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La identidad, ¿barrera para la integración?

CAPITULO I: LA EVOLUCIÓN DEL DISCURSO ACERCA DE LA

1.2. La ética del reconocimiento y las políticas de identidad como desafíos para la

1.2.1. La identidad, ¿barrera para la integración?

En el presente apartado se intentará abarcar las respuestas posibles a la pregunta: ¿Qué es la identidad? Este capítulo es muy importante para poder entender la importancia del término de la identidad en el discurso político sobre o/y contra la inmigración. Veremos en la segunda parte de la investigación, que el tema de la identidad puede también presentarse como una barrera para la integración de los inmigrantes y también puede ser un elemento utilizado en el discurso político para “legitimar” la diferencia y el rechazo hacia la inmigración. Así mismo, intentaremos dar unas

aproximaciones conceptuales a la cuestión de identidad para poder ver si de verdad el tema de la identidad en el discurso político se utiliza como una “barrera para la integración”.

La identidad y su definición conceptual resultan controvertidas y extremadamente complejas de especificar. Podemos afirmar que, generalmente, la identidad abarca un “conjunto de sentimientos” que delimitan el sentimiento de pertenecer. Ese sentimiento de pertenecer a una identidad es muy importante y va sin ser nunca separado de la confianza en uno mismo, en aceptar a uno mismo, en respetar a uno mismo, lo que en fin es todo lo que un individuo requiere para poseer una coexistencia que puede ser tolerada.

Esto significa que se puede extraer bastante confianza de uno mismo, de sus propias maneras particulares. Aunque en muchas ocasiones, esta confianza se encuentra dependiendo de la agrupación en grupos con objetivo de lograr lo que la propia individualidad no les puede dar60.

Así pues, como una definición más general, las identidades modernas se fundamentan en el legado cultural y religioso, en el objetivo de crear una sociedad que se basa en la paz, la solidaridad y la democracia. La identidad hoy en día presenta la aspiración de promover un desarrollo razonable tanto por el lado económico como medioambiental y que también pueda asegurar la paz y la convivencia a sus ciudadanos61.

En general esas categorizaciones son diferentes de unos autores a otros. Por ejemplo, para autores como Tonra y Dunne, la noción de la identidad se define en general por “la clase, el género, la raza, la religión, el lenguaje” o una mezcla de todos esos u otros componentes62.

Según estos autores, “la era moderna está definida por el nacionalismo de los pueblos, que no se fundamenta en principios ideológicos, políticos ni económicos sino culturales”.

60 S. HUNTINGTON, ¿Quiénes somos?: los desafíos a la identidad nacional estadounidense, Ed. Paidós, Barcelona, 2004,

pág.125.

61 D. ACOSTA ARCARAZO, Inmigración y redefinición de la identidad europea, Documento de Trabajo

Serie Unión Europea, Nº 26, Instituto Universitario de Estudios Europeos, Universidad San Pablo, Ed. CEU, Madrid 2006, pág. 1.

Es decir, que las diferencias consideradas como tal entre una población y la otra, se basan, en la modernidad, en rasgos culturales y no en los biológicos. Ahora lo que importa son las diferencias culturales, especialmente, las que hacen muy difícil todo el asunto de la cuestión de la integración de los extranjeros en una sociedad, claro ejemplo de ello es el repetido discurso de la imposibilidad de integración de los inmigrantes que vienen de África subsahariana o de Asia. Partiendo de la imposibilidad de esta integración, a estos inmigrantes se les pide asimilar la cultura acogedora y de alguna manera, alejarse de su cultura e identidad de origen, dado que esta última se presenta como una barrera en el proceso de integración.

Ideas similares encontramos en la obra de Huntington donde nos presenta el desafío que presenta la noción de la identidad en nuestra sociedad. El autor empieza con el desarrollo y análisis de la noción de identidad enunciando que La identidad es una noción que se construye en general con el objetivo que los individuos y en menor medida, los grupos, tengan varias identidades y que dependiendo del momento o la situación en la cual se encuentran esos individuos o grupos, la identidad pueda ser diferente. Esos argumentos vienen elaborados por los “constructivistas”, pero una vez presentadas esas afirmaciones por el autor, él mismo llega unas conclusiones de “marcado carácter primordialista”

Es importante señalar aquí que la perspectiva primordialista cuando hablamos de la noción de la identidad, supone que pertenecer a un colectivo étnico forma una de las pertenencias sociales más importantes y fundamentales. En esas pertenencias sociales se crean las relaciones más esenciales, ya que incluyen también relaciones de parentesco, de procedencia que establecen que es en una etnia específica donde un grupo perteneciente puede compartir sus emociones, su solidaridad, por esa razón muchas veces se percibe la cuestión de la identidad ligada al concepto “étnico-cultural” y se pervive esa identidad como principal63.

