Parte I Aproximación conceptual y teórica en torno al regionalismo
Capítulo 1 Aproximación teórica al regionalismo
B. Exportaciones intrarregionales dividido por el total de exportaciones de mercancías de cada región
7. Regionalismo y globalización
7.1. La “triadización” del sistema internacional
Como señala Hettne, hay tantos tipos de regionalismo como manifestaciones de la dialéctica entre lo político y lo económico. Es decir, a la hora de catalogar las diferentes regiones existentes podemos distinguir tres tipos diferentes: las regiones centrales (core regions), las regiones periféricas (peripherical regions) y, finalmente, las ubicadas a medio camino entre ambas (intermediate regions). La diferencia entre estos tres grupos radica fundamentalmente en dos aspectos: por un lado, en el dinamismo económico en el que se desarrollan y, por otro lado, en la estabilidad política en la que se sumergen.
Para muchos autores, la manifestación más palpable de la globalización es precisamente la triadización o en términos de Hettne, el aumento constante del dominio de la Unión Europea, del TLCAN y del Este Asiático, como integrantes de la región central (core region) frente a las otras dos regiones (la periférica y la intermedia). Ahora bien, incluso en el seno de la denominada “región
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Grugel, J., “New regionalism and modes of governance: comparing US and EU strategies in Latin America”, European Journal of International Relations, Universidad de Sheffield, 2004, vol. 10, n° 4, pp. 603 a 626.
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central”, no existe una ideología común, en la medida que responden a parámetros diferentes relacionados con la forma en la que entienden y aplican su hegemonía221.
Al respecto y aunque inicialmente las teorías que explican el regionalismo surgieron y se desarrollaron como consecuencia de la experiencia europea derivada de la II Guerra Mundial, estas primeras tesis se han enfocado en mostrar un regionalismo basado por un lado, en la relación entre economías económicamente integradas y, por otro lado, en la búsqueda de una relación política pacífica.
Como señala Hurrell, esta visión, claramente eurocéntrica y basada en un enfoque dominado por una perspectiva de la integración regional, ha dado paso a una nueva visión que pretende introducir un análisis sistémico del regionalismo y, por lo tanto, considerar otras aproximaciones que inciden en aspectos de interdependencia regional, así como en factores de orden interno222.
De esta manera y si adoptamos un enfoque sistémico, podemos entender que la existencia de bloques regionales estaría ligada a la importancia de las estructuras económico políticas de la que se dotan así como a la presión que factores externos ejercen sobre la región. Ambas visiones se traducirían en sendas opciones:
A) por un lado el enfoque neorrealista, basado en la importancia del de las alianzas de carácter político, desde una visión externa del fenómeno regional, es decir, desde la posición de la región en el sistema internacional (outside).
B) Por otro lado, la visión hegemónica, que visualiza la región bajo la existencia de una nación hegemónica. En este caso, el efecto podría ser directo, es decir, podría suponer la adhesión casi inmediata de los países colindantes a la esfera de influencia de esta potencia hegemónica (tal sería el caso de India sobre el resto de países de la región del Sudeste Asiático). Esta opción se hace especialmente palpable en el caso de países de escasa importancia, es decir, de Estados que conscientes de su vulnerabilidad, ven en el regionalismo una forma de tener presencia internacional. Ahora bien, puede ocurrir que
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En efecto, Hettne, utilizando la denominación de Hanggi (1999), menciona el aumento de la dominación de la Unión Europea, Estados Unidos a través del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica y de los países del este asiático, que para muchos son la imagen viva de la globalización, pues las tres regiones constituyen una gran parte del mundo económico y cuentan no sólo con economías avanzadas, sino con regímenes políticos estables que ejercen un poder global. Al respecto, ver el artículo Hettne, B., “Regionalism, Interregionalism, and World Order: The European Challenge to Pax Americana”, publicado en el marco del Council on Comparative Studies, Working Paper Series, nº 3, marzo 2003, 15 p., especialmente p. 4.
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Hurrell, A., “Explaining the resurgence of regionalism in world politics”, Review of International Studies, volumen 21, n° 4, octubre 1995, pp. 331 a 358, especialmente p. 339.
