El objetivo de contribuir a la construcción de una sociedad mejor es notablemente complejo. Lo es por varias razones. Por un lado, la sociedad en sí es un ente comple- jo. Por otro, “mejor” es un término conflictivo que atañe a múltiples dimensiones, aunque pueda ser expresado de forma ágil como, por ejemplo, un mundo sin opre- sión. Por último, la intervención en ese contexto genera una incertidumbre difícil de calibrar, por lo que los procesos de implementación y ensayo constituyen también unidades complejas. Tal vez por las dificultades propias de la tarea, por la tradición simplista, por comodidad, por sumergirse en procesos estresantes que dejan poco espacio para la reflexión, por jugar al poder o por la razón que sea, la forma habitual con que se aborda este panorama no se lleva a cabo mediante un proceso conscien- te dirigido hacia el objetivo último de una sociedad mejor, sino que se observa un fuerte sometimiento a dos fuerzas: la simplificación y la visión de mercado.
La simplificación estimula hiperespecialización y termina produciendo invisibilidad, en un proceso que esquemáticamente puede ser expresado poco más o menos así:
1. Lo complejo queda reducido a complicado.
2. Lo complicado se analiza y trocea en multitud de partes simples.
3. Lo simple se aborda desde la especialización, que pierde la visión holística del objeto original.
4. La especialización genera mucha información sobre una unidad simple. 5. La unidad simple adquiere, con el tiempo, complejidad.
6. Vuelta al punto 1.
Este mecanismo se encuentra fuertemente asentado en la academia universitaria. El Estado y los mecenas comerciales premian especialmente el rendimiento en términos específicos, lo que ha procurado un claro moldeamiento de la conducta del personal universitario de docencia e investigación. La búsqueda adaptada de réditos persona- les termina generando lo que ha venido a llamarse inteligentes ciegos (Morin, 1995) o microsabios macroignorantes (Vilar, 1997), ninguno de los cuales cuenta con capaci- dad para abordar objetivos últimos sino únicamente para garantizar el buen funciona- miento de los mecanismos específicos sobre los que han ejercitado maestría.
La hiperespecialización no acompañada de un interés claro por mantener una visión de conjunto lo más compleja posible deriva en invisibilidad, tanto de los anteceden- tes como de los consecuentes de la actividad científica. La visibilidad es un com- ponente fundamental de la responsabilidad: no puedo sentirme responsable de las acciones u omisiones, de la presencia de aspectos negativos o ausencia de aspectos positivos que no veo asociados de ninguna manera a mi quehacer parcelado. Sin visi- bilidad no hay responsabilidad. Sin responsabilidad, es difícil admitir la existencia de
compromiso. Este, cuando aparece, lo hace como intención clara y consciente, como una determinación expresa de dar respuesta a la sensación de responsabilidad: como me siento responsable, me comprometo. En otros términos: como visibilizo la relación entre, por un lado, lo que hago y lo que podría hacer pero no hago y, por otro, las consecuencias en términos de ocurrencias o ausencias, entonces decido dedicar al menos parte de mi actividad a configurar conscientemente los efectos.
Gracias al proceso de moldeamiento que procura finalmente grandes especialistas en microporciones, el compromiso queda debilitado porque así ocurre con la res- ponsabilidad y con la visibilidad de los antecedentes y consecuentes del compor- tamiento. Tal circunstancia queda aderezada por la alienación (Corte, 2004a): los miembros de la Universidad terminan configurándose como obreros alienados del conocimiento, es decir, personas que han perdido la pista al sentido último de su producción docente y científica. La figura 1 muestra esta cadena de acontecimientos que lleva finalmente a la sensación de una ciencia (como una academia) amoral, que es la materia prima de la pretendida misión universitaria hacia una sociedad mejor. Además de este paquete de elementos que giran en torno a la especialización, el trabajo universitario, docente y científico guarda similitudes importantes con el sis- tema de mercado. En este se supone que un conjunto de individuos que trabajan para sí mismos, que se deben a motivaciones de ambición personal, procurará una sociedad mejor, generará bien común como efecto secundario, siempre que las re- laciones entre los individuos se rijan por el respeto a la voluntad y libertad de cada cual, lo que se concreta mediante el intercambio libre y voluntario de propiedades (Lindblom, 2002; Nozick, 1988).
Figura 1. Efectos de la parcelación y la alienación
Parcelación
Invisivilidad Alienación
Sensación de ciencia a-moral
La ciencia y la academia parecen sustentarse sobre un espíritu similar. La apuesta se centra en la libertad de sus miembros para que sigan sus propios intereses de docencia, discencia, profesionalización o investigación, usualmente definidos por
los réditos personales en términos de curriculum, prestigio, estatus, capacidad de acción, ingresos, etc. Siguiendo este modelo, los estudiantes ingresan en la Uni- versidad esperando adquirir competencias que les permitirán acceder a buenas posiciones sociales, obteniendo privilegios diversos centrados, por definición, en las ambiciones individuales. Los miembros del profesorado son incentivados hacia la búsqueda de refuerzos en su quehacer individual, medido en términos de producción especialmente investigadora muy centrada en sus microáreas de especialización. Por último, los agentes que ejercen presión sobre la Universidad realizan su labor pensando en los réditos específicos que se derivan para su or- ganización, como ocurre por ejemplo en la contratación de servicios por parte de una empresa. El panorama, por tanto, se construye a partir de un ejército de indivi- duos que van cada uno a lo suyo y de los que se espera, como resultado final, una sociedad mejor. Es el milagro de la mano invisible: la ambición individual, el interés de cada cual por lo específicamente suyo, termina regulando la sociedad y promo- viendo su progreso como ningún otro sistema podría asegurar en tan alto grado. Se trata, repito, de la fe irracional en el efecto milagroso de los mecanismos de la ambición individual, amparada en la aceptación más o menos implícita de que la Universidad ha de servir al bien público (Johnson & Hirt, 2011). Dejando incluso a un lado la abundancia de efectos prácticos y cotidianos que contradicen las con- secuencias supuestas hacia el bien común, resulta inadmisible reducir el papel in- mejorable de la Universidad en la construcción de una sociedad mejor a una cues- tión de fe en la autorregulación de las ambiciones individuales de sus miembros. En el centro de esta cuestión de fe se encuentra la creencia en que no importa de dónde viene, a dónde va, ni cómo se inserta mi tarea en el contexto complejo de la sociedad planetaria, pues el dogma establece que “Si cada cual hace bien su trabajo, dentro de la parcela de su competencia, todo irá bien”. Esta sentencia viola los cono- cimientos que establecen, con un lenguaje u otro, que el todo es más que la suma de las partes, aspecto que abordaré en el capítulo sobre el marco de complejidad. El relato que encabezó este capítulo es una exageración intencionada. Preten- de hacer visible algo que nos está pasando inadvertido, para lo que se requiere cambiar la escala de percepción: estamos configurando la Universidad mediante una fe ciega en que los mecanismos de la excelencia, el prestigio, la calidad y la ambición individual por obtener los refuerzos disponibles, redundarán en una Universidad al servicio de la sociedad. El experto en tortura hacía bien su trabajo. También lo hicieron quienes consiguieron las acreditaciones de excelencia para la titulación, y quienes han propiciado crecimiento económico y desarrollo gracias a las ciencias del exterminio. Son criterios huérfanos, a los que falta el progenitor de la visión de conjunto, el punto de mira del todo, la actitud ética. Sin que este ejerza un papel omnipresente, el compromiso es solo un sueño. Mientras, la realidad tangible sigue mostrando estructuras, funcionamientos y consecuencias injustas, ante las que necesitamos conocimiento superior, ciencia superior, educación su- perior, compromiso superior..., en otras palabras: Universidad comprometida.