Por otro lado, Huntington defiende que la cultura anglosajona y protestante debe

considerarse como la identidad originaria e histórica de Estados Unidos. Esta identidad no debería mutarse o cambiar a pesar de la coexistencia en el país de individuos que llegaron y llegan a los

63 A. P. GUERRERO, La Cultura: Estrategias conceptuales para entender la identidad, la diversidad, la alteridad y la diferencia,

Estados Unidos desde todos los países y de varias religiones. El temor que expresa Huntington en su obra es que ésta identidad anglo protestante, procedente e inalterable a lo largo de los años en Estados Unidos, pueda verse afectada y pueda cambiar como consecuencias de la coexistencia en el país de una gran población hispana, de origen latinoamericano y ve como peligro para la conservación de la identidad que los inmigrantes hispanos tengan la posibilidad de tener doble nacionalidad y utilizar el español entre ellos. Según este autor, eso conllevaría, a no cumplir con el principio de lealtad hacia el país de acogida, ósea hacia los Estados Unidos.

Asimismo, para Huntington, lo que puede considerarse como una integración y asimilación completa de los inmigrantes es el grado en que éstos se ven identificados en Estados Unidos, cuando defienden la cultura de Estados Unidos y rechazan, al mismo tiempo y con la misma intensidad la lealtad y el sentimiento de identidad hacía otros países y hacía otras culturas64.

Por otro lado, si viene reconocido el derecho de obtener o mantener más de una identidad, es imposible entenderlas razones por las que se debe refutar la cultura de otros países para que una persona tenga que considerarse integrado en la sociedad estadounidense. Es mucho más fácil y comprensible coexistir en una sociedad donde sus ciudadanos puedan respetar y extraer lo mejor de las dos culturas, la suya y la de acogida, ya que este proceso en sí es bastante personal y depende de cada persona. Pero esa no parece ser la idea que nos presenta Huntington.

El autor está en búsqueda de una definición del otro interno, el inmigrante de origen hispano en nuestro caso, que parece ser muy significativo para poder plantear y hablar sobre la noción de los “límites de la identidad”. Por otro lado, el autor enfrenta en su libro la capacidad de la integración y asimilación de los inmigrantes de origen latinoamericano en comparación con los inmigrantes que llegaron desde Europa, poniendo así en duda la capacidad de integración de los primeros frente a la asimilación y la adaptación de los inmigrantes anteriores que tuvo Estados Unidos de origen europeo. En este sentido el autor utiliza la evidencia central del racismo cultural, que utiliza cada vez más esa supuesta imposibilidad del inmigrante a adaptarse para poder expresar

64 S. HUNTINGTON, ¿Quiénes somos?: los desafíos a la identidad nacional estadounidense, Ed. Paidós, Barcelona, 2004,

y por consecuencia, rechazar la inmigración. A parte de todo lo anteriormente expuesto, ese discurso también marca una clara diferenciación y límites muy marcados entre el otro y nosotros65.

Esta identificación del otro se puede considerar como uno de los componentes más significativos de la noción de la identidad. Parece ser que siempre ha existido una necesidad de diferenciar el nosotros de la identificación social de los otros. Es decir, se intenta crear una división entre la sociedad acogedora, la que llamamos nosotros y los otros, de diferente cultura, y justamente con esta diferencia se dibujan los límites de nuestra identidad y la de los otros.

Los individuos valoran en general el grupo en el cual se sienten identificados, de una manera más positiva, en comparación y en frente a cualquier otro grupo diferente al suyo. Por consecuencia, la identidad se ve más ligada a identificar los límites de los otros, que a encontrar una serie de elementos comunes que puedan traer a las personas de diferentes grupos a sentirse identificados también fuera de sus grupos de pertenencia. La noción de nosotros no viene así definida como un elemento en común para encontrar y establecer prácticas compartidas, sino que se centra en la negación del otro que no pertenece al nosotros. La construcción de este otro en Europa, ha sido uno de los elementos más perseverantes de su historia66, y es una idea que se fue desarrollando para llegar a su culminación en la modernidad.

Según varios autores, esa construcción del otro ha sido también vista en la historia de Europa, con la idea central de que todo empezó en Europa, donde Grecia generó a Roma, Roma por su parte nos trajo al Cristianismo Europeo, después éste nos trajo el Renacimiento, él mismo a la Ilustración, y la Ilustración nos llevó a la revolución industrial y a la democracia política. Esta perspectiva de un mundo eurocéntrico, fue en parte fomentada por la firme generación del otro. Al final, se puede afirmar que la misma cultura europea logró más fuerza y sentimiento de identidad

65 S. HUNTINGTON, ¿Quiénes somos?: los desafíos a la identidad nacional estadounidense, Ed. Paidós, Barcelona, 2004,

pág.126.