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este poder hegemónico actúe como estimulador en la formación de un proceso regional, tal sería el caso de ejemplos como el Grupo de Río, el MERCOSUR (como alternativa frente a la hegemonía estadounidense), el Grupo Contadora entre otros. De igual manera, el regionalismo puede servir como inhibidor del ejercicio hegemónico del poder por parte de un Estado, en la medida en que colabora en la creación de instituciones regionales que se encargan de frenar dicho poder (este podría ser el caso de Alemania en el contexto europeo).
Lo anterior nos conduce a afirmar que, más allá de un modelo único y tradicional como el europeo, que responde a factores muy precisos, existen otros modelos regionales que han surgido como consecuencia de un proceso y circunstancias determinadas y que, según términos de Murillo,
“lleva(n) implícitos grados de cohesión social, económica, política y organizacional”223. En cualquier
caso, estamos ante un fenómeno con una clara dimensión espacial (la región que Hurrell denomina “nave regional”), en la que destaca la proximidad geográfica como elemento clave del fenómeno. En el mismo sentido se proclama Alagappa al considerar que el regionalismo es “la cooperación (…)
entre tres o más países geográficamente próximos e interdependientes para procurar ganancias mutuas”224.
El contexto en el que surge el regionalismo es especialmente palpable cuando los objetivos convergen hacia la creación de una cierta estructura social, el desarrollo económico e industrial y la instauración de un modelo ideológico que ofrezca pautas a seguir. En este sentido, más que visualizar el regionalismo como una transferencia de poderes hacia un centro de poder, debemos considerarlo como “una estrategia (que) puede ayudar a obtener las aspiraciones del desarrollo
doméstico de países individuales al incluir una participación más equitativa como región en el sistema global”225.
Este esquema obliga a lo que Aldecoa denomina “la reorganización de los sistemas de gobierno a
nivel regional”226 , lo que genera diferentes versiones en los distintos continentes. Para el autor, en
lo relativo a la organización capitalista, conceptos como Estado, sociedad y mercado adquieren
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Murillo Zamora, C., (abide p. 16) citando a Hurrell, A., “Regionalism in Theoretical Perspective”, p. 38. 224
Alagappa, M., “Regionalism and Conflict Management: A Framework for Analysis”, Review of International Studies, n° 21, 1995, p. 362.
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Bryan, A., “The Integration Movement in Latin America. Theory, Process, Trends and Option”, capítulo del libro de Bryan, A., Dembinsky, L., (eds.), Regional Comparative Experience and Prospects, Graduate Institute of International Studies, Ginebra, 1991, p. 31.
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matices distintos a los ya tradicionales, lo que condiciona la existencia de modelos diversos que podrían catalogarse en torno a tres grandes pilares: el modelo europeo, el americano y, por último, el asiático. Cada uno de estos modelos adquiere relevancia en la medida en que articulan la interrelación existente entre política, sociedad y mercado así como en el rango que otorgan a cada una de estas variables a la hora de definir y estructurar sus respectivos modelos regionales. Bien es cierto que los modelos planteados no son exclusivos ni están lo suficientemente diferenciados entre ellos (a juicio de algunos autores)227, aunque sí han servido de referencia para diferentes
alternativas que han surgido.
Para Aldecoa, no se trataría simplemente del surgimiento de tres grandes bloques económicos mundiales, según las tesis que sustentan el nacimiento de la Tríada228. Más allá del carácter
económico que envuelven a los mismos, se buscaría analizar “su naturaleza, composición y
funcionamiento, así como sus relaciones entre sí y sus efectos en la reestructuración del sistema mundial”229.
Según lo anterior, estaríamos ante un nuevo fenómeno en el que cobra especial relevancia el nuevo papel que adquieren los Estados en el esquema internacional y el impacto de estos nuevos compromisos a nivel interno. Esta situación, que no sería exclusiva de la Unión Europea, adquiere connotaciones globales y es paralela a una nueva reestructuración de la economía política mundial.
