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La Universidad difusa

In document LA UNIVERSIDAD COMPROMETIDA (página 43-48)

La Universidad comprometida choca con múltiples escollos a la hora de confor- marse como una criatura real y operativa. A lo largo de los capítulos siguientes iremos adentrándonos en las principales barreras. En el marco de crisis, por ejemplo, observaremos las tendencias hacia una politización mal entendida y, especialmente, una mercantilización dominante (Susanti, 2011). Hemos visto

la importancia que conocimiento complejo y ética tienen en el compromiso. El profundo desconocimiento sobre la segunda y el estado embrionario del pri- mero constituyen serios inconvenientes para el advenimiento de la Universi- dad comprometida, que requiere transdisciplinariedad, convivencia dialógica con los contextos locales e implicación en el destino común planetario. Estos aspectos serán abordados en los marcos de complejidad y ética. En el marco institucional observaremos en qué medida el desconocimiento sobre los aspec- tos más comprometidos de las normativas nacionales e internacionales lleva a construir la imagen de una institución universitaria muy diferente a lo que incluso se confiesa desde las esferas más altas de diseño social. En el marco de calidad nos adentraremos en los resultados y el modo en que se están im- portando modelos empresariales de gestión que construyen la sensación de saciedad en términos de calidad, a pesar de aplicarse sobre aspectos que poco tienen que ver con ella en los sentidos científico, docente y ético, lo que lleva a un abandono de los asuntos más relevantes en términos de Universidad com- prometida.

En este momento procede dedicar unos esfuerzos específicos a comprender la existencia de una de las piedras del camino más gruesas, que se cierne además como una de las amenazas de mayor envergadura para el futuro: la construcción progresiva de la Universidad difusa. La tabla 1 sintetiza el proceso, que se ha lleva- do a cabo, con cierto retardo, como reflejo de la evolución económica.

Siguiendo a Torres y Montero (1993), resulta más o menos fácil distinguir dos mo- delos sucesivos de producción, distribución y consumo a escala global, relevan- tes para el caso que nos ocupa. El primero es conocido como fordismo. Queda representado por la decisión de Henry Ford de producir en serie sus automóviles, abaratando los costes, permitiendo colocar los productos en grandes cantidades en el mercado y promoviendo consumo de masas. En torno a las décadas de los sesenta y setenta, tras unos treinta o cuarenta años de reinado, el fordismo pare- ce entrar en una fase de saturación de los mercados, decae progresivamente. En tales momentos va adoptándose un modelo japonés, el toyotismo, mucho más adaptado a las circunstancias: la producción se realiza con alta rapidez (modelo just-in-time), ajustado a su ágil colocación en el mercado de consumo y en función de las demandas observadas o medidas en este. Especialmente a partir de los ochenta, el toyotismo se complejiza y va dando paso al modelo de fábrica difusa (Coq, 2003). En este, la búsqueda de materia prima y mano de obra más baratas lleva a la conformación de una empresa diluida en el planeta: la cabeza (empresa matriz) se encuentra en un Estado; las materias primas provienen de varios luga- res dispersos en el globo, en función de su coste y de las políticas locales; de estas y de los precios finales de mano de obra dependen también los puntos en donde se establecen las factorías o se concreta la producción efectiva.

La evolución que ha seguido el modelo de producción/distribución/consumo está teniendo su reflejo en la Universidad con un sensible retardo. Nos encontramos

en la fase de extenuación de la época fordista universitaria, una época caracte- rizada por la Universidad de masas, que ha permitido el acceso a sectores de la población que jamás habrían soñado con ello tiempo atrás (Maasen & Stensaker, 2011). El resultado se mide en muchos frentes, uno de los cuales es la cualificación creciente de la población.

La institución educativa ha ido dando respuesta a las necesidades de las su- cesivas revoluciones económicas. Lamo de Espinosa (2001) llama la atención sobre cómo el impulso de la educación primaria venía a solucionar problemas relativos a la revolución agrícola, la formación secundaria resultaba de gran importancia tras la revolución industrial, y hoy se ha requerido masificar las universidades y proveer de formación superior para la cualificación que exi- ge la revolución de los mercados globalizados. Esta adaptación tiene diversas consecuencias. Así, “saltamos desde un modelo tipo «sistema universitario» centralizado y público a un modelo tipo «mercado» en el que los poderes públi- cos actúan más como reguladores que como ejecutores” (p. 247). El fordismo universitario ha venido entonces a solucionar una demanda, la de abundante mano de obra cualificada.

