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El término y la denominación: elementos básicos de la terminología

2.2 Un enfoque de la terminología: de la denominación a la comunicación

2.2.1 El término y la denominación: elementos básicos de la terminología

Al ser la variación denominativa el tema objeto de nuestro estudio, iniciamos este apartado tratando el tema de la denominación. Seguidamente, profundizaremos sobre la noción de

término, aspectos que han sido estudiados desde diferentes perspectivas y tal y como

veremos a lo largo de este apartado, ambos elementos han formado parte de inagotables y enriquecedoras discusiones en lo que concierne al discurso especializado.

2.2.1.1 La noción de denominación

La noción de denominación ha sido analizada y explicada desde diversos puntos de vista. La revista Langages (1984) presenta una serie de artículos en los que podemos visualizar el tratamiento que recibe la noción de denominación desde una doble perspectiva: el acto de denominar y la palabra que denomina. En estos mismos artículos se enfatiza que cuando se producen estos dos procesos se pasa de lo psicológico a lo lingüístico, del locutor a la lengua y de lo individual a lo social.

Lo anterior permite tratar la problemática de la denominación desde cuatro ejes: el sujeto que denomina, la actualización lingüística, las interacciones sociales implicadas y el estatus lingüístico con relación a los datos empíricos y extralingüísticos.

Diversos autores se han pronunciado en torno al tema de la denominación. Slama-Cazacu (1984) hace énfasis en el rol cognitivo y la función comunicativa de la denominación. Para Slama-Cazacu denominar un objeto es ante todo reconocerlo, luego, atribuirle un nombre y, finalmente, transformar una información sensorial (visual, táctil, auditiva) en un output verbal.

Morton (1984), por su parte, se aproxima a la denominación desde la psicología con el fin de definir los diversos estadios del tratamiento de la información dentro del reconocimiento de palabras aisladas. Kremin y Koskas (1984) hacen una revisión de los trabajos que han analizado la función de la denominación. Según Kremin y Koskas, los estudios neurológicos permiten describir diversos estadios así como diferentes estrategias para acceder a la producción de palabras en respuesta a varios estímulos: imágenes, complementación de frases, evocación de contrarios. Kremin y Koskas abordan también las nociones de connotación y campo semántico desde un punto de vista empírico diferente del enfoque teórico tradicional.

Mortureux (1984) desarrolla la dimensión sociolingüística de la denominación. A partir de un corpus, Mortureux estudia el funcionamiento de la neología léxica en su aspecto lingüístico y sociocultural. La estructura morfosintáctica se examina conforme a las reglas de la lengua y en relación con la motivación. Mortureux estudia también la función social de la denominación mediante la cual los locutores imponen a la comunidad el reconocimiento de hechos a los cuales se une su propio estatuto.

Kleiber (1984) trata la noción de denominación desde la perspectiva lingüística y la define como una relación que une una expresión lingüística a una entidad extralingüística, una relación que se establece entre una unidad codificada y su referente o, un vínculo de

designación entre la categoría gramatical nominal en que se privilegia el sustantivo y la clase o categoría referencial correspondiente.

“Pour que l’on puisse dire d’une relation signe - chose qu’il s’agit d’une relation de dénomination, il faut au préalable qu’un lien référentiel particulier ait été instauré entre l’objet x, quel qu’il soit, et le signe X. Nous parlerons pour cette fixation référentielle, qu’elle soit le résultat d’un acte de dénomination effectif ou celui d’une habitude associative, d’acte de dénomination, et postulerons donc qu’il n’y a relation de dénomination entre x et X que s’il y a eu un acte de dénomination préalable.” (Kleiber 1984:79)

Las aportaciones sobre la denominación son tan variadas que resulta difícil, incluso para los mismos autores, establecer los límites propios de la denominación y hacer la distinción, por ejemplo, entre la denominación y la paráfrasis. En nuestro caso, coincidimos con Reboul (1995) cuando, mediante la creación del paradigma denominativo, es consciente de la coexistencia de denominaciones diferentes que hacen referencia a un mismo concepto. Fenómeno que, en este trabajo, trataremos bajo el título de Variación denominativa.

2.2.1.2 La noción de término

La noción de término ha sido tratada desde la terminología tradicional como elemento constitutivo del discurso especializado. Desde esta perspectiva, las características enunciadas sobre el término se pueden sintetizar de la siguiente forma:

• Un término se concibe en un solo dominio de especialidad. • Los términos no tienen interés sintáctico.