7.1.1. El modelo europeo
El modelo europeo aparece como un esquema original, fruto de un desarrollo elaborado, que ha sabido aunar la interacción entre lo económico, lo político y la sociedad. Como señala Aldecoa, se ha partido del modelo de sociedad europeo y se han establecido prioridades, adaptando el mercado y el sistema político para lograr mejores condiciones de vida y desarrollo.
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Según Aldecoa, F. (ibídem p. 42), diversos autores han tratado de dilucidar el debate existente, destacando entre otros: Petiteville, Mittelman, Hurrell y Katzestein, entre otros. Si bien las diferencias no son del todo claras, lo cierto es que los modelos que proponen estos autores (tres) podrían considerarse como referencia para otros existentes en el mundo, entre ellos los de América Latina.
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El término “Tríada” tiene su origen en las relaciones trilaterales establecidas por Estados Unidos, la CEE y Japón en la década de los setenta y es un fiel reflejo del surgimiento de un nuevo orden económico mundial en torno a un triángulo global: América del Norte, Europa Occidental y Asia del Este. Autores como Hanggi y Hettne han popularizado el uso del concepto. Rocha Pino, M.J., “La política interregional de Europa en el encuentro Asia-Europa”, Estudios Fronterizos, vol. 9, n° 17, enero-junio 2008, pp. 9 a 42, especialmente p. 15. Documento electrónico: http://www.uabc.mx/iis/ref/REFvol9num17/EFVOL9NUM17-1.pdf
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Aldecoa, F., Cornago, N., “El nuevo regionalismo y la reestructuración del sistema mundial”, Revista Española de Derecho Internacional, vol. 1, 1998, pp. 59 a 113, especialmente pp. 62 y 63.
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En este contexto, la reestructuración del sistema político que proclama el modelo europeo se sustenta en el principio de soberanía compartida, que implica abandonar la visión clásica del Estado a favor de la de un actor basado en un compromiso común cuyos efectos no sólo se extienden hacia arriba, sino que implican connotaciones hacia abajo. En esta nueva estructura, cobra especial relevancia el paso de una Comunidad Europea, de corte marcadamente económico y comercial como fue en los orígenes, hacia una Unión Europea, de carácter político, estructurada en distintos niveles de gobierno y con personalidad política.
A tenor de los resultados y de la evolución vivida por cada uno de estos modelos y a pesar de la versiones más pesimistas que rodearon el nacimiento del modelo europeo (hoy todavía de plena actualidad debido a la desaceleración experimentada en los últimos meses en el avance integrador europeo), lo cierto es que es, quizá, el modelo que mejor ha sido representar los intereses de la sociedad en el contexto actual de redefinición del sistema mundial. Por ello y en comparación con los modelos citados anteriormente, sólo el europeo ha logrado conjugar la integración económica y la política, y así lo especifica Aldecoa cuando declara que “si aplicamos la teoría de los regímenes
internacionales (…) el modelo asiático puede caracterizarse como un régimen declarativo, con elementos de carácter promocional, mientras el modelo norteamericano constituye un régimen de aplicación efectiva con elementos de imposición”230.
Frente a los anteriores, la Unión Europea puede ser calificada de un auténtico régimen de integración, en el que el factor económico y comercial se ha puesto al servicio del elemento político. Es decir, no sólo se ha producido una liberalización comercial, la puesta en marcha de una política económica y comercial común así como la libre circulación de los factores productivos, sino que también, se ha generado una verdadera reestructuración del sistema político y la creación de un modelo basado en intereses comunes y en valores compartidos que ubican a la sociedad como el epicentro.
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Aldecoa, F., “La integración europea. Análisis histórico-institucional con textos y documentos”, Tecnos, Madrid, 2002, 870 p., especialmente p. 44.
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Por lo anterior, el debate se centra ahora en relación a la articulación existente entre estos tres modelos y las instituciones que conforman el sistema internacional, así como el impacto de los mismos sobre otros esquemas integradores, en algunos casos embrionarios en otros más avanzados, que están aconteciendo en otras zonas geográficas del globo.
7.1.2. El modelo regional asiático
La experiencia asiática difiere claramente del modelo europeo principalmente en el hecho de que el papel gestor ha sido desarrollado principalmente por la iniciativa privada. Además de esto y, en clara disonancia con el esquema europeo, el modelo asiático ha optado por evitar en la medida de lo posible la existencia de instituciones u organizaciones que gestionen el desarrollo del modelo regional. Al respecto, y como señalan algunos autores, la ausencia de instituciones comunes que ejerzan, llegado el caso, como mediadoras frente a controversias internas, pudiera llegar a ser incluso una barrera para el futuro desarrollo del modelo regional sin embargo este hecho puede generar igualmente una mayor necesidad de entendimiento y cooperación entre los Estados miembros, al fin de responder de manera rápida y eficaz a las presiones internacionales231.
Distintas razones pueden ser esgrimidas para explicar lo que algunos autores han denominado “la forma asiática” de entender el regionalismo. Entre ellas, y atendiendo a las sugerencias de Hurrell, a tener en cuenta a la hora de analizar el alcance de un proceso regional, habría que considerar como variables la cooperación interestatal y la cohesión regional. Al respecto, la región asiática se ha caracterizado por salvaguardar una serie de principios básicos como la seguridad interna, así como el respeto a la independencia de los Estados y la garantía de su soberanía. Elementos como el consenso, la voluntad soberana y la no interferencia en los asuntos de otros Estados, han sido clave para garantizar el éxito de los proyectos regionales actuales.
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Oman, C., “Globalisation and Regionalisation: The Challenge for Developing Countries”, París, Ediciones de la OCDE, 1994. Igualmente, Milner, H., “Industries, governments and regional trade blocs”, capítulo de la obra de Mansfield, D., Milner, J., (eds.), The political economy of regionalism, Nueva York, 1997, especialmente pp. 77 a 106.
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7.1.3. El regionalismo americano frente al regionalismo europeo y asiático
A diferencia del modelo asiático (volcado hacia una vigilancia y presencia exhaustiva del gobierno en la gestión y desarrollo de la integración), el modelo americano se caracteriza por situar el mercado en el centro del proceso, evitando en la medida de lo posible cualquier cambio en el sistema político y social.
La visión norteamericana del regionalismo, su futuro y en cierta medida los vínculos que puedan establecerse con otras regiones del mundo (desde un punto de vista multiregional), está íntimamente relacionada con la manera en la que Washington afronta su política exterior, es decir, con el modelo mundial al que ellos aspiran (y que en su día Polanyi resumió en dos claras opciones: Pax Americana versus regionalismo). Al respecto y si hacemos una breve análisis de la trayectoria seguida por la administración norteamericana y retomamos el análisis realizado por Hettne, observaremos que en materia de relaciones exteriores y desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha optado por las coaliciones temporales de corte servicial, en donde siempre se ponga de manifiesto el liderato estadounidense (a diferencia de la estrategia europea, marcada por los vínculos a largo plazo, de carácter multidimensional, horizontales e institucionales).
De igual manera, los americanos a diferencia de los europeos (estos últimos guiados por un modelo ideal derivado de la “paz permanente” de Kant, igualmente analizado por Nye cuando menciona el “soft power” o “poder suave” característico de la Unión Europea) han optado por un mundo real identificado con las tesis de Hobbes, según la cual el fuerte adquiere un papel de guardián frente a los abusos que puedan cometerse. A esto habría que añadir, una tercera característica como es la tendencia norteamericana de analizar los conflictos políticos desde el punto de vista de la dicotomía entre lo bueno y lo malo, sin realizar un análisis político del conflicto desde un enfoque pragmático (más característico de la Unión Europea)232.
Como señalan algunos autores, uno de los puntos donde mejor se aprecia las diferencias entre los distintos modelos capitalistas existentes es precisamente el relacionado con las organizaciones
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Al respecto, ver el artículo de Hettne, B., “Karl Polanyi and the Search for World Order”, Padrigu, Universidad de Goteborg, 16 p., especialmente pp. 11 y 12. Artículo publicado en Internet http://artsandscience.concordia.ca/polanyi/pdfs/Hettne-2004.pdf
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internacionales de carácter regional esto es, lo que pudiera considerarse los efectos del regionalismo233.