2.1 ¿QUÉ ES TRADUCIR?
2.2. LA TRADUCCIÓN DE TEXTOS LITERARIOS: PRAXIS ESPECÍFICA O SINGULAR
La traducción de los textos literarios, como advierte Even-Zohar (2006), presenta una singularidad digna de tener en cuenta, y que tiene que ver con el propio estatus artístico de los textos literarios, que reside en la «función poética» que en estas se realiza y decide su razón comunicativa, como definiera Roman Jakobson. Aunque hay distintas opiniones al respecto, hay críticos que opinan que el texto traducido se sitúa a medio camino entre la cultura de la lengua de partida, a la que pertenece el original, y la de la LM, donde no llegan a integrarse, pues como producto artístico la traducción solo será una «copia» del original que, de lograr algún valor, será como traducción en sí misma, y no ya como obra literaria, alega Sager (1999). Precisamente, el profesor Mayhew (2009), que ha realizado un estudio de carácter general sobre la traducción y recepción de la obra de Lorca en EE.UU., afirma a propósito de PNY que como traducción no encaja ni en la literatura de partida ni en la de llegada, pues está lejos de ser lo que era el TO, y tampoco el TM está cerca de ser una obra autóctona en el país meta.
Sager (1999), que denomina obras traducidas «literatura intercultural» (intercultural type
of literature), cree que, de alguna manera, aunque se intente realizar una traducción lo más
natural e idiomática posible, como hemos visto que sugería Nida (1964), el lector que lee una traducción no deja de ser consciente en ningún momento de que no es el original. En este caso, aunque estamos de acuerdo en que la traducción literaria, dentro de la traducción, requiere un tratamiento específico, porque sí es posible leer una traducción olvidándonos de que no es original, igual que ver una película doblada y olvidarnos de que lo está. Depende de cómo de bien se haya hecho este trabajo y de lo sensibilizado que esté el receptor con este aspecto.
Lo que sí es cierto es que, como afirma Mayhew (2009), al fin y al cabo, cuando leemos una traducción estamos leyendo algo que realmente el autor nunca ha escrito. Sin embargo, la traducción literaria, como la traducción en general, no solamente es un hecho y una realidad, sino que es necesaria, como el aprendizaje de lenguas. La traducción literaria ayuda a conocer otras culturas, hacernos más tolerantes, abiertos, empáticos, pero ¿cuáles son las características especiales que la distinguen del resto de las traducciones? Y, ¿cómo podemos acercarnos a lograr la ansiada equivalencia si trabajamos con este tipo de textos donde entran en juego los matices más sutiles de la lengua?
La traducción literaria abarca la traducción de textos narrativos, dramáticos o líricos principalmente, si bien determinado tipo de ensayo, de biografía y autobiografía se sitúan en la
frontera misma de su delimitación genérica. Además de las convenciones artísticas de cada género, y en estrecha relación con ellos, la funcionalidad del lenguaje toma una dominante u otra y estos factores orientarán muchas decisiones que afectarán tanto al contenido como a la expresión en la sustancia y en la forma. En un texto narrativo, la función del lenguaje es predominantemente referencial; en un texto dramático, su función es apelativa, mientras que en un texto lírico su función suele ser poética.
Según recoge Lozano (2006), diversos autores proponen un marco metodológico coherente y sistematizado en el que mediante una serie de parámetros textuales los traductores se pueden aproximar, de manera interdisciplinar, al concepto de equivalencia en la traducción literaria. Estos parámetros textuales son: intencionalidad, aceptabilidad, cohesión y coherencia, situacionalidad e intertextualidad y todos ellos configuran el denominado «horizonte del traductor» (Eco, 2009, pp. 355-356). Aunque estos no son los únicos parámetros, puntualiza Lozano (2006), sí son lo suficientemente adecuados como para fijar los criterios que requiere una traducción literaria. A continuación, vamos a ver a qué se refiere cada uno de estos parámetros.
En primer lugar, el investigador expone que la traducción de textos literarios, como acto de comunicación que es, responde a una intencionalidad vista como propósito artístico. Según este, la intencionalidad comprende las convenciones del género literario adoptado, la variedad idiomática, la disposición del material lexicográfico y la elección del tema. En cuanto a la aceptabilidad esta está relacionada con el receptor del TM y su respuesta, o tolerancia, ante el producto de la traducción. El papel del receptor es muy importante dentro de la cadena comunicativa, ya que el TM está concebido para funcionar en un polisistema meta.
En tercer lugar, están la cohesión y la coherencia, un requisito de importantes consecuencias en las traducciones literarias, en particular en la producción contemporánea donde la fragmentariedad, el carácter elíptico y el simbolismo tienen una presencia acusada. Para Hatim y Mason la coherencia asegura la conectividad de los conceptos y se manifiesta en la superficie del texto conformando la cohesión de este. En cuarto lugar, la situacionalidad, que se manifiesta en el registro y se actualiza en el contexto, pues el texto responde a situaciones socioculturales concretas, y los rasgos situacionales que están presentes en el TO van a determinar la forma lingüística del TM (Lozano, 2006).
El último parámetro que enumera este autor es la intertextualidad19, que está muy presente en los textos de PNY, como explica Anderson (2015a). Este rasgo puede ayudarnos a encontrar
19 En estas páginas vamos a utilizar «intratextual» para referirnos a referencias que se produzcan dentro de la propia
obra de PNY, es decir, cuando detectemos conexiones entre distintas piezas, mientras que denominaremos referencia «intertextual» a la que se produzca entre distintos textos de Lorca.
Ordenando paisajes: Un recorrido hermenéutico y traductológico por las estaciones de “Poeta en Nueva York” | Rocío Saavedra Requena
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pistas con las que interpretar la obra, pues en la producción de un discurso hay numerosos elementos subyacentes que se pueden analizar, ya que todos los textos son deudores y dependientes de una tradición cultural, ninguno surge de la nada y, además, entre los textos se dan conexiones con otros textos y esto ocurre incluso dentro de un mismo texto, pues hay elementos dentro de un mismo texto que emergen en distintos momentos de su manifestación textual, especifica Lozano (2006). Estos son elementos connotativos y forman parte de un «[…] código compartido por el colectivo al que se dirige» (Lozano, 2006, p. 260).