Todas las Biblias o códigos sagrados han sido las causas de los siguientes Errores: 1. Que el hombre posee dos principios reales de existencia: Un Cuerpo y un Alma.
2. Que la Energía, llamada Mal, no procede sino del cuerpo; y que la razón, llamada Bien, no procede sino del alma..
3. Que Dios atormentara al hombre durante la Eternidad por haber seguido sus energías. Pero los siguientes contrarios son verdaderos:
1. El hombre no tiene un cuerpo distinto de su alma; Aquello que llamamos cuerpo es una porción de alma percibida por los cinco sentidos, pasajes principales del alma en esta edad.
2. La Energía es la única vida. y procede del cuerpo, y la Razón es el límite o circunferencia de la energía.
3. Energía es Deleite Eterno.
William Blake, "El Matrimonio de Cielo y el Infierno"
I. Divididos
Una división existe en todos nosotros, y la cuidamos.
Inexplicablemente hemos clavado una cruel estaca entre los elogiosos principios de la creación, y los hemos enfrentados uno contra el otro en una guerra ebria de auto-derrotismo. Donde una vez hubo opuestos danzantes, entrecruzándose constantemente, combinándose, partiéndose, y mutando uno en otro, se levantó una rígida división, y ceguera ante la unidad que yace por debajo. Sólo este fundamento dividido de unidad puede prevenir el éxtasis de perpetua división y entrelazamiento opuestos a partir de degenerarse en un desagradable conflicto con la existencia.
Podemos andar de aquí para allá por las calles lúgubres de nuestras ciudades, sofocadas en humo y niebla, deseando en las profundidades de nuestro desaliento un milagro, pero estamos ciegos ante el hecho de que nuestra alienación y aparente corrupción es en sí misma debida al milagro más asombroso de todos. Un error milagroso. ¿Cómo una criatura como nosotros ha podido evolucionar, cuando las aprensiones más agudas y complicadas del mundo se vuelven tan drásticamente distanciadas, a menudo opuestas, de la matrix de la creación gracias a la cual crecieron? ¿Por qué nos hemos transformado en tal paradoja, separados de aquello de lo que debería ser imposible de separarse, nuestro mismo ser? ¿Cómo puede ser que fuera de la rítmicamente fluida dialéctica de la naturaleza un animal asciende conllevando una visión de la realidad como un agudo, pugnante conflicto entre dos principios contrarios, acabando con la definitiva victoria de uno sobre el otro?
II. La Gran Mentira
Mientras nuestras alienaciones y nuestras disensiones llegan más profundo que cualquier set específico de condiciones culturales, podemos tener una imagen más concreta en nuestra situación viéndola en términos del mito-estructura predominante en Occidente — la Cristiandad.
Cualquier investigación cabal de esta estructura que tentativamente es homogéneamente religiosa revela mucha más complejidad alrededor del asunto de la dualidad que lo que encontramos en la Cristiandad ‘ común ’ de todos los días (o sea las creencias y las suposiciones enterradas profundamente a lo largo del dominio de la Cristiandad). La cosmología cristiana popular ve a Dios, el Viejo Tipo con Barba en el Cielo, la deidad suprema y el Sustituto Paternal / castigador benigno, eternamente resistiendo los astutos males del Diablo, Satanás, el monstruo piel roja, fieramente acechando desde abajo. Los humanos quedan gravemente maltrechos entre éstos dos, pero se espera que ellos
reconozcan de que son viles pecadores, que su única esperanza para ’ la salvación ’ es confesar este hecho de la manera más lastimosa posible y jurar lealtad a Jesús, el hijo de Dios y su manifestación terrenal, quien hace mucho tiempo sufrió horrendamente por ti.