La fuerte competitividad que se abre ahora entre las universidades y la crecien- te presión por parte de los mercados financiero, industrial y laboral por llevar a cabo formaciones e investigaciones específicas, abre esta época donde comienza a conformarse la Universidad a la carta. Tanto sus procesos de investigación como de docencia y de relaciones institucionales se orientan cada vez más a un modelo muy similar al toyotismo: agilidad en la gestión, rapidez en los resultados, com- portamiento centrado en las demandas, perfeccionamiento de los mecanismos de sensibilidad a las necesidades de estos mercados y establecimiento de fuertes vínculos de conexión con los interlocutores más poderosos o significativos de ta- les espacios.

Tabla 1. De la Universidad de masas a la difusa Antecedente económico Modelo universitario Caso Fordismo Universidad de masas

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Toyotismo Universidad a la carta

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Fábrica difusa

Universidad difusa

Soy de Nairobi. Me gradué a distancia por Salamanca, en un programa coordinado desde Oxford. El postgrado es de Open University. Hice las prácticas en Toulouse y Praga. Trabajo en Amsterdam, de momento.

Para adaptarse a ello, se requieren grandes dosis de homogeneización, puesto que los lenguajes que han de ser empleados en las diferentes dimensiones (co- municación visual con los potenciales estudiantes, relaciones con los empleado- res, protocolos comunes con otras universidades, etc.) se manejan ahora en un terreno global, en un mercado sin fronteras donde el campo es compartido por un sinfín de instituciones de educación superior. La situación actual se parece mucho a una torre de Babel que dificulta la competitividad globalizada y que, por ello, debe ser derrumbada, sustituida por discursos comunes que acuden a los mismos símbolos.

En la dimensión de la institución universitaria a escala global no hacemos más que entrar en la época del toyotismo universitario, la construcción de la Universidad a la carta que está comenzando a tomar forma y a la que le queda un tiempo difícil de pronosticar. No obstante, aun cuando estamos comenzando a entrar en esta fase, ya se inician los procesos que llevarán al cambio anunciado, a la imitación de la fábrica difusa que dará a luz una institución diferente, la Universidad difusa. La Universidad difusa constituye un fuerte inconveniente en sí misma para la cons- trucción de la Universidad comprometida. Como resulta obvio, en la definición y en la motivación de todos sus componentes, no existe una sola referencia directa al compromiso y sí algunas indicaciones de efectos colaterales que permitirían la construcción de una sociedad mejor, al estilo de lo que ya ha sido denunciado previamente en términos de mano invisible. Algunos aspectos que apoyan esta sentencia son:

1. La Universidad comprometida requiere autonomía y control, una alta capaci- dad de la institución local para tomar sus propias decisiones a todos los ni- veles. La Universidad difusa se debe a los estándares de homogeneización globales, a procesos de convergencia, a políticas transnacionales que, como veremos en el próximo capítulo, no se encuentran centradas en las urgencias sociales sino en salvar y robustecer determinadas prioridades económicas del mercado global. Del mismo modo que la política local va cediendo terreno a la globalización económica, la Universidad difusa va tomando forma también mediante la cesión de creatividad local a cambio de convergencia internacio- nal en múltiples frentes. Las diversas referencias en el terreno político, donde es ya ampliamente aceptado que las políticas estatales ceden progresivamen- te soberanía a cambio del poder económico internacional, son perfectamente aplicables al modelo de Universidad (Almarcha, 2001; García, 2008).

2. La Universidad comprometida requiere visibilidad no solo de los objetivos sino también de los procesos. La Universidad difusa se construye sobre un entramado desparramado de protocolos, estándares y dependencias que diluyen la visibilidad de los procesos. La implementación actual de modelos de excelencia es un buen ejemplo del modo en que se practica la invisibi- lidad, sustituyendo ingenuamente los requisitos propios de la ciencia y la docencia de calidad por modelos de gestión organizacional importados del

quehacer empresarial. No existe un proceso reflexivo profundo sobre hacia dónde derivan estas iniciativas, qué promocionan y qué abandonan, ni qué otros modelos de gestión de calidad enteramente coherentes para el entor- no universitario serían más pertinentes.

3. La Universidad comprometida requiere de sus miembros unas altas cuotas de compromiso, basadas en la libertad de cátedra, en la reflexión y en la transdisciplinariedad. Sin embargo, la alta exigencia de ágil adaptación que lleva a la Universidad difusa es enemiga del tiempo, de la reflexión pausada, de las incursiones en otras disciplinas con resultados imprevisibles. El com- promiso universitario necesita crear oportunidades y capacidades, construir espacio y tiempo para la discusión, visibilidad y reflexión colectiva. Esto es un lujo imposible de concretar en la Universidad difusa, en donde la respon- sabilidad se encuentra tan diluida que el compromiso resulta prácticamente imposible, a la luz de la figura 2 ya descrita. La rentabilidad a corto y medio plazo no favorece el compromiso a medio y largo.

Entiéndase que no estoy defendiendo el aislamiento. El compromiso, hoy más que nunca, debe ser planetario. Pero se construye desde una sólida e imprescindible base de responsabilidad. Si la institución se concibe como una pieza de un objeto global complejo desde el que provienen las grandes líneas de actuación y los gran- des modelos comportamentales, entonces la responsabilidad se difumina y huye de la conciencia de la institución local, matando la posibilidad del compromiso. La Universidad comprometida se construye también sobre unos fuertes cimientos de creatividad local. Cada institución debe conformarse manteniendo alma y carne universitarias, pero dando forma final a su cuerpo en función del contexto local en el que se inserta y aportando a este y al global en función de las peculiaridades de su estado.

La ciencia difusa requiere un ejército creciente de nodos locales cuyos motivos de investigación se deciden en función de las mayores probabilidades de refuer- zo. En la ciencia comprometida, cada grupo investigador centra su atención en lo que mejor cumple dos características: motivación basada en la urgencia social del asunto y motivación basada en la confianza sobre las propias capacidades científicas para construir el conocimiento y la acción que requiere el asunto. Estas acciones necesitan de la interconexión a varios niveles: el proceso de construc- ción e implementación del conocimiento debe seguir unos criterios compartidos de calidad, que solemos denominar validez o credibilidad; resulta imprescindible implicar buenas dosis de esfuerzo en la comunicación con el entramado de nodos de investigación locales y con las funciones de divulgación de la ciencia, lo que implica dominar los protocolos de comunicación al uso; y resulta imprescindible dar forma a modelos teóricos a partir de las experiencias científicas que se rea- lizan continuamente. Todo ello es ciencia. Lo que la hace ciencia comprometida es la motivación por centrar sus esfuerzos en las urgencias socioplanetarias, el interés profundo por un comportamiento ético, la coherencia en todo el proceso.

Lo que la hace ciencia difusa es el abandono de la motivación por los objetivos más urgentes a cambio de la búsqueda desesperada de las modas en los obje- tivos de investigación, marcadas por intereses que terminan definidos por una o ambas fuerzas: las subvenciones estatales o empresariales, o el interés científico por completar lagunas del conocimiento sin ninguna motivación por comprender su trascendencia última. Se hace difusa porque finalmente la responsabilidad se diluye y la ciencia termina construyéndose para no se sabe muy bien qué ni quié- nes, mientras los grandes retos de la historia de la humanidad siguen marginados del conocimiento.

En definitiva, la Universidad se encuentra inmersa en una evolución indeseable, fruto de su deseo de adaptación como un guante a la evolución de los mercados. En el proceso, ha pasado de una producción en serie centrada en sí misma y basa- da en la confianza de mercados que lo consumen todo, al momento actual donde su deseo de adaptación máxima a la demanda la hace sufrir una clara revolución toyotista. De esta fase cabe prever, si no defendiéramos la Universidad compro- metida, el advenimiento de la institución difusa, donde el control es prácticamente imposible, una vez que se culmina una construcción compleja de dependencias que desplaza la capacidad política desde cada nodo a un ente difuso de gran escala.

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