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La Utópica Propuesta de los Conspiranoicos

Abrimos el dichoso disquette gracias a que conseguimos el programita en una enorme ciudad que además de cosmopolita, parece interplanetaria. Llevábamos ocho días en São Paulo y yo

ya he anotado unos cincuenta tipos étnicos, a cual más raro uno que otro. Si no fuera porque mi amigo me protegía de diversas maneras, no me hubiera aventurado en las "favelas" (chabolas, villamiserias), a conocer ese mundo increíblemente terrible en que viven unos diez millones de personas que ni siquiera están censadas. Es imposible para el gobierno brasileño o para cualquier otro, disponer recursos para semejante multitud hambreada, con condiciones de vida peores que los animales, especialmente por una razón cultural: La "cultura" de la pobreza. O mejor dicho de la miseria, donde no faltan deseos, codicia y criminalidad. No la pobreza de la India, donde hay algunos paliativos, aunque no justificativos.

La miseria de las favelas abarca desde lo más elemental del plano material, en que los niños o adultos suelen morir en la calle, de puro hambre, hasta la ausencia absoluta de consuelo espiritual. Claro que está la excepción de una gran cantidad de iglesias, igualmente miserables, de toda clase, especialmente de religiones pseudocristianas y otras más inclinadas a la macumba, a la Umbanda, etc., y donde se mezcla el cristo crucificado con las más distorsionadas formas de falso paganismo, brujería, budú...

Para quien tiene una nariz sensible, resultará un paseo por el infierno aunque fuese ciego. Pero para quien tiene todos los sentidos en su lugar, especialmente sentido humanitario, resulta algo peor que el mismísimo infierno del Dante. Tampoco falta el fuego. Hay algunas veces pequeñas escaramuzas entre "barrios" y pandillas, y aún hambrientos, combaten como bestias. Eso nunca figura en los noticieros, y menos en los internacionales. A lo sumo, cuando alguien quiere boicotear el turismo, sale a filmar las invasiones que los favelistas de São Paulo o de Río de Janeiro hacen a las playas y centros turísticos. El gobierno manda a la policía a reprimir como es lógico, pero nadie propone formar comunidades agrícolas para crear riquezas legítimas y paliar la situación de algún modo válido. Eso no está permitido porque atenta contra los planes alienígenas.

Toda esa gente es terrícola. No es alienígena. No son bichos, sino Seres Humanos, Hermanos nuestros víctimas de la más cruel de las civilizaciones que pueblan nuestro sistema solar. Difícil se me hace pensar que haya otra igual de perversa en toda la galaxia.

En el umbral (por llamar de alguna forma al sitio mugriento) de una casucha de latas y trapos, una mujer que parece casi más un esqueleto de la facultad de medicina que una madre amamantando, mira al vacío. O eso parece, mientras tres pequeños críos juegan con sus manos cerca de ella. Le pregunté qué era el palacio enorme y lujoso que se halla justo enfrente, que parece una réplica del Taj-Mahal.

-É a casa do Senhor Alfonso Souza. -respondió con voz apenas perceptible. -¿E quém e ele?

-¿Não conhece a o Senhor Alfonso...? -preguntó mirándome como si yo pudiera venir de otro planeta.

-Eu sou estranjeiro...

-É o noso mais grande benefator. Cada vez que morreu alguns dos meus filios, ele se fez carrego dos funerais. E as veces da para nos alguns alimentos. Sim ele a gente já havería morto de fome.

Hay quien se dice "cristiano" y les manda a seguir haciendo hijos. Todo el país le aplaude y hasta ovaciona. Todo el país parece alegrarse con la cristiana visita, pero la gente de las favelas sigue igual. Nada cambia.

Luego averigüé que el Señor Alfonso es narcotraficante. Nadie llega allí a buscarle. Paga los entierros de los muertos de hambre que viven a su alrededor, a veces les da de comer algo, y todo ese sector de favela le protege, sus víctimas más inmediatas son sus más fieles vasallos. No se si por absoluta incomprensión de la realidad, o porque tiene un ejército de matones que viven allí mismo, aunque en mejores condiciones, con algo de dinero, armas y droga. En general, no se trata de una excepción, sino de un extremo demasiado evidente. Si uno observa con atención marcando en un mapa los diversos grupos humanos -antropológicamente hablando- que se hallan en cualquier

gran ciudad, se hace evidente que el sistema del Estado Económico Mundial propicia la forma de racismo más brutal e injusta, que es decirle a todo el mundo que "todos somos iguales", siendo que las personas más mezcladas, -y debido a pequeñas incompatibilidades genéticas- son en promedio, menos aptas para la lucha por la supervivencia. Y la impiedad del sistema monetario les margina hacia la periferia o les obliga a vivir en condiciones infrahumanas dentro de sus propios espacios, creando dos especies humanas real e injustamente diferentes: Pobres y ricos. Los primeros pululan por miles de millones, y los segundos son unos pocos elegidos.

El caso es que en una ciudad como São Paulo es posible encontrar de todo... Sabiendo buscar, claro. Es como New York, pero con un cinturón de miseria cinco veces más grande que la zona propiamente "urbana". En cuanto a informática, también hay de todo, así que conseguimos ese viejo e inhallable programa, para poder abrir el disquette y continuar con el Libro. A lo mejor, la propuesta de los malditos conspiranoicos resulte algo menos loco que todo ésto.