• No se han encontrado resultados

La escala de valores El norte de la brújula

La escala de valores es esencial para el manejo del estrés. Las personas que no tienen valores personales claros en la vida, están expuestas a cambios arbitrarios de rumbo y

todas sus decisiones y deseos son circunstanciales y aleatorios, por lo tanto contradictorios a través del tiempo. El filósofo Séneca93 sentenció “no hay viento favorable para quien no conoce su rumbo”; es decir, quien no sabe donde va, nada le viene bien. Esto también es totalmente cierto en estrés. Aquella persona que no tiene clara su escala de valores y actúa en consecuencia, es como el capitán de un barco que no utiliza los satélites o las estrellas como sistema de navegación.

La escala de valores, es para nuestra vida, el camino a seguir, nuestro norte. Es más frecuente encontrar personas con estrés entre quienes los tests muestran una falta y/o falla en la escala de valores. Por el contrario, aquellas personas que tienen conceptos rectores y valores personales claros y definidos y rigen sus acciones en base a ellos, resisten mejor los estresores.

Al abordar este tema, el de la escala de valores, resulta claro en principio que Jesús debió ser una persona de valores y convicciones claras. No podía ser de otro modo para quien llevó adelante semejante proyecto adhiriendo la voluntad, la fe de sus seguidores, que encontraban en el mensaje de Jesús el camino a seguir.

Ahora bien, ¿es posible teorizar sobre cuales fueron esos valores? En principio resulta evidente que Jesús hombre, como aquel judío galileo, pobre y de profesión carpintero, siguió las enseñanzas que recibió de su familia, dentro del contexto cultural y religioso de la época. Por tanto seguramente los diez mandamientos de la ley de Dios fueron su punto de referencia. Ese decálogo (del griego deca diez y logos palabra) son las palabras de Dios. Se citan en el Antiguo Testamento en el libro del Éxodo 20, 2-7 y con algunas diferencias se vuelve a citar en Deuteronomio 5, 6-21. Aquí conviene hacer un breve análisis histórico de los mandamientos para entender cómo influyeron y formaron parte de la escala de valor de Jesús (su ley) y cómo él, con la influencia de su mensaje la modifica. La siguiente es la transcripción de los mandamientos tal cual figuran en el libro del Éxodo en la Biblia de Jerusalén94.

Dios pronunció estas palabras:

“Yo soy Yavé, tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, del lugar de esclavitud.

No tendrás otros dioses fuera de mí No te harás escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en los cielos,

abajo en la tierra o en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás

culto, porque yo Yavé, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y

cuarta generación de los que me odian,

pero tengo misericordia por mil generaciones

con los que me aman y guardan mis mandamientos. No pronunciarás el nombre de Yavé, tu Dios, en falso porque Yavé no dejará sin castigo a quien pronuncie su nombre en falso.

Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso en

honor de Yavé, tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo,

ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad. Pues en seis días

hizo Yavé el cielo y la tierra, el mar y todo

cuanto contienen, y el séptimo descansó, por eso bendijo Yavé el día del sábado y lo santificó. Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que Yavé, tu Dios, te va a dar.

No matarás.

No cometerás adulterio. No robarás.

No darás testimonio falso contra tu prójimo. No codiciarás la casa de tu prójimo, ni

codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo,

ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo” (Éxodo 20, 1-17).

Este Decálogo es, según el relato bíblico, un código revelado por Dios al pueblo de Israel a los cuarenta días de la salida de Egipto. El pueblo de Israel fue convocado al pie del monte Sinaí por el estridente sonido de una trompeta entre fuego, humo, truenos, relámpagos y el temblor de la tierra, momento en que Dios anunció sus mandamientos, que luego serían entregados por escrito en dos tablas a Moisés, cuando este permaneció cuarenta días y cuarenta noches en la montaña. Cabe considerar que los mandamientos no se encuentran numerados en el libro del Éxodo ni en el Deuteronomio y ahí radica un

problema. Al contarlos encontramos que tal cual figuran en el Antiguo Testamento son doce, que sintetizados y sin prólogos y explicaciones resultan ser los siguientes:

1. No tendrás otros dioses fuera de mí. 2. No te harás escultura ni imagen alguna. 3. No te postrarás ante ella ni le darás culto.

4. No tomarnos el nombre de Yavé tu Dios en vano. 5. Recuerda el día del sábado.

6. Honra a tu padre y a tu madre. 7. No matarás.

8. No cometerás adulterio. 9. No robarás.

10. No darás falso testimonio contra tu prójimo. 11. No desearás la casa de tu prójimo.

12. No desearás la mujer de tu prójimo.

Es conveniente señalar aquí, que la Biblia hoy es considerada como compuesta por diferentes categorías de relatos. Algunos de ellos son de contenido probadamente histórico. mientras que muchos otros son relatos creados o inventados con el objeto de transmitir una enseñanza religiosa. Al leer la Biblia, debemos separar unos de otros para poder realizar un análisis correcto.

En el caso que nos ocupa intentamos encontrar cuáles eran las enseñanzas de las antiguas escrituras, que ejercieron influencia en la escala de valores de Jesús.

Por otro lado, tal cual hemos comentado en su momento, los escritos del Antiguo Testamento eran los únicos conocidos por Jesús.