66 Young apunta sobre este tema que “lo irónico en la lógica de la identidad” es que en su objetivo de someter lo que es diferente a

lo similar, cambia lo que es poco diferente en lo que se convierte en diferente absoluto. Consecuentemente, esa lógica crea una separación en vez de unir, porqué en su intento de condensar todo lo que es particular en un grupo general, lo convierte de esa manera en una distinción entre ellos que están fuera y nosotros que estamos dentro.

al levantarse a sí misma como consecuencia del deterioro del Oriente, al que pensaba fuera una representación menor y declinable67.

La llamada visión euro céntrica, empezó a construirse con el proceso de modernidad que según Habermas, fue enunciado por los filósofos del movimiento del Iluminismo durante el siglo XVIII, como proyecto, basándose en el progreso de un saber más objetivo y una moral global. Eso quiere decir que la modernidad fue un fenómeno europeo que “aprovechándose del colonialismo

penetró” en otras culturas. Este enfrentamiento, la explotación, el encuentro con otras culturas,

vino acompañado de una justificación epistémica, cuyo objetivo fue presentar al Occidente como la expresión más importante y progresista de la civilización68. En esta época, la ciencia (que mantiene un papel de protagonista) y la sociedad en general, buscan la objetividad y la universalidad, partiendo del convencimiento de que alcanzar una sola visión de la vida humana, es la condición necesaria para el orden social69. La modernidad por medio de la organización colonial, consolidó una visión del orden social que configura una narrativa universal en cuyo centro siempre se encuentra Occidente.

Desde esta perspectiva, la modernidad es percibida como un proceso que genera conocimientos y disciplinas especializadas, y la finalidad de estas disciplinas es el dominio de la naturaleza, pero también de los seres humanos.

Uno de sus efectos más importantes es la producción de dispositivos70 de poder y saber.71 Eso significa que, dentro de estos dispositivos que la modernidad creó para su proyecto de “emancipar” a la humanidad, de la culpable incapacidad de poder hacer uso de su conocimiento sin la guía de los otros72 encontramos la necesidad de construir sujetos que pudieran cumplir con

67 A. D.ACOSTA, Inmigración y redefinición de la identidad europea, Documento de Trabajo Serie Unión Europea, Instituto

Universitario de Estudios Europeos, CEU, Universidad de San Pablo, Número 26 / 2006 CEU Ed. Madrid, 2006, pág. 30.

68 “Ejemplo es la filosofía Hegeliana, en el siglo XIX, la cual sostiene que la organización burguesa liberal, representa la esfera

más desarrollada de la libertad del espíritu. Los pueblos sin Estados, sin una organización moral y política claramente diferenciada, no forman parte de la Historia Universal”, R. P. GARCÍA, Modernidad, ciudadanía y multiculturalismo: Las transformaciones de

la identidad, Revista internacional de filosofía política, Nº 32, 2008, pág. 100.

69 S. TOULMIN, Cosmopolis. The Hidden Agenda of Modernity. University of Chicago Press,

Chicago, 1990, pág.34.

70 E. Castro, Michel Foucault: Sujeto e Historia. En REDALYC Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España

y Portugal, nº XX, Argentina 2010.Disponible en http://www.scielo.org.ar/pdf/topicos/n14/n14a08.pdf, pág. 7.

71 Ibídem, pág. 7

esta exigencia de conducirse por su sola razón. La humanidad europea aparece de este modo como el modelo de una moral ideal, y de un modelo de una ciudadanía – guía con una identidad propia (diseñada por el Estado – Nación), una ciudadanía que quiere asumir el rol de guía, de un modelo ideal a seguir.

El objetivo hoy, basándonos en las anteriores teorías de la identidad y la modernidad y pasando a la situación en nuestros días, es presentar esta identidad europea como el ejemplo a seguir, con el objetivo de asimilar a los que se quieren integrar o en la mayoría de los casos “excluir” a los otros73. Esta visión de la modernidad nos impide, por consecuencia comprender por qué las determinaciones normativas que se derivan del modelo liberal, aunque también basándonos en los modelos anteriores analizados, no han logrado hasta ahora ofrecer una contestación adecuada a las cuestiones sobre la integración. Una posible solución a esto sería la de comprender que la cuestión multicultural no representa una amenaza a la identidad nacional y no se remite a la urgencia de formular límites y construir barreras a la inmigración, frente a un estado que exige la pertenencia social como condición principal para el disfrute de los derechos fundamentales.

