Capítulo 1. Marco Teórico y metodología de la investigación
1.3 Modo de acumulación, dependencia y clases sociales
1.3.1 La internacionalización del capital en las últimas décadas
Tras la ruptura de hecho de los acuerdos de Bretton Woods por parte de los Estados Unidos (1971-1974), comenzó un período de acelerada liberalización de los movimientos internacionales del capital. Esta “liberalización de los movimientos internacionales de capital es parte de un proceso más amplio de desregulación de los sistemas bancarios y de los mercados financieros favorecido por la contracción de las oportunidades de inversión productiva, la necesidad de los estados centrales de recurrir al financiamiento internacional y la creciente internacionalización de las grandes empresas en un marco de inestabilidad de las paridades cambiarias” (Arceo, E., 2001). La desregulación de los sistemas bancarios, el mayor peso de los inversores institucionales y los cambios en la gerencia de las grandes corporaciones transnacionales condujeron a un predominio del capital financiero (capital de préstamo y capital accionario) por sobre el capital “productivo”. Este último, además de incrementar sus tenencias en activos financieros, ha transferido al capital financiero crecientemente una parte de las ganancias bajo la forma de intereses y dividendos (Arceo, E., 2005). Pero este predominio no debe ser entendido simplemente como el dominio del capital productivo por parte del capital financiero sino que se trata de una “financiarización” del capital en su conjunto, es decir, cambia la lógica del modo de acumulación.
Los cambios impulsados por la liberalización de los movimientos de capitales derivaron en una creciente internacionalización de los procesos productivos de las grandes empresas. La caída de la tasa de ganancia, que estuvo en el origen de la crisis del modo de acumulación imperante hasta mediados de la década de 1970, impulsó a las grandes firmas, con el objetivo de reducir sus costos, a trasladar hacia la periferia los procesos de producción más intensivos en la utilización de mano de obra27. En la actualidad una firma ya no necesariamente fabrica un producto final (o intermedio, pero vendido a otra empresa diferente), sino que las distintas fases de la producción de un mismo bien se realizan en distintos lugares, con lo cual no sólo hay una gran interrelación comercial sino también productiva. Esta deslocalización fue posible gracias a los adelantos tecnológicos en materia de comunicación y una caída sustancial en los costos del transporte28. De esta forma se han consolidado empresas
transnacionales muy distintas a las “viejas” multinacionales. Si anteriormente estas últimas las filiales llevaban a cabo la producción de forma autónoma, manejada por directivos locales, ahora en buena parte de las industrias las directivas sobre el proceso de producción proceden directamente desde la casa matriz, la cual tiene en cuenta las necesidades globales de la compañía, lo cual incluye los procesos parciales de producción de las restantes filiales alrededor del planeta (Arceo, E., 2005). Como se adelantó, en la generalidad de los casos donde hay fuerte presencia del capital extranjero, al menos en Latinoamérica, se da una subordinación estructural de la burguesía local hacia el capital extranjero. El caso más obvio pero tal vez menos difundido de subordinación de las firmas locales se da a través de la red de eslabonamientos hacia atrás y hacia adelante de
27 Si bien antes también existieron procesos de transnacionalización productiva como la
maquila y las zonas industriales francas, estos fueron más bien la excepción y no la regla. Hasta bien entrados los años setenta predominaron los costos relativos (en cada mercado interno) y no los costos absolutos de las mercancías.
28 “La forma que reviste esta deslocalización y su amplitud está condicionada por el hecho
que la casa matriz o la sede regional pueden ahora coordinar y controlar un proceso global de producción cuyos fragmentos se encuentran esparcidos en muy disímiles ubicaciones geográficas. Utilizan para ello las posibilidades que brinda la disminución en el costo de las comunicaciones y del procesamiento de datos, así como la incorporación de medios de producción flexibles, básicamente por su ajuste mediante el uso de la computación, y el paulatino desarrollo del diseño asistido por computadoras” (Arceo, E., 2005).
las filiales de las transnacionales. Tanto en su rol de proveedoras de insumos, como compradoras de insumos o como comercializadoras de productos de filiales de empresas extranjeras, muchas firmas locales son parte subordinada de un subsistema económico que tiene su centro en las firmas transnacionales (O’Donnell, 1978). Esta dependencia, de larga data, se agudizó mucho más con las reformas aperturistas de fines de la década de 1970 y comienzos de los años noventa, dado que la matriz productiva se hizo mucho más dependiente aún de los insumos importados, reforzando así una estructura industrial “trunca”29. En los años noventa se consolidó el traspaso de una estrategia de acumulación donde el Estado cumplía un rol central en el intento de “llenar los casilleros vacíos” de la matriz insumo- producto, a una estructura productiva desarticulada y altamente transnacionalizada donde el objetivo es concentrarse únicamente en las actividades que cuentan con ventajas comparativas a nivel internacional. Tal como afirmaba O’Donnell, sigue siendo cierto que la transnacionalización del capital implica mucho más que lo directamente captable a través del comercio exterior y la participación directa de las empresas transnacionales en la producción del país, ya que esta hace referencia también a “la permeación de una sociedad por modalidades específicas de relacionamiento entre sujetos sociales, por maneras de producir, por medios de producción y tecnología, por productos y por una definición tácita de necesidades y valores prioritarios, que son resultante de condiciones dadas en los puntos de irradiación de esa permeación –los centros del capitalismo mundial” (O’Donnell, 1978). Efectivamente, las formas de reproducción del capital en países periféricos se ven moldeadas por los impulsos que irradian los países centrales, pero la expansión de la internacionalización del capital en las últimas décadas ha modificado sustancialmente las formas en que esto se lleva a cabo.
En la periferia se ha pasado de un modo de acumulación en el cual se procuraba inducir el ingreso de las firmas transnacionales y, eventualmente, el desarrollo del capital nacional, a través de una política arancelaria e
29 Sobre el desarrollo del proceso de “desindustrialización” en la Argentina consultar, entre
industrial cuyo objetivo era reproducir la estructura de producción y consumo del centro, a otro en el cual, en un marco librecambista, el crecimiento ha pasado a estar basado en las exportaciones, las cuales son determinadas por las ventajas comparativas de cada país. La consolidación del mercado mundial y la conformación de un sistema productivo altamente internacionalizado han llevado a expandir por todo el mundo los patrones de consumo del centro, pero ya no de una manera “diferida” sino simultánea. Los bienes son fabricados en distintas partes del planeta para el mercado regional o mundial y, por lo tanto, se puede consumir prácticamente cualquier cosa en cualquier lugar y al mismo tiempo. Esto implica la consolidación de una sociedad de consumo global que, si bien no elimina por completo las diferencias culturales, sostiene como principal elemento de diferenciación el nivel de ingresos (Bauman, 1999). En la actualidad la cuestión central no pasa ya por la diferente capacidad de acceso a los bienes que eran producidos primero en el centro y más tarde replicados –con, por lo general, importantes diferencias de calidad– en la periferia, sino que ahora la producción es crecientemente global y el consumo también. Por supuesto que las diferencias en los niveles de ingreso y de distribución del ingreso en los países periféricos son un límite estructural para el acceso masivo a determinados tipo de bienes, pero esto no implica que el mismo bien no pueda ser potencialmente consumido por cualquier individuo en cualquier parte del mundo mientras que cuente con ingresos similares a los del centro. Ya no se trata como antes de “replicar” en la periferia los productos elaborados por el centro; por lo tanto, el Estado ha dejado de inducir modificaciones en la estructura productiva que procuren imitar la de los países centrales. Los cambios han pasado a estar determinados por el mercado y lo único que se limita a hacer el Estado es a apoyar el crecimiento bajo el liderazgo de las exportaciones.
La apertura económica favoreció a las empresas transnacionales dado que permitió incrementar su capacidad competitiva a partir de la posibilidad de localizar los distintos fragmentos de su producción en donde los costos fuesen menores, mientras que el capital nacional se tuvo que retirar de algunas de las actividades en las que estaba inserto anteriormente o, al
menos, eliminar los procesos tecnológicamente más complejos, donde su desventaja a nivel internacional es mayor. Además, frente a la desaceleración general del crecimiento del mercado interno vislumbrada en las últimas décadas, las fracciones más competitivas del capital nacional han procurado profundizar su inserción en el mercado mundial.
Este último proceso es similar, aunque con distintos determinantes, al que atraviesa el capital transnacional. Hasta mediados de la década de 1970 la rentabilidad de las filiales de las empresas transnacionales dependía, en el mediano plazo, del crecimiento del mercado interno y, dado que por lo general la capacidad instalada superaba la capacidad de absorción del mercado, del grado de protección que gozaba el mismo. En cambio, en los años noventa, la rentabilidad pasó a depender de la relación entre el costo local de producción y el precio del mercado mundial, dando así lugar a tres situaciones diferentes: 1) si los costos son elevados en términos relativos pero aún así justifican la subsistencia de la inversión, la filial de la transnacional queda limitada a la provisión del mercado interno y, por lo tanto, tiene incidencia sobre su rentabilidad la expansión de éste (siendo esta situación similar a la de los años setenta, con la diferencia que segmentos más o menos relevantes del proceso productivo han sido eliminados al ser menor su costo en otras localizaciones); 2) si, en cambio, los costos son elevados en términos absolutos, la inversión es eliminada (o se intenta amortizar, pero congelando las inversiones en dicha actividad); 3) si, por el contrario, los costos son lo suficientemente reducidos (esto es, teniendo en cuenta la localización, menores en términos absolutos frente a los de otras filiales en la región o en el mundo), el factor determinante de la rentabilidad pasa a ser, además del beneficio unitario, la expansión de sus ventas externas.