Esto puede verse como Cristiandad ‘ de todos los días ’ — aunque, si echamos un vistazo alrededor, podemos ver que no es de todos los días en absoluto. EL dominio que el cosmos cristiano ha ejercido sobre la conciencia colectiva se ha fragmentado gradualmente en el siglo veinte; Pero todavía yace sepultado, simplemente debajo de la superficie, invisiblemente influenciando las relaciones sociales y la supuesta moralidad secular. Es más, este cosmos sólo surge en la conciencia con claridad cuando queda poca esperanza — en situaciones extremas como el afrontar una muerte segura. La auténtica Cristiandad de todos los días no es religión en absoluto; Es una falta turgente de conciencia y auto-guía. Son
suposiciones morales no examinadas, ‘ es la beneficencia que alivia la culpabilidad ’ y la ocasional iglesia el domingo.
Por el momento lejos de cualquier cosa como una perspectiva ‘ concreta ’ de nuestra situación — todo lo que tenemos es una cosmología abstracta, simplista. Y es precisamente esta falta de realidad concreta lo que expone la hendidura, y revela la herida. Todo demuestra una falta profunda de conexión con el mundo físico; Con el cuerpo, con la Tierra. Estamos condicionados a sentirnos como forasteros en la Tierra, como extranjeros en la vida. La mayoría de las formas de relación con la realidad biológica son demonizadas por la Cristiandad de la manera más devastadora: Todos los demonios son coagulados dentro del Diablo, y toda materia es colocada bajo su dominio. El hecho que sea un dogma estándar de la Iglesia de que Dios creó el mundo y que este es bueno parece irrelevante. Todo es mucho ruido y pocas nueces: Debido a todo ese discurso de comer la carne y beber la sangre de Jesús, la Cristiandad no se siente a gusto con su cuerpo.
Es aproximadamente a estas alturas de la investigación que cualquier endeble homogeneidad que la Cristiandad posea comienza a hacerse pedazos, astillándose en fragmentos confusos y doctrinas contradictorias. Está más allá de mi teología el hacer pedazos las diversas divisiones de la doctrina cristiana y exponer las posiciones exactas de estas contradicciones; Todo lo que puedo tener esperanza de lograr al hacer frente a todo esto es detallar mi confusión. Aun así, sospecho que ninguna cantidad suficiente de teología podría delinear todas las dimensiones de esta confusión y desorden: La confusión misma, como todos los desórdenes aparentemente interminables, es probablemente debido al constante proceso de autoengaño usado para evitar aceptar una Gran Mentira. La Mentira en este caso es: No somos de este mundo.
En la Cristiandad popular, generalizada y casi inconsciente descrita más arriba, tenemos un dualismo fundamentalista: La oposición absoluta de dos principios mutuamente excluyentes. ¡" Señoras y señores! En el rincón azul, en apoyo de la verdad incorrupta, tenemos a: ¡Dios y su Hijo, a la luz, el espíritu, los hombres, el ascetismo y la vida! (Aplauso cortés) Y allí en el rincón rojo, a favor del mal, el engaño y la inmundicia, tenemos a: ¡Satanás y todos sus pequeños magos, la oscuridad, la carne, las mujeres, las bestias, la indulgencia, la sensualidad y la muerte! (abucheos, chiflidos y otras señales de desprecio)!) La lucha será fiera, y Satanás usará todos los trucos solapados disponibles. ¡Pero para aquellos que puedan estar preocupados en quedarse para ver lo que pasa en los Últimos Días, podemos estar seguros de ver la victoria eterna del … lado bueno triunfar"!
Ridículo y caricaturesco, sí; Pero tales suposiciones metafísicas dualistas infestan nuestra cultura. Podemos ser tentados, con un suspiro de alivio, a colocar la culpa por tal dualismo a las puerta de la calificada ‘Cristiandad ’ y olvidarnos completamente de todo el asunto.