Es importante saber que volver a esos enfoques euro céntricos donde prevalece la idea del predominio cultural, no es algo de desear en nuestros tiempos, por lo tanto, tenemos que centrarnos en encontrar las maneras e implementar las medidas apropiadas que puedan facilitar la integración de aquellos inmigrantes que se encuentran en situación de exclusión. Para poder facilitar una integración fácil a los inmigrantes, esas medidas tienen que ir siempre incorporadas al movimiento en contra al racismo y la xenofobia. Es exactamente la xenofobia la que, unida a otros factores como la crisis económica, la precariedad laboral, la pobreza, el acceso a los derechos fundamentales, la existencia de barrios olvidados, estimulan el rechazo a lo común y el efecto de abandonar la idea de pertenecer al nosotros que es el resto de los barrios del país de acogida,

filosofía política, Nº 32, 2008, pág. 102.

73 El concepto de ciudadano es el dispositivo que consiente el sentimiento de pertenecer a una identidad, es el mecanismo que

pretende trazar los límites entre nosotros y los otros mediante la idea de cultura homogénea, basada en las políticas que se expresan en la idea de una orden social, donde los otros se presentan como un obstáculo ya que sus valores diferentes son consideradas como cuestionables y componen un peligro para la identidad de esta ciudadanía ejemplo que tiene que prevalecer. E GARCÍA,

Modernidad, ciudadanía y multiculturalismo: Las transformaciones de la identidad, Revista internacional de filosofía política, Nº

imposibilitando de esta manera, la integración real de esas poblaciones y concediéndolas al mismo tiempo a los protectores de los identitarismos radicales, religiosos, étnicos y culturales74.

Lo que se intenta presentar no conlleva solo dejar fuera los asuntos complicados que se encuentran durante el proceso de integración y de asimilación de los inmigrantes en Europa. Tanto el discurso político que ampara la inmigración y el pluriculturalismo, como el discurso que se centra en crear miedo a la “pérdida de identidad”, normalmente se encuentran en enfoques que frenan el debate y, por lo tanto, impiden el adelanto en la adquisición de políticas convenientes. Ejemplo significativo de ello es el caso de cómo se percibe el islam en Europa. Como bien subraya Bassam Tibi, los políticos de las dos vertientes han tenido como objetivo esconder o no reconocer las grandes discrepancias de sus ideas y de cómo conciben el mundo, pero sería importante superar esa censura de la perspectiva de la corrección política, y afrontar las cuestiones existentes y conflictivas, no con el objetivo de crear un enfrentamiento, sino con la de idea de reconciliar las discrepancias mediante el diálogo75.

Esto implicaría aceptar la función e intervención del Estado, de hecho, su presencia, según Sassen, es necesaria, pese a su actual crisis, el Estado es una instancia que permite el orden social, dentro de una sociedad multicultural. Poder reconocer a las múltiples identidades, la flexibilidad de ellas, su cambio continuo, nos da la oportunidad de poder generar una identidad que se basa más en la inclusión que la exclusión, fundada en el respeto a los derechos humanos, la ley y la defensa de los grupos minoritarios que protege la Unión Europea.

Está claro que lograr ese nivel no será un proceso fácil, pero es la única vía posible para poder tener un futuro mejor dentro de Europa. Esta perspectiva se basa en tres puntos fundamentales:

• Primero, esa perspectiva acepta pluralidad que está más presente en la sociedad europea actual.

74 E. GARCÍA, Modernidad, ciudadanía y multiculturalismo: Las transformaciones de la identidad. Op.cit., pág.104. 75 D. ACOSTA ARCARAZO, Inmigración y redefinición de la identidad europea, op.cit., pág. 31.

Segundo, esa perspectiva es capaz de reconocer las múltiples influencias que han recorrido y formado la cultura europea durante muchos siglos.

• Y tercero, esa perspectiva apoya la idea de que la identidad es fluida, lo cual se debe de entender como un proceso incesante y no como algo consolidado y estático.

Poder reconocer la diversidad del propio grupo, así como la de los otros, nos da la oportunidad de terminar con los estereotipos y comprender que la formación de la identidad es un proceso que cambia continuamente76.

Observaremos rápidamente que la enorme problemática de la inmigración hace difícil entrar en el debate contemporáneo, sobre todo porque las políticas de inmigración están sujetas a continuas modificaciones que responden a instancias de orden muy variado. Está claro, efectivamente, que éstas reflejan toda una organización interna de la sociedad y, principalmente, de las predisposiciones de la Economía. Sin embargo, para la sociedad moderna es posible hablar de diseños políticos que pretenden objetivos precisos también cuando tratamos el tema de la inmigración; en el marco de las políticas europeas de inmigración se individualizan normalmente dos líneas, una de origen francés, que tiende a poner en práctica procesos que consigan la estabilidad de los inmigrantes y preferiblemente su asimilación; la otra, alemana, que intenta mantenerlos en un estado de precariedad y temporalidad, ejemplo que está siguiendo Grecia. La asimilación o la separación responden, naturalmente, a la fisonomía cultural y política propias de