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La fa cu lta d de sensibilidad cognoscitiva

Es la “facultad de conocer los objetos y cualidades materiales por m edio de órganos” . 1 1 En los animales, esta potencia es la que les permite conocer los medios para satisfacer sus necesidades, pero no alcanza aún a proporcionarles el conocimiento de los fines. En el hombre, le provee del conocimiento de las cualidades exteriores y singulares de los objetos, pero llega a darle la idea general o la

9 Restrepo M., M. y L. Op. cit. T I, p. 22. 1 0 Ibíd., p. 2 0.

Las fisuras de la pedagogía de las facultades del alma / 141

esencia de cada uno de ellos o de su especie. Así pues, la pedagogía de los Restrepo y del Plan Zerda, a pesar de todas las discusiones de Caro, aún se sostiene en el enunciado clásico d e que la sensibilidad cognoscitiva no es capaz de producir abstracciones, puesto que el conocimiento sensorial actúa sobre objetos singu­ lares, en tanto se ejerce p or m edio de órganos corporales:

Esta potencia tiene por sujeto o agente completo de la operación al cuerpo y el alma unidos. La parte del cuerpo destinada al servicio de esta potencia y que por lo mismo no se encuentra en los vegetales es el sistema nervioso, parte del cual sirve a la sensi­ bilidad cognoscitiva, parte a la afectiva, y parte a la facultad

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Y no se estaría muy lejos de las prácticas cotidianas de las escuelas normales de principios de siglo, si im aginam os a un maestro aprendiendo de memoria las partes del sistema nervioso con el texto de los Elementos, escrito en párrafos num erados para el efecto, y que carece, p or contraste con el libro de M errier, de ilustraciones anatómicas:

110. El sistema nervioso se divide en dos: el sistema cerebro-espi­ nal y el sistema ganglionar o del gran simpático. El primero, preside especialmente las funciones de la vida sensitiva o de relación. El segundo, las de la vida vegetativa.

111. El sistema cerebro-espinal se compone de una parte central llamada eje. 13

Esta psicología propone además una clasificación d e los órganos de los sentidos en dos niveles: uno, los sentidos externos, los cuales corresponden a los cinco sentidos habituales; y dos, los sentidos internos, que serían los destinados a “conocer algo que pasa en nuestro interior o algo que no es uua cualidad externa de los objetos, sino más bien interna” . 1 4

1 2 Ibíd.

13 Ibíd. El texto de los Restrepo sólo trae una ilustración: un precario grabado que representa el árbol de los estudios, (tomo II, p. 126), una clasificación de la enseñanza en elemental, clásica y técnica. El otro elemento que alivia el apretado texto es un par de tablas que corre­ lacionan la talla de los niños con el tamaño requerido para los bancos escolares (tomo II, p. 250). Véase el capítulo 5.

142/ M irar la infancia: pedagogía, moral y modernidad en Colombia

Según los hermanos Restrepo, esos sentidos internos, o facul­ tades, son tres: el sensorio común, que es “ la conciencia de las sensaciones propias y sentimos sus diferencias” ; la estimativa o

cogitativa, curiosa facultad cuya función es “reconocer si los cuer­

pos son útiles o dañinos para el ser” ; curiosa porque es la que permite “ a los animales conocer las plantas para remediar sus enfermedades” y que en el hombre “ sus funciones son reem­ plazadas casi completamente por la razón” . Casi porque, dicen los Restrepo, volviendo a deslizarse por el límite impreciso entre lo voluntario y lo involuntario: “ la repugnancia o inclinación a ciertos actos, y aun la simpatía o antipatía instintivas que nos producen las personas, son actos de este sentido” .15

Y una tercera facultad interna, la fantasía, cuya función es reproducir, retener y combinar las imágenes de lo percibido. Ejerce tres operaciones: 1) cuando reproduce simplemente, es la fantasía (phantasmata, apparitiones); 2) cuando reproduce las imágenes con la sensación del tiempo en que fueron percibidas, “ o a lo menos sintiendo que ya antes las había percibido”, se llama memoria; y 3) cuando combina las imágenes para formar nuevas, se denomina imaginación (facere imagines).

Pero cabe reiterar cómo esta pedagogía permanece aún en el campo epistemológico clásico. Y por si alguna duda queda, compárese la definición que dan los católicos Restrepo con el sensualismo ortodoxo de Tracy, que se describió en un capítulo anterior:

El sensorio común es aquella facultad sensitiva por la cual cono­ cemos nuestras propias sensaciones y sentimos sus diferencias. Pudiera llamarse conciencia sensitiva. Su objeto no es darnos cuenta de nuestra existencia, de nuestros pensamientos y volicio­ nes, pues de esto sólo es capaz la conciencia intelectual, sino de las sensaciones experimentadas en los demás sentidos, sentirlas como afecciones propias, y sentir sus diferencias.16

La tercera facultad o sentido interno interesa además por la definición de imaginación que aporta: cuando la fantasía fun­ ciona “como imaginación, tiene grande importancia para todas las obras de arte, porque entonces, dirigida por la razón, elabora

15 Ibíd., p. 31.

el modelo de lo que ha de hacer” . De aquí desprenden los Restregó la necesidad de “educar bien la imaginación o inven­ tiva*.1

En su definición de memoria, los Restrepo aclaran que otras teorías añaden la memoria sensitiva, separándola de la fantasía, mientras ellos consideran que aquélla es una función de ésta: “ la memoria sólo agrega a la imagen la sensación de tiempo pasado, esto es, una imagen más” .18 El mecanismo clásico pensar como

sentir, aún sigue presente, pero con una sutileza: entre la sensación

primaria, la sensación de la sensación y el entendimiento — la razón— , se ha introducido un tercer elemento: la conciencia

intelectual. Esta brecha, ese salto al vacío es el que permite man­

tener a la pedagogía católica la postura que diferencia y a la vez enlaza alma y cuerpo. Pero mientras la presencia de un campo experimental hizo ver a Mercier en Europa las vibraciones mus­ culares de un sujeto que ya no es más pasivo receptor de sensacio­ nes, el mismo enunciado en boca de los Restrepo se convierte en una rígida repetición de la noción clásica de conocimiento. La debilidad de tal campo en Colombia y los efectos de una escritura hecha para el uso pedagógico eluden la problematización, catoli­ zan al odiado sensualismo, y producen un efecto de ambigüedad,

de conciliación ilusoria de los incompatibles, que termina por fun­

cionar estratégicamente. Hay un momento en que realmente los intelectuales de la pedagogía colombiana no saben literalmente de qué están hablando, y los términos cuerpo, voluntad, mente, sensación, percepción, representación, actividad, etcétera, giran en los manuales, los artículos de revistas y en los escritos de los maestros, como en busca de su lugar, de su referente y su sentido. Habrá que esperar a los años veinte, para que las opciones teórico-políticas en pedagogía se deslinden y reconozcan sus rostros y sus diferencias.