monjas Teresas, Legajo 8, Tomo 1, Testimonio o copia del Testamento del Capitán don Juan

retablos una obra de ―Santa Teresa de Jesús‖. Es muy probable que hiciera otro tanto don Pablo de Guzmán294.

Tres palabras que escoltan a la familia Tejeda son prestigio, notoriedad, y poder. A los cargos políticos sustentados en la ciudad, debían agregarse los de la fundación y patronato de conventos. Sin duda, alcanzar la salvación celestial era el anhelo de todo fiel y la realización de obras pías era un medio propuesto por la Iglesia para alcanzarla, pero también es evidente que en las fundaciones estuvieron presentes otros factores de peso en la sociedad del Antiguo Régimen: el prestigio, la honra, el buen nombre y el honor.