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CAPITULO I: EL ESPIRITU TERESIANO EN EUROPA Y EN EL NUEVO MUNDO

4. Las carmelitas en el Continente Americano

Si bien las leyes de Indias (libro I, título 3, ley 1) ordenaban que en las ciudades y pueblos americanos se edificaran monasterios para la conversión y enseñanza de los naturales y para la predicación del Evangelio, las órdenes femeninas no se trasladaron a América dentro del sistema de misiones para evangelizar, sino para atender las necesidades espirituales de la población española. En este sentido, no pudo plasmarse el deseo primero de Teresa de Ávila al enterarse de la multitud de almas indígenas que no conocían a Cristo. Sin embargo, la monja de Ávila sabía que tenía una misión que realizar y un medio para hacerla efectiva: la oración.

Para Teresa la misión tenía como objetivo la honra y gloria de Dios, realizada a través de los predicadores, dado que las mujeres no podían transmitir el mensaje de salvación cristiano. No obstante, la oración y su vida religiosa eran ―la palanca que ayudaba a los misioneros‖110

.

Puede ser que la pasión de Teresa por las tierras americanas y sus gentes se debiera a que los hermanos Cepeda fueron de los primeros conquistadores y pobladores del Nuevo Mundo y lucharon siempre bajo los estandartes del rey111. En sus cartas Teresa mostraba su preocupación por los indios y su indignación por las personas que no se esforzaban por comprender la dignidad del hombre; además, denunciaba los abusos a que eran sometidos los indígenas: injusticias por falta de doctrina pero también arbitrariedades laborales. El horizonte de la misión se ampliaba por el contacto con el Nuevo Mundo112.

Sin duda la inquietud más apremiante de Teresa por ―sus difíciles hermanos‖113

fue la salvación eterna de sus almas, como da cuenta la carta que escribiera a su Lorenzo, en ese momento en la ciudad de Quito:

110

JOSÉ MIGUEL GARRIDO, OCD, ―La misión en las cartas de Santa Teresa‖, en: Revista de

Espiritualidad 61, 2002, pp. 255-321.

111

―Digo que el dicho Lorenzo de Cepeda, mi abuelo, y cuatro hermanos suyos, mis tíos, hermanos asimismo de la Santa Teresa de Jesús, fueron de los primeros pobladores y pacificadores de estos reinos del Perú, y de las personas de más calidad e importancia que vinieron a estas partes de los reinos de España‖. Citado por CAYETANO BRUNO, Gobernantes beneméritos de la evangelización en el

Río de la Plata, Rosario, Didascalia, 1993, p. 63.

112

En la carta escrita a su hermano Lorenzo expresaba: ―Que nos juntemos entrambos para procurar más su gloria y honra y algún provecho de las almas; que esto es lo que mucho me lastima, ver tantas perdidas y esos indios no me cuestan poco. El Señor los de luz, que acá y allá hay harta desventura […] no se muchas veces qué decir sino que somos peores que bestias, pues no entendemos la gran dignidad de nuestra alma, y cómo la apocamos con cosas tan apocadas como son las de la tierra‖. SANTA TERESA, Epistolario, op. cit., Carta a don Lorenzo de Cepeda. Toledo, 17 de enero de 1570, p. 103- 109.

113

Por cuatro partes he escrito a vuestra merced, y por las tres iba carta para el señor Jerónimo de Cepeda; y porque no es posible sino llegar alguna no responderé a todo lo de vuestra merced ahora […] En los envoltorios le escribía. También enviaba en cada uno reliquias a vuestra merced para el camino […] A mi hermano el señor Jerónimo de Cepeda me encomiende mucho […] Estoy con harto cuidado de Agustín de Ahumada, por no saber cómo va en las cosas de Nuestro Señor. Harto se lo ofrezco y al señor Hernando de Cepeda me encomiendo 114.

Teresa le escribió varias cartas a sus hermanos y en cada una de ellas les repetía el temor de que se perdieran ―espiritualmente‖115

. En la visita que el padre Alonso Maldonado116 efectuó al monasterio de San José de Ávila contó sobre la cantidad de almas que se perdían en las Indias por falta de doctrina. En su tristeza Teresa suplicó al Señor que ―diese algún medio cómo pudiese hacer algo para ganar algún alma para su servicio‖, y estando en oración el Divino Maestro le respondió: ―espera un poco, hija, y verás grandes cosas‖117

.

No habría que aguardar mucho para que los carmelitas descalzos se trasladaran al Nuevo Mundo. Su llegada al Virreinato de Nueva España data de finales del siglo XVI. El gran promotor del envío de religiosos del Carmen a las Indias fue el padre fray Jerónimo Gracián de la Madre de Dios, quien siendo primer provincial de la reforma, introdujo algunos cambios en su congregación religiosa, como lo fueron las misiones en tierras de infieles. Fue, sin duda, el auténtico propagador de la orden que supo conservar el espíritu teresiano tras la desaparición de su fundadora118.

114

SANTA TERESA, Epistolario, op. cit., Carta a don Lorenzo de Cepeda, pp. 103-109. 115

En el proceso de beatificación y canonización de Teresa de Jesús don Alonso Enríquez, obispo de Sidonia, testificó bajo juramento que al ―capitán Ahumada oyó su señoría decir que estando en el reino de Chile […]la dicha su hermana la santa madre Teresa de Jesús le había escrito que se saliese del reino del Perú, que le importaba su salvación; y el dicho capitán no hizo caso de esto y tornó a secundar la dicha su hermana percudiéndole que se saliese, que le importaba su salvación; y justamente con esto oyó decir la santidad de su hermana la dicha madre Teresa, por cuya causa se resolvió a salir y dejar las Indias‖. Proceso de Madrid, 30/1/1610, en Silverio de Santa Teresa, Procesos de Beatificación y

canonización de Santa Teresa de Jesús, t. III, Burgos, 1935, citado por CAYETANO BRUNO, Gobernadores beneméritos, op. cit, p. 65.

116

Francisco de Maldonado, nacido hacia 1510/1516 y muerto hacia 1597/1600 había sido misionero en Nueva España durante el decenio 1551-1561. A partir de esta última fecha expuso la causa de los indios en Madrid y Roma ante el Rey y el papa. Al final de sus días fue procesado por la Inquisición. 117

SANTA TERESA DE JESÚS, Las fundaciones, op. cit., capítulo. I, 7-8, pp. 875-876. 118

Nacido en Valladolid en 1545. Fue uno de los hijos de Diego Gracián de Alderete, secretario del Emperador Carlos V y de Felipe II, y de Doña Juana Dantiscio, hija del humanista polaco. Estudió Filosofía y Teología en la Universidad de Alcalá. Se destacó por su creatividad e inteligencia manifestada en la literatura, las matemáticas y la medicina. Fue elevado a provincial de la orden, nombrado visitador apostólico de los Carmelitas Calzados y Descalzos de España y, asimismo, de los Descalzos de Portugal. Autor de numerosas obras y de una nutrida correspondencia con Santa Teresa, falleció en 1614. Véase EULOGIO PACHO, OCD, ―Jerónimo Gracián de la Madre de Dios: vida y obras‖, en: El Monte Carmelo, 91, 1983, pp. 259-309. También TOMÁS ÁLAREZ, OCD., ―Jerónimo

Procedentes de Sevilla llegaron a Veracruz un 27 de septiembre de 1585 cinco sacerdotes y siete hermanos en la flota que transportaba al virrey Álvaro Manrique de Zúñiga, marqués de Villamanrique. Con un espíritu verdaderamente emprendedor, en menos de veinte años establecieron sesenta y un nuevos conventos de frailes y treinta monasterios de monjas descalzas119.

Los que en un comienzo apoyaron la apertura de comunidades de monjas de su congregación fueron los frailes. Ellos intercedieron para que diecinueve años después de su arribo, en 1604, se abrieran las puertas del primer carmelo descalzo femenino en América, en la ciudad de Puebla. Coincidentemente, fue el mismo año de la llegada de las religiosas descalzas a París.

Si bien Puebla de los Ángeles no era la capital del virreinato sino la segunda ciudad en importancia, hubo momentos en que el gobierno eclesiástico poblano logró riquezas más competitivas, lo que explica la apertura en esa ciudad. Las primeras carmelitas descalzas fueron cinco damas españolas formadas en la espiritualidad de la orden por sus hermanos de hábito120. Este monasterio fue cuna de varios más.

La imperial ciudad de México fue asiento de la segunda fundación de las carmelitas descalzas en 1616, sin ninguna vinculación con el monasterio poblano. Se lo conoce como ―Santa Teresa la Antigua‖. Ante la imposibilidad de llevar monjas españolas, don Juan Luis de Rivera consiguió que dos concepcionistas deseosas de una vida más austera que la que llevaban iniciaran la vida de carmelitas descalzas. Estas madres fueron instruidas en la vida carmelitana y en la espiritualidad de la orden por los frailes Pedro de los Apóstoles y Pedro de San Hilarión121. Guadalajara fue la

Gracián, pionero de las misiones teresianas‖, en: Libros de la corte.es, 6, 9, otoño-invierno, 2014, pp. 29-49. Libros de la corte.es, 6, 9, otoño-invierno, 2014.

119

Sobre la llegada y expansión de los carmelitas descalzos en Nueva España, ver DIONISIO VICTORIA MORENO, Los carmelitas descalzos y la conquista espiritual de México, 1585-1612, México, Porrúa, 1966; MANUEL RAMOS MEDINA, Fundaciones femeninas carmelitas en la Nueva

España, México, Condumex, 1997; ALFONSO MARTÍNEZ ROSALES, ―La provincia de San Alberto

de Indias de Carmelitas descalzos‖, en: Historia Mexicana, México, El Colegio de México, 31, 4, abril- junio 1982, pp. 471-543.

120

Los antecedentes de la fundación de Puebla hay que buscarlos en Veracruz, donde Ana Núñez, Elvira Suárez y Juana Fajardo se habían retirado en 1593 a una casa para vivir de manera piadosa. Tres años después decidieron observar clausura y emitir los sagrados votos. Entonces marcharon a Puebla con el propósito de vivir al estilo de las descalzas de San José de Ávila, modelo que aprendieron a partir de sus lecturas y con la ayuda y dirección de los hermanos de hábito.

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El convento concepcionista que dio origen al teresiano fue el real de Jesús María. Allí las monjas, aún en vida de sus fundadoras, se distraían continuamente con los seglares que las visitaban en el locutorio, con la asistencia de numerosas criadas y con el uso continuo de alhajas y vestidos que ostentaban sus riquezas. Para su estudio véase MAMUEL RAMOS MEDINA, Imagen de santidad en

un mundo profano, México, Universidad Iberoamericana, 1990, pp. 45-73. También JOSEFINA

sede del tercer establecimiento para religiosas carmelitas en la Nueva España a fines del siglo XVII.

El segundo Carmelo en Hispanoamérica tuvo por fundadora a doña Elvira Padilla y Pimentel. Apenas habían transcurrido unos pocos años desde el fallecimiento de Santa Teresa de Jesús cuando sus obras ya se leían en la América española suscitando vocaciones. Una de estas lectoras fue doña Elvira, quien gestionó sin éxito ante el General de la Congregación en la Península, Alonso de Jesús María, el envío de monjas a establecer un monasterio en Santafé de Bogotá. Decidió entonces fundar ella misma pidiendo los permisos necesarios para empezar y obtuvo las licencias del gobernador y del arzobispo en abril y junio de 1606. Se le unieron dos hijas y algunas sobrinas y comenzaron a vivir en comunidad.

Fue así que el arzobispo Bartolomé Lobo decidió enviarles dos monjas concepcionistas para que las ayudasen. Finalmente, en 1626, el monasterio obtuvo la aprobación pontificia. Al ejecutar la bula el arzobispo exigió algunas mitigaciones. Las principales fueron: dar licencia para comer carne excepto los viernes, vigilias, cuaresmas y adviento; recibir hijas de cuarteronas; que pudieran ingresar treinta y tres religiosas de velo negro en honor a los treinta y tres años de Jesucristo, y tener sirvientas y esclavas de propiedad de la comunidad y no de alguna religiosa en particular122. A esta fundación le siguió la de Villa de Leiva a mediados de siglo y otra en Popayán en 1721.

El segundo Carmelo de la América del Sur nació en Cartagena de Indias. Su fundadora fue doña María de Barros y Montalvo, perteneciente a uno de los linajes más influyentes de la gobernación123.

El 1 de noviembre de 1605 el gobernador de Cartagena, Jerónimo de Zuazo, enviaba al Consejo de Indias una carta en la que transmitía la petición formulada por Doña María de Barros de fundar un monasterio bajo la Regla de Santa Teresa y ubicarlo en las casas que tenía en la ciudad, con una renta de 4.000 pesos. María de Barros explicaba que debido a la gran herencia que había recibido por el fallecimiento de su marido y de su único hijo quería dar gracias a Dios fundando un monasterio de descalzas, el primer convento femenino de la ciudad de Cartagena bajo la Regla de Santa Teresa, de quien era muy devota. En él se recogerían doncellas pobres de su

122

Acta notarial del 27 de agosto de 1627, citada por ORTEGA, op.cit, p. 289. 123

Hija del conquistador y encomendero Pedro de Barros, se casó con el capitán Hernán López de Mora con quien tuvo a su único hijo, Francisco de Mora. Al fallecer su esposo y su hijo antes de 1606, se convirtió en heredera universal de los bienes de ambos.

familia y de la familia de su marido, así como a otras jóvenes cuya vocación fuese vivir bajo esa regla monástica124. La licencia real y la aprobación del Nuncio apostólico llegaron con prontitud, dando inicio al cenobio femenino125. Al mismo tiempo doña María de Barros recibió a algunas clarisas venidas desde la Península para ayudarla a poner en funcionamiento el monasterio e instruir a las novicias.

A estas fundaciones le siguió el Carmelo de la ciudad de Lima, vinculado al patrocinio de don Domingo Gómez de Silva y doña Catalina María Doria. Desde su instalación en Perú se habían dedicado a la educación de las niñas, hijas de importantes familias de la sociedad colonial. También Catalina criaba doncellas confiadas por sus padres y algunas huérfanas pobres descendientes de conquistadores. Las niñas usaban a modo de uniforme el hábito de las carmelitas descalzas. El número de las colegialas fue creciendo y en 1626, con la licencia del Virrey del Perú, marqués de Guadalcázar, fundaron el recogimiento para niñas llamado del Carmen o también Colegio del Monte Carmelo. Esta institución, aunque exitosa, tuvo una vida exigua porque en 1643 Catalina María, tras enviudar y sin hijos, junto con el presbítero Diego de Mayuelo presentaron un memorial al virrey manifestando el deseo de fundar un convento de monjas carmelitas descalzas. Nació así el Monasterio de Nuestra Señora del Carmen, un reducto de mujeres de la nobleza local al que se trasladaron monjas provenientes de Cartagena para instruir a las novicias y gobernar a las religiosas126.

El segundo Carmelo en el actual territorio de Perú fue el de la ciudad de Cuzco, fundado en 1673. La primera cusqueña movida por las admoniciones de Santa Teresa fue doña Leonor Costilla (1592-1662?), nieta del conquistador Jerónimo Costilla. Doña Leonor era también una viuda adinerada. Tras el deceso de su marido en 1641, se dedicó a administrar las plantaciones de azúcar que tenían en Pachachaca y a colocar su producción en Cuzco y Potosí En pocos años su fortuna se incrementó notablemente. Aunque su familia apoyaba económicamente al convento de Santa Clara, donde su hermana había profesado, Leonor decidió dedicar la mitad de sus

124

MARÍA SALUD ELVÁS INIESTA, ―La fundación del convento de Santa Teresa de Cartagena de Indias‖, en: Temas americanistas 21, julio-diciembre 2008, pp. 34-47.

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A pesar de que el convento comenzó a funcionar al poco tiempo de recibir la cédula aprobatoria, el acta de fundación no fue firmada hasta el 24 de marzo de 1609.

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MARTINA VINATEA RECOBA, ―Catalina María Doria, fundadora del convento de carmelitas descalzas de Lima, Perú‖, en: FRANCISCO JAVIER CAMPOS Y FERNÁNDEZ DE SEVILLA (coord.), La clausura femenina en el Mundo Hispánico: una fidelidad secular, Simposium (XIX

edición), San Lorenzo del Escorial, Real Centro Universitario Escorial-María Cristina, Vol. 2, 2011,

activos a la fundación de un nuevo convento de carmelitas reformadas. El primer paso era lograr la aprobación formal de la Corona. Desafortunadamente, el real decreto de 1651 autorizando la fundación se perdió antes de llegar a Cuzco y cuando arribó el duplicado, en 1664, ya hacía dos años que Leonor había muerto127.

Para ese entonces, el proyecto había ganado impulso local. El obispo, destacando que un convento carmelita podría ser ―de gran importancia para el servicio de Dios y la reforma de las prácticas locales‖ convenció a don Antonio de Zea, un adinerado corregidor de Abancay, Yucay y Andahuaylas, para que hiciera las inversiones necesarias. Ya mayor, don Antonio se casó con doña Ana María de Urrutia Matajudíos y, al igual que Leonor Costilla, al no tener hijos, dejarían como heredero a un monasterio. Las ceremonias de fundación comenzaron el 9 de marzo de 1673 con la colocación de la piedra fundamental de la iglesia en presencia de todas las autoridades de la ciudad. Desde Charcas se enviaron seis religiosas – tres monjas profesas y tres novicias – para establecer el nuevo convento128.

En cuanto a la fundación quiteña puede decirse que estuvo relacionada indirectamente con la persona de Teresa de Cepeda, ya que allí estuvieron varios de sus hermanos, particularmente Lorenzo de Cepeda. En Quito nació una hija de Lorenzo, Teresa de Cepeda y Fuentes, considerada la primera carmelita descalza americana129. Su tía la recibió en Sevilla, pero profesó en San José de Ávila.

La creación del monasterio se debe a la actuación del obispo burgalés Agustín Ugarte y Saravia, quien llegó a la diócesis octogenario y la gobernó por tres años. Desde el comienzo tuvo la intención de fundar una comunidad carmelita. La afinidad con la orden la tenía desde su época de estudiante cuando conoció de cerca a la persona y la obra de Teresa de Jesús. Vistos los informes el rey Felipe IV emitió la cédula real el 2 de abril de 1651. Sin embargo, el prelado no pudo contemplar su obra,

127

KATHRYN BURNS, op. cit., pp. 128-129. 128

Ibídem. 129

Puede considerarse igualmente la primera escritora ecuatoriana. Poco es lo que se conserva de su mano. En sus páginas la joven quiteña se revela ferviente, con una espontánea capacidad de expresión que parece haber sido el don de la familia, su narración es directa y atractiva. Reproduzco un fragmento de su declaración escrita en el segundo proceso: ―Mas en este tiempo de tantas aflicciones acertó a llegar allí su padre de esta declarante, llamado Lorencio de Cepeda, hermano de la dicha Santa Madre, que llegaba de Indias, trayendo consigo a esta declarante y a sus hermanos, sin saber que la había de hallar allí a la Santa Madre; y antes que desembarcasen, parece que por providencia de Dios supo de su llegada la Santa Madre y los envió cierto regalo a mí, […] Quedó con esto tan confiada, que hizo cuenta que ya la tenía, y ansí la tuvo presto muy grande y recreable por medio de las diligencias de su padre de esta declarante, costándole muchos trabajos el comprar la casa para sus monjas y defenderla en lo que se ofreció‖. MIGUEL SÁNCHEZ ASTUDILLO, Prosistas de la colonia, siglos XV-XVIII, Quito, Biblioteca Ecuatoriana Mínima, 1960, pp. 126, 134 y 135.

aunque dejó firmado el auto de fundación el 27 de enero de 1652 antes de su muerte. Con el fin de asegurar el fiel cumplimiento de su voluntad encargó la ejecución del proyecto a su prima hermana, doña María de Saravia. Ese monasterio es conocido como Carmen Alto o ―Carmen de San José de Quito‖130

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El éxito de esa fundación fue vertiginoso, de modo que quince años después se levantó el ―Carmen Bajo‖ en Latacunga con el nombre de ―Carmen de la Santísima Trinidad de Latacunga‖ (1669). Después de tres décadas un violento terremoto lo destruyó y las religiosas volvieron a Quito e hicieron la fundación del Carmen Moderno de la Santísima Trinidad131.