Debido a que la Presa Potrerillos es producto de incontables discusiones, declaraciones e incluso anteriores intentos fracasados, el acto del día de la firma del contrato para iniciar la obra, así como el día de la inauguración, son fechas que portan una considerable carga simbólica para los actores responsables de la misma. Esto se hace evidente en los
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discursos impartidos en tales acontecimientos por parte del Estado y los empresarios a cargo de la construcción.En el momento de la firma del acta en diciembre de 1998, que da inicio al emprendimiento por parte del Gobierno de Mendoza y de CEMPPSA (Consorcio de Empresas Mendocinas Para Potrerillos S. A.), encargado de la construcción de la presa, las nuevas instalaciones de la Central Hidroeléctrica Cacheuta y la ampliación de la Central Hidroeléctrica Álvarez Condarco, en la prensa local se leía:
“Lafalla señaló que muchos gobernadores de la Provincia hubiesen deseado estar en su lugar en este momento” (UNO, 29/12/1998).
Haciendo mención al tiempo transcurrido desde el primer boceto del proyecto de la presa al momento del acuerdo definitivo, el entonces gobernador exponía:
“Me pesa el descreimiento de la gente, muchas veces justificado. Pero ahora no hay porqué desconfiar, la obra estará lista en 36 meses porque hay un contrato firmado, voluntad, decisión y recursos (…) logramos quebrar esta inercia de 80 años, durante los cuales hemos hablado tanto de Potrerillos” (Gobernador Arturo Lafalla. UNO, 29/12/1998).
En cuanto a la inversión realizada, la visión empresarial se manifestaba en el siguiente fragmento:
“Tanto el presidente de Cemmpsa, Jorge Adra como el ingeniero Enrique Pescarmona, coincidieron en que el emprendimiento de Potrerillos traerá no solamente más trabajo, energía y tierras regadas para Mendoza, sino progreso y futuro” (UNO, 29/12/1998).
En sintonía con estas primeras palabras, el día de la inauguración, luego de años de trabajo en la zona, en un contexto de crisis económica y política, y de estallido social del país, el Gobernador Roberto Iglesias y el Presidente Fernando De La Rúa, el 10 de diciembre del año 2001, inauguraban la obra del paredón significando el comienzo del llenado del embalse. En ese acto, el discurso oficial en boca de los mandatarios, que levantaban la bandera del nacionalismo –útil componente de la ideología redentora planteada por Lins Ribeiro (1987)-, expresaban:
"la obra es una epopeya del pueblo mendocino y de los argentinos" (Presidente Fernando De La Rúa. Los Andes, 11/12/2001).
"Los mendocinos estamos dando el ejemplo. Aún en uno de los momentos más difíciles hacemos la obra más importante del país. Yo les digo a los argentinos que miren a Mendoza" (Gobernador Roberto Iglesias. Los Andes, 11/12/2001).
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"Hemos cumplido con la historia. Mostramos que cuando se comprometen voluntades, a pesar de los problemas los objetivos se consiguen" (Los Andes, 11/12/2001).Acompañando esta inauguración, en el mismo medio periodístico se anunciaba que obras relacionadas con la presa aún no se encontraban terminadas, que la fecha estimada para ello era en diciembre del 2003, de ello se deduce que probablemente el acto inaugural fue adelantado a causa del contexto de crisis política, económica y social que vivía el país, que detonó en la renuncia del Presidente Fernando De La Rúa días después de su viaje a Mendoza para participar del acto inaugural. En la misma nota, también se comunicaba que las tareas pendientes eran entre otras: la terminación del trazado de la variante alta de la Ruta 7, y la entrega de las nuevas casas (Los Andes, 11/12/2001), ambos aspectos que incumbían en la vida de los pobladores afectados.
Fuente: Los Andes, 11/12/2001.
De este modo, presentada como producto de la obediencia a una tendencia histórica, la denominada "obra del siglo XX de Mendoza" se constituía en un hito de la historia de las grandes obras de la provincia; la misma se mostraba como la imagen que de sí el Estado deseaba trasmitir e imponer. En este sentido, en coincidencia con Lins Ribeiro (1987), las ceremonias del momento de la firma y de la inauguración de este tipo de obra constituyen escenarios privilegiados para la demostración de poder político; en ellas, a través de los discursos se vende, justifica y evita, al tiempo que vehiculizan las ideologías subyacentes a las prácticas y/o políticas territoriales.
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De esta forma, el proyecto se relaciona con el imaginario de un determinado futuro, que tiene que ver en palabras de Quijano (2002) con un “imaginario histórico” que lejos se encuentra del conocimiento de las “experiencias históricas concretas” particulares, acontecida en cada espacio/tiempo -que refieren a usos y significados, códigos de pertenencia, representaciones, clasificaciones, y aprehensiones cognitivas- como constituyen las de quienes son afectados por este tipo de decisiones y prácticas políticas, económicas, jurídicas y simbólicas en aras del desarrollo.A continuación, se reconstruye el proceso de desalojo y relocalización de la población que residía en el sector ocupado por el embalse. Para ello, se contempla la intervención realizada por el Estado así como las manifestaciones realizadas por los pobladores afectados a través de los medios públicos de comunicación.
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CAPITULO VILOS EFECTOS EN POTRERILLOS Y SUS POBLADORES
Considerando que el modelo de desarrollo que persigue el proyecto en estudio significa un juego de intereses y poder, que implica situaciones de conflicto, negociación, aceptación y resistencias por parte de los actores partícipes del mismo, el abordaje de los efectos socio-territoriales generados por la obra hidroeléctrica de la Presa Potrerillos sobre la población de Potrerillos, se realiza considerando en primer lugar la sucesión de hechos, anuncios y denuncias públicas que quedaron registrados en documentos oficiales y periodísticos, para pasar luego a considerar la memoria de los sujetos del proceso, que a partir de relatos orales fueron registrados en el transcurso de esta investigación. De esta manera, el relato de la historia y las memorias se complementan en la comprensión de un proceso que incluye actores diversos como sujetos afectados y funcionarios intervinientes, quienes mantienen disimiles posiciones y representaciones en relación al acontecimiento. En este sentido, en este apartado aludimos al impacto de la obra sobre los espacios habitados, vividos y enraizados por los afectados, que Lefebvre (1974/2000) define como los espacios utilizados por el grupo o comunidad para servir sus necesidades y posibilidades de “apropiación” funcional como simbólica e identitaria originada en lo que se considera “el lugar” de cada persona. Estos espacio aludiendo al autor se gestan a partir de prácticas espaciales asociadas a las experiencias de la vida cotidiana - domésticas, laborales, educativas, recreativas, etc.- así como a formas de política que se expresan en los espacios de representación, que son los espacios vividos por los habitantes en estrecha correlación con la práctica social, sus signos e imágenes asociadas, refieren en otros términos a “gestos, recorridos, cuerpos y memoria, símbolos y sentidos, contradicciones y conflictos, deseos y necesidades, etc. Es tiempo cercado en un espacio” (Lefebvre, 1972:187 cit en Nuñez, 2009).
En este marco, en este capítulo abordamos los efectos sobre la población de Potrerillos relocalizada así como de quienes no siendo relocalizados igualmente se vieron afectados por encontrarse en el área de impacto del proyecto sobre la localidad.