• Los términos son unidades alejadas del lenguaje natural.

• Los términos se estudian en base al concepto que representan y su función esencial es la de denominar conceptos.

• Los términos son unívocos y monosémicos.

Las nuevas tendencias o enfoques de la terminología, entre las que destacamos propuestas como las de Rondeau (1984), Gouadec (1990), Rey (1979 y 1983), Sager (1990/1993), Lerat (1995/1997) Cabré (1999), entre otros, ofrecen definiciones o caracterizaciones a través de las cuales se enfatiza que el término constituye una unidad lingüística compuesta de forma y contenido que se construye en el discurso especializado y, por tanto, debe analizarse en un contexto o situación comunicativa específica.

En las nuevas tendencias, las unidades que transmiten el conocimiento especializado tienen carácter lingüístico y se dan en el seno de la lengua natural. Dichas unidades son, como subraya Cabré (1999), iguales y diferentes a las unidades léxicas de una lengua (denominadas palabras en lexicología) y su carácter específico radica en sus aspectos pragmáticos y en su modo de significación.

La definición que ofrece Sager (1993) del término, aunque bastante resumida, deja entrever que es a partir del término como se llega al concepto y no a la inversa: “los términos son las representaciones lingüísticas de los conceptos.”

El hecho de que los términos sean concebidos como representaciones lingüísticas da a entender que se trata de unidades que comparten también rasgos relacionados con la comunicación general en la que juegan un papel importante los rasgos morfosintácticos, semánticos y pragmáticos.

“Al ser nombres de nociones, los términos suscitan una doble expectativa: han de ser unidades lingüísticas integrables en los enunciados, que satisfagan las condiciones sintácticas incluso en el caso de que no sigan las reglas de la buena formación léxica, y al mismo tiempo han de ser unidades de conocimiento de contenido estable y, por lo tanto, más independientes del contexto que las palabras corrientes.” (Lerat 1997:45)

Con una visión más amplia y, a nuestro parecer, tomando como base algunos de los planteamientos anteriormente expuestos, Cabré (1999) hace una caracterización del término que reúne algunos de los aspectos propuestos por los autores antes mencionados y amplía la propuesta inicial de la TGT.

En concreto, desde la perspectiva comunicativa de la terminología, podemos deducir los siguientes planteamientos sobre la unidad terminológica:

• Las UT no pertenecen de manera natural a ningún dominio temático sino que son usadas en un dominio.

• Todas las UT sin excepción están asociadas a una categoría gramatical básica y sólo a una, lo que no impide que cuando aparecen en el discurso puedan adoptar el funcionamiento de otra categoría.

• La UT no forman parte de un sistema independiente de las palabras, sino que conforma con ellas el léxico del hablante.

• La UT cumple una doble función: representar el conocimiento especializado y transferirlo en grado, modo y situación diversas.

• La UT recopilada en un trabajo descriptivo tiene una fuente real: ha sido recogida

en textos especializados, en discursos orales de especialistas o en encuestas terminológicas.

• La UT puede presentar polisemia, en un doble sentido: una unidad puede ser reutili- zada con el mismo significado en otro campo de conocimiento conservando los mismos rasgos conceptuales; además, de una sola unidad de base pueden desprenderse sentidos esencialmente coincidentes pero parcialmente específicos en función del campo en que se aplican.

Observamos que, a diferencia de la terminología tradicional, las nuevas propuestas teóricas estudian el término en un contexto de situaciones comunicativas en el que éste ya no es un elemento que cobra vida sólo en un diccionario especializado, sino que al formar parte del léxico como tal, adquiere rasgos y funciones similares a las de cualquier otro componente de dicho léxico y un valor terminológico que se activa cuando se usa en un dominio específico.

Los planteamientos sobre el término y la denominación son importantes en el desarrollo de este trabajo debido a que contribuyen a una mejor comprensión del fenómeno objeto de nuestro estudio: la variación denominativa. Tanto en la concepción de la denominación como en la de término hemos dejado claro que ambas nociones se contemplan en este trabajo desde una perspectiva comunicativa que conduce a no establecer una línea divisoria entre dos nociones tan polémicas en terminología.