2. Desalojos y relocalización a causa del desarrollo
2.2 El siglo XX en Los Andes mendocinos
2.2.5 La necesidad de embalsar el agua del Río Mendoza
En un contexto de escasez hídrica y fragmentación territorial, Mendoza no es ajena a los escenarios de aridez hídrica que se agudizan en las tierras secas del mundo. Se localiza en la zona templada y en la denominada “Diagonal Árida Sudamericana” por lo que posee un clima árido a semiárido con un promedio de precipitaciones de 200 mm anuales. De esta forma, los aportes hídricos que se utilizan en las tierras secas irrigadas, es decir, en los oasis, provienen casi en su totalidad de la fusión de las nieves y glaciares ubicados en la Cordillera de los Andes. Estos ríos de régimen nivo-glacial han definido importantes cuencas con grandes centros urbanos y superficies bajo riego.
En este marco, el manejo del agua en Mendoza produce un territorio fragmentado en el que los oasis artificiales de riego ocupan sólo un 3% de la superficie de Mendoza (Therburg et al. 2004, p. 1). En las tierras secas irrigadas (oasis), el 98,5% de un total de 1.741.610 habitantes que viven en la provincia (INDEC, 2010) practica sus actividades conformando núcleos agrourbano-industriales. El resto del territorio, las tierras secas no irrigadas, que representan el 97% de la superficie, constituyen una zona de planicies y cordones montañosos donde habita el 1,5% de la población (Therburg et al. 2004, p. 10). Si bien el Departamento General de Irrigación (DGI), destaca que la provincia se encuentra en “alerta hídrico”, o sea, que el agua es escasa en cantidad y que su calidad se está viendo comprometida, la mentada escasez hídrica en la provincia no es vivida por todos de la misma forma. Esta situación se vislumbra en el gran contraste entre tierras irrigadas y tierras no irrigadas, fragmentación que se explica en palabras de Montaña et al (2005) “en la apropiación y manejo de los caudales de los ríos mendocinos y de los acuíferos por parte de determinados grupos sociales” (p. 28).
Este panorama de escasez se agudiza en el oasis Norte y, en particular en la cuenca del río Mendoza, ya que es la más comprometida debido a su concentración demográfica y económica. Posee el mayor aglomerado urbano y constituye la primera metrópolis regional del oeste argentino denominada Área Metropolitana de Mendoza. Esta concentra más del 60% del total de la población mendocina y la mayor actividad agroindustrial,
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comercial y de servicios de la provincia; pero también es una cuenca que en su recorrido posee marcadas contradicciones territoriales entre las poblaciones ubicadas en su tramo superior y los poblados sitos aguas abajo (Grosso y Raffani, 2013).En el marco de lo expuesto, hacia fines del siglo XIX surge la idea de embalsar las aguas del Río Mendoza a fin de incrementar la dotación de este bien para el oasis norte de la provincia. La necesidad de tal intervención, llevó a los gobiernos que se sucedieron a los largo del siglo XX a realizar estudios sobre su factibilidad, sin embargo la construcción de la presa, después de numerosos intentos se concretó en los últimos años del siglo. Un punteo sobre la historia de este proyecto se remonta a 1898, cuando el Ing. Cipolletti manifestaba la necesidad de aprovechar las aguas del Río Mendoza. Esta necesidad también fue expresada posteriormente por el Ing. Fush -uno de los descubridores del petróleo en Mendoza-, el Ing. Casaffoush, quien esbozó un primer proyecto en 1909, y el Ing. Ivaniservich quien en 1916 le introdujo algunas modificaciones al anterior. Luego, el Gobernador Lencinas con la idea de realizar la obra en el Distrito de Uspallata del Departamento de Las Heras contrató al Ing. Ward de Inglaterra para que estudiara las centrales hidraúlicas y los embalses de los ríos Tunuyán, Diamante y Atuel, así como la regulación del Río Mendoza. Este último, en 1923 desestimó la idea de construir la presa en Uspallata por la de realizarla en Potrerillos (Lafalla, 2010, p.287).
Durante las décadas siguientes continuaron los estudios sobre el aprovechamiento del río Mendoza. En los años 30, ingenieros de la entonces empresa petrolera estatal YPF realizaron estudios geológicos, estos fueron continuados en los años 41 y 43 por el Ing. Brandmay, quien indicó que sus resultados eran favorables para la construcción de la obra. En 1948, Agua y Energía Eléctrica contrató a la Sociedad Argentina de Ingenieros Proyectistas (SADIP) nuevamente para la ejecución de estudios en relación a los Proyectos Potrerillos, Uspallata y Salto de Potrerillos. Entre 1962 y 1964 esta tarea fue realizada por estudiosos japoneses y en 1967 se realizaron perforaciones en la zona del posible emplazamiento de la presa, a lo que se sucedieron contrataciones de consultoras internacionales, como la de un consorcio español que en 1969 advirtió las conveniencias de la realización de la obra. A partir de estos resultados, en 1975 la Consultora Bolognesi Morletto, propuso la construcción de una presa de 800hm3 en Uspallata. Debido a la
inestabilidad institucional de la época y al golpe de Estado en 1976 una vez más no se comenzó con la obra (Lacoste, 1998).
El gobierno de facto cívico-militar, en diciembre de 1979, también anunció que se realizaría la presa y la ampliación de las centrales hidráulicas de Cacheuta y Álvarez
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Condarco bajo el proyecto que denominó Aprovechamiento Múltiple Potrerillos (Diario Los Andes, 26-12-79); y en marzo de 1980 llamó a concurso para la precalificación de las empresas. Sin embargo en marzo de ese mismo año, fecha en que el gobierno había prometido que iba a comenzar las obras, no sucedió nada.Luego, en marzo del 82, bajo el régimen del gobierno de facto de Cejuela, se llamó a licitación para la construcción de la obra y a la misma se presentaron cuatro consorcios oferentes. Lacoste (1998) arguye que “tras el estudio técnico de las propuestas, el Gobierno resolvió declarar desierta la licitación, por incapacidad gubernamental de financiamiento” (p.130). Así es, que los dictadores tampoco ejecutaron el proyecto.
Con el retorno de la democracia, el Gobernador Llaver (1983-1987) también anunció que se realizaría el dique Potrerillos. Si bien en el año 87 el proyecto fue aprobado en la Legislatura, el gobierno no contaba con los fondos necesarios para la construcción del emprendimiento. La idea de realizar la obra fue retomada por el Gobernador Gabrielli (1991-1995), quien en el marco de avanzar en una política de Estado, creó una comisión pluripartidista y multidisciplinaria para el estudio del proyecto, la cual propuso llamar a licitación para elaborar nuevos estudios. Aludiendo a Lacoste (Ibidem, p.131) se solicitaba a las empresas cotizar el proyecto conocido elaborado en 1979 que proponía realizar una presa de 750hm3 y el realizado por esta nueva comisión de 420hm3, -que la comisión
consideraba menos costosa y más rentable-. En 1995 al concurso lo ganó el Consorcio de empresas mendocinas para Potrerillos Sociedad Anónima (CEMPPSA), formado por las empresas José Cartellone CCSA e IMPSA, quien analizó más conveniente la segunda de las propuestas evaluadas. Este resultado fue inspeccionado asimismo por una evaluación externa que procuró el Estado. Para ello contrató a la consultora Harza Grimat, la cual ratificó en 1997 la conveniencia de realizar la presa de 420hm3 que finalmente se ejecutó.
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CAPITULO IVEN EL CONTEXTO DE LOS AÑOS 90
El proceso de desalojo y relocalización a causa de la instalación de la Presa Potrerillos, luego de numerosos intentos como vimos anteriormente, tuvo su inicio en los últimos años de la década del 90; por ello, en este apartado, nos abocamos al contexto global que caracteriza a este período. Se describen en primer lugar, las particularidades de la fase neoliberal del capitalismo que constituye el marco estructural de entonces, así como su impacto en las transformaciones económicas, institucionales y urbanas en torno a las ciudades latinoamericanas, metropolitanas e intermedias. Luego se profundiza en el impacto de este modelo en Argentina y en Mendoza, lo cual da cuenta de los importantes cambios sociales, políticos y económicos acontecidos que hacían parte del período en el que transcurría nuestro caso de estudio.