Hasta que nos topamos con el gnosticismo, una forma antigua de Cristiandad que en en la infancia de la Iglesia fue acosada y perseguida por la herejía del dualismo. Los gnósticos no veían a este mundo como algo tan bueno, como la creación de un Dios bueno. Lo veían como a un lugar malo y corrupto, y por consiguiente como la creación de un Dios malvado, un Dios falso. El espíritu es visto como empotrado en la materia como un ángel en una jaula de hierro. Parece extraño que una visión tan alienada pudiese prosperar en un sistema de creencia que además es encontrado culpable de la totalmente admirable herejía de rehusar autoridad exterior (o sea la jerarquía de la iglesia). Entonces uno rápidamente recuerda que la alienación es un claro efecto secundario que surge al desafiar el status quo de tu sociedad. Los gnósticos consideraron toda autoridad mundana como algo intrínsecamente corrupto, y en esto se basaron para rehusarla, volviéndose hacia dentro, hacia la autoridad de la experiencia personal, la gnosis — y así convirtiéndose en más fieles seguidores de aquel tipo que supuestamente dijo, "mi reino no es de este mundo" y "el reino de los cielos está dentro nuestro.
Mucho más extraño, es el hecho de que tal sistema de creencia pudo haber dado forma a una de las raíces de las prácticas de magia sexual de la tradición occidental, filtrada a través del Catarismo y los
Caballeros Templarios. Quizá los gnósticos fueron simplemente los cristianos honestos de su tiempo. La mayoría de los cristianos vieron el mundo como la creación de su buen Padre en el cielo, pero su comportamiento austero y por lo general antisexual contradijo esto. Los gnósticos se quitaron la máscara y declararon a este mundo de materia y carnalidad como una creación maléfica en la cual estamos atrapados, y tal vez esta honradez los permitió forjar una relación directa con el mundo, libres de una magnitud de confusiones implícitas en la idea de un Dios bueno, omnipotente y de una
inexplicable Caída..
Uno todavía puede percibir los restos de esta mezcla paradójica de relevancia y dualismo alienado dentro de la herejía moderna del ocultismo (aunque el considerar el asunto como algo ‘ sucio ’ es ahora muy raro). " El cuerpo, nacido en este mundo es un objeto sagrado y la herramienta espiritual esencial del Ego Superior en el trabajo de evolución. Como cualquier herramienta, es la prerrogativa del artesano modificar, ajustar y alterar la herramienta para afrontar las necesidades del proyecto que se está llevando a cabo". Pasarse del Gnosticismo a un modo de ocultismo como el anteriormente citado es como cambiar tu Skoda (marca de automóvil) oxidado, tan poco seguro y con sus puertas atascadas por un Porsche lustroso, descapotable, y tomar un curso de mecánica. El paseo puede ser menos estresante, pero un cambio más radical en la conciencia es necesario si tenemos que librarnos del estado de separación incrustado en nosotros de ser conductores, y darnos cuenta de que somos organismos interrelacionados.
Las curiosas correspondencias entre las herejías antiguas y la moderna Cristiandad popular se vuelven claras cuando llegamos a los orígenes de protestantismo en Martin Lutero. "El Diablo es el señor de mundo," dijo Lutero, " Permite a aquél que no conozca esto que lo pruebe.. He tenido algunas experiencias con esto: Pero nadie me creerá hasta que sea también experimentado ". Otra vez encontramos la co-existenca de un punto de vista diabólico del mundo — mundus est diablo — con el énfasis en la experiencia personal y el rechazo de la autoridad jerárquica. El rechazo al papado por parte de Lutero se basó en los mismos argumentos en los cuales yo supongo que el rechazo a la ortodoxia de los gnósticos consistió: Que este mundo es malo, y por lo tanto todo poder mundano está corrupto. Pues bien, Lutero nunca se inició en la Magia Sexual, pero desafió la autoridad del Papa, lo cual es digno de alabanza. Sin embargo, él nos dejó como legado otra legitimación a nuestra misteriosa enajenación del mundo, la aversión a nuestros cuerpos.
III. Unidos
Como he dicho antes, el edificio del dogma y la doctrina agrupados bajo el nombre de ‘ Cristiandad ’ bien puede ser una vasta trama de de autoengaño y laboriosa mentira, liados por el ferviente deseo, nacido del terror, de evitar encarar la Gran Mentira; Que nosotros no somos de este mundo. Así antes de enredarnos demasiado en esta trama y perder de vista cualquier cosa que se parezca a la realidad, retraigámonos por un momento y citemos los obvios elementos esotéricos: