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2.1 Principales tendencias de la terminología

2.1.3 Enfoque cultural

2.1.3.1 La variación desde la perspectiva cultural

Desde el punto de vista cultural, se ha observado que la variación está presente en la comunicación especializada independientemente del nivel de especialización del texto, del especialista y del dominio de especialidad. Con ello, los autores que se enmarcan en este enfoque (Diki-Kidiri et al. en prensa), intentan demostrar que la biunivocidad del término no es suficiente para garantizar la optimización de la comunicación científica, técnica o profesional. En este sentido, los autores afirman que el mero hecho de que los términos sean utilizados para lograr una comunicación, implica estar expuestos a la economía discursiva, con el fin de evitar la repetición excesiva. Hecho que contribuye a oscurecer el enunciado en lugar de aclararlo.

Según Diki-Kidiri et al. la economía discursiva y los hábitos de redacción de los autores son elementos que fomentan la variación incluso en los términos que gozan de un buen estatus en el interior del dominio y que son bastante reconocidos y utilizados por los especialistas. En concreto, el enfoque cultural de la terminología da cuenta de la variación a partir de los principios de la historicidad cultural, individual y colectiva.

2.1.4 Enfoque cognitivo

Los enfoques que surgen tras los aportes de la TGT comienzan a plantearse una terminología más dinámica, tal y como hemos observado en las ideas expuestas en los enfoques lingüísticos y culturales. Este dinamismo está también presente en los enfoques cognitivos de la terminología, en los que se aborda el uso in vivo de la terminología. El

enfoque cognitivo analiza la producción discursiva en una situación interdisciplinaria en la que se comunica el conocimiento especializado a través de los términos.

En este sentido, los términos están ligados a prácticas socializadas; esto es, el punto de vista del grupo determina el uso y el funcionamiento de los términos. La relación entre el referente y el concepto está mediatizada por el proceso de categorización que es el que otorga el verdadero sentido a los términos. Los conceptos, por su parte, no se pueden fijar de forma definitiva porque la práctica científica demanda, precisamente, que los conceptos sean dinámicos.

Planteamientos como los expuestos anteriormente han hecho surgir las propuestas cognitivas de la terminología, algunos de cuyos representantes son: Riggs (1982, 1983 y 1993), Zawada et al. (1994), Temmerman (1995, 1997 y 2000), Bouveret et al. (1997), Lara (1997), entre otros.

2.1.4.1 Cognición y estudios descriptivos

Riggs (1982), interesado en la terminología de índole descriptivo y en su papel relevante en las ciencias sociales, aborda las principales razones por las cuales los especialistas de dichas ciencias, a diferencia de otras disciplinas como las ciencias naturales o la tecnología, no hacen uso del mismo método para resolver sus problemas terminológicos y conceptuales. Entre estas divergencias cabe destacar las siguientes:

− El contexto de estandarización: los especialistas de las ciencias sociales ignoran y rechazan los beneficios que proporciona la estandarización de la terminología. El método que siguen otras disciplinas no permite a estos especialistas resolver sus problemas conceptuales y terminológicos.

− Implicaciones económicas: no existen incentivos para los especialistas que hacen uso de un vocabulario estándar debido a que se da prioridad a las preferencias individuales de los científicos. Los especialistas de las ciencias sociales rechazan la propuesta o aceptación de neologismos, mientras que en otras ciencias se observa el proceso contrario, es decir, que existe una aceptación de los neologismos, porque los especialistas consideran que los errores de comunicación encarecen la producción.

− Creación de conceptos y términos: los especialistas de los diversos dominios de las ciencias sociales tienen dificultad para comprobar la veracidad del nuevo concepto. Por ello, existe resistencia para aceptar un nuevo término, ya que parten de la premisa que en alguna parte de la literatura deben existir términos para cada concepto. Lo anterior ocasiona que haya escasez de glosarios para cada subdominio.

− Relación con el lenguaje común o general: debido al objeto de estudio de las ciencias sociales (el ser humano, su comportamiento y sus relaciones), existe una estrecha relación con el lenguaje común o general. Los conceptos, por tanto, no emergen de un descubrimiento explícito, sino de los esfuerzos por precisar palabras de uso común. En este sentido, los especialistas de estas ciencias no son conscientes de la continua proliferación de nuevos conceptos. Hecho que les conduce a valorar la libertad de selección haciendo uso de la técnica ensayo/error.

Según Rigss, la actitud de los especialistas de las ciencias sociales con respecto a la terminología se debe en gran parte a los procesos de innovación conceptual que se dan en estas ciencias. En otras disciplinas, primero surgen los conceptos y luego se denominan. En las ciencias sociales, los conceptos nacen del análisis de las palabras preexistentes. Al respecto, Rigss señala los siguientes procesos de innovación conceptual:

a) Innovación conceptual a través de la explicación. El proceso de innovación conceptual en las ciencias sociales se da de manera indirecta y accidental: emerge del análisis de las palabras del lenguaje general en un esfuerzo por clarificar las definiciones. El proceso de innovación a través de la explicación consiste en examinar los diversos

significados de una palabra en particular, discutir la lógica y las teorías asociadas con su uso y proponer una definición. De esta forma se añade otro concepto más a los que habían sido designados previamente por esta palabra. La producción de un nuevo concepto no se aprecia de manera consciente y los especialistas prefieren afirmar que se trata de un concepto existente que ha sido aclarado.

b) Innovación conceptual a través del diseño. Proceso que se da de manera directa y consciente: los nuevos conceptos se identifican intencionalmente. Este proceso ocurre en las ciencias sociales cuando dos o más variables se combinan para formar una matriz cuyas células constituyen un nuevo concepto mediante su definición. Una vez diseñados los conceptos, los especialistas deben enfrentarse al problema de asignar términos que no presenten ambigüedad y que sean fáciles de recordar y utilizar. Los especialistas seleccionan palabras cotidianas para la mayoría de los conceptos, lo que equivale a dar a estas palabras nuevos significados.

c) Universalización y localización. Un concepto que caracteriza los fenómenos de los países del “primer mundo” no encaja con las condiciones actuales que caracterizan a los países del “tercer mundo”. Lo anterior origina dos tipos de innovación conceptual: el concepto original se amplía extrayendo algunas de sus características definitorias. Dicha ampliación conceptual recibe el nombre de universalización. Los conceptos que se aplican localmente resultan de la necesidad de modificar un concepto local cuando éste se utiliza en un ambiente cultural diferente. A este proceso se le denomina localización.

Por último, Rigss subraya que los especialistas de las ciencias sociales prefieren hablar de una innovación terminológica para designar nuevos conceptos. Dicha innovación ha dado pie a la creación de diferentes tipos de neologismos, a saber:

Neotérminos: término o expresión inventados que representan un nuevo concepto.

Neosemas: palabras o grupos de palabras existentes en el lenguaje que adquieren

Neolexismos: creación de nuevos términos para un concepto ya establecido.

Cabe resaltar que los especialistas de las ciencias sociales prefieren utilizar los neosemas para dar cuenta de la innovación terminológica. En concreto, la propuesta de Rigss se orienta hacia la elaboración de glosarios adaptados a las necesidades de los especialitas de la ciencias sociales.

Observamos cómo los planteamientos de Rigss difieren notablemente de los planteamientos expuestos en el enfoque tradicional de la terminología, ya que el autor en mención muestra claramente la forma de actuar de un determinado campo científico y las divergencias que puede presentar con respecto a otros campos orientados hacia la normalización o al logro de una comunicación homogénea.

Consideramos que los aportes de Rigss contribuyen a ampliar el panorama terminológico en cuanto a su método o manera de operar en determinados ámbitos científicos, como por ejemplo las ciencias sociales.

Vemos claramente que Rigss parte de un estudio descriptivo en los diversos dominios de las ciencias sociales, al igual que Zawada et al. (1997), quienes efectúan un estudio descriptivo en el ámbito de la mineralogía. El objetivo primordial de Zawada et al. consiste en demostrar que las teorías clásicas del concepto y las teorías híbridas son empíricamente inadecuadas para el análisis terminológico de algunas ciencias.

A partir de un estudio en el ámbito de la mineralogía, Zawada et al. postulan que la definición y la clasificación de los minerales parten de los atributos de las categorías prototípicas, basadas en la percepción, en la idealización y en la función de los minerales. Se trata, según Zawada et al., de una epistemología experimental y no objetiva. Estos argumentos contribuyen a una aproximación prototípica del análisis de los conceptos tanto para las ciencias humanas y sociales como para las denominadas ciencias naturales y puras.

La terminología teórica concibe la naturaleza de las características definitorias como fijas, inherentes y descontextualizadas. En lo referente a las función de las características en el

momento de definir un concepto, esta teoría considera que se basa en condiciones esenciales, necesarias y suficientes. En lo que concierne al estatus cognitivo de las características definitorias de los conceptos se considera que son objetivos, con referentes en el mundo y definibles con rasgos semánticos primitivos.

Dentro de las teorías de descomposición del significado, cabe distinguir entre la teoría clásica y la teoría híbrida. En cuanto a la teoría clásica, se observa que concibe la naturaleza de las características definitorias como binarias y abstractas. La función de las características definitorias se concibe a partir de condiciones necesarias y suficientes y el estatus cognitivo se percibe como objetivo, con referentes en el mundo, primitivo, universal e innato. En lo referente a la teoría híbrida, la naturaleza de las características del concepto es gradual y abstracta; el papel de las características se fundamenta en la probabilidad y la tipicidad y el estatus cognitivo se concibe como objetivo, con referentes en el mundo, primitivo, universal e innato, al igual que en la teoría clásica.

La teoría del prototipo, por su parte, percibe la naturaleza de las características como no inherentes y no objetivas en el mundo, con pertinencia gradual, interactivas, abstractas, idealizadas, perceptivas y culturales. La función de las características es funcional y se percibe de acuerdo con el modelo del “aire de familia”2 y de clusters. El estatus cognitivo de las características se concibe como conjunto de características.

En lo que concierne a la investigación efectuada en el ámbito de la mineralogía por Zawada

et al., la naturaleza de las características de los conceptos se percibe como fija, en relación

con un estándar, basadas en un mundo real pero no presentes de manera objetiva en el mundo, interactivas y contextualizadas, graduales, abstractas y basadas en generalizaciones, en la percepción y la forma, en la lengua, en la cultura y la metáfora. La función de las características es funcional, más típica que distintiva y más básica. El estatus cognitivo también se visualiza como conjunto de características, basado en diversas teorías interpretativas complejas, en la experimentación científica, en la documentación y en la verificación, así como en la capacidad y en la experiencia.

En concreto, Zawada et al., a partir de un estudio descriptivo, sugieren el establecimiento de condiciones más idóneas para adecuar la teoría a los estudios empíricos. Opuestos al modelo onomasiológico de la TGT que parte de la noción idealizada del concepto, Zawada

et al. proponen la incorporación de los principios derivados de la lingüística cognitiva, con

el fin de obtener un mayor grado de satisfacción de la información semántica de los términos.