Ahora bien, ¿cómo se llega a lo que hoy conocemos como los diez mandamientos, tanto en la religión judía como en la cristiana? Corresponde al filósofo judío Filón95 la primera numeración de los diez mandamientos. El coloca como primer mandamiento el que manda tener un solo Dios, el segundo prohíbe hacer imágenes, el tercero hace referencia a no tomar el nombre de Dios en vano, el cuarto ordena guardar el día sábado y santificarlo. Los que van del quinto al noveno siguen la secuencia según los versículos citados en Éxodo 20 del 12 al 16.

El décimo mandamiento era el versículo17 en su totalidad, que hace referencia a no desear la mujer del prójimo ni codiciar los bienes ajenos. Como puede distinguirse en este decálogo, los primeros cuatro mandamientos hacen referencia a Dios y los restantes seis para con los hombres.

Los rabinos judíos por su parte colocaron como mandamiento Nº 1 al prólogo que dice: “Yo Yavé soy tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto...”, como Nº 2 consignaron la unión de aquellos tres que indican la prohibición de tener otros dioses, de hacer imágenes y de postrarse ante ellas. El tercer mandamiento es el que prohíbe tomar el nombre de Dios en vano y el número diez, que completa el decálogo prohíbe desear la mujer del prójimo y los bienes ajenos.

Hasta aquí los mandamientos que Jesús conoció antes de su intervención. Por tanto debiéramos interpretar que estos preceptos morales, tal como una escala de valores, son

los que abrazó Jesús y a través de los cuales forjó su formación religiosa. A su vez este decálogo era, en consecuencia, el que regía al pueblo judío de entonces.

Al solo efecto informativo es conveniente aclarar cómo se formularon los diez mandamientos de los cristianos, que no existían en los tiempos de Jesús, sino que nació luego en consecuencia a él.

Pero esto no iba a suceder sino hasta el siglo V con san Agustín. Él distinguió como primer mandamiento el hecho de evitar el culto a falsos dioses que sintetizaba aquellas tres premisas que prohibían tener otros dioses, fabricar imágenes y postrarse ante ellos.

El 2º mandamiento prohíbe tomar el nombre de Dios en vano y el 3º el de santificar las fiestas96.

San Agustín consignó el 9º mandamiento en sus dos componentes, aquel que prohíbe desear la mujer del prójimo y el 10º respecto a no codiciar los bienes del prójimo. Así queda finalmente constituido el decálogo que luego fuera impuesto en la Iglesia católica.

Ahora bien, ya hemos detallado el código o ley de los mandamientos que Jesús conoció y debieron seguramente formar parte de su escala de valores.

Pero los evangelios citan algo en un pasaje sobre Jesús y los mandamientos que, entiendo, puntualiza aún más lo concerniente a su escala de valor. En una oportunidad un fariseo preguntó a Jesús sobre los mandamientos:

“Maestro ¿Cuál es el mandamiento más grande de la ley?”. Jesús le respondió: “Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22, 36-40).

Aquí podemos ver con claridad la máxima de Jesús, el amor. Ese es el mandamiento máximo. Lo más alto en su escala de valores. Cabe hacernos aquí, como siempre que leemos la Biblia, la siguiente pregunta: ¿Es cierto que Jesús dijo exactamente eso? ¿Este hecho es realmente así?¿Puedo considerar lo que leo en la Biblia como un hecho real? Hoy debemos considerar a la Biblia como una creación de orden literario que busca dejar un mensaje. Ese mensaje es de naturaleza religiosa. En principio no hay que buscar otra cosa. Claro está que muchas veces quienes escribieron los distintos libros de la Biblia se basaron también en hechos y circunstancias reales, sean estas históricas o geográficas que la ciencia ha podido comprobar como ciertas. De tal suerte, algunos de los pasajes bíblicos deben ser considerados como religiosos y otros encontrarse relacionados con verdades históricas. La pregunta es entonces: ¿Dijo realmente Jesús que el primero de los mandamientos es amar a Dios y que el segundo es amar al prójimo como a sí mismo? Probablemente no podamos saberlo nunca a ciencia cierta, pero el hecho concreto es que el mensaje transmitido oralmente y que luego se plasmó en la palabra escrita es en definitiva la cristalización concreta de una idea, una noción y un mensaje de Jesús. Por tanto la palabra de los evangelistas expresan la esencia del Jesús de la Palestina de hace 2000 años. Por tanto entiendo que tomar por cierto que Jesús priorizó el amor a Dios y a los hombres, se ajusta en un todo y de manera coherente y patente a la realidad. Así considerado y en base a los mandamientos originales del judaísmo y de la jerarquización excluyente, que Jesús asignó al amor para con Dios y con los hombres, es correcto asumir

que Jesús hombre contaba con una escala de valores clara y definida donde el amor era el punto de partida. Por tanto aquí también estamos autorizados a concluir que Jesús contaba con otro recurso antiestrés, que aumentaba su capacidad psicofísica de resistencia frente a estresores. La existencia de una escala de valores que guíe nuestras acciones permite percibir una sensación de seguridad y autoestima, al actuar en consecuencia con ellos. Esta condición aumenta la resistencia frente al estrés.

Resumen del capítulo VIII

Condiciones pro-eutrés de Jesús.