En el Perú el cultivo y el consumo de la hoja de la coca han formado parte de la tradición y costumbres. La evidencia del uso ritual de la hoja de coca (erythroxylum coca) se remonta hacia los 3000 a.c, se ha encontrado asociado a entierros primarios, ofrendas rituales y sacrificios humanos. Sin embargo recientes investigaciones permiten inferir que su uso se remonta hacia los 8000 años en sociedades recolectoras del arcaico (Plowman, 1984). Utilizaban las hojas de coca para la masticación junto a piedras alcalinas para obtener mejores sustancias. El masticado “chakchado, pischado, akulliku” de la hoja de coca se encuentra asociado a las actividades de trabajo, rituales y prácticas religiosas. La coca es considerada además una expresión de relaciones sociales en prácticas ceremoniales, siendo incorporadas en las festividades rituales para realizar la
ofrenda o el “pago” a las deidades tutelares del mundo andino. Es un elemento socializador (nacimientos, bautizos, matrimonios, defunciones, actividades de siembra, cosecha, etc.), siendo precisamente por estas razones que algunos sectores sociales le han asignado un carácter sagrado.
Otra característica es el uso comercial (“moneda”), utilizado como elemento de cambio para obtener otros productos a través del trueque. En el mundo andino la coca es la "primera mercancía" y en particular la de mayor liquidez y circulación, cumpliendo el rol de "cuasi moneda" ya que era uno de los productos susceptibles de ser intercambiados por casi la totalidad de los bienes que han circulado secularmente en la economía campesina de los andes.
En el proceso de colonización de América se comenzó a gestar una visión errada del consumo de la hoja de coca por parte de los pobladores y se iniciaron una serie de censuras:
(…) en las celebraciones del Concilio de Lima de 1551 y luego en 1567 se condenó su uso como ofrenda o “sacrificio” nombrándola talismán de Satanás (ACOSTA, 1593, L. IV, c. XXII). Es a partir de estas interdicciones en que el largo e injusto proceso de demonización de la Hoja de Coca dio comienzo y, luego de haber pasado por inescrupulosas prohibiciones en las que ese poder que distorsiona cambia de manos y de nombre, continúa.(Falcón, 2000. P.2)
Es importante también señalar que hubo quienes se encargaron de la “defensa” del consumo de la hoja de coca, por un fin económico más que reivindicativo, es el caso de Juan de Matienzo quien ostentaba el cargo de Oficial del Rey en la audiencia de Charcas, quien discutía abiertamente con sus opositores porque consideraba importante el consumo de la hoja de coca en el indígena. Se oponía a la idea que el consumo de la hoja de coca atentaba contra el proceso de evangelización por que este era un elemento “satánico” de ofrenda a la idolatría. Muy conveniente la defensa de Matienzo, pero no fue suficiente para la prohibición desde el sector más radical.
Un personaje opositor al consumo de la coca fue el cronista Huamán Poma de Ayala, quién aducía que los todos los consumidores de coca eran hechiceros y hablaban con el demonio por lo tanto no podría dárseles el sacramento. Esta censura al consumo de la hoja de coca ha tenido diferentes discursos a lo largo del tiempo y sucesivas disposiciones con la finalidad de prohibir su consumo.
Una de estas arremetidas más contemporáneas es la condena impuesta por el Convención Única de Viena que en su Apéndice 1 califica a la hoja de coca de estupefaciente y al picchado de toxicomanía en nuestro país. La preocupación legislativa en materia de drogas no es de reciente data, pues en 1921 con la Ley 4428 se considera la drogadicción como un fenómeno de orden sanitario y administrativo. El problema de la coca sólo aparece como resultado de la Convención Única de Viena de 1961, que debido a que un informe erróneo sobre el "picchado" o masticado de la coca entre los campesinos lo convierte en toxicómana y a la hoja de coca en estupefaciente. El informe no da cuenta el uso tradicional y cultural de la hoja de coca, y que en la tradición de los países andinos no está penalizado tal uso. Por ello hasta la actualidad los comuneros continúan con el akulliku, pischado, chakchado de la sagrada hoja de coca en dos espacios: actividades económico-sociales y ritualidades. Como vínculo de relación comunal, facilita los acuerdos y la construcción de consensos. (Delgado,1997)
En nuestra investigación la hoja de coca corresponde al ritual de pago y ofrenda a las deidades sagradas que permitirán tambien el tráfico de los derivados de la hoja de coca, específicamente estupefacientes.
“llevábamos coca de primera para que el Pongo pueda ofrendar al Wamani, mientras esperábamos que el ángel pueda revelarse teníamos masticar coca, porque es fuerte el espíritu junto con su cigarrito, sin coca no se puede hablar con el cerro” (entrevista Sra. Doris. Tambo 4/02/13)
Al entrevistar en Tambo a una señora encargada de la elaboración y venta de mesas, nos explicaba que sin la coca no se puede realizar ninguna ofrenda, no puedes presentarte delante de los Wamanis sin haber previamente chakchado, posteriormente tiene que depositar la coca de mejor calidad “quintu” .
En Tambo, como habíamos explicado anteriormente en relación al proceso de la violencia interna, comenzaron a surgir los movimientos evangélicos que entre otras cosas demandaba a la población dejar el consumo de la hoja de coca por considerarse un acto alejado de los mandatos de Dios, es decir el consumo de la coca estaba relacionado con actos de carácter satánico, “talismán del diablo” por los rituales locales que se encontraba contrapuesta con la fe de este grupo. Algunos pobladores se convirtieron a esta fe y dejaron el consumo mas no la producción ya que no había otra actividad que pudiera generarles dinero.
Durante las sesiones del Pongo para convocar el auxilio de los ángeles y Wamanis (que se describe detalladamente en el capítulo IV) la hoja de coca es el elemento conductor en la generación de alianzas entre los clientes/devotos y el Pongo.
Las hojas de coca también representan en si a las divinidades tutelares, el Wamani estará representado por una hoja verde claro de bordes íntegros, nervadura correcta, de forma alargada, porque Dios es completo (Hinostroza, 2005); el Pongo, el curandero conoce cada hoja de coca y le asigna por su forma y color una personalidad, una acción y un orden.
Al Wamani Kintu Urqu protector del ganado, se le pedirá su protección ofreciéndole coca Kintu o mallki, la coca guiará los pedidos y será el nexo comunicacional entre el kamayuq y la divinidad, la mama coca o inalmama en Ayamara también es una divinidad femenina.
“..Íbamos en la noche, a eso de las 9pm. Llevando coca para chakchar y también para el cerro, comenzábamos a masticar y fumando cigarro Inca, rezábamos, el kamayoc masticaba la coca y nos avisaba si era dulce entonces el cerro estaba contento, pero si era amargo teníamos que dejar todo y regresar en otro momento con otra mesa, al cerro tienes que llevarle buenas cosas si quieres que cumpla.” (Entrevista Sra. Luz, Tambo 5